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11.Una verdadera familia

🎵k -cigarettes after sex

♥️

Se hundió en el cómodo sofá viendo los apuntes y opiniones de su ahora "aprendiz" a cerca de un caso que había acabado de terminar. Con claro éxito, obviamente. No es que estuviera mejor, pero pasar tiempo en familia con Dahyun y su hija era lo mejor para su corazón.

Aún le daba vueltas a la visita de su hermana.

Sana alzó ambas cejas, al ver que Yuna era inteligente, había tenido en cuenta detalles que ni ella pudo ver y eso que eran claros...su manera de enfocar las demandas y sus pensamientos eran bastante bueno a decir verdad.

La japonesa miró hacia su derecha y no podía creerse que esas notas habían salido de la joven rubia.

—¡Esto da vueltas! —reía dando vueltas en la silla del despacho de Minatozaki.—¡Esto es mejor que una montaña rusa! Creo que me estoy mareaaando.

Sana suspiró y se levantó dejando los papeles a un lado para detener la silla y mirarla con desaprobación.

—¡Perdón Minatozaki señora sí señora! —decía uniendo ambas manos en son de paz.

—Ya te he dicho que no me llames señora...—negó la mayor. —Buen trabajo.

—¿Eh? ¿Le ha gustado? ¡Gracias! —hizo como de costumbre sus mil reverencias de noventa grados —Estuve ayer haciéndolo a la madrugada.

Sana se sintió una explotadora de niñas, porque sí, veía a Yuna como una niña. No solo eran sus comportamientos, era tan torpe que se preguntaba cómo es que fue capaz de elegir una profesión como esa.

Era un poco dolor de cabeza, porque le pidió el martes que le imprimiera unas cosas y acabó sacando cientos de hojas en blanco y negro.

¿Ella también había sido así? Le habría gustado tener a alguien que fuera más amable y que le enseñara de una mejor manera que a gritos...

—Eh Yuna, no hace falta que te quedes aquí de madrugada, tómatelo con calma —le sonreía amablemente.

La mencionada rápidamente negó con la cabeza.

—Tranquila señora Minatozaki, es que estuve dos horas peleando con la máquina de café. Después me di cuenta de que no había presionado el botón.

La más mayor se golpeó la frente para después tirar del brazo de la futura abogada que era arrastrada por su mentora.

—¿Fuiste tu la que dejo este golpe en la máquina? Te dije que debías de tener cuidado.

—Emmm no. Fue usted, yo aprendo de Minatozaki Sana señora ¿recuerda?

—Déjalo. Mejor déjalo Yuna —suspiró sintiendo que era imposible —siempre tomas el metro, hoy salgo pronto de trabajar así que te acerco a tu casa ¿quieres?

Yuna abrió sus ojos y pareció que estaba viendo un ángel por cómo quería saltar de la emoción al escuchar aquello. Pensó que la abogada estaría enojada con ella, pero parecía que le había gustado su trabajo.

Nunca nadie antes le había tenido tanta paciencia como Sana.

Ni siquiera le gritó cuando imprimió veinte hojas con sus cara porque se aburría en su despacho. O cuando derramó yogur en su silla. O cuando se equivocó y le dio el número de cliente equivocado...

No quería contar todas sus cagadas esa semana, así que negó con la cabeza para luego ladear la cabeza. Encima ese día tenía planes y si su "maestra" la llevaba en coche no llegaría tan tarde.

—Claro que quiero, sí Minatozaki sí señora ¿quiere que conduzca?

—Oh no, a mi bebé no lo conduce cualquiera —se negaba completamente la japonesa.

Yuna ahogó su grito de asombro al ver el precioso Porsche de su jefa, podía estar babeando allí mismo.

¡Sana era la mejor! Sería la primera vez en la que se montaba en un coche así.

—¡Hey! No soy cualquier conductora —avisó inflando su pecho orgullosa —fallé cinco veces el examen de conducir así que tengo mucha experiencia.

—Con eso me lo has dicho todo. Sube.













🚍🚍











—Acuérdate siempre de dividir la muela
en secciones —decía Nayeon explicándole lo realizado ese día.

Había recibido una nueva chica y debido a sus estupendas notas, decidió darle una oportunidad. No aceptaba a cualquiera en su clínica dental.

