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Entrada_33

6 de diciembre de 2114

Cuando después de unas dos o tres horas, Adam y yo nos volvimos a reunir con los demás… Bueno, basta con decir, que fui una actriz excelente. No dejé que mis mejillas se colorearan, no sonreí, mi mirada era totalmente indiferente y absolutamente nada en mi cuerpo revelaba lo nerviosa y emocionada que estaba. Cuando Andy al fin soltó la pregunta que todos se hacían: “¿qué narices ha pasado entre vosotros dos?”, yo me las apañé para contestar con un simple “¿y a vosotros qué os importa?”.

Claro que a Adam eso de la indiferencia y de callarse las cosas como que no le sienta bien, y les contó a todos que ahora éramos novios con una bonita sonrisa en la cara. Menos mal que no desveló absolutamente todo lo que habíamos hecho detrás de los árboles. Resignada, me senté, recostada en un árbol  y cerré los ojos, agotada. No me imaginaba que una sesión de besos fuese tan cansada… Pero tampoco me imaginaba que escribiría esa frase en este diario…  

No pude disfrutar de una siesta porque, por una parte, todos los demás estaban armando mucho jaleo, y por otra, porque empezó una tormenta. No era nada demasiado grande, pero fue suficiente para que necesitáramos un refugio. Con pesar, me levanté. Y sin que nadie dijese nada, empezamos a correr a través del bosque, para encontrar un refugio cuanto antes. Paramos bajo un árbol especialmente grande. Nos apretujamos todos para mantener el calor.

─Podría acostumbrarme a esto ─dijo Adam en mi oído, aunque lo oyeron todos, debido a que estábamos muy juntos. Y es que, involuntariamente, yo me había abrazado a él como nunca antes lo había hecho. En cuanto lo dijo, me separé de él y le di una colleja al maldito, y por la cara que puso, le dolió seguro.

Fue entonces cuando levanté la cabeza y una fuerte sensación de déjà vu me inundó. Reconocí el árbol, aquel que me había impresionado la primera vez que salí, el rey del bosque. Aún en ese momento, después de haber pasado meses rodeada de bosque por todas partes, aquel árbol me seguía pareciendo el más majestuoso.

Como en un trance, me di la vuelta y vi la puerta de Dreo. Destacaba tanto entre el ambiente que la rodeaba, que fui incapaz de explicarme cómo no la habíamos visto antes. Supongo que siguiendo la dirección de mi mirada, uno a uno, mis compañeros se dieron cuenta de dónde estábamos. Pronto me vi rodeada de exclamaciones de júbilo.

Estábamos sobre las grutas de Dreo.

Lo malo fue que, como la puerta no se podía abrir desde fuera, tuvimos que esperar a que alguien saliera. Como había tormenta, suponíamos que nadie iba a salir en seguida. La tormenta duró apenas tres horas pero tuvimos que aguardar todo el día y la noche para que, al fin, cuando ya iba a amanecer, saliera el primer grupo de cazadores.

Era un grupo de los aprendices junior. Todos se sorprendieron e incluso se asustaron al vernos allí acampados, mirándolos fijamente. El primero en reaccionar fue uno de los muchachos, que gritó “ADAAAM” con una sonrisa. Era Raúl, su compañero de habitáculo. Me costó reconocerle, pues la última vez que lo había visto era más de una frente más bajo de lo que era ahora. El niño se enganchó al cuello de Adam como un pequeño monito.

Detrás de los peques, salió la monitora. Yo la reconocí en seguida. Era igual de guapa que siempre y llevaba puesto ese neopreno de caza que tan bien le quedaba. Me puse muy contenta de verla tan sana y fuerte como la recordaba. Ella significaba que Jake no se había quedado solo. Le costó reaccionar y tuvo que parpadear varias veces para poder reconocerme como la hermana perdida de su novio.

Sin embargo, ninguna de nosotras fue la primera en decir algo. En realidad, fue Andy quien habló.

