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El Ocaso (31)

En cuanto cruzó el umbral de la casa, Victoria fue apresada en un fuerte abrazo que la dejó tan asombrada como conmovida.

-¡Es bueno verte, Vicky! -murmuró Patrice Bieber en su oído antes de alejarse de ella para mirarla a los ojos.

-Lo mismo digo -respondió ella sinceramente, agradecida por la calidez.

-¿Cómo estás, Victoria? -preguntó Jeremy, dedicándole una pequeña sonrisa.

-Bien. Estoy bien, gracias... ¿Y ustedes?

Continuando la conversación, se dirigió con Patrice a la cocina, donde el almuerzo estaba terminando de cocinarse. Justin las siguió con la mirada hasta verlas desaparecer por el umbral en forma de arco y, luego, sonrió ampliamente a su padre, quien estaba tomando las maletas del suelo.

-Gracias -pronunció en un murmullo, y los dos sabían que no se refería a la ayuda con el equipaje.

El hombre asintió una vez y luego gesticuló hacia el pasillo donde se encontraba su habitación.

-Tu madre preparó tu cuarto para ambos, así que podemos ir a dejar las cosas allí.

Justin se sentía sumamente agradecido por el esfuerzo de sus padres en hacer sentir cómoda a Tori. Durante el resto del día se mostraron serenos y agradables con la chica. Después del almuerzo, fueron al centro por un helado y se quedaron recorriendo las calles y visitando tiendas hasta que el sol empezó a esconderse tras la línea del horizonte. Al llegar la hora de la cena, Vicky ya estaba totalmente relajada en su casa y eso llenó a su novio de alegría.

Cuando se despidieron de sus padres con el propósito de irse a descansar, mientras transitaban el pasillo hacia su dormitorio, pasaron frente a la puerta del dormitorio de Jason. Victoria detuvo sus pasos una centésima de segundo frente a ésta y su cuerpo se puso rígido. No obstante, retomó su andar enseguida y Justin fingió no haberse dado cuenta. Se prohibió a sí mismo cavilar de más las cosas. Nada podía arruinar los días felices que había planeado para ellos.

La joven estuvo tensa esa noche. Él lo sintió al tenerla entre sus brazos en la cama. Pero eso fue mitigando las noches siguientes hasta desaparecer.

-¿Cómo está Jamie? -interrogó Victoria a través del móvil.

Se encontraba hablando con su madre al borde de la piscina. Era un día caluroso y el sol irradiaba tal potencia que sus rayos picaban la piel. Por suerte, Justin estaba colocándole protector solar, masajeando sus piernas con la crema a un ritmo tan hipnótico que por momentos no prestaba atención a la conversación telefónica.

-No muy bien. Estuvo vomitando esta mañana -escuchó que admitía la mujer.

-¿Crees que el virus volvió?

-Los médicos están convencidos de eso, pero los análisis de sangre dieron bien, así que...

-Estará bien. Logró reponerse como si nada la última vez -aseguró Vicky.

-Sí. Seguro. Bueno, debo irme a trabajar. Hablamos en la noche, ¿si?

-Sí. Adios, mamá. Te quiero.

-Yo también.

Cuando finalizó la llamada, Justin dejó de masajear sus muslos y colocó más protector solar en la palma de su mano para proceder a acariciar su estómago. El contacto de la fria crema en su piel sensible hizo que diera un respingo.

-¿Todo está bien? -preguntó su novio.

-Jamie tiene molestias estomacales otra vez, pero los médicos creen que se recuperará.

-Seguro lo hará.

Tal como hizo en sus piernas, el muchacho se demoró más tiempo del necesario en su estómago. La manera en que sus manos recorrían cada centímetro de esa zona estaba provocando escalofríos a Victoria.

Él recargó su palma con protector una vez más y, luego, miró el pronunciado escote en la bikini de su novia. En un gesto inconsciente, lamió sus labios antes de posar su mano sobre sus pechos.

-Eh... Jus. Recuerdo haberte pedido que pusieras solo en mi espalda, ¿cómo terminamos así? -bromeó Tori, algo avergonzada.

