Las Fotografías (23)
El moderno lugar de comida rápida en el que Victoria se había acostumbrado a pasar el tiempo junto a Justin estaba casi desierto ese día. Había pocos comensales esparcidos por el lugar y las camareras (usando sus teléfonos detrás del mostrador) parecían tener poco qué hacer.
-Debe ser por el clima. Nadie querría salir un día así -conjeturó Victoria, mirando a través de la ventana el cielo atestado de nubes y la fría llovizna que de éstas caía.
-Nadie, excepto nosotros -la corrigió Justin, mojando un ala de pollo frito en un cuenco de salsa.
-Tú insististe en venir -le recordó la chica- No podías pasar un solo día sin verme, ¿eh? -bromeó.
Su amigo detuvo su acción y la observó fijamente.
-Realmente no podía -aseguró con franqueza, mas ella decidió tomarlo como una broma, por lo que soltó una pequeña carcajada y desvió su mirada.
Sobre la mesa reposaba una de las cámaras de mano que Justin poseía. A veces, él se ponía a capturar planos de cosas que le interesaban, y siempre la terminaba filmando a ella. Al principio se sentía cohibida, pero ya se había acostumbrado a la atención del lente, así que había aprendido a divertirse mucho cada vez que la enfocaba.
Además, él también tomaba muchas fotografías con su teléfono y, mayormente, las publicaba en sus redes sociales. Sus cuentas estaban plagadas de imágenes de ambos juntos y los textos que las acompañaban eran usualmente chistes privados que solo ellos entendían. Sin embargo, la noche anterior ella había entrado a una de sus redes y descubrió una notificación de que había sido etiquetada por Justin en una foto. Habituada a ello, no se sintió asombrada hasta ver que su amigo había publicado una imagen de ella sola, sacando la lengua a la cámara, y el texto que se encontraba debajo rezaba:
"Tan linda"
Al leerlo, Victoria sintió un extraño cosquilleo en su corazón, como si hubiera recibido una agradable descarga eléctrica. Se sentía halagada, pero también algo abrumada. Le había puesto uno de los famosos "me gusta", mas no había hecho ningún comentario al respecto, ni siquiera cuando se encontraron ese día.
Era cierto que ellos tendían a hacerse comentarios sugestivos de forma esporádica, pero ella nunca se había tomado en serio sus flirteos, sino que los veía como otra forma de bromear uno con el otro. Los momentos en los que él le regalaba verdaderos cumplidos eran un tanto conflictivos para ella, pues eso le despertaba sentimientos contradictorios.
-¿Qué harás en el receso de invierno? -inquirió él, provocando que emergiera de sus cavilaciones.
-Ponerme al día con algunas materias y pasar más tiempo con mi familia -respondió, encogiéndose de hombros- No tengo mucho más para hacer. ¿Qué hay de ti? ¿Te irás a casa?
Justin negó con la cabeza.
-No. Mis padres se irán la semana entera a la costa y yo no quiero ir, así que voy a quedarme aquí -una enorme sonrisa apareció en sus labios- Lo que es bueno, porque seguiré estando cerca de ti.
Victoria volvió a evitar sus ojos, enfocando los suyos nuevamente en la ventana. Aquella electricidad volvió a soltar una descarga en su corazón, acelerando el ritmo de sus latidos.
No había olvidado la última charla que había tenido con Justin dos años atrás, antes de que sus caminos se separaran, donde él había admitido con su silencio que sentía una atracción por ella, confirmando las palabras que Jason le había dicho cuando terminaron su relación:
-¡¿Vas a creer lo que diga ese maldito bastardo?! -había exclamado su ex novio con furia- ¡Vamos, Victoria! Él está obsesionado contigo como un jodido estúpido, ¿no lo ves? Solo quiere arruinar lo nuestro.
¿Era posible que algún remanente de aquella atracción aún persistiera en su amigo?, se preguntó la joven. Esa perspectiva le causaba temor, pues todavía albergaba la sensación de que había límites en su relación con Justin que tenía terminantemente prohibido cruzar.
Al recostarse en su cama esa noche, Victoria suspiró. Pretendía exhalar junto al aire las emociones entrelazadas en su pecho. Por algún motivo, Justin no había abandonado su mente en todo el día, aún cuando se habían despedido ya hacía horas. El rumbo que había tomado su vida desde que habían vuelto a encontrarse la tenía muy confundida.
Su teléfono vibró en ese instante y descubrió una notificación del muchacho. Una vez más, la había etiquetado en una foto de esa tarde, donde ambos estaban jugando futbolito. El texto de la imagen decía:
"La mejor amiga del mundo y la peor jugadora de la historia"
Aquello la hizo sonreír, no solo por la graciosa burla, sino porque lo sintió como la reaseguración que necesitaba. La mejor amiga del mundo. Eso es lo que eran: amigos. No tenía que cuestionarse la naturaleza de su vínculo ni analizar por demás tales o cuales gestos que él tenía con ella. No tenía nada de qué preocuparse...
Entonces, ¿por que sentía ese tenue asomo de decepción al leer eso?
Justin estaba inmóvil en su cama, pero se encontraba despierto, por eso escuchó el ruido de los resortes de la cama de Charlie cuando éste se movió justo antes de exclamar:
-¡Oye, Bieber!
El aludido miró en su dirección y divisó en la oscuridad la luz que emanaba el teléfono de su amigo.
-¿Qué?
-Hay muchas cosas de ti que no entiendo, pero esto ya me supera -levantó su móvil en el aire y el brillo impactó contra su rostro, provocando que frunciera sus ojos- ¿Por qué acabas de enviarte a ti mismo a la friendzone?
El muchacho suspiró y se dio la vuelta en el colchón, dándole la espalda a su compañero.
-Tori parecía un poco ida hoy. Creo que estuve empujando demasiado los límites de nuestra amistad. No quiero asustarla ni que se sienta incómoda conmigo.
-¿Qué? ¿Ella no responde a tus encantos de macho alfa?
A pesar del desánimo que sentía, Justin no pudo evitar sonreír ante esa referencia.
-Lo hace -murmuró en respuesta- El problema es que no quiere hacerlo.
-¿Traducción?
-Sé que ella también siente algo, pero está totalmente cerrada a ello -esclareció.
-Bueno, es comprensible por toda la historia que los precede -dictaminó Charlie- Supongo que necesita tiempo, debes ser un poco más paciente.
-Si.
Justin asintió, pero estaba lleno de dudas y temores, temores que lo llevaron esa noche a soñar que Victoria estaba en los brazos de alguien que no era él, aunque ese alguien era totalmente idéntico...
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