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Entrada_44

Sábado, 3 de enero de 2115

Nos vamos. Son las ocho y veinte de la mañana. La tormenta cesó hace un cuarto de hora, y es nuestra oportunidad para marcharnos. ¿A dónde? Eso ya no lo sé. Hay un caos bastante importante ahora mismo en la gruta y no he podido enterarme de cuál es el plan. Supongo que consistirá en ir al puerto sin perder a nadie por el camino, y confiar en que los piratas lleguen a rescatarnos. Quizás ni siquiera hay un plan, y simplemente nos vamos para no morir aplastados.

La gente va de un lado para otro, gritando, llamándose unos a otros, reuniendo todo lo que creen que necesitarán, cogiendo cosas que seguramente no vayan a usar en el bosque, pero, ¿qué más da? Al fin y al cabo, son esas cosas las que nos hacen sentir como en casa. No tienen porqué tener una función o una utilidad, son simplemente nuestras, y por eso siempre nos tranquilizará más tener una piedrecita blanca que encontramos en el suelo y que recogimos porque sí, que un trozo de cuerda o un paquete de cerillas.

Yo ya estoy lista. Voy vestida con una camiseta marrón oscuro de tela resistente y mis pantalones de camuflaje, ya gastados pero aún flexibles y cómodos. Llevo puesto un chaleco con muchos bolsillos repletos de cosas y, por encima, el manto de liebre. Voy calzada con mis impermeables botas altas, que aparte de ser calentitas y elásticas, son muy útiles para protegerse de arañazos en las piernas. Me he puesto mitones para protegerme las manos y me he atado el pelo en una coleta alta.

También me he hecho con una pistola, ya que he descubierto que con ese instrumento puedo apañármelas bastante bien a la hora de cazar. En los bolsillos del chaleco tengo, entre otras cosas, vendas y pastillas (lo único que he conseguido a modo de botiquín de primeros auxilios), la lona negra que tan útil nos había sido a Adam y a mí la otra vez, una navaja suiza, cerillas y balas de repuesto. También me llevo este diario (con mapas de Dreo dentro, donde se ve la ciudad en la que hemos vivido casi ocho años) en una mochilita impermeable que he conseguido (donde también he metido un par de mudas de ropa). Soy incapaz de dejarlo aquí, para que se pudra enterrado en estas grutas. Como dije antes, son nuestras cosas las que nos tranquilizan, y no hay nada en este sitio que sea más mío que este diario.

Adam también está listo, y ahora está tratando de establecer conexión con los piratas. Ya les ha mandado varios mensajes urgentes diciendo que no podemos esperar más, que el techo se nos cae encima, que vamos a la costa y esperamos su ayuda, y que respondan cuanto antes.

Andy y Philip aún siguen reuniendo todo lo que quieren llevar consigo. Van vestidos con las extrañas ropas con las que nos los encontramos, pero cada uno lleva una mochila repleta de mudas, que no sé de donde se han sacado, teniendo en cuenta que apenas hay ropa en Dreo. Son los típicos chicos que cuando se van un fin de semana de vacaciones, llevan una maleta tamaño Asia, con un montón de cosas, "por si acaso". Así que ahora están tratando de cerrar sus enormes mochilas. Philip además ha reunido la gran mayoría de material médico que tenemos, aunque antes ha distribuido vendas entre todos los nevados.

Jake está tratando de mantener el orden, aunque no lo consigue. Él apenas lleva nada consigo, solo una mochilita pequeña, que lleva colgada de un hombro para no apoyarla en su aún sensible espalda. Nat no se separa de él, cual lapa. Ahora está calmada pero hace unos minutos casi se lía a tortas con un chaval al que se le ocurrió mirar su muñón. He tratado de volver a hablar con ella, pero no me ha recibido mejor que la primera vez, así que voy a dejarle el tiempo que necesite para recobrarse. Al menos parece que con mi hermano está más relajada y se nota que aún le quiere, pero está claro que ha sido un golpe muy duro para ella.

