Camino por el borde de la cama,
Sintiendo el ruido del silencio,
Los grillos, cigarras y hojas chocantes,
Me hacen mirar, el cielo estrellado.
La luz es escasa,
El fresco de la noche basta;
El silencio lo compensa todo,
Miro el cielo, y me fijo en la estrella que parpadea.
Camino por el prado de tu alfombra,
Fresco con olor a verde;
Me acerco a la laguna negra,
Es reflejo del cielo.
Sigo caminando, acompañado del silencio,
Y del ruido de las hojas aplastándose debajo de mis pies;
Se aproxima una sombra blanca,
Una lechuza majestuosa, volando.
Vuela tan rápido,
Me cuesta seguirla,
Creo que viaja a una de esas estrellas,
Luego la brisa, humedecida me detiene.
Contemplo nuevamente, la manta del cielo estrellado,
Los pelos se me erizan alegres,
Pienso en lo diminuto que soy,
Voy junto al silencio.
Estoy en la oscuridad brillante de estrellas,
Pero no estoy solo,
Siento que estas en cada una de ellas,
Contemplo alegre la gaza flotante.
Aunque no vea mis pasos,
Los conduces en caminos seguros;
Aunque solo vea las estrellas, me siento tranquilo,
Tranquilo, porque estoy contigo.
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