—Antes de extraerla, me acuerdo —asintió la joven que iba de copiloto.

Choi Lia era la joven universitaria que había aceptado y por el momento todo iba sobre ruedas. Nayeon estaba encantada con ella y la chica tímidamente le había pedido el favor de que le acercara a un lugar tras salir del trabajo.

—Este es el bar. Muchas gracias señorita Im...

—Venga Lia, no seas tímida. Ya sabes que no me cuesta nada —le sonreía Nayeon.

Iba a continuar hablándole, pero algo le llamó la atención. Ese Porsche lo reconocería en cualquier lugar, se bajo de su auto para leer la matrícula y sonreír. Efectivamente era el de Sana.

Lia bajó algo desconcertada por las acciones de la mayor.

—No bebas demasiado, mañana trabajas.

Era la voz de Sana.

—Perdone señora Minatozaki, pero amo el vino —se negaba Yuna.

—¡Sana! —exclamó Nayeon.

Pegándole un susto a la japonesa que se llevaba la mano al pecho por el repentino grito de su amiga.

Nayeon se había teñido el pelo de rubio, no la había visto últimamente porque sus horarios no coincidían. Pero le alegraba verla por sorpresa.

—Nayeon...te queda bien el rubio ¿y ese cambio de look?

—Me veo demasiado buena, lo sé. A Jeong no le ha gustado, dice que me prefiere con el pelo oscuro —rodó los ojos —este finde hemos quedado todas, ¡plan sorpresa!

—Ya lo vi. Espero que no sea algo como ir a jugar paintball...

Las dos adultas parecían adentrarse en una conversación, pero Yuna se había quedado embobada viendo a Im Nayeon. La estaba viendo fijamente, casi babeando.

Sana se acordó de la presencia de su abogada junior y tiro de su brazo para presentársela.

—Mira, esta es Yuna, está de prácticas. Soy su modelo a seguir —Sana le guiñó un ojo a Yuna.

—Soy Im Nayeon, amiga de tu tonta profesora —le ofreció la mano a lo que la menor la aceptó tímidamente.—¿Es tímida?

—No, habla hasta por el culo. Nunca la había visto así —se encogía de hombros Minatozaki.

Yuna estaba demasiado sonrojada, hasta que sintió a alguien abrazándola por la espalda.

—¡Yuna! La primera vez que no llegas tarde —sonreía abrazándola Lia.

Ante tal interacción entre las dos chicas tanto Nayeon como Sana se quedaron confundidas.

—¿Os conocéis? —preguntaron las mayores.

—Sí, somos amigas desde el instituto —explicaba Lia —¡Oh! ¡Ahí vienen las que faltan!

—¡Chaeryeong! ¡Yeji! ¡Ryujin! Estamos aquí —gritaba Yuna sin vergüenza.

Sana le hizo un gesto de silencio por la fuerza con la que había gritado, pero a la menor parecía importarle poco. Estaba emocionada por sus amigas.

Nayeon abrió los ojos tanto como pudo al ver que Jeongyeon, Momo y Jihyo venían hablando entre ellas. Las tres chicas se acercaron a sus aprendices y parecieron abrazarse emocionadas.

—¿Uh? ¿Qué hacéis aquí? —Momo le sonrió viendo a su mejor amiga.

—Hola Momorin yo también te quiero —exclamó Sana abrazándose a Hirai.

Que a pesar de poner cara de desagrado, en realidad se alegraba de verla correspondiendo a su abrazo.

—No me digas que tú también estás de niñera...—se burló Im de su esposa —no me lo habías dicho Jeong.

—Pues porque...¡Eh Ryujin! ¡Como mañana faltes te echo! —gritó amenazando a la muchacha.

—Que usted también pase buen día anciana Yoo —gritaba de vuelta la mencionada.

Jihyo se echó a reír con Sana y Nayeon por cómo la había tratado, Momo se mordía el labio mirando hacia otro lado para no reírse.

—Anciana...—repitió Park burlándose de su amiga.

—Si a ver cómo te trata a ti.

—Yeji es una chica lista, a penas le tengo que decir que hacer —le sacaba la lengua Jihyo.

