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Capítulo 14

1 de diciembre de 2020.

Había pasado una semana y Jenna aún no me hablaba. Llamaba todos los días, pero solo hablaba con Anna, nunca había pedido hablar conmigo y lo entendía, le había ocultado cosas importantes sobre su hija, era normal que estuviera enojada. Anna por otra parte se sentía un poco decepcionada, sentía que de alguna manera su madre la había rechazado por más que hablé con ella y le dije que no era así.

Jenna veía a Anna como Seth y odiaba que su pequeña hija tuviera tan poco de ella y casi todo del hombre que trató de matarlas.

—Creo que ya estoy aburriéndote—dijo Astrid mirándome divertida al otro lado de la mesa, le dió un sorbo a su bebida para ocultar su sonrisa—. ¿Estás quedándote dormido?

—Oh Dios sí, estoy muerto del sueño. Gracias a Dios tengo la cafeína para no dormirme encima de mi croissant de chocolate.

Astrid se carcajeó y de inmediato mis ojos brillaron, era tan bonita. Y yo estaba siendo un idiota.

Esto no era oficialmente una cita, solo una salida entre amigos para tomar un café. De igual manera estaba siendo un maleducado mientras ella estaba ahí y mi mente estaba muy lejos.

—Lo lamento, Astrid, tengo demasiadas cosas en mi cabeza.

—Adivino, Anna se puso creativa en casa y ahora estás buscando una manera para castigarla.

—Mis pensamientos involucran a Anna, pero por más extraño que suene, no ha hecho alguna de las suyas.

—Anna me contó sobre Jenna—dijo inesperadamente Astrid, mis cejas se alzaron—. Solo debes darle tiempo, Jeremi, está enojada.

Asentí dándole la razón, sin embargo, no quería sentirme alejado de mi hermano más de lo ya lo estaba.

—¿Anna te dijo que piensa que su mamá odia que sea una niña de altas capacidades?—Astrid asintió con una mueca—. No es así, ¿sabes?

—Lo sé.

—Seth dejó una huella muy grande en mi hermana—Astrid me escuchaba atentamente —. Lo siento, sé que no debería molestarte con estas cosas y...

—Jeremi, no me molesta, después de todo somos amigos, puedes hablar conmigo. Todos necesitamos a alguien para hablar.

Asentí, tomé un sorbo de mi café y jugueteé con el pedazo de croissant que quedaba en mi plato.

—He pensado en contarle toda la historia a Anna, pero siento que si lo hago Jenna me odiará aún más.

—¿Has pensado en preguntárselo a Jenna?

—No quiero alterarla más de lo que ya está, no quiero seguir haciéndole daño, Astrid.

—A veces necesitamos recibir el daño directo para poder seguir adelante, Jeremi.

Las palabras de Astrid me hicieron pensar, por lo que al despedirme de ella subí a mi auto y conduje hasta la institución en donde se encontraba mi hermana.

Las visitas eran bastante planificadas por lo que por un momento no me dejaron hablar con ella, pero seguí insistiendo y la enfermera que estaba en recepción se rindió llevándome con mi hermana.

Jenna se encontraba en el jardín con un libro en sus manos, era el principito, cuando éramos niños ella le encantaba leerlo para mí. Cuando Anna era apenas era un bebé también lo leía para ella, a medida que pasaban los años dejó de hacerlo.

Ella levantó la mirada de su libro sorprendiéndola verme ahí de pie, se iba a levantar, pero hice un gesto con mis manos y me senté junto a ella sin observarla, mirando todo a mi alrededor.

—Lo lamento—dije realmente a nadie, después de todo mis ojos estaban posados en el verde pasto frente a nosotros —, pero solo lamento no habértelo dicho, no me arrepiento de mi decisión, fue lo mejor para Anna y siempre trataré de hacer lo mejor para ella.

—Lo sé, estoy seguro de que darías tu vida para salvar la de ella.

—Lo haría, no me lo pensaría dos veces, la amo demasiado, también te amo a ti, por eso estoy aquí—tomé un profundo suspiro y finalmente me digné a mirarla, Jenna se veía bastante tranquila —. Anna piensa que odias que sea una niña de altas capacidades.

Apretó la mandíbula y ahora fue ella la que apartó la mirada.