─ ¿No serás tú Natalia, no? ¿La novia de un tal Jake? ¿Te suena?

─ ¿Y quién lo pregunta? ─respondió Nat con una blanquísima sonrisa, una sonrisa de quien sospecha que sabe con quién está hablando.

─ ¡Increíble! ─soltó Andy, indignado ─. Se tira horas y horas hablando de la novia, que si es muy guapa, que si es perfecta, que si tal y cual y no se le ocurre mencionarle a esa querida novia quien soy yo, no se le ocurre al señor hablarle a esa fantástica y estupendísima chica de un tal Andy… Nooo… Claro… Eso es demasiado… ─se puso a despotricar irónicamente contra mi hermano.

Yo, pasando olímpicamente de lo que decía Andy, me acerqué a Nat y la abracé, susurrándole un “gracias” al oído. Ella me entendió y respondió a mi abrazo.

─Creo que alguien se va a alegrar mucho de verte ─me dijo, cuando nos separamos.

Y, sin más dilación, entramos por la puerta que nos llevaba a las grutas, envueltos por las quejas de los niños, que se habían quedado sin excursión al bosque.

Recorrimos el laberinto, pero no por el atajo, sino por el recorrido largo. Cuando llegamos a la sala de entrenamiento, vi a mi hermano, la única persona en la sala. Su expresión era extraña, muy tensa y contraída de dolor. Tenía un arco y estaba lanzando flechas a los muñecos y a las dianas. Nunca le había visto lanzar con tanta rabia. Normalmente sus tiros eran elegantes y limpios. En aquel momento tiraba con furia asesina en la mirada.

Nat, incómoda, le llamo con suavidad, lo que le detuvo en el acto. Se volvió sonriente, pero no era la sonrisa a la que estaba acostumbrada, era… antinatural. Sus ojos estaban fijos en su novia. Fue algo muy extraño, pues Nat estaba rodeada de niños, y también estábamos nosotros a poca distancia de la monitora, pero él solo la veía a ella. Era como si no le interesase mirar a otro lado. Ni siquiera saludó a los niños, con quienes normalmente se comportaba muy bien.

─Tenemos visita, amor ─susurró ella, con la emoción contenida.

Entonces, Jake movió los ojos y pasó una mirada indiferente, algo que nunca había visto en Jake, por cada uno de los niños, para luego darse cuenta de que había más gente en la sala. Primero vio a Phil, después a Lorena y a Adam, a continuación, vio a Javi y, sin duda, lo reconoció, porque en una milésima de segundo, su expresión dejó de ser indiferente, para volverse ansiosa. Fue entonces cuando me vio a mí. Nunca podría describir la cara de Jake en aquel momento. Estoy segura que su expresión fue la misma que puse yo cuando encontramos a Javi y a Lorena. Sus ojos grises se inundaron de lágrimas y se acercó a mí y me dio el mayor abrazo de oso de la historia.

─Estás viva ─me dijo al oído, como si no me hubiese dado cuenta, y así nos quedamos un buen rato hasta que Andy dijo, haciendo un pucherito:

─Yo también quiero un abrazo de Jakey…

Jake se separó de mí, y como si no se creyese lo que estaba viendo, como si fuese demasiada felicidad en un día, se desmayó. Bueno, sería más adecuado decir que se cayó al suelo de la impresión, porque fue caerse, y levantarse de un salto. También a Andy le dio un abrazo, pero no de oso, porque es que Jake es un macho alfa, y no se puede permitir dos abrazos de oso en el mismo día. Eso dañaría su orgullo de macho pecho velludo. Por eso se limitó a uno de esos abrazos “de hombre” con unas palmaditas en la espalda. Sin embargo, también a Andy le dijo algo en el oído, y estoy segura de que no fue un simple “¿Qué tal, tronco?”.