Jihyo era la jefa en el departamento de marketing de su empresa. Era una verdadera líder.

—Sí, yo no lo veo como si fuera la gran cosa. Chaeryeong es algo torpe, pero acaba aprendiendo —asintió Momo recordando la torpeza de la menor.

Momo había vuelto hacer poco a trabajar de nuevo siendo veterinaria, se notaba que le apasionaba su trabajo.

Y ha que se habían encontrado allí, aprovecharían para hablar un rato sobre lo ocurrido. O más bien beber unas cuantas cervezas antes de volver a sus respectivos hogares.

No pasaría nada porque llegaran una horita más tarde.

—Dios, ¿nosotras éramos tan ruidosas? —preguntó Jihyo.

Las cinco chicas jóvenes estaban haciendo demasiado ruido pues se oía lo fuerte que hablaban y reían entre ellas.

—Éramos peores —Sana rió recordando sus tiempos de instituto.—Los profesores odiaban tenernos a todas en una misma clase.

—Pobre gente, lo que tenían que aguantar —suspiró Momo.

—Bueno, hemos madurado un poco...¿no? —soltó una risilla Jeongyeon.

—No. Lo seguimos siendo —sonrió Nayeon dándole un sorbo —incluso siendo madres somos unas idiotas entre nosotras.

El grupo de amigas comenzó a reír y pidieron otra ronda de cervezas antes de marcharse definitivamente.

Era divertido, no obstante Sana de vez en cuando rehuía de las miradas de Momo pues temía que descubriera que escondía algo.

La japonesa mayor tenía un radar o un sensor para ver cuando algo andaba mal.










🎻🎻










Era un milagro, un auténtico milagro que Jinni se hubiera quedado dormida y estuviera echando una siesta en el enorme sofá, acompañada por Ari que parecía ser el perrito guardián de su hija.

Dahyun había aprovechado aquello para proponerle a Sana que estrenaran el mini gimnasio que habían comprado recientemente, eso sí, llevándose con ellas el monitor de bebé por si Jinni se despertaba de su siesta.

Se suponía que iba a hacer unas cuantas sentadillas. No obstante tras correr unos minutos en la cinta, se quedó viendo viendo a Sana haciendo flexiones en su sujetador deportivo y pantalones holgados.

Incluso con ese sudor que recorría su frente, se veía jodidamente sexy. Tenía la esposa más sexy del planeta.

¿Estaba volviendo el apetito sexual a Dahyun? Tenía que ser eso, porque llevaban bastante ya sin consumir su amor.

Primero porque Jinni dormía en medio de ellas y segundo, no se había dado la ocasión.

—¿Has terminado? —preguntó Sana tomando una toalla para limpiar el sudor de su cara.

—Eh sí —dijo algo sonrojada por sus sucios pensamientos.

—Te quiero —le soltó repentinamente para abrazarla por la cintura bajando y subiendo sus manos.

Minatozaki sonrió, extrañaba a su mujer. Y deseaba aprovechar aunque fueran esos cinco minutos para demostrarle cuanto la había extrañado.

No esperó que fuera Dahyun quien insertara su lengua para iniciar un candente beso.

—No has hecho cardio —se separó de ésta al escuchar la respiración de su hija en el monitor.

Guardaron silencio un momento y no parecía ir nada mal por lo que Sana volvió a apresarla en sus brazos.

—Pensaba hacer cardio de otra manera.

La menor abrió los ojos poniéndose roja por el lenguaje de su mujer, de igual manera se dejó ser arrastrada por ella en un agresivo, pero ardiente beso hasta acabar chocando contra la cinta de correr.

Sin nada de cuidado y con fuerza bruta Sana azoto el culo de su esposa, volvieron a besarse presas de la excitacion y adrenalina.

Los dedos de Sana estaban haciendo maravillas.

—Para Sana, para —dijo en un gemido ahogado.

La japonesa giró a Kim que estaba roja y con la respiración entrecortada al igual que ella.

—¿Quieres que pare? —decía acariciando su barbilla.

Dahyun tragó saliva viéndola, eso la había encendido aún más y el toque de la mayor solo lo aumentaba. No podía seguir ignorando el calor de su cuerpo.

