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El Triunfo (30)

-¿Así?

-Justo así -confirmó la ronca voz de Justin, quien miraba a su novia a través de la cámara.

Ella estaba de rodillas sobre el colchón, usando nada más que una camiseta del chico. Literalmente, nada más. Ni siquiera llevaba ropa interior. Él sabía eso porque acababan de hacer el amor hacía pocos minutos atrás, mas eso no era suficiente para aplacar el deseo que volvía a arder en sus venas al vislumbrar la imagen de su novia cubierta tan solo por un poco de tela.

Mientras tomaba las primeras fotografías, un sonido que pareció la mezcla de un gruñido con un gemido escapó de sus labios, junto con las palabras:

-Cielos, eres hermosa.

El foco de la cámara recogió el intenso rubor que cubrió las mejillas de Victoria y Justin hizo unas últimas capturas de ello antes de quitar la máquina de su rostro para ver a la joven a los ojos.

-No podré vivir dos meses sin ti -sentenció las palabras que venía repitiendo hace una semana.

El receso de verano comenzaba el lunes siguiente y entonces él debía volver a la casa de sus padres. Le había propuesto con sutileza a Vicky que lo acompañara, pero ella (con la misma delicadeza) había evadido la oferta.

-No pasaremos los dos meses separados, Jus -le recordó ella, deshaciendo su postura y acostándose boca arriba en la cama- No estaremos tan lejos. Vamos a visitarnos uno al otro...

-Pero no será lo mismo -insistió el muchacho- Si al menos probaras quedarte en mi casa unos días seguro que...

-Justin, no -lo interrumpió, murmurando- Ya hablamos de esto.

El aludido sintió un pinchazo de dolor en su pecho ante la negativa. Sabía que estar frente a sus padres iba a ser algo incómodo al principio, pero si planeaban pasar el resto de sus vidas juntos, era algo que debían enfrentar algún día. Personalmente, él prefería no aplazar ese día. Mientras más tardaran en exhibir su relación con los Bieber, más culpables parecerían, escondiéndose como si estuvieran haciendo algo malo.

Y no eran culpables de nada. No estaban haciendo absolutamente nada mal. El amor no era algo de lo cual avergonzarse...

Aunque, claro, Victoria aún no le había dicho que lo amaba, y su novio comenzaba a inquietarse al respecto. Él se lo había dicho una noche, perdido en el éxtasis del momento luego de hacerle el amor. Era la verdad, y estaba derramándose desde su corazón hacia sus labios. Necesitaba decírselo...

Sin embargo, ella no se lo respondió y desde entonces no solo se había sentido vulnerable y ansioso, sino que se había levantado en su interior una oleada de celos. Sí, celos. Años atrás, la había escuchado decirle a Jason "Te amo" con una tierna determinación que, en esos momentos, atormentaba su cabeza. Esos recuerdos se reproducían una y otra vez en su mente, retorciendo su estómago y estrujando su corazón.

¿Por qué no podía decírselo a él con tanta soltura? ¿Por qué aún dudaba? ¿Por qué?

Para ocultar la amargura en su rostro, procedió a recostar al lado de ella en el colchón, mirando el techo. Transcurrieron unos minutos de tenso silencio antes de que ella hablara:

-Tengo miedo de lo que pasará con tus padres, Justin -admitió, sus palabras se escurrían entre sus dientes, como si le costara pronunciar cada una de ellas- Fui a su casa siendo la novia de uno de sus hijos y ahora estoy regresando con el otro, eso es...

Se detuvo y tocó su estómago, donde fue pateada por el sentimiento de vergüenza. Justin se apresuró a poner su mano sobre la suya y entrelazar sus dedos. Sabía que era difícil para ella hablar del tema. Desde su reencuentro, solo había mencionado su pasado con Jason lo mínimo indispensable.

-Nada pasará con mis padres. Ya he hablado con ellos. Creen que es una buena idea que pases con nosotros un tiempo -informó, ganándose una mirada sorprendida de su novia.

En sus esperanzas de lograr convencerla, y para evitar que sus primos o sus tíos fueran con el chisme primero, Justin ya había hablado con sus padres de la situación.

Su madre, si bien estuvo impresionada al principio, terminó por aceptarlo, pues ella era un ser emocional y comprendía los sentimientos que su hijo describía. Por el contrario, su padre estuvo cerrado a la idea apenas Justin pronunció las palabras. Le advirtió que terminara esa "locura" con Victoria porque no quería más drama en la familia.

No obstante, días después lo llamó y mostró un rotundo cambio de opinión (seguramente, influenciado por su esposa). Anunció que no estaba de acuerdo, pero que lo aceptaba si era lo que su hijo realmente quería. Le dijo que le gustaría recibir a Vicky en las vacaciones porque era una buena oportunidad para el nuevo comienzo.

Justin sabía que iba a ser un poco difícil al inicio, mas podrían superarlo. Sus padres sabían lo que era el amor. Ninguno de ellos se mostraría desagradable con su novia, y ésto es lo que le aseguró para terminar de convencerla.

-¿Estás seguro? -inquirió ella, mordiendo su labio inferior con nerviosismo.

-Absolutamente seguro, Tori. No tienes de qué preocuparte.

Ella suspiró, exhalando con fuerza.

-Bueno, yo... Creo que podría ir por unos pocos días.

El semblante de Justin se iluminó ante esa declaración. Apoyó el codo en el colchón para elevarse lo suficiente con objeto de mirarla a los ojos.

-¿Sí? -pronunció, emocionado.

Vicky sonrió y estiró su mano para acariciarle el cabello.

-Sí...

Su novio se inclinó y la besó, demostrándole en la pasión de aquel gesto el amor que sentía por ella.

La felicidad que brotó en su interior en ese instante duró los días siguientes. Incluso empacar sus maletas se convirtió en algo sumamente alegre pues lo estaba haciendo junto a Tori.

-Necesitarás esto, y esto... Esto también. Y esto...

-Eh... Jus, creo que puedo preparar mi propia ropa, ¿sabes? -apuntó ella, sonando divertida, mientras él continuaba asaltando su armario.

-Lo sé, preciosa. Solo quiero asegurarme que lleves lo que necesites para sentirte cómoda.

Mientras hablaba, sus ojos encontraron el cajón de su ropa interior y se iluminaron con un brillo radiante. Estiró la mano para abrirlo, mas Victoria lo detuvo.

-No, no. Yo me encargo de eso -reprendió, provocando un ligero puchero en los labios de su novio.

Ella rió y el le respondió con una sonrisa.

-Bien. Saldremos mañana en la mañana así llegamos para el almuerzo. Pasaré por ti a las nueve, ¿de acuerdo?

Victoria asintió.

-De acuerdo.

El temblor en su voz no pasó desapercibido para Justin, por lo que él agregó con evidente optimismo:

-Todo estará bien.

... Sin imaginar que se equivocaba.

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