Javi y Lorena llevan una bolsa compartida donde han metido todas sus pertenencias, y ahora están sentados en una esquina, hablando con Raúl y su madre, esperando a que nos den la señal de que los diez minutos que nos dieron para prepararnos se han terminado, la señal que nos avisará de que nos marchamos de aquí, y de que no vamos a volver a ver este lugar.

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Estamos fuera. Este es el primer descanso tras ocho horas que llevamos caminando a través del bosque, en dirección a la costa. Ahora son casi las tres de la tarde, y hemos parado para reponer fuerzas. Habremos avanzado unos quince kilómetros. Es poco, en realidad, para no haber parado en ningún momento, pero teniendo en cuenta el terreno sobre el que nos movemos, no está mal. Sin embargo, aún queda trecho que recorrer. Creo que, siguiendo el camino más derecho, son cien kilómetros los que separan Dreo de la costa, lo que significa que nos quedan ochenta y cinco, y si llevamos el mismo ritmo que hasta ahora, eso significa que nos llevaría algo menos de cuatro días alcanzar nuestro destino. No es muy alentador, que digamos, pero no todo es malo.

Han pasado ocho horas y en ese tiempo no ha llovido ni un poquito. El cielo está cubierto, pero no ha caído ni una gota. Tampoco hace viento, y ni siquiera las temperaturas están demasiado bajas. Ha habido un par de temblores de tierra, eso sí, pero de apenas unos segundos, y nada fuertes. Parece que todo va viento en popa, pero quizás esto es solo la calma antes de la tempestad, nunca mejor dicho.

Es relajante esto de pararse a descansar después de ocho largas horas de caminar, caminar y caminar, y solo eso. Solo hay una cosa que ha pasado durante ese tiempo que ha roto la monotonía del trayecto: hemos podido hablar con la mujer que salvó a Javi en las grutas.

Iba al final de la cola de nevados, cubierta con una larga y ancha capa gris, con la cara oculta tras la capucha, sola y en silencio. Me fijé en ella al salir de las grutas de Dreo, pero no recordaba de qué me sonaba, así que se olvidó que estaba pensando en ella, por muy raro que suene. Más tarde, como unas dos horas después, volví a verla de reojo. Caminaba de una forma que me sonaba muchísimo. Parecía querer pasar desapercibida, escondida bajo su capa, pero la verdad es que llamaba mucho la atención, al ser la única persona que llevaba puesta una indumentaria tan extraña. Estuve observándola durante un largo rato, fija y descaradamente, tanto que incluso Adam se dio cuenta, y él es la persona más metida en su mundo que conozco. Ahora estoy convencida de que se dio cuenta de que la estaba observando, pero en aquel momento podría haber jurado por su pose relajada, y su forma de andar ausente e imperturbable que no había notado nada.

No sé cuantos minutos pasaron hasta que finalmente caí en la cuenta de quién era: la salvadora de Javi. En ese momento, corrí hacia ella entusiasmada de poder hablar con ella al fin, de poder agradecerle... Pero frené en seco cuando me faltaban dos metros para llegar hasta ella. La mujer no mostró señal alguna de haberme notado, así que, sin apartar la mirada de ella (tenía la horrible sensación de que, si lo hacía, iba a desaparecer) seguí caminando pero en dirección contraria. Seguro que era cómico verme andar hacia delante, mirando al mismo tiempo hacia atrás. No sé cómo me las apañé para no caerme.

¿Y por qué no pude hablar con la mujer que llevaba queriendo encontrar desde hace dos días? Pues porque no sabía cómo expresar mi agradecimiento, y porque, no hay por qué ocultarlo, esa mujer me intimidaba. No sé si era por la capa gris, o por la serenidad que desprendía, que no me apetecía perturbar. El caso es que estuve merodeando a su alrededor por unos minutos, que a mí se me pasaron muy rápido, pero que según Adam fueron unos veinte minutos de puro cantoseo dando vueltas alrededor de la mujer, que no se inmutó.

