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Su cuerpo dolía horrores, no deseaba siquiera abrir los ojos, pero las voces de fondo no ayudaban a su magnífica idea de volver a dormir.
–¡Es un hombre Kagome, todos quieren lo mismo!
–¡Yo misma lo vi salvarnos, él recibió todo ese daño por mi y Rin! ¿No es suficiente para ti?– cuando abrió los ojos, identifico a Kagome, pero tapaba a la otra persona tras ella, estiró la mano y logró rozar su espalda– ¡despertaste!
Ella se agachó y pudo ver a la otra mujer, era mayor, quizá de la edad de su padre, cabello ondulado y negro, ojos chocolate y muy parecida a Kagome, debía ser la madre.
–¿Como...llegué aquí?– preguntó aguantando el dolor y tratando de tomar asiento– Rin...¿ella esta bien?
–Fue revisada por una doctora y le dimos comida, ahora seguramente está siendo mimada por las demás– Naomi no confiaba, temía que los demás llegarán y todo esto fuese una trampa– ella está bien, debes mejorar tu ahora.
–Debo irme, mi padre no descansará hasta encontrarme– logró sentarse, pero cuando se levantó la herida se abrió y gritó del dolor.
–Será mejor que no te muevas, ya te iras cuando la herida sane por completo– dijo Naomi y Kagome solo negó.
La mayor se fue, pero pidió estuvieran atentas ante cualquier cosa y que mataran a Sesshomaru si llegaba a lastimar a su hija.
–Disculpa a mi madre, siempre me cuidó y no deseaba que hombres llegarán aquí– por medio de una radio, Kagome pidió que una doctora fuera allí, así que por el momento solo quitó el vendaje y limpio con agua la herida– tengo la certeza, que si llega a conocerte bien, dejará que al menos te quedes por aquí.
La puerta se abrió, Sesshomaru sintió como volvía a la tierna edad de siete y su madre entraba en los días lluviosos y llevaba consigo dos tazas humeantes de chocolate caliente y un par de películas. Ante él, Irazue entraba con un maletín de doctora, ella estaba allí, muy bien de salud y viva.
–Jamás creí volver a verte– habló con dificultad y aguantando el dolor– me alegra estés viva, madre.
Kagome al escuchar como la llamaba, supo debía darles su espacio, así que salió y se quedó con las chicas que custodiaban la habitación.
–Has crecido mucho, y estás muy fuerte– Irazue limpió con yodo la herida, luego sacó hilo y aguja, miró a su hijo y éste solo asintió– muerde la almohada si quieres, esto dolerá.
Sesshomaru sintió como la aguja entraba en su piel y el delgado hilo juntaba su piel, afuera de la habitación, las chicas hacían muecas de dolor cuando uno que otro jadeo de dolor se le escapaba, diez minutos después, Irazue terminaba de vendar bien a Sesshomaru y lo hacia recostarse.
–¿Por qué se fueron?– deseaba la respuesta, una mentira por último, pero quería la escusa de ella– no hubo despedida, incluso Inuyasha lloró por ti.
–¿Por qué nos quedaríamos en una sociedad, donde seríamos usadas sólo para concebir bebés y nos mantendrían encerradas?– se sentó en la orilla y le ofreció agua, él la tomó rápidamente disfrutando como aquel líquido refrescaba su garganta– la población de niños bajaba, muchas chicas decidían no tener hijos y a los grandes mandos no les agradó, prácticamente creen que solo servimos para ello.
Sesshomaru miraba el techo, escuchando cada palabra que su madre decía, entendiendo, que ellas supieron salvarse entre todas y sobrevivir, supo también, habían unas pocas mujeres que hicieron su vida fuera de la ciudadela, escondidas con quien juraron protegerla y de vez en cuando iban con ellas para darles aviso que estaban bien.
–¿Sabes el odio que tengo hacia Toga?– habló aguantando sus ganas de llorar, pudo llevarlo, salvarlo de la vida que le tocó junto a su padre– he anhelado saber como estas, tenía la esperanza que estuvieras bien, y así fue, pero él odio y el dolor crecieron juntos todos estos años– la miró, ella también aguantaba sus lágrimas– vete por favor, deseo descansar.
Sesshomaru volteó el rostro, las lágrimas salieron una a una e Irazue deseo tanto abrazarlo, pero le daría el espacio que necesitaba, así que solo dejó una botella con hierbas medicinales ya mezcladas con agua y algo de comer.
***
Una semana había pasado desde que Sesshomaru había encontrado a su padre con la sirvienta, procuraba no hablar con él o siquiera toparlo.
Las noticias cada día mostraban un nuevo femicidio, abuso o maltrato, aquel mismo día se decretó la ley donde sólo serían usadas sólo para traer bebés al mundo, en las redes sociales no se hicieron esperar los videos de mujeres siendo violadas, asesinadas al negarse e incluso propios padres mancillaban a sus hijas.
Irazue recibió unos mensajes, se escondió en la habitación de sus hijos y comenzó a leer todos, unas cuantas mujeres habían logrado esconderse, y esperaban seguir así, buscaban la manera de poder juntar un grupo y así irse de allí, ella aceptó, aún cuando la condición era no llevar varones.
Toga aquella noche llegó ebrio, fue directamente a dormir sin percatarse que las cosas de su esposa ya no estaban allí, Irazue se quedó viendo a Sesshomaru, dormía tranquilo, sin saber lo que pasaba, o al menos ella deseaba creer eso.
Besó la frente de ambos niños, salio de allí sin mirar atrás, o se quedaría allí a pesar de sufrir las penurias que seguramente su esposo deseaba hacerle.
Al día siguiente, Sesshomaru miraba la cama de su madre, Inuyasha junto a él abrazaba un oso felpudo y lloraba, repetía una y otra vez que lo habían dejado solo, otra vez, y tras ellos, Toga destruía todo a su paso mientras inútilmente buscaba en cada habitación a su esposa, pero no había rastro alguno, mucho menos de la sirvienta, ambas se habían ido.
Con los años, la bella ciudad que conocían quedó en ruinas, los hombres se peleaban unos a otros y como única medida se protección, se separaron, se formaron grupos, donde los mayores enseñaron a los menores a pelear, a usar armas y si no eran del mismo campamento, debían matarlos.
Ellos no mostraron piedad, mataban incluso a niños, todo por comida, por un poco de más terreno, y Sesshomaru entendía día a día, que las mujeres estaban a salvo fuera de allí, lejos de ellos."
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