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Entrada_42


Jueves, 1 de enero de 2115


¡Feliz año nuevo!


¿Feliz? No exactamente. Este nuevo año ha comenzado con tormenta, una que no ha cesado en las últimas cuarenta horas. Malas noticias, y apenas estamos inaugurando el año. Es triste. Mejor vamos a las buenas nuevas.


Lo consiguieron. Jake y Nat están vivos. Ningún miembro del equipo de reconocimiento ha muerto, aunque poco les ha faltado. Ahora están todos en la zona de "hospitalización" de la gruta. Phil y sus compañeros se lo han montado muy bien. Han organizado todos los recursos médicos que tenemos, han improvisado unas camas e incluso han hecho horarios de trabajo.


Jake ha salido razonablemente bien parado. Tiene rasguños bastante feos en la espalda, pero según Philip, son superficiales y van a cicatrizar, en cuanto estén limpios. Ahora está durmiendo, pero para que llegara a ese estado le hemos tenido que administrar una dosis de tranquilizantes bastante elevada.


Nat ha tenido muchísima menos suerte.


Cuando aparecieron por la grieta no me lo podía creer. Aparecieron de uno en uno, los diez, con heridas de diferentes grados de importancia, aunque evidentemente la más grave era ella. Todos los nevados se acercaron a ver a los recién llegados, pero conseguimos poner orden para que los heridos pudiesen ser curados.


Natalia venía agonizando apoyada en Jake, quien no se quejaba del dolor de espalda que le provocaba el peso de la chica. A mí me costó determinar la causa de su palidez extrema (que se notaba muchísimo en su normalmente oscura tez), pero cuando lo hice, deseé no haberme dado cuenta. Una rama de unos tres centímetros de grosor le atravesaba el brazo de lado a lado. No puedo entender cómo pudo aguantar tanto tiempo en pie.


Philip actuó con una rapidez y eficacia que nos hizo parecer tontos a todos los demás. En apenas unos segundos la separó de Jake, recortó la ropa que cubría el brazo de la chica, ya que estaba pegada al cuerpo de Nat por la sangre seca y no podía arrancársela, le metió un tubo en el hombro del brazo sano, y empezó a administrarle anestesia. A continuación, la sentó en una cama y examinó la herida durante otros pocos segundos. En ese momento se acercó otro de los médicos. Phil y él hablaron durante apenas un minuto y entonces, mientras los demás observábamos, Phil hizo un torniquete con un pedazo de tela por encima de la herida y, sin previo aviso, el otro chico cogió la rama y se la sacó del brazo de un tirón.


Muchos se giraron horrorizados pero yo no fui capaz apartar la vista. La sangre empezó a brotar, pero el torniquete frenó la hemorragia. Lo peor era el agujero que se veía en el brazo de la chica. La rama se había astillado y había trocitos incrustados en su carne por dentro de la herida. Se le podía ver el hueso. Pero no fue hasta que me acerqué y vi que se había infectado, que lo supe, sin necesidad de que lo dijeran en alto. Supe que Nat saldría de esta, pero su brazo no. No tenían los utensilios necesarios para evitarlo.


Y no fui la única en darme cuenta.


─HAZLO. HAZLO DE UNA VEZ. NO DEJES QUE SUFRA MÁS. HAZLO ─y con ese desgarrador grito de Jake, se enteraron todos.


Phil se volvió y sin salir del trance de médico, ordenó a los heridos que se sentasen tranquilamente en las camillas, echó al público de su área de trabajo, pidió ayuda al personal sanitario para la inminente amputación y volvió a ponerse manos a la obra. Fue cruel la manera en que nos trató, pero fue profesional y efectivo.


La media hora más larga que he vivido fue justo después. Por una parte, estaba contenta porque no habían muerto. Estaban vivos. Todos lo estaban. Pero había otra parte de mí mucho más grande que se moría de la preocupación, literalmente. Nat iba a despertar, y cuando lo hiciese, en lugar de un brazo, iba a tener un hueco, un vacío. No iba a tener nada en lugar del brazo, de hecho. Y tendría que aprender a vivir con ello, o mejor dicho, sin ello.


Nunca he apreciado demasiado a Nat, pero en estos momentos fatales para ella, también lo paso mal yo, y por eso me doy cuenta de que, aunque poco, me importa, de que me duele su dolor. Pero me duele aún más el dolor de mi hermano, quien ha visto en primer grado como le amputan el brazo a su novia y ha sido el primero en soportar la amarga sorpresa de Natalia al despertar.


Yo aún no la he visitado, en parte por miedo, miedo por ver a la que fue mi risueña monitora de caza convertida en un puñado de amargura y pesimismo. Ese lado de mí me indica que espere a que la tormenta pase, pero sé que no es lo correcto. Tengo que mostrarle mi apoyo, aunque no me vaya a recibir bien.


Mientras, voy a dedicar mis energías a estar enfadada con el estúpido de Adam. Mi orgullo no me deja ir a preguntarle qué demonios le pasa, por qué narices ahora que le necesito de soporte no se digna a dirigirme la palabra.


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El regreso del equipo de reconocimiento nos dejó sin medicinas, sin vendas y sin ningún tipo de recurso médico salvo una cajita de tiritas, por lo que yo y unos cuantos más (entre los que se incluyen un Adam que no me habla, Javi y Lorena) tuvimos que ir a por más, a ver si quedaban botiquines en las grutas superficiales aprovechando el respiro que nos estaba dando la tormenta, un respiro que no iba a durar mucho.