─Pe-perdone ─y tras tanto tiempo pensando en cómo dirigirme a ella, eso fue lo que salió de mi boca, pero fue suficiente para llamar su atención, ya que se volvió hacia mí.

─Oh, hola ─me dijo, pareciendo gratamente sorprendida─ Pero... ¿tú puedes verme?

Lo reconozco, me dejó totalmente descolocada, y mi cara en ese momento debía ser un poema, pero después se echó a reír a carcajadas, alegres y despreocupadas. No sé muy bien cómo reaccioné, solo sé que me costó darme cuenta de que me estaba tomando el pelo, y no me lo creí del todo hasta que vi que todo el mundo se volvió a ver qué era lo que había hecho reír tanto a la mujer.

─Ay, hacía mucho que no me reía tanto ─dijo al fin, quitándose la capucha. No sé muy bien que era lo que me esperaba, pero desde luego no era eso. La mujer era mayor, y su cara estaba surcada en arrugas por la edad. Llevaba el pelo plateado recogido en la nuca con un moño. Sonreía, como cualquier señora sonríe a sus nietos, una sonrisa amable y sabia. Podría ser mi abuela, pero aún recordaba la agilidad con la que se había movido para apartar a Javi del peñasco del techo. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fueron sus ojos verdes, unos ojos que yo conocía muy bien porque me había volcado muchas veces en ellos, y los había visto soñadores, asustados, alegres, tristes y enfadados. Eran los ojos de Javi. ─ ¿Qué pasa, hija? Pareciera que hubieras visto un fantasma.

─Di-disculpé ─tartamudeé, saliendo de mi trance─. No sé si sabe usted quién soy yo...

─Eres Adela, aunque te haces llamar D ─afirmó.

─Exacto, bueno, pues yo quería decirle que...─dije, sin poder evitar sentirme intimidada. Aquella mujer sabía quién era yo, sabía mi verdadero nombre y, además, me miraba fijamente con esos ojos verdes, sin parpadear apenas, esperando a que dijese lo que había ido a decir─. Supongo que usted se acuerda de cuando, el otro día, salimos a por recursos médicos y comida y nos pilló el terremoto en las grutas superficiales... Y usted...

─ ¿Y yo salvé a tu amigo de la piedra que le iba a caer encima?

─Exacto. Bien, pues yo quería agradecerle eso, y decirle que cualquier cosa que necesite, me lo puede decir, pues estaré siempre en deuda con usted.

─ ¿Y por qué vienes tú a agradecerme algo que no hice por ti, hija? ─preguntó inquisitiva, y yo supe que lo sabía, sabía que yo no había podido salvarle y que por eso me sentía tan agradecida.

─Porque es mi amigo, y ya he tenido la experiencia de perderlo, y no quiero volver a hacerlo, y gracias a usted no lo he hecho ─le dije, diciendo la verdad, aunque no completa.

─ ¿Y él dónde está? ¿Por qué no está contigo?

─Bueno, él no sabía que yo iba a venir a hablar con usted...

─Pues llámale, estoy segura de que él también tiene algo que decirme.

─Pero... ─no quería irme porque tenía la horrible sensación de que se iba a marchar en cuanto la perdiera de vista.

─Venga, hija, ve ─me instó─, yo estaré aquí esperándoos.

─Muy bien, no se vaya ─dije antes de marcharme corriendo para buscar a Javi. Cuando le vi, fui hasta él, le expliqué la situación y le agarré del brazo para que me acompañara de nuevo a donde estaba la señora. Para mi sorpresa, ahí estaba caminando relajadamente, esta vez sin la capucha, pero seguía allí, esperándonos, como me había dicho.

Cuando llegamos a su lado, Javi empezó a presentarse: ─Yo soy...