—Quieres contarle la historia completa—Me sorprendí de que ella descubriera mis intenciones, se rio al ver la sorpresa en mis ojos—. Por favor, Jeremi, tu rostro siempre ha dicho las cosas antes de que realmente las sueltes por tu boca.

—Si sabe la verdad ella no seguirá sufriendo por el supuesto rechazo de su madre.

—Si sabe la verdad algo se apagará en ella, Jeremi.

—Anna es diferente, Jenna.

—No quiero averiguar cómo se comportaría mi hija al saber sobre la familia de su padre.

—Jenna...

—No puedo hacerlo, Jer—su voz se rompió y una lágrima se deslizó por su mejilla—, no quiero que Anna sepa sobre los Parker.

Fruncí el ceño al sentir algo más en Jenna, el temor que se escuchaba en su voz.

—¿Que no me estás contando, Jenna?

La barbilla de mi hermana tembló y nuevas lágrimas hicieron su recorrido. Tratando de respirar profundamente, Jenna sacó un sobre de la parte trasera de su libro del principito, lo sujetaba con tanta fuerza que casi lo estaba arrugando, lo tomé y saqué la carta con rapidez.

Las cortas palabras helaron mi sangre.

Gracias por darme más material para tenerla, ella pertenece aquí, no la mereces Jenna, nunca la has merecido.

—¿Quién te envió esto?

—¿Quién crees tú qué lo hizo?

—¿Por qué no me constaste sobre esto?—Su hermana cerró sus ojos con fuerza y sollozó, tomé su mano—. Ellos no van a tenerla, Jenna, jamás podría permitirlo.

—¿Y si ella quiere tenerlos en su vida?

Volví a leer las palabras en aquella hoja de papel. Malditos sean los Parker.

—Es hora de contarle todo a Anna. Y lo haré con o sin tu aprobación, Jenna.

Más lágrimas se escaparon de los ojos enrojecidos de mi hermana, ella finalmente asintió.

—Solo prométeme algo, Jeremi, promete que no dejaras que ese hombre se acerque a Anna.

—No tengo que prometerlo, sabes que es un hecho. Isaah Parker no tocará jamás a Anna.

Mi estado de ánimo no era el mejor cuando busqué a Anna en la escuela y ella lo notó.

—¿Las cosas no fueron bien en tu cita de café con Astrid?—desvié mi mirada del camino y la observé fijamente. Anna se encogió de hombros—. Prueba con otra contraseña.

—¡Anna!

—Mi fecha de nacimiento fue muy obvia, tío Jer.

—¡Privacidad, Anna!

—Como sea.

Al llegar a casa le pedí que se sentara en el sofá, ella lo hizo a regañadientes.

—Lo siento, tío Jer, no debí husmear en tu teléfono.

—No estamos aquí por eso, aunque es bueno recordar que es bastante inapropiado que toques mi teléfono, Anna, por favor, deja de hacerlo—suspiré cansado.

Me quedé en silencio tratando de averiguar como empezaría con la historia.

—¿Estás bien tío Jer?

—Necesito hablar de unas cosas importantes contigo, Anna.

—¿Estás saliendo oficialmente con Astrid? Porque sé de donde vienen los bebés, tío Jer, puedes saltarte la charla de la flor y la abeja.

Fruncí el ceño, tenía que prestar más atención a lo que Anna estaba leyendo por ahí.

—Anna, es serio.

—Pues para mí es serio el hecho de que hayas invitado a Astrid a por un café tío, Jer, ¿qué te pasa? Pensé que eres más original, pudiste hacer algo...

—¡Anna!

—No te enojes, tío Jer.

—No me enojo cariño. Escucha—tomé su pequeña mano y la estreché con fuerza—, necesito hablarte de algo muy importante.

—¿Sobre qué?

—Sobre tu papá, Anna y sobre su familia.

Anna finalmente guardó silencio.

—¿Por qué ahora?—preguntó ella.

—Tu mamá y yo pensamos que era lo mejor esperar, pero creemos que eres lo suficientemente madura para conocer a esa parte de... tu familia.

Anna asintió y esperó.

De nuevo, no sabía cómo empezar y tener a Anna mirándome de esa manera me estaba poniendo de los nervios.

—Tío Jer, tú mismo lo dijiste, soy lo suficientemente madura para conocer toda la historia.

—Bien... Uh, creo que debo empezar por el nombre de tu papá. Su nombre es Seth Parker.

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