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Entrada_9

Sábado, 15 de junio de 2114

Oficialmente, estoy muy cabreada con mi hermano. Cuando se ha enterado de que había salido, ha decidido que tenía el suficiente poder sobre mí como para prohibirme seguir con las clases. Y, lo peor, es que, no sé cómo, se ha enterado de que yo me había separado del grupo. Yo pensaba que nadie me había visto adentrarme en los árboles pero, obviamente, no ha sido así. Tengo que descubrir quien ha sido.

Ahora estoy en un saliente de una de las Grutas Secundarias. Es uno de los sitios que más me gustan de los túneles de Dreo. Está en un punto estratégico. Tiene luz desde primera hora de la mañana y, a veces, cuando no hay nubes, llega el calor del sol. Está a bastante altura por lo que, si no sabes cómo subir, lo cual es complicado, es imposible llegar. Puedo dibujar tranquilamente. Tengo un lápiz bastante chulo. Lo hice con pedazos de grafito. Porque nos hemos adaptado a las cuevas pero existen personas tan rudimentarias como para dibujar con trozos irregulares del mineral, sin molestarse en hacer herramientas un poco más adecuadas y exactas.

¿Dónde dibujo? Pues en una especie de placa. Es un mineral que se puede deshacer en hojas finas y resistentes. Es de un color claro y la superficie es lisa por lo que es ideal para dibujar o escribir en ella. Este diario está hecho de ese material (no sé cómo lo llaman, debería informarme para dar detalles. Al fin y al cabo, esto es para vosotros y vosotros sois del futuro así que debería describir mejor esta forma de vida...). Deberían haberlo descubierto antes y habríamos evitado el inútil asesinato de millones de árboles.

Pues aquí estoy, escribiendo y dibujando. Nunca me molestarán aquí…

(ACLARACIÓN PARA LOS LECTORES DEL DIARIO: Esto significa que sigo en la misma fecha pero el momento del día ha cambiado) ->  #######

Ahora es de noche. Estoy de nuevo en este putrefacto y horrible agujero en el suelo, mi lecho. Hace exactamente 18 palabras (podéis comprobarlo -ignorando la aclaración, por favor- ya que las he contado) decía que tenía un santuario en un saliente, y que ahí nunca me molestarían… Me equivocaba... 

Como mi vida va de mal en peor (puede, y sólo puede, que exagere), resulta que sí que me podían venir a tocar las narices porque no soy la única que explora los túneles. Estaba tranquilamente observando a la gente vivir sus vidas en el suelo, y, de repente, he escuchado a alguien detrás de mí.

No os podéis creer de quién se trataba… ¡El chico rubio de mi equipo en las clases de caza! ¡Será plasta! Como os podréis imaginar, no le he dado la bienvenida y dos besos. Tampoco le he gritado que se marchara, porque no tenía ningún derecho. Pero, ni por asomo, le he dado conversación. Simplemente le he ignorado y he seguido dibujando. El chico, supongo que molesto por mi comportamiento, sí que se ha dirigido a mí para saber qué estaba haciendo.

Mirad, yo acepto que haya gente poco espabilada por el mundo, pero si tú llegas a un sitio donde ya hay alguien (y quieres sacar conversación), puedes preguntar cosas como: “¿Qué tal?” o, incluso, “¿Qué haces aquí?”. Esas preguntas puedes entenderlas, aunque te molesten o te parezcan inútiles. Pero si cogen, y te preguntan que qué haces, cuando tienes un lápiz en la mano, estás usando ese lápiz sobre un papel y el resultado son unos trazos sobre ese papel (es decir, que es OBVIO que estás dibujando, por si no lo habíais cogido), te entran unas ganas de tirarle el lápiz a la cara. Eso es algo que no hace falta preguntar y es un verdadero desperdicio de saliva.

Pero, como tengo algo de sentido común, he decidido no ser agresiva y le he contestado con un simple e irónico: “¿A ti qué te parece?”. No sé si es que no ha entendido el sarcasmo, o si de verdad no se ha percatado por mi actitud de que no era bienvenido, pero se ha sentado a mi lado. ¿En serio? Lo que más necesitaba en ese momento era un chico que no me dejara dibujar tranquila en mi, ya no, santuario...

Como parecía que no tenía ánimo de marcharse pronto, le pregunté su nombre. Me respondió que se llamaba Adam y él ya sabía que yo me hacía llamar D. Es curioso que, aunque no me relacione con nadie, todo el mundo parece saber quién soy. Esto se debe, muy probablemente, a la influencia de mi hermano mayor en nuestra sociedad.

– ¿Cómo has encontrado este sitio? –le he preguntado, ya sin contener mi curiosidad.

– Llevo viniendo aquí desde que llegué –ha respondido–. Lo curioso es que nunca me haya encontrado nunca aquí contigo… Hoy he venido un poco más pronto de lo normal, eso sí que es verdad... ¿Tú vienes aquí a menudo?

– Sí. Normalmente vengo de noche con una vela o muy temprano por la mañana para aprovechar la luz desde el inicio del día.

– Te gusta estar sola, ¿no?, –ha murmurado y, antes de que pudiera contestar, ha seguido hablando-, a mí también… Pero a veces está bien tener compañía, ¿sabes?