─Javier, lo sé ─le interrumpió la señora, volviéndose a mirarlo, a lo que él soltó un jadeo sorprendido. Y yo supe que no había sido solo porque ella sabía quién era él, sino porque había visto sus ojos en los de aquella mujer. Hubo un momento de silencio, pero luego Javi se olvidó de su desconcierto y siguió hablando:

─Quería agradecerle que me salvase la vida el otro día. Yo apenas me di cuenta, pero D me ha explicado que habría muerto aplastado de no ser por usted, así que muchísimas gracias... Esto... ¿Cómo se llama?

─Aurora ─respondió la mujer, sonriendo divertida y yo supe que ese no era su verdadero nombre.

─Pues muchísimas gracias por salvarme la vida, Sra. Aurora. No sé como agradecérselo.

─No te preocupes, hijo, no fue nada.

─También yo se lo agradezco ─dije─, pero, tengo una pregunta...

─ ¿Por qué desapareció y no esperó a que le diéramos las gracias? ─me interrumpió Javi, pero preguntando exactamente lo que quería saber yo.

─Pensaba que no habías notado nada ─respondió con una expresión impenetrable, dirigiéndose a Javi─, y de hecho, no lo habrías hecho de no ser por esta señorita.

─ Y si D no se hubiese dado cuenta, ¿no me habría dicho nada?

─ ¿Por qué habría de hacerlo?

─ ¡Para recibir un agradecimiento! ¡Para que yo supiese lo que había hecho usted por mí!

─Eso no habría cambiado nada, hijo.

─ ¡Claro que sí! ¡Me habría quedado sin saber que había estado a punto de morir! ¡No habría sabido que usted me salvó!

─ ¿Entonces si tú ahora no supieses nada y yo estuviera en peligro, no me ayudarías?

─ ¡Claro que sí! Pero eso no tiene que ver...

─ Estoy de acuerdo con Javi ─interrumpí─, usted debería habérselo dicho si él no lo supiera.

─Entonces, ¿no hay nada que tú no le hayas dicho porque has decidido que no era importante y que no haría ninguna diferencia?

Lo sabía. Lo sabía. Sabía que no le había salvado y que no se lo había dicho, y de alguna manera sabía también que no lo había hecho porque pensaba que no iba a servir de nada. ¿Cómo? No lo sé. Pero lo sabía todo.

─ ¿De qué habla, D? ─me preguntó Javi.

─ Eso es diferente ─le dije a Aurora, ignorando a Javi.

─No lo es ─replicó, imperturbable.

─Bueno, en todo caso, con todos mis respetos, no sería asunto suyo ─repliqué enfadada.

─Entonces, siguiendo esa regla de tres, el que yo le dijese o no al muchachito que le había salvado, tampoco es de tu incumbencia ─respondió calmadamente. No me estaba reprochando nada, ni me regañaba, ni siquiera frunció el ceño, pero yo me sentí atacada y decidí irme.

─Tiene razón, ya me marcho ─contesté, molesta─. Siento haberme metido en sus asuntos, señora, la próxima vez no avisaré a mi amigo cuando alguien le salve la vida.

Y, con esas palabras me marché de allí. Esa mujer me daba mala espina. No, no exactamente mala espina. Era simplemente que presentía que ocultaba algo. Y descubrí lo que ocultaba media hora después, cuando Javi vino a hablar conmigo.

─Fue ella, Adela. Fue ella. Me sacó del lago helado.

Dos veces que yo no le salvé. Dos veces que le salvó ella. Aún no sé bien cómo me siento al respecto. Por una parte, estoy agradecida porque Javi está vivo y eso es gracias a Aurora, o como quiera que se llame, pero también siento... ¿Envidia? Podría ser, y es que esa señora que no me agrada del todo fue capaz de reaccionar las dos veces que yo no pude.

Pero a esas conclusiones llegué después, y eso que no eran conclusiones demasiado complicadas. En el momento, apenas pude darme cuenta de lo que eso significaba, y mi reacción fue muy tonta.

─ ¿Cómo?

─Lo que he dicho, ella me sacó del lago.

─ ¿Y tú le crees?