Yo me escabullí de la habitación, para coger el diario y ver si Jake había escrito algo en él. Nuestro habitáculo estaba vacío, con un par de colchones sin mantas. Jake ya no dormía allí. Sin embargo, sobre uno de los colchones, estaba el diario. Cuando pasé las páginas, me alegró ver que mi hermano se había molestado en continuar escribiendo. No me alegró tanto ver lo que había escrito… Lloré en la entrada de las notas y yo no lloro. Con eso digo todo. Mientras leía la última entrada, Jake entró en la habitación y me abrazó por detrás.

─Así que D, la impenetrable e inflexible D, ya tiene novio ─me dijo, sorprendiéndome.

─ ¿Ya te lo contó?─pregunté, dándome la vuelta para mirarle a los ojos, para ver en ellos la expresión de alegría que recordaba en la cara de mi hermano, aunque aún podía distinguir esa faceta dura y tensa que le había visto en la sala de entrenamiento.

─Hay que reconocer que el chico no pierde el tiempo. Ya me ha pedido mi aprobación y todo. Me tendré que pensar si él es… el adecuado para mi hermanita.

─No lo dices en serio…

─Y tanto que lo hago. No dejaré que salgas con un cualquiera que pueda abusar de ti o mangonearte a su antojo…

─ ¿En serio? ¿Mangonearme a mí? Pensaba que me conocías…

─Yo también lo pensaba. De hecho, pensaba que crecerías soltera y no tendría que pasar por la fase de protegerte de chicos idiotas. Veo que me equivocaba.

─Adam no es idiota, y de todas maneras, lo que yo haga con mi vida sentimental no es asunto más que mío.

─Bueno, como hermano mayor, también es asunto mío.

─ ¡Por Dios, Jake! Nunca pensé que tendríamos esta charla. Yo no me he metido en tu vida con Nat.

─Porque supuestamente no sabías que yo salía con ella.

─Entonces, si lo hubiera sabido, ¿me habrías dejado meterme en tu noviazgo? ¿Me habrías dejado decirte que Nat no es buena para ti?

─Claro que no, pero es que Nat es genial.

─Pues yo tampoco te permito que te metas en mi relación con Adam ─dije, obviando su comentario de Nat, para no vomitar arcoiris.

Hubo un silencio en el que peleamos con las miradas y, entonces, Jake bajó la mirada.

─Esta es la discusión más larga que tengo contigo desde hace mucho tiempo─susurró volviendo a mirarme.

─Lo sé.

─ ¿Le quieres?

─Claro.

─Él también, se nota.

─Lo sé.

─Si te hace daño, lo mato.

─Lo sé ─sonreí─, digo lo mismo de Nat.

Él se rio. Yo también, y eso le sorprendió.

─Te has reído ─exclamó, gratamente sorprendido─. No te oía reír así desde... desde hace mucho.

─Lo sé. Adam es bueno para mí ─dije para luego añadir para mí misma─, aunque a veces hable demasiado... Y desvele cosas que no debería desvelar tan pronto...

Mi hermano me escuchó y sonrió, divertido. Ya no podía ver en su cara la tensión y tristeza de antes, y entonces me arrepentí de haber sido yo la que le causó ese espantoso estado de ánimo.

─No lo vuelvas a hacer ─volvió a hablar Jake, tras un momento de silencio─. No te marches nunca sin despedirte, no me dejes una nota.

─Ahora lo sé. Tú no vuelvas a ocultarme algo como esas notas de mamá y papá.

─No lo haré. Pensaba que sería más fácil si no sabías de esas notas.

─Y yo pensaba lo mismo de una despedida en persona. Lo siento.

─Yo también, Adela.

Yo tuve ganas de refutarle, de decirle que no me llamase así, pero no lo hice. Por los meses que le había hecho pasar y por la nota, le dejé llamarme por mi nombre.

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N/A:

LLEGAROOOOON!! VOLVIERON A DREOOO!!! Qué felicidad!!!!!

Gracias a los que votan y comentan!! Me alegráis el día!!

Un beso gigante!!!

PD: Bad news... Os aviso de que a la novela no le queda mucho para terminar, pero no os preocupéis que las últimas entradas prometen :)

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