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Capítulo 2.

27 de octubre del 2020.

Anna había insistido en su calabaza, así que con mi frágil corazón de tío accedí aun cuando sabía que Jenna se pondría furiosa. De igual manera quería ver a Anna feliz y si una calabaza que sangraba por los ojos ponía feliz a Anna por su cumpleaños entonces lo compraría.

Hice mi trabajo a distancia, agradecía a Jethro por cubrirme en la oficina. También daba gracias al cielo porque Anna me permitía hacer mi trabajo, los días que no asistía a la escuela tomaba el trabajo en casa mientras que Anna veía una película o leía un libro, pocas veces tenía interrupciones de su parte.

Para las cuatro de la tarde Anna se acercó con su computadora y se sentó a mi lado, le eché una mirada a la pantalla y de inmediato supe que me envolvería para participar en la elaboración de su sangre falsa.

—Ya revisé y tienes todos los ingredientes, solo falta el colorante—presionó ella—. ¿Podemos salir a comprarlo?

—Faltan días para Halloween, podemos ir mañana.

—Pero tío Jer...

—Estoy trabajando, Anna—dije mientras escribía en mi propia computadora. Ya estaba por terminar, sin embargo, quería hablar primero con Jenna el asunto de la calabaza sangrienta.

Anna solo suspiró y se quedó a mi lado leyendo con anhelo la receta de sangre falsa.

En este punto hubiese preferido que pidiera un pony para su cumpleaños.

Mi teléfono sonó en la mesita de centro del salón, lo tomé y vi que era Jenna. Me tensé, cada vez que Jenna llamaba cuando se suponía que estaba ocupada mis músculos siempre se tensaban porque me recordaban a esa noche, el nacimiento de Anna.

—¿Está todo bien?—Fue lo primero que pregunté al contestar, mi hermana hizo un sonido nasal.

—Solo llamaba para decirte que llegaré tarde, yo umm voy a salir.

—Vas a salir —no pregunté, lo dije como un hecho.

Ambos nos quedamos en silencio, Jenna tenía todo el derecho del mundo de compartir con el que se le diera la gana, pero tomaba muy malas decisiones, específicamente con los hombres. Al último tipo lo tuve que sacar a patadas de su casa luego de que Anna me llamara aterrorizada porque su madre había sido golpeada por su novio. Eso fue hace ocho meses.

—Tengo derecho de salir, Jeremi.

—Yo también y sin embargo nunca lo hago porque siempre estoy cuidando de tu hija—No me molestaba cuidar a Anna, pero Jenna no podía depender de mi tiempo libre para divertirse, al menos no sin antes preguntar.

—Si te molesta tanto cuidar a Anna puedo llevarla conmigo.

—Conociéndote la llevarás a un lugar de mala muerte hasta el amanecer—esas palabras hicieron que guardara silencio, ella sabía que era verdad—. Anna usará una calabaza diabólica para Halloween.

—Ni hablar.

—No te estoy preguntando, Jenna, estoy informándote lo que desea tu hija.

—¡Ella dijo que quería ser una princesa! Entonces comprarás un disfraz de princesa para ella—ordeno.

—No lo haré, este año Anna decide, ya que nunca has dejado que ella lo haga. Se lo debes, después de todo no estarás este año para ella.

Y quería matar a mi hermana por hacerle eso a Anna.

Jenna tendría una fiesta de Halloween en su trabajo a la cual quería. A veces olvidaba que yo era el hermano menor.

—Compraras. Un. Disfraz. De. Princesa—dijo haciendo una pausa entre cada palabra sin hacer ningún comentario sobre la fiesta de Halloween a la que asistiría.

—Ya lo veremos. Y tranquila, puedes quedarte con tu nueva conquista esta noche, Anna se quedará conmigo.

Y colgué. Estaba agotado de la actitud de Jenna. Sabía que odiaba Halloween y por eso siempre se perdía el cumpleaños de Anna, entendía el porqué el odio hacia las fiestas, después de todo Seth casi la mataba a golpes esa noche. Pero Jenna solo había tomado malas decisiones tras malas decisiones, todos los hombres que habían salido con ella—y eran muchos—, eran solo otra copia de Seth y Anna... Anna también se estaba pareciendo cada vez más a Seth, físicamente hablando, Seth tenía el cerebro de una nuez, Anna no.

—¿Mamá irá a otra fiesta?—me giré al escuchar la voz de Anna a mis espaldas, actuaba despreocupada, pero sus ojos revelaban lo mucho que le dolía la actitud de su madre. Le asentí—. ¿Estará este año en casa por mi cumpleaños?

—No.

—Está bien, la última vez que se quedó en casa la odié—me sorprendí por sus palabras, Anna solo se encogió de hombros—. Amo a mamá, tío Jer, pero odio a sus novios.

Había sido el cumpleaños número cuatro de Anna, otro de los inútiles que había salido con Jenna se había quedado en casa. Jenna lo mantuvo en su habitación mientras que Anna soplaba sus velas viendo la ira en mis ojos.