─Bueno, me ha descrito cómo caí al lago perfectamente, con todo lujo de detalles. Estuvo allí, si no, no habría sabido como ocurrió.

─ ¿Y por qué no te lo dijo antes? ¿Por qué no se quedó a ayudarte cuando despertaste? ¿Por qué te dejó solo?

─Porque pensaba, y aún lo hace, que saber que me había salvado ella no iba a cambiar nada... Ya la has oído...

─ ¡No puede ser por eso! ¡Te dejó solo cuando necesitabas apoyo! ¿Cómo puede alguien pensar que no saber quién te salvó la vida es lo mismo que saberlo? No es normal...

─ Y sin embargo, Aurora me ha asegurado que tú has hecho exactamente lo mismo ─me acusó y yo obvié su comentario.

─ Entonces, ¿por qué te lo ha dicho ahora?

─ No lo sé... Quizás pensó que ahora que sabía que me había salvado una segunda vez, era el momento de...

─ ¿Te das cuenta de que eso es una tontería, no? En todo caso, ¿qué sabes de esa mujer? Tú has visto sus ojos. Son los tuyos, Javi, tiene los mismos ojos que tú.

─ Son parecidos, no son iguales, si insinúas que estamos emparentados...

─ Es exactamente lo que insinúo. No es casualidad que tengáis los mismos ojos...

─ Bueno, ¿y si somos parientes, qué pasa? ─me soltó, levantando la voz─. ¿Acaso importa?

─ ¡Claro que importa! Si sois parientes, deberías conocerla, deberías haberla visto antes y me apuesto lo que sea a que no ha sido así, ¿me equivoco?

─ No... O quizás sí, y no me acuerdo...

─ ¿Y si es tu pariente, por qué no te ha hablado en todo el tiempo que llevamos en Dreo?

─ Bueno, quizás no se enteró cuando llegué a la ciudad...

─ ¡¡Absolutamente TODO DREO se enteró de vuestra llegada!! ─grité enfadada. No entendía como Javi era incapaz de ver todas las cosas que no cuadraban con esa señora.

─ Bueno, esa mujer no debe ser muy social, estoy seguro de que no conoce ni a la mitad de nevados...

─ ¡Deja de defenderla! ─exclamé, alterada.

─ ¡Deja tú de ponerte en contra suya! ─respondió él de la misma manera─. ¡Esa mujer me ha salvado la vida DOS veces! ¡No estaría aquí hablando contigo de no ser por ella!

─ ¡Ya lo sé! Es simplemente que no me fío de ella... Además, ¿cómo narices sabe mi nombre?

─ Todo el mundo lo sabe, D ─replicó con retintín─. Aunque no te lo creas, eres muy conocida entre los nevados.

─ No me refiero a lo de "D", idiota ─le dije impaciente y molesta─. Esa mujer sabe que me llamo Adela, y nadie, aparte de ti, Jake y Adam, sabe eso, o eso creía.

─ Bueno, no puedo explicar eso ─aceptó─, quizás deberías hablar con ella y preguntárselo, y así de paso, aclaras tus dudas.

─ Bien, eso haré.

Aún no lo he hecho pero lo voy a hacer. Solo necesito tiempo para pensar en lo que le quiero preguntar, porque necesito que me aclare muchas cosas.

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─Muy bien, señora, voy a ser muy clara. No me fío en absoluto de usted. Sí, le agradezco muchísimo que salvase a mi amigo, tanto como cuando le sacó del lago, como cuando le apartó de la trayectoria de la roca, pero hay muchas cosas que no cuadran y que me va a explicar ahora mismo ─así empecé la conversación que me iba a dar respuestas, respuestas que quizás no me correspondía a mí saber.

─Está bien, hija ─respondió, para mi sorpresa─, sabía que regresarías. Pregunta lo que quieras, creo que ya es hora de que le cuente a alguien la verdad y quién mejor que tú, una chica espabilada que además podrá escribir todo lo que yo le cuente.

─ ¿Có-como?

