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El Reencuentro (19)

Justin era de naturaleza optimista, sí, pero, a pesar de ello, había muchas cosas que no esperaba de la vida. No esperaba que las personas cambiaran sus dañinos hábitos para cuidar el medio ambiente. No esperaba que el gobierno nacional accionara de verdad para erradicar la pobreza. No esperaba que las guerras entre países se acabaran y el mundo se uniera en favor de la paz...

Y, definitivamente, no esperaba encontrarse con Victoria en una azarosa fiesta.

Sin embargo, estaba sucediendo. La joven se asomó a la puerta de la cocina y, cuando la vio, Justin sintió que el aliento quedaba atorado en su garganta.

No podía respirar, no solo por el impacto de la sorpresa, sino porque ella lucía fascinantemente hermosa. Lo único que era capaz de hacer era admirarla, el resto de sus funciones se habían apagado, excepto la de su corazón qe aún golpeaba contra su pecho con fuerza.

-El sabor clásico -respondió Victoria a su amiga.

Se dispuso a retirarse nuevamente, mas su mirada encontró a Justin en ese momento. Sus ojos se agrandaron cuando elevó sus cejas de manera que éstas quedaron escondidas detrás de su flequillo y su boca quedó entreabierta.

Por varios segundos, no hicieron más que mirarse uno al otro anonadados hasta que, al fin, ella se apartó de la puerta y caminó en su dirección.

-¿Justin? -articuló.

El chico contempló esos labios moverse mientras pronunciaban su nombre. Estaban cubiertos por una capa de brillo y resplandecían con los reflejos de la luz. Tragó saliva para calmar el vergonzoso instinto animal que lo impulsaba a tirarse sobre ellos y probar el sabor de ese bendito labial.

Carraspeó, volviendo a mirarla a los ojos.

-Victoria... -enunció, disfrutando la sensación de volver a tener ese nombre en su boca.

-Es... Vaya, yo... -la muchacha parecía no encontrar las palabras adecuadas para expresar cómo se sentía- No puedo creer que estés aquí.

-Yo no puedo creer que estés aquí -replicó Justin.

-Lo sé ¡Qué gran coincidencia! -exclamó ella, sonriendo- ¿Qué haces en esta fiesta?

-Realmente no lo sé -contestó el aludido, a quien todavía le costaba ordenar sus pensamientos- Pero estoy tan jodidamente feliz de haber venido -agregó sin poder evitarlo, soltando una carcajada nerviosa- ¡¿Cómo has estado?! Ha pasado mucho tiempo.

-He estado muy bien -aseguró Victoria, mostrando una dulce sonrisa- ¿Qué hay de ti?

-Estoy perfecto -decretó. Tomó dos latas de energizante de la torre y las elevó una en cada mano para exhibirlas a su compañera- ¿Quieres ir a beber éstas a un lugar un poco más tranquilo y hablar? -preguntó, esperanzado.

Que diga que sí; deseaba dentro suyo; por favor, que diga que sí.

-Seguro -aceptó la chica, provocando que el corazón de Justin latiera con alegría- Pero creo que deberíamos llevar otro par -sugirió, tomando otras dos latas. Luego, con un asentimiento de cabeza, indicó al joven que la siguiera- Sé dónde podemos ir.

Él la siguió sin cuestionar. Entraron a la sala de los videojuegos nuevamente, no obstante, esquivaron el umbral que conducía a la pista de baile y caminaron por otro pasillo hasta dar con un enorme ventanal de vidrio.

Victoria abrió una de las puertas corredizas y ambos salieron al espacioso balcón. La brisa de la noche refrescó sus cuerpos y Justin aspiró con fuerza. Había pocas personas ahí afuera, lo que era extraño considerando la bella vista que ofrecía.

-¿Ya habías estado aquí? -inquirió él.

-Sí, conozco a Nick.

-¿Nick?

-El chico que está dando esta fiesta, es el dueño del penthouse -aclaró Victoria- Yo vivo en este mismo edificio -reveló.

-¿En serio? -se sorprendió Justin- Pero estas son las residencias de la Universidad y tú... ¿estudias aquí?

-Sí. Hice un año en la Universidad de nuestra ciudad, pero luego mi familia y yo vendimos la casa y nos mudamos a unos kilómetros de ésta, así que... aquí estoy.

-¡Pero yo también estudio aquí! ¿Cómo es que nunca te vi?

-Es una Universidad grande, Justin, tiene muchas Facultades -apuntó, divertida.

-Sí, cierto -murmuró él- ¿En cuál estudias?

-Ciencias de la Educación. Estoy especializándome en la enseñanza a niños de primaria.

-¡Oh, cielos! Te veo en eso totalmente. Eras la mejor manejando a los pequeños demonios en el voluntariado -comentó, haciendo reír a su interlocutora.

-Gracias, creo... ¿Qué estás estudiando tú?

-Producción de Contenido Audiovisual. Estoy cursando variadas materias que tienen que ver con la escenografía, pero me gusta más el campo de la edición.

-¡Eso es genial! ¿Ya has hecho algún corto?

-Montones. Podría pasarme los días enteros dedicándome a ello.

-Se oye tu pasión por lo que haces. Apuesto que tu contenido debe ser genial.

-Podría mostrarte uno algún día si quisieras -insinuó Justin, implicando volver a verse.

-Me encantaría -acordó ella, causando que él plasmara una sonrisa en su rostro.

Continuaron hablando durante horas, apoyados contra el soporte que los separaba del precipicio. Cambiaban sus posturas ocasionalmente y, cada vez que lo hacían, se movían más cerca uno del otro, de modo que en cierto momento terminaron con sus hombros haciendo contacto y ninguno se molestó en apartarse.

Victoria le contó sobre el estado de su hermana, Jamie. Resultó que la niña había sido atacada por una bacteria y lograron eliminarla con un breve tratamiento, pero los doctores les dijeron que era vulnerable a ella y esa fue la razón por la que decidieron mudarse a esa ciudad, donde tenían mejores hospitales cerca.

Justin también le habló de su familia. Bueno, no de toda su familia, pero le comentó cómo estaban sus padres y algunas de sus primas a quienes ella había conocido.

La interacción fluía tan fácil como siempre y se la pasaron riendo la mayor parte de la noche. Justin estaba encantado al comprobar que esa química entre ellos seguía existiendo.

-Ey, ¿por qué desapareciste de Internet? -interrogó, curioso.

-¿Me buscaste? -increpó Victoria en tono un tanto incitante.

-Puede que sí -respondió Justin de igual manera, formando una sonrisa ladeada.

Ella rió.

-Me hice redes sociales nuevas y las mantengo en modo privado.

-¿Por qué ese misterio?

El semblante de Victoria perdió todo rastro de alegría. Carraspeó y llevó su mirada al horizonte bañado de estrellas.

-Es que... Bueno... mi ex novio era bastante insistente a través de mis cuentas anteriores -confesó.

Entendiendo a quién se refería, Justin tensó su mandíbula debido al enojo. Hacía hervir su sangre pensar que él había seguido buscándola luego de lo que había hecho.

Su enfado desapareció cuando Victoria sacó el teléfono celular de su bolso y se lo ofreció.

-Anota tu número. Voy a agregarte a mis redes después.

Él obedeció, incapaz de borrar la sonrisa en su rostro. Cuando le devolvió el móvil, se aseguró de que sus dedos se rozaran.

-Me enviarás un mensaje de texto, ¿verdad? -requirió.

Apretando sus labios para no sonreír, Victoria imitó la respuesta que él le había dado minutos atrás:

-Puede que sí.

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