Jenna era otra persona cuando estaba alrededor de sus novios.

—Yo también los odio.

Es por esa razón que desde el cumpleaños número cinco Anna se quedaba conmigo mientras que Jenna conseguía su escape. Anna nunca protestó, su madre estaba unas horas con ella y luego se iba.

—¿Podemos salir a comprar el colorante? —aprovechó ella, yo solo pude rodar los ojos ante su insistencia —. Por favor, tío Jer.

—Ve por tus botas y tu abrigo.

Anna corrió hasta su habitación sonriendo victoriosa, mientras que yo, al igual que ella iba en busca de mi abrigo.

Esta vez tomamos el auto, la noche estaba cayendo y no quería que Anna pescara un resfriado en el camino hacia la tienda. A penas llegamos Anna corrió por los pasillos en busca del colorante mientras que yo pesadamente arrastraba los pies detrás de ella.

Por un momento la perdí de vista, despreocupado miré entre cada pasillo hasta dar con mi sobrina escurridiza, pero no estaba sola. Una chica castaña hablaba con ella y le sonreía. Anna parecía embelesada, ni siquiera volteó la mirada cuando la llamé, pero la chica lo hizo y me congelé.

—Tio Jer, Astrid me estaba dando tips para mi sangre falsa.

Sus ojos eran de un azul profundo, tanto que por un momento me perdí en ellos, un par de pecas se posaban sobre su nariz haciéndola ver mucho más delicada y sus labios rellenos, de un color rosa natural, por un momento me llamaron a gritos porque querían ser besados. Ella era preciosa, desde hace años no me había detenido a observar una mujer con tanto detenimiento.

—¿Tío Jer?—Anna me sacó de mi ensoñación y me hizo mirarla, estaba enojada.

—¿Conseguiste el colorante?—Ella lo alzó en sus pequeñas manos.

—¿Tu disfraz de Halloween tendrá sangre falsa, Anna?—La chica, Astrid preguntó con interés.

Luego hablaría con Anna—de nuevo—, sobre darle su nombre a los desconocidos.

—Este año seré una calabaza diabólica.

Astrid la miró sorprendida, me suponía que la elección de disfraz de Anna no sería aceptado por todo el mundo. Me quedé sorprendido cuando Astrid sonrió de oreja a oreja.

—¡Eso es genial! Estoy segura de que obtendrás muchos caramelos.

—¿Tu que serás este año?

—Uhm no lo sé, no creo que algo tan genial como una calabaza diabólica —Anna sonrió—. ¿Podrías darme una idea?

—Definitivamente tienes que ser una calabaza diabólica también, pero que no tenga sangre en sus ojos, esa es mi idea.

Las dos hablaban sin parar en medio del pasillo de una tienda como si se conocieran de toda la vida mientras que yo me limitaba a observarlas como un tonto.

De repente, Astrid recordó mi presencia y me sonrió apenada.

—Creo que tu tío espera por ti, Anna.

Anna me miró y tomó mi mano con posesividad, como siempre lo hacía cuando una mujer se acercaba a mí. A Anna le agradaba Astrid, sin embargo, no le agradaba compartirme con alguien, pero Astrid no me miraba con lujuria o deseo, solo amigable.

Astrid era amigable.

—Fue un placer conocerte, Astrid. Mi tío Jer y yo nos vamos, espero que uses la calabaza diabólica para tu disfraz de Halloween.

—El placer fue mío, Anna. Y definitivamente aceptaré tu idea, tranquila, no habrá sangre en los ojos de mi calabaza.

—¡Más te vale!

Anna me arrastró hacia la caja sin siquiera darme la oportunidad de despedirme de Astrid, solo me dio tiempo de mirar hacia atrás, ella al final del pasillo hizo un gesto de despedida con su brazo y yo como pude se lo devolví hasta que la perdí de vista.

—Eso fue grosero, Anna, ni siquiera me dejaste despedirme.

—Ella era muy bonita, tío Jer—chasqueó con su lengua—, te podrías enamorar de alguien como ella y después dejarme como siempre lo hace mamá.

Escuchar esas palabras partieron mi corazón en dos. Anna era buena manipulándome, pero esta vez no estaba aplicando su magia, mirando fijamente a la cajera mientras esperábamos nuestro turno sabía que Anna decía la verdad.

Me puse de cuclillas para quedar a su altura y acaricié su mejilla, mientras la obligaba a mirarme a los ojos.

—Yo nunca, escúchame bien, nunca te dejaré, ¿de acuerdo? Tú eres lo más importante en mi vida, Anna.

—Tú también eres lo más importante en mi vida, tío Jer—Anna me abrazó fuertemente y mientras lo hacía mis ojos volvieron a chocar con el profundo océano en la mirada de Astrid.

¿Alguien recuerda a Astrid? Jijiji

Este capítulo está dedicado a Andubebe_AP <3 Gracias por todo el apoyo que le das a mis libros, loviu.

Nos estamos leyendo :)

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