2. Entonces el fantasma fue libre
(Música instrumental en multimedia: Cloud atlas – Sextet. ¡Escúchenlo! <3)
Lo más extraño de todo es que prácticamente el fantasma no sabía nada, y lo que sabía era poco. Esa poca información que tenía la había obtenido por las personas que rondaban a su alrededor, por la casa. Por ejemplo: sabía que aquello que dejaban sus amigas –ya que de vez en cuando una que otra pasaba por encima del tarro y sus alrededores– las arañas a su paso se llamaban telarañas, gracias a las personas que se quejaban de ellas por tener que quitarlas de los rincones y cosas parecidas. Igualmente, sabía que se llamaban arañas porque una persona con fobia a estas gritó alguna vez "¡Araña!", asustada. Así sucesivamente, era como había acumulado la poca información que guardaba en sus carpetas mentales.
Al principio estaba en blanco, aunque había pasado tanto tiempo que sólo recordaba la sensación, y apenas. Era como si fuera recién traído al mundo.
Por eso y otras razones obvias fue un alivio para él cuando Rogelio volvió a acercarse a su tarro al día siguiente.
—Hola... fantasma —dijo susurrando agachado a su altura, ya que su padre estaba en su oficina y su madre en la cocina—. Ya descubrí que eso es lo que eres, no estaba muy seguro. Tienes el aspecto de serlo —achicó los ojos y lo examinó—, aunque no pareces como los que según hay en las películas de terror. Eso es bueno, porque sé que me darían miedo aunque no las haya visto... y no quiero que me pase nada de eso. En fin... —miró al rededor— ven, te llevaré a mi cuarto.
Aquello fue un total cambio de panorama para el sin nombre. El ser levantado con tarro incluido y luego llevado sintiéndose deslizar-rebotar a cada paso del niño, fue toda una experiencia: él no lo sabía, pero sería como el patinaje en hielo de un novato que titubea al aprender por primera vez. Tuvo que sostenerse de las paredes de cristal para mantenerse en equilibrio y no sentirse desorientado.
No sólo era eso, porque además todo era diferente; diferentes objetos, nuevas imágenes, colores, luces y contrastes. Entrar al cuarto de Roy, fue como descubrir otro mundo, hasta una nueva galaxia entera quizá. Sobre todo considerando que, por si fuera poco, había estrellas pegadas al techo, de esas que –aunque el fantasma no sabía– en la oscuridad dejan su luz artificial brillar.
Rogelio dejó el tarro sobre la cama y tomó una hoja que estaba sobre un mueble de madera. Luego el niño se sentó en la cama de nuevo, y el fantasma sintió su entorno desbalancearse cuando el tarro giró, cayó y rodó sobre la superficie blanda, consecuencia del intercambio de pesos al Roy tomar asiento. Una sensación comparable a la de estar dentro de una llanta que rueda.
El niño empezó a leer:
—«Los fantasmas en el folclor de muchas culturas, son supuestos espíritus o almas desencarnadas de seres muertos que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible (por ejemplo, tomando una apariencia visible, produciendo sonidos o aromas o desplazando objetos) principalmente en lugares que frecuentaban en vida, o en asociación con sus personas cercanas. Quienes dicen haberlos visto los describen como siluetas o sombras mocronomas, por lo general oscuras o blanquecinas, más bien difuminadas, neblosas o antro... antropomórficas...» ¿Qué es eso? —añadió entonces, habiéndosele dificultado la lectura y un par de palabras mal pronunciadas. Frunció el ceño, provocando que el propio ceño efectivamente nebuloso del fantasma hiciera lo mismo, en señal de confusión. Continuó leyendo dificultosamente—. «..., d-de carácter inmaterial y trasparentes, que pueden no estar completas o no tener rasgos definidos ni rostro; pero también y más raramente aparecen opacas, de cuerpo entero y con aparencia humana normal. Algunos estudiosos relacionan fantasmas y espectros con esferas de luz u orbes...» ¿Sabes qué? Ya es mucho, me aburro. Pasemos a los tipos de fantasmas. Creo que tú eres el primero. «Apariciones que frecuentan habitualmente un lugar detreminado. Generalmente no suscitan miedo, son inofensivos y a veces llegan a ser tratados como un miembro más de la familia».