Él formó una sonrisa ladeada en sus labios, mas no quitó la mirada de su escote.

-Estoy siendo un buen chico -se excusó con voz ronca.

-¡Justin!

Juntando toda la fuerza de voluntad que pudo, Justin se obligó a quitar las manos del cuerpo de su novia cuando escuchó a su madre llamándolo.

Soltó un gemido de frustración y se puso de pie, procurando acomodar su traje de baño de forma que no se notara el bulto en la parte delantera de sus shorts.

-Volveré -advirtió a su novia, dirigiéndose al interior de la casa.

-Cariño, tu padre y yo saldremos en la noche -anunció su madre apenas lo vio ingresar a la vivienda- Es el cumpleaños de uno de sus socios, ¿Vicky y tú cenarán aquí? Hay pasta para hervir o pueden pedir una pizza...

-Ya, mamá. Somos grandes. Cocinamos nuestra propia comida -le recordó él, sonriendo- Saldremos a patinar en un rato. Cenaremos en cuanto volvamos.

-Bien. De todas formas, pueden llamarme si necesitan algo.

Su hijo hizo rodar los ojos.

-¿Alguna vez dejas de preocuparte?

Ella le respondió con una sonrisa.

-Jamás.

Era cierto. Incluso cuando vio a los jóvenes a punto de salir a la calle a patinar sin casco los regañó para que se pusieran uno. Aquello provocó que Victoria sonriera y que Justin se quejara.

-Esta cosa me aplasta el cabello -gruñó, ajustando el broche bajo su mentón.

-Tampoco tenías el cabello tan prolijo -apuntó su novia, tomando el manubrio del monopatín.

-Mi look es casual y rebelde -se defendió el chico, subiendo a su patineta.

-No. Solo despeinado -se burló ella.

Pasaron el resto de la tarde en el estacionamiento de un mini-super, efectuando carreras o haciendo piruetas. Vicky tenía problemas con el equilibrio en la patineta y Justin le enseñó la postura infalible para mantenerse recta al impulsarse y tomar velocidad. Logró recorrer algunos metros antes de desestabilizarse. Para su fortuna, recordó el método para frenar la tabla y se bajó de inmediato, alegando que no era para ella.

-Debi traer mi cámara -se lamentó Justin, cuando ambos se sentaron en el cordón de la vereda, mirando las pocas estrellas que empezaban a aparecer al oscurecerse el cielo.

-Podemos volver mañana -opinó su novia.

-Ok -él giró la cabeza para mirarla- Es una cita.

Ella sonrió y negó con la cabeza, para luego proceder a besarlo.

Cuando volvieron a la casa, lo primero que Justin hizo fue quitarse el casco.

-¡Libre! ¡Al fin! -exclamó con dramatismo.

Victoria lo imitó y dejó el casco en el perchero de la sala, donde lo habían tomado anteriormente.

-¿Recuperaste tu look casual y rebelde?

Él le guiñó un ojo.

-Sé que lo amas.

-Ya, engreído...

-Envidiosa.

-Fanfarrón.

-Mala patinadora.

-Presumido.

Mientras pronunciaban el intercambio de palabras, se iban acercando cada vez más hasta que pegaron sus cuerpos, de forma que Vicky debió echar la cabeza hacia atrás para mirar los ojos de su novio.

-Hermosa... -murmuró él, inclinándose para besarla.

Cuando sus labios hicieron contacto, Victoria se perdió en las emociones de ensueño que aquello le causaba. Al separarse para tomar un poco de aire, él la abrazó y ella apoyó su mentón en su hombro.

De repente, Justin sintió que el cuerpo de su novia se ponía duro entre sus brazos, quedándose completamente inmóvil. Confundido, se separó lo suficiente para mirarla a los ojos, pero ella no le devolvió la mirada. Sus ojos horrorizados estaban puestos en algo detrás de él y, antes de que las alarmas se encendieran en su cerebro, escuchó a sus espaldas la voz fria e inexpresiva que llevaba años sin oir.

La de su hermano gemelo.

-Aw. Pero qué tierno.

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