─Bueno, escribes un diario para la posteridad, ¿no? ─me dijo, como si estuviese hablando con un niño con problemas de memoria─. Creo que lo que te voy a decir ahora va a ser importante y sería interesante que lo plasmases en papel.

─ ¿Usted sabe que yo escribo un diario? ─pregunté para asegurarme de que hubiera oído bien. Tampoco es que fuera un secreto y todos aquellos que me conocían, lo sabían, pero esta mujer... No tenía ninguna relación con ella. ¿Cómo se había enterado?

─ ¿Te sorprende, querida? ─preguntó, con esos ojos verdes mirándome y atravesándome. Tenía razón, la verdad es que, una vez que lo pensaba, esto no era lo que más me había sorprendido de esta mujer.

─En primer lugar ─empecé a decir, una vez que hube recordado qué quería preguntar─, quiero saber quién es usted y cómo se llama. Y no me venga con que su nombre es Aurora, porque ambas sabemos que no es así, puede que a Javi se la haya colado pero a mí no. Pero no quiero saber solo su nombre, eso es secundario. Quiero saber quién es usted. ¿Por qué tiene esos ojos? Son iguales que los de Javi... Y no se atreva a decirme que es casualidad.

─Siempre quise llamarme Aurora... Pero tienes razón, ese no es mi nombre. Me llamo Zaida y soy la abuela paterna de Javier, y es él quien tiene mis ojos, no yo los suyos.

─ ¡¿Su abuela?!

─Efectivamente.

─ ¿Y por qué no ha hablado antes con su nieto? ¿Cómo es posible que se conocieran solo hace unas horas?

Bueno, eso es una larga historia... Cuando él era niño, yo aún trabajaba. De hecho, debería seguir trabajando de no haber sido por El Cambio. Mi trabajo ocupaba las veinticuatro horas de mi día y los siete días de mi semana, por lo que nunca pudo conocerme, aunque yo sí que pude conocerle, el día que nació.

─ ¿Me está diciendo que no pudo hacer un hueco en la agenda para que su propio nieto la conociera?

─Eso es exactamente lo que estoy diciendo, por mucho que cueste creerlo. No es que no quisiera, es que no podía, literalmente. Estaba siempre viajando y no pude pisar el pueblo donde vivía Javi, y donde vivías tú, hasta el día del primer terremoto. Estaba llegando al pueblo cuando os vi jugando en el lago. Fue pura casualidad que el niño de pelo negro fuese mi propio nieto. Apenas acababa de reconocerle cuando empezó el primer terremoto ─Aurora, es decir, Zaida, se ha perdido en los recuerdos, ha desenfocado la mirada y ha continuado el relato─, que me tiró al suelo con una rama que se desprendió de un árbol. Cuando conseguí levantarme, Javi ya había caído al agua e intentaba nadar hacia el lugar donde estabas tú, pero entonces el pedazo de hielo se chocó contra su nuca, y se hundió en el lago. Tú te marchaste corriendo, temblando por la ropa mojada pero también porque acababas de ver a tu amigo morir, vi tu cara de terror y espanto, y vi tus ojos inundados en lágrimas. Nunca olvidaré esa escena.

Ese día ha vuelto a mi mente. El dolor, la pérdida, el shock, todo. Los sentimientos que sentí aquella vez, los he vuelto a experimentar, mientras Zaida continuaba su relato:

─Justo después de perderte de vista, me acordé de Javier. Aunque fuese una posibilidad muy remota, quizás aún estaba vivo. Así que me tiré al agua. Era mi nieto, y pese a que no me conocía, a que no sabía que yo existía, era mi nieto. Pero no era eso lo que me tiró al lago sin pensar: Javi era un niño, un pequeño indefenso y quizás aún podía salvarle. Y lo hice. Cuando le saqué aún tenía pulso, y con una maniobra de primeros auxilios, le hice expulsar el agua de los pulmones. No fue muy difícil, y supe que saldría de esta.