Las manos de Minatozaki viajaron por toda la anatomía de su amada y estaba a punto de llegar a su zona favorita.

Estaba, porque el llanto de Jinni cortó el momento. Se había despertado.

—Ya voy yo —tomó por los hombros a Dahyun esperando a que estabilizara su respiración.

—Tomaré una ducha fría, prepárale el biberón —le pedía viéndola recogerse el cabello. —Siento que no hayamos podido...

—Da igual, ya le pediremos a Sunghoon que le de una vuelta —le sonrió —que sirva para algo.

La pequeña Minatozaki seguía llorando y el perro lamía su mano, como un intento de consolarla. De todos modos, no sirvió de nada pues hasta que no vio a Sana delante suyo no dejó de hacerlo.

Jinni caminó torpemente hacia su madre que abría sus brazos para cargarla y limpiar sus lágrimas con cuidado. No le gustaba ver a su hija llorar.

—¿Qué? Mamá ya está aquí. Hueles delicioso, a bebé —le sonreía de manera radiante calmando el llanto de su hija —huele demasiado bien es como mi droga.

—¡Roga! —chilló repitiendo las palabras de madre.

—No, no digas eso. Dahyunnie, digo tu madre, mi esposa ¿nuestra mommy? —Sana negó con la cabeza —Mami se enfadara como te oiga decir eso.

—¿Mami? —preguntó la pequeña haciendo un puchero.

—No llores Jinni, está en la ducha. Tú lo que tienes hambre, tranquila mamá Sana está aquí para ayudarte con eso.

La abogada le hizo cosquillas a la niña que reía en sus brazos, abrazándose a su madre mientras que ésta intentaba prepararle su cena.

Quería ahorrarle trabajo a Dahyun y era algo difícil pues Jinni no parecía querer alejarse de ella.

Para cuando la chica de tez blanca salió de la ducha y se encontró con la sorpresa de Sana alimentando a su hija no pudo evitar una sonrisa observándolas a ambas jugando con la comida.

La familia cenó entre risas y después vieron una película de muñecos animados, de todos modos a la media hora de película Jinni había sido llevada a la cama. Se durmió antes de lo previsto.

—Las chicas tienen razón, se parece demasiado a ti —reía Dahyun viendo a Sana luchar para acostar a su hija.

Tenía miedo de que se despertara y Dahyun no ayudaba para nada pues la estaba poniendo más nerviosa.

—Por favor no te despiertes —rezó la nipona acabando de dejarla en la cama. —Ojalá tuviera fotos de pequeña para comparar...creo que Momo tiene alguna.

—Mañana busquemos en el desván ¿vamos al salón?

La pareja volvió y se acomodaron cómodamente en el sofa mientras que brindaban por el trabajo hecho a lo largo del día con una lata de cerveza.

Aquello de ser madre no era tan fácil como lo pintaban. Y la madre de Dahyun ya estaba insistiendo en que tuvieran más...

—¿Qué tal el trabajo? ¿Aceptarás? —recordó Sana lo que le había mencionado su amada.

—Sí, cuando Jinni entre a la guardería...

—Dentro de nada será su cumpleaños, no puedo creer que ya vaya a tener dos años.

—Sana, ni se te ocurra pasarte con los regalos —le advirtió. Podía leerle la mente.

Ambas rieron y la mencionada se excusó rápidamente diciendo que solo le regalaría lo que ella pidiera.

—¿Tú que tal en el trabajo? Ya no tienes tantos casos...—dijo con un tono algo preocupado.

—Estoy enseñándole a una chica, se llama Yuna, joder tienes verla es buena pero es un caos —le explicaba suspirando —Me causa problemas, pero me divierto.

—Entonces si el trabajo no es la razón por qué estás tan pensativa.

Dahyun se aventuró a preguntar tomando la mano de su esposa viendo su anillo, la japonesa sabía que le había prometido que en su matrimonio no le ocultaría nada.

Por lo que no pudo evitar ponerse nerviosa y empezar a tartamudear sin saber ni por dónde empezar.

—Mi padre me llamó...

Acabó contándole todo, desde la primera vez que hablo con su padre como la visita de su hermana Chaewon y lo de la cuenta bancaria.

