(9) Las Similitudes
Victoria sonrió cuando un niño le mostró el dibujo que acababa de crear.
-Es un perro con corbata -explicó, orgulloso de su trabajo.
-Es el perro con corbata más cool que he visto -aduló la muchacha.
Se esforzaba por concentrarse en su trabajo a pesar que estaba bastante distraída ese día.
La noche anterior había discutido con Jason y la disputa se había extendido hasta la madrugada. El disparatado motivo que comenzó el conflicto entre ellos fue un avión de juguete. Habían salido cenar a un restaurante de comida rápida y Victoria escogió el menú infantil para llevarle a su hermana el regalo adjunto a éste. Cuando le entregaron el pedido, levantó el pequeño avión de plástico y lo movió por el aire, simulando que volaba.
-No hagas eso. Es estúpido -masculló Jason con aspereza.
Ella volvió a dejar el juguete en la bandeja, frunciendo el ceño.
-Solo estaba tonteando -murmuró -No hay necesidad de ser rudo.
-No la habría si te comportaras acorde a tu edad -repuso su novio.
Aquel tenso intercambio se prolongó todo el camino a casa de la chica y aún allí lo continuaron de pie en el porche.
Ahora que ya habían transitado varios meses de relación, superando el medio año juntos, la etapa donde todo era lindo y emocionante iba cediendo y las diferencias entre sus personalidades comenzaban a hacerse notar.
Era evidente que no eran compatibles en muchos aspectos, mas ambos intentaban hacer que las cosas funcionaran.
La joven amaba a Jason por lo que había dentro de él y anhelaba que eso saliera al exterior. Quería que sucediera porque sabía que mejoraría, no solo su propia vida, sino su vínculo con los demás, tal como le había sucedido a ella.
Sin embargo, era difícil. Muy difícil. Las paredes que rodeaban a Jason eran muy duras y había días en los que sentía que su fuerza no era suficiente para romperlas.
Días como ese.
Se sentía realmente mal. Su corazón dolía ante la perspectiva de no lograr superar los obstáculos con su novio. La asediaba la desesperanza y creía que nada podía hacerla sentir mejor...
Pero, entonces, unos dedos aparecieron de repente y comenzaron a hacerle cosquillas en su costado. Enseguida, su boca se llenó con potentes carcajadas.
-¡Justin! ¡Déjame! -logró articular en medio de su risa.
El chico la miró mostrando una sonrisa plena que delataba su diversion
-Siempre debes cuidar la retaguardia, Tori Tori -bromeó.
-La retaguardia es por detrás, genio -contestó ella.
-Como sea, es tu culpa... -determinó él, encogiéndose de hombros. Su sonrisa empezó a desvanecerse cuando procedió a preguntar: -Te veo algo desanimada hoy, ¿está todo bien?
Victoria se sorprendió de que lo hubiera notado. Ni siquiera su propia madre o sus hermanos se habia dado cuenta de su tristeza cuando desayunaron juntos esa mañana.
En los últimos tres meses, algo habia cambiado entre Justin y ella. Bueno, principalmente en Justin. Aunque se habian llevado bien desde el principio, el muchacho solía manifestar cierta inquietud a su alrededor. No obstante, eso se había esfumado en el último tiempo. Justin denotaba una actitud más relajada y se habian acercado mucho, al punto que ella, a pesar de sus dudas iniciales, ya lo consideraba un amigo. Un gran amigo.
-Sí, todo está bien. Solo me siento un poco cansada -respondió.
-Tengo un energizante por aquí, ¿quieres? -ofreció Justin.
-Sí, sería fantástico.
Se encaminaron a la cocina y el chico extrajo una lata del refrigerador. Hizo presión para abrirla y se la pasó a Victoria, quien tomó un par de sorbos.
-Gracias, Jus.
-De nada. Pero los santos químicos no van a reponer tu falta de sueño -expuso él, mientras ambos retomaban el paso hacia el salón de la iglesia- ¿Tu madre está trabajando en turno noche otra vez?
-No. No es eso, es que... -Victoria vaciló- No es nada. No te preocupes.
Justin detuvo su caminar de forma abrupta. La joven continuó su marcha unos centímetros más antes de darse cuenta y darse la vuelta para enfrentarlo. Su amigo la miraba con las cejas alzadas.
-Creí que acordamos no volver a tener secretos desde que descubriste mi pote de helado en la cocina -apuntó él.
Ella comenzó a reír por el recuerdo.
-Lo sé, pero... no es importante, en serio -se excusó.
Justin estrechó sus ojos, todavía observándola fijamente.
-Tori... -pronunció en tono acusatorio.
La aludida suspiró.
-Jason y yo peleamos, nada más -enunció rápidamente.
Justin tardó unos segundos en descifrar lo que acababa de oír, pues había sonado como un balbuceó. Finalmente, logró distinguir las palabras correctamente, no obstante, aún así, preguntó sorprendido:
-¿Qué?
-Jason y yo peleamos anoche y no paro de pensar en ello -confesó.
-¿Han roto?
Una entonación esperanzada moldeó la pregunta del muchacho. Afortunadamente, pasó desapercibida para su amiga.
-No. Solo peleamos -informó ésta.
Empezaron a caminar uno al lado del otro nuevamente.
-Sí. Anoche él llegó tarde a casa. Lo escuché a la madrugada... -rememoró Justin- ¿Qué paso?
-Nada grave. Lo mismo de siempre -respondió Victoria.
-¿Lo mismo de siempre? -repitió el chico, indignado- ¿Es decir que pelean mucho?
-Él pelea mucho, yo no -negó la joven- Detesto los confrontamientos. Prefiero hablar las cosas tranquilamente, pero Jason no entiende la definición de 'tranquilidad' cuando se impacienta.
-No te falta al respeto, ¿verdad? Te juro que si lo hace, voy a matarlo a puñetazos -advirtió su interlocutor, serio.
-No, no... No te preocupes, Jus, por favor. Esto sucede en todas las parejas, ¿no es así?
Justin suspiró. No creía que fuera así. Estaba seguro que si él fuera el novio de Victoria, nunca la haría desvelarse por una estúpida pelea. No solo porque también odiaba las confrontaciones, sino porque jamás permitiría que tan bella mujer pasara un mal rato por su culpa.
Cariño, confianza, proteccion, eso era lo que él le otorgaría a esa chica. De hecho, era lo que le estaba otorgando. Se habían vuelto muy cercanos últimamente. Eran amigos. Grandes amigos.
Sus sentimientos por ella no habían disminuido ni un poco, pero en vez de torturarse con ellos, los usaba para algo bueno: ofrecerle una buena amistad, brindarle apoyo.
Cada vez estaba más convencido de que Jason no era para ella en ningún aspecto, mas lidiaba con esa injusticia. El destino habia querido que las cosas fueran así por alguna razon. Debía aceptarlo.
-Oh, olvidé dárselo a Jamie -escuchó que su amiga decía.
Miró en su dirección y vio que estaba sacando un pequeño avión de plástico de su bolso.
-¡Mira eso! Parece real -exclamó, tomando el juguete.
Victoria observó cómo Justin hacía volar el avión por el aire, imitando los ruidos de las turbinas con su boca, y sintió que su corazón aceleraba el ritmo de sus latidos, haciendo cosquillear su pecho.
Sacudió la cabeza y miró el energizante que sostenía. Olvidaba que debía dejar de ingerirlos.
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