—¿Entonces tú estás muerto pero eras un humano vivo antes?—continuó hablando Roy al dejar de leer—. ¿Será que vivías aquí o algo? ¿Mi... f-familia era... cercana a ti? —Examinó al fantasmita—. Tú eres blanco y nebloso, como transparente. Sí tienes rostro pero no rasgos tan... ¿definidos? Y no das miedo... sólo al principio.
Justamente todo eso se preguntaba y en todo eso pensaba el fantasma, como si el niño estuviera conectado a él.
—¡Ya vengan a comer, mis varones! —se escuchó la llamada de la mujer de la casa.
El fantasma nuevamente sintió la sacudida de los pasos del niño al este tomar el tarro en manos y dirigirse a la mesa del comedor. Sin embargo, cuando Roy se asomó a la cocina vio que su madre había avanzado apenas un poco con la preparación de la comida, como pasaba siempre; los llamaba antes de tiempo estratégicamente.
Él siempre se lo creía cada vez. En cambio, su padre ya sabía de esa estrategia, por lo que nunca caía, y se iba a sentar en el momento justo. Conocía a su esposa.
Por otra parte, en lo que pensaba el fantasma era en que, en cierto sentido, ya era más libre, pero... ¡seguía encerrado en el tarro!
Luego, pareciera que le leyera la mente a Roy, porque también llegó a pensar en el padre de este; que no venía. Ahora estaría en la mesa, y mientras comían, él vería todo más claro -a diferencia de en aquél rincón que solía ser su hogar- y, en cierta manera... los conocería.
—¿Cómo es tu padre? —le preguntó a Roy en voz baja.
Curioso, quería saber su punto de vista, antes de verlo por sí mismo.
No sin antes dudar y pensar, el niño prosiguió la palabrería sobre su padre: —Creo que trabaja trazando y haciendo mapas, le gusta ir al teatro, comer carne, jugar canicas... Es muy cariñoso, lo admiro. Quisiera llegar a jugar tenis tan bien como él.
Al fantasma le salió una sonrisa sin saber por qué y en ese momento llegó el mencionado, sacudiendo el cabello de su hijo antes de sentarse, justo cuando llegaba un plato con carne y demás alimentos a su lugar en la mesa. Efectivamente, lo primero que gustoso comió, fue la carne de res.
El fantasma analizó todo y a todos: sus movimientos, gestos, y lo que comían. Obviamente sí sabía que los humanos necesitaban alimento y que pasaban hambre. Él no. Se preguntó sobre su propio padre, si es que era real que él estaba muerto y que en algún momento había estado vivo.
Al terminar la comida, se llevó a cabo lo que era una rutina de la familia: se sentaron sobre unos cojines frente a la chimenea que procedieron a encender, y tomaron té –gusto que la mujer de la familia les había inculcado–. Roy optó por dos cucharaditas de azúcar, su madre por tres, y su padre por ninguno.
Después de dar un sorbo, el padre tomó un periódico y empezó a leer, la madre lanzó sutil y cuidadosamente un pedazo de leña a la chimenea, y el niño desenroscó la tapa del tarro.
Entonces el fantasma fue libre.
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n.a; ¡Hola! Este fantasma pide que no sean lectores fantasma ;D
No olviden dejarme sus opiniones. ¿Qué les parece el mundo del pequeño fantasma y sus cambios?
Capítulo dedicado a mi mamá osa virtual que cumple años y lee esta historia; Andsig4.
Mi película favorita es de hecho la del video en multimedia, Cloud Atlas. ¿La han visto? Amo las frases que tiene. ¿Cuál es tu película favorita y por qué? Cuéntame en comentarios :D
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—Mamá osa/Osa mayor
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