De hecho, apenas llevábamos quince minutos en las grutas superficiales cuando las paredes empezaron a temblar. La tormenta nos había dejado un descanso, pero no habíamos tenido en cuenta los terremotos. Con lo poco que habíamos conseguido rescatar en ese tiempo, emprendimos la vuelta a la ruta segura. Y fue en ese momento cuando me di cuenta de que, sin duda, la gruta donde estábamos resguardándonos, era segura, al menos mucho más que las superficiales.


Abajo, los temblores podían causar derrumbamientos y debilitamiento de las paredes, pero allí arriba, las rocas caían del techo en pedazos tan grandes como personas que se clavaban en el suelo formando enormes grietas muy difíciles de saltar por los temblores sísmicos. Además, la casi completa oscuridad de las grutas no facilitaba las cosas para nada. Y si ya era complicado para mí, que llevo ocho años escalando y moviéndome por estas grutas de roca, para Lorena era una tarea prácticamente imposible.


Javi la ayudaba como podía, sujetándola y echándole una mano cada vez que se nos ponía una grieta delante. Sin embargo, una persona no puede estar en todo a la vez y Javi se olvidó de que no era solo saltar resquebrajaduras, sino que también había que esquivar las rocas que caían del techo.


Sucedió a cámara lenta. Solo lo vi yo, o al menos eso creí en aquel momento. Una roca del tamaño de una mesa empezó a desprenderse justo por encima de la cabeza del pelinegro. No pude gritar, ni avisarle de ninguna manera. Mi garganta no respondía. Y yo supe que lo iba a perder por tercera vez y que, de nuevo, iba a ver impotente como moría sin ser capaz de reaccionar. De nuevo, le había fallado.


Pero me equivoqué. Una mujer que nos acompañaba, una mujer en la que no me había fijado jamás, apareció de la nada y apartó a Javi del lugar donde el pedazo de techo iba a caer, salvándole en el último momento.


No había tiempo para dar gracias ni para suspiros de alivio, por lo que continuamos corriendo por las grutas, que parecían no terminar en ninguna parte. A medida que avanzábamos, los temblores parecían tener menos fuerza. El terremoto estaba frenando, pero en breve habría secuelas y para entonces, por nuestro propio bien, debíamos estar en la gruta segura.


Y lo conseguimos.


Cuando todos hubimos entrado por la grieta, que se había taponado por debajo, por lo que hubo que trepar, fue cuando los vimos. No sé cuando se nos acoplaron, ninguno de nosotros se dio cuenta, pero ahí estaban. Seis majestuosos lobos blancos como la nieve. Y escondido detrás de sus padres, con sus ojos profundamente azules mirándome fijamente, se encontraba el pequeño cachorro que había podido ver dos veces en el bosque.


Nadie en la gruta se opuso a que les dejáramos entrar. Quizás fue la ternura que inspiraban o quizás fue la simple esperanza de poder comérselos en un futuro, pero nadie se negó. Los lobos no dudaron tampoco en entrar, supongo que más aterrados ante la posibilidad de otro terremoto que a la posibilidad de que nosotros les hiciéramos daño. Se colaron en la cueva y en seguida se marcharon corriendo, alejándose de nosotros y perdiéndose en la oscuridad.


Y ahí terminó el asunto de los lobos. Me encontraba y me encuentro profundamente aliviada de que no hayan muerto, pero en ese momento tenía otras cosas en las que pensar. No me podía quitar de la mente como de nuevo habría podido dejar morir a Javi. La mujer no dejó ni que le diera las gracias, de hecho desapareció y no la encontramos por ninguna parte.


Javi apenas se había enterado de lo que había hecho la señora por él, solo había notado un empujón y había seguido corriendo. Yo casi no había podido ver a la mujer con la oscuridad. Solo sabía que era alta y seguramente joven, porque se había movido con mucha agilidad.


Cuando hubimos llevado lo que habíamos conseguido salvar a la zona de hospitalización y otra bolsa de comida al almacén donde teníamos las provisiones, me quedé cerca de Javi, pero sin que me viera. No sabía cómo pedirle perdón. Él no se había dado cuenta de que yo no había reaccionado, de nuevo. Podía no decírselo y nunca lo sabría. Pero yo necesitaba a alguien a quien contarle lo que había pasado, alguien que me aconsejara, alguien que me dijera por qué no había podido reaccionar, alguien como Adam. Pero él no estaba disponible. Le echo de menos, pero eso no es razón para arrodillarme a sus pies rogándole que me hable de nuevo.


Siempre he estado sola y siempre he podido responder a mis preguntas por mí misma, y ahora tengo nuevas cuestiones que resolver. ¿Acaso no puedo reaccionar en momentos en los que mis seres queridos corren peligro? ¿Va a morir alguien por mi culpa? Porque Javi iba a morir, si no hubiese sido por la mujer sin-nombre. ¿Y quién es esa mujer? ¿Dónde está? ¿Por qué no esperó a que le diéramos las gracias?


N/A:

¡Holap! ¡Esta vez sí que he cumplido lo de las dos semanas! La próxima vez será también dentro de dos semanas :P

Espero que os haya gustado esta entrada...

¡Un beso gigantesco!

PD: ¡Gracias por comentar y votar! ¡Seguid así!

PD.2: En multimedia hay otra portada que me hizo la misma chica que hizo la del capítulo pasado. Se me olvidó decirlo en el otro capítulo, pero la chica es @GabrielleDelacour







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