Dahyun simplemente se limitó a escuchar sujetando la mano de Sana, dándole a entender que estaba ahí fuera el que fuera el problema.

Cuando finalizó, la nipona sintió que se quitaba un peso de encima pues ya no tenía nada que ocultarle a su esposa.

—Lo siento, debí de decírtelo todo desde el principio, pero...—no pudo terminar la frase pues Dahyun ya estaba abrazándola.

—No tienes que sentir nada, pero no me gusta que cargues con todo tú sola —la tranquilizó sonriéndole —Chaewon algún día entenderá por qué lo hiciste y estoy segura de que madurará cuando lo entienda.

Sana sonrió de vuelta aguantándose las ganas de llorar para quedarse embelesada observando a su esposa, Kim Dahyun. Se sentía la mujer con mas suerte del planeta entero.

No tenía idea de cómo lo había hecho, pero tenía una mujer maravillosa que la apoyaría en todo lo hiciera y Sana haría lo mismo con Dahyun.









😭😭











—Entonces, hipotéticamente hablando, ¿cuántos hijos quieres tener? —volvía a preguntarle Jeongyeon caminando a su lado.

El fin de semana habían quedado las nueve para ir a comer a un restaurante, habían quedado en ir todas de blanco e ir algo más arregladas y más formales y elegantes de lo normal.

Cosa que a Sana le chirrió un poco, aunque poco le importó. Sería uno de esos ataques de locura que les entraban.

Llevaban casi toda la vida juntas así que no le extrañaba si un día pedían ir a hacer puenting las nueve.

—Los que quiera Dahyunnie —respondió la japonesa.

—Te tienen con correa Sanita —rió Mina que venía detrás de ellas.

—Me gustaría que Jinni tenga hermanos pronto, ¿dos? ¿Tres? —esta vez habló la menor

—¿Tres? —tragó saliva Minatozaki.

Todas rieron por la reacción de la abogada y se burlaron de ésta diciendo que acabaría con ocho bebés llorando en la madrugada asustándola de solo imaginárselo.

—Espera, esto es un salón de fotografías no un restaurante ¡te has equivocado Chaeyoung haciendo la reserva! —la protagonista señaló a su amiga.

—Chaeng no ha hecho mal la reserva tonta —defendió rápidamente Tzuyu a su esposa.—Haz uso de tus neuronas al menos una vez.

—¿Eh? —soltó Sana confundida.

Momo al ver la cara de confusión de su mejor amiga se adelantó para pasar un brazos por su cuello y revolviendo su cabello.

—Me dijiste que querías una foto en familia, estabas celosa de que Rosé tuviera una en su despacho y casa y tú no —le recordó Hirai con una enorme sonrisa —así que pensé que hacernos una te animaría ¡sorpresa!

Sana se quedó en silencio viendo a sus amigas que asentían con la cabeza.

—Chicas...no sabéis cuánto os amo. Sois más que mi familia...

—¡No digas nada no quiero llorar! —la interrumpió Jihyo. —lo que tengas que decir dilo después de la foto.

—Eso, que no quiero aparecer con el maquillaje arruinado en nuestra foto familiar —asintió Nayeon.

Myoui rió al ver a Sana conteniéndose las ganas de llorar y como Momo alzaba la mirada para no hacerlo.

Dahyun se daba aire con las manos al ver la interacción entre el SaMo.

—No te pongas marica —bromeó Mina.—Has hecho a mi mujer llorar.

—¡Mina! No podéis estar cinco minutos sin insultaos —Exclamó Momo.

—Está bien, es su manera de quererse —dijo Dahyun. —Déjalo salir, Mina.

—Suéltalo pequeña —bromeó Tzuyu.

—Y suelta el dinero también —se unió Chaeyoung a la broma.

Tras una que otra broma, las nueve entraron en el estudio y se colocaron como les pidió el fotógrafo sonriendo de oreja a oreja.

Se habían prometido colgar las nueve la foto en su hogar.

Sana había pedido algunas extra para poner en su despacho al igual que las demás. Hasta Mina y Jihyo que se burlaban de la pobre Minatozaki pidieron más.







📸

voy a hacer maratón!

pd. he publicado una historia SaHyo ^^
está en mi perfil.
"Un deseo para ti | sahyo"

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