Parecía que Zaida iba a echarse a llorar, que se iba a derrumbar, pero de pronto se ha erguido, y ha vuelto a enfocar la mirada. Ha ocultado su estado de ánimo con una máscara fría y dura, una máscara que, sin embargo, no ha podido ocultar la tristeza en su mirada, en esos ojos verdes que, al igual que los de Javi, no podían ocultar nada y revelaban todo lo que trataba de ocultar con su expresión.

─ ¿Y por qué le dejó abandonado? ¿Por qué no le ayudó en vez de dejarle que se buscara la vida por su cuenta? Era un niño, usted misma lo ha dicho.

─ Después de que le sacara del agua, Javier tardó al menos tres días en despertar. Durante ese tiempo fui yo la que le cuidé, pero después despertó. Lo hizo en un momento en el que yo no estaba con él, y se las apañó bien él solito. Estuve muy cerca de presentarme y de quedarme con él pero, si me quedaba, estaría atrapada, me tendría que quedar con él, y cuidarle, y mimarle, como cualquier abuela hace con sus nietos. Y no lo digo en el mal sentido, más bien sería que yo no podría resistirme a la tentación de quedarme con él, y de olvidarme del resto de mis preocupaciones, pero yo no era cualquier abuela y tenía muchas cosas que hacer. Javi no me necesitaba.

─ ERA UN NIÑO ─grité, sin poder creérmelo. Recordemos que mientras teníamos esta conversación, íbamos en un grupo cruzando el bosque, por lo que, aunque nosotras dos nos habíamos atrasado un poco para no ser escuchadas, mi grito lo oyó hasta el primero de la fila─. TENÍA DIEZ AÑOS, SEÑORA. DIEZ. ¡¿CÓMO SE ATREVE A DECIR QUE NO LE NECESITABA?! ¡¿CÓMO SE ATREVE...?!

─Me atrevo, hija ─respondió, con paciencia y extrema tranquilidad─, porque soy su abuela y estaba con él en aquel momento. No estabas tú. Estaba yo, y sé perfectamente lo que vi cuando regresé a donde supuestamente estaba Javi inconsciente, sé que le vi despierto y preparándose para sobrevivir, sé que no soltó ni una sola lágrima, y sé que estaba dispuesto a aguantar lo que le cayera encima y no se iba a quejar. No necesitaba un hombro en el que llorar. No necesitaba ayuda para resistir y vivir ─se calló un momento para reflexionar en silencio, y yo no lo rompí─. Solo era un niño en apariencia y no me necesitaba en absoluto. Quizás te parezca cruel que le abandonara, también a mí me lo parece. De hecho, en mi opinión, nunca podré volver a actuar con tan poco corazón como lo hice aquel día. Y sin embargo, aquella vez no tocaba dejarse guiar por el corazón, sino dar paso a la razón, y fue lo que hice: había cosas más importantes que yo debía llevar a cabo.

─ ¿Y qué puede ser más importante que ayudar a su propio nieto?

─Ayudar al planeta entero.

─ ¿Cómo?

─Me resulta increíble que, después de que te haya contado lo que suponía mi trabajo en mi vida, no me hayas preguntado cuál era ese oficio que requería tantísimo sacrificio.

─Suponía que me lo contaría usted si esperaba lo suficiente.

─ Bueno, suponías bien, porque para que entiendas por qué dejé abandonado al niño, por qué no me conocía antes de hoy, por qué no dije nada, y por qué no me he dejado ver y no quería dejarme ver, tengo que hablarte de mi trabajo. Estoy segura de que has oído hablar de las siete empresas multi-tecnológicas que había antes del Cambio, ¿verdad?

─Sí.