– No la necesito, gracias. La gente molesta y yo estoy genial.

– A veces necesitas desahogarte –ha insistido–. Contarle tus cosas a alguien. Es sano.

– ¿Es una indirecta para poder desahogarte conmigo? –he preguntado, deseando que respondiera que no. Adam parecía majo. El típico chaval con quien el tiempo pasa rápido y te diviertes. El típico chico que te cae bien, aunque sea algo pesado. Pero yo no quiero tener amigos.

– Bueno… –ha respondido, sin embargo–. Estaría bien…

– ¡Qué directo! –he exclamado, sorprendida. Quería irme de allí pero no estaría mal pasar un tiempo un poco entretenida. Lo pasaría bien… –Vaaale –he aceptado, finalmente, total no podía perder nada-, cuéntame anda.

Me ha contado su desgracia personal. Él vivía en un pueblo de apenas 100 habitantes. Sólo sobrevivieron él y otro chaval pero el otro estaba muy malherido, ya que se había hecho un corte muy feo en la pierna. Murió en una tempestad. Adam había visto su pueblo muerto, destrozado. Y había tenido que soportarlo él solo, sin apoyo. A mí me gusta estar sola, pero yo superé mi desgracia gracias a mi hermano, a su compañía. Adam no socializaba porque su pasado le pesaba y no se sentía cómodo con muchas risas. Pero a él no le gustaba. Él quería poder contar con alguien, como yo lo hago con mi hermano. Quería poder contar con alguien que le comprendiera. Y yo lo hago, al menos parcialmente. Así que… ¿Why not? ¿Por qué no ser su amiga? Tampoco su amiga, pero si alguien con quien pueda contar. Además, conoce uno de mis rincones “privados” en Dreo.

Me parece increíble lo rápido que he aceptado al chico en mi vida. Esa naturalidad me sorprende. Suelo ser muy desconfiada y borde, una verdadera antisocial. Con otra persona me habría ido de allí sin preguntar ni siquiera su nombre, y menos habría aguantado escuchándole contar su vida. Pero Adam es bastante especial. Me siento bien con él y no me resulta muy difícil abrirme en su compañía. Tampoco fuerza la conversación. Puede resultar un poco cargante pero le entiendo. Aunque oculte su pena con una sonrisa bastante convincente, en el fondo de sus ojos marrones hay nostalgia y una profunda soledad. Tengo que borrar eso de ahí. No concuerda con el carácter animado de Adam.

Tampoco pretendo depender de él ni nada parecido. Las consecuencias de haber querido tanto a alguna persona son, o la muerte de mis familiares más cercanos o, en caso de Javi, encontrarse viviendo en un congelado bosque en compañía de una APARENTEMENTE desenvuelta chica de pelo morado… 

Mientras tanto, qué más dará estar acompañado por un joven. Alguien que estoy segura que no me molestará demasiado y tampoco me obligará a hablar por hablar. Simplemente será un compañero con quien comentar cosas de importancia y no aislarme taaanto del mundo que me rodea. Al menos para enterarme de cómo se llama el material en el que escribo. Y, ya que va conmigo a las clases de caza (porque mi hermano no va a poder impedirme que siga con esas lecciones), quizás me ayuda con mi pésima puntería.

Le he avisado. Conmigo no creo que se ría demasiado. Tampoco va a divertirse. Estoy en Dreo pero no por voluntad propia. Me marcharé pronto. Y eso Adam ya lo sabe. Sospecho que gracias a él mi hermano supo que me había separado del grupo…

Después de que me contara su triste historia, no he tenido más remedio que darle unas palabras de consuelo. Las palabras que me dio mi hermano cuando murió Sara (mi hermana pequeña). Las palabras que te gusta escuchar en momentos de debilidad. Unas palabras que son vacías a menos que de verdad sepas lo que se siente en una situación similar. Pero las palabras (No sé cuantas veces he repetido la palabra “palabras”…) se las lleva el viento, así que le he dado ese dibujo a medias. El que estaba dibujando: un montón de personas que, pese a estar bajo tierra y pese a haber sufrido y pasado por situaciones parecidas a la suya y a la mía, llevan a cabo su día a día normalmente. Lo que se reflejaba en el, ejem, “papel” era la superación y la adaptación que tienen las personas para sobrevivir de cualquier forma. Una manera de apoyarle, quizás un poquito enrevesada, pero yo no me expreso bien y las palabras (de nuevo repito) pueden ser muy inútiles si no sabes cómo embellecerlas y hacer que cobren sentido.

De momento, me centraré en darle una charla a mi hermanito >:-). Más le vale recapacitar. Puedo asustar mucho si me enfado. Y, ahora que sé que fuera no hace tanto frío mientras no haga tormenta, ahora que sé cómo se siente la naturaleza de la superficie, si me encierran aquí, rodeada de paredes y de piedra sin vida, puedo cabrearme mucho. MUCHO.

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Hey!

Nueva entrada!!!

Tardé un poquito jejeje... No sé si será entretenida... Lo siento si no os gusta...

Disfrutadlo :) Muchiiiisimas gracias por los votos y los comentarioooos ;) Seguid así!!

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