─Bien, pues había una que se dedicaba a la tecnología militar, y en esa trabajaba yo. Era la Comandante Primera nº002, un puesto bastante importante, y llevaba los asuntos relativos a la seguridad internacional, y por ello tenía que estar constantemente viajando de un lado para otro. No se me permitía tener vida privada: ni familia ni amigos, de hecho, cuando nació el padre de Javier, yo aún no era comandante, pero en cuanto me ascendieron, tuve que abandonar a mi marido y a mi hijo de cuatro años. Me partió el corazón dejarles, y gran parte de mí se quedó en casa, con el hombre de mi vida y con mi pequeño. No volví a ver al abuelo de Javi, y a su padre solo le pude volver a ver cuando nació Javier. Mi hijo no me recibió con los brazos abiertos, como comprenderás. Siempre estaba ocupada, y el padre de Javier casi ni me recordaba, así que no me apreciaba exactamente. Sin embargo, pese a que siempre había sido duro, mi trabajo se triplicó cuando hubo una amenaza de una tercera guerra mundial ─soltó, como si nada.

─ ¡¿QUÉÉÉ?!

─ ¡Oh! No te preocupes. Ya había habido amenazas de otra guerra a nivel mundial, muchas más, pero nunca desde que yo era Comandante. Además, no era una amenaza muy real, pues lo único que teníamos eran unos documentos en los que se hablaba de guerra y destrucción, en términos que no te voy a explicar ahora. Pero era una amenaza, y había que encararla e investigarla. No obstante, no la encaramos como deberíamos haberlo hecho. Nos habíamos equivocado: no era una guerra mundial lo que habíamos de temer, sino una destrucción mundial.

─ ¡¿La destrucción mundial?! ¿Y cómo supieron en lo que consistía la amenaza?

─ En realidad, no lo supimos, y eso es lo malo. No pudimos descubrirlo a tiempo. De hecho, hasta hace un año no me he enterado de la verdadera naturaleza de esa amenaza. Y aún me quedan muchos cabos por atar. Pero en aquel entonces, hace ocho años, apenas sabíamos que había algo. Al parecer, solo una persona conocía en su totalidad la naturaleza y origen de esa amenaza: la presidenta de los Emiratos Árabes, pero se suicidó antes de decirle nada a nadie. Creemos que se enteró directamente por los causantes de ese algo, así que nadie se lo dijo. Eso quería decir, que a parte de los causantes de la amenaza, nadie nos puede decir en qué consistía ese algo.

─ ¿Y cómo se enteró entonces de que el plan era acabar con el mundo?

─ No fue difícil en realidad. Solo necesité un trozo de papel, la mitad de una nota. Decía "Ya está en marcha, este planeta no es para nosotros, ya no. Pronto ya no habrá nadie, y no podéis hacer nada para evitar lo que se os va a caer encima. Es". Ahí terminaba la nota, pero era suficiente. No sé aún por qué, ni cómo lo hicieron, pero evidentemente, consiguieron llevar a cabo lo que pretendían. Apuesto a que a estas alturas ya te has dado cuenta de las consecuencias de lo que ese algo ha ocasionado.

Hubo un silencio en el que todo encajó en mi cabeza. Bueno, no todo, pero sí la pieza más importante. Comprendí a qué se refería, y un peso se adueñó de mi corazón.

─El Cambio ─murmuré, comprendiendo a qué se refería.

─Exacto, hija, el Cambio.

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N/A:
Tres semanitas sin subir... Uy... Lo siento mucho, pero aún ayer terminé los exámenes y mañana me gradúo y, vamos, que tenía muchas cosas que hacer. Esta entrada iba a ser más larga, pero no me ha dado tiempo. De todas maneras, aunque sea más corta de lo previsto (y eso que ya es larga, comparando con otras entradas), no es por ello de peor calidad.

Ya queda poco para terminar. No quiero daros un número de entradas porque después me enrollo mucho, pero sabed que no falta mucho.

¡¡Un beso gigantesco a todos los que hayáis llegado hasta aquí!! Gracias por votar, comentar y, en general leer, pero a los que votáis y comentáis, lo aprecio muchísimo :)

¡¡Perdón por la tardanza!! Ahora que ya estoy liberada, creo que para el próximo finde tendré capítulo!

¡Y gracias por todo!


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