(2) El Flechazo
Minutos antes de las ocho, Patrice golpeó la puerta de la habitación de Justin y éste la abrió enseguida.
—Hola de nuevo, mamá —enunció en tono jovial.
La mujer sonrió.
—Será mejor que te vistas y bajes ya. Tu hermano y su novia llegarán en cualquier momento —indicó.
—¿Qué? ¿Crees que a la chica no le guste mi pijama? —bromeó él, mirando su holgada camiseta manchada con salsa y helado, sus pantalones de chandal y sus pies descalzos— ¡Vamos! Si está con Jason, seguro que no se necesita mucho para impresionarla.
La sonrisa que su madre exhibía se desvaneció al escuchar el comentario ofensivo hacia su otro hijo.
—Te veo abajo, ¿si? —sentenció antes de irse.
Justin suspiró y cerró la puerta, caminando hacia su armario en busca de ropa presentable.
A pesar que sabía que había disgustado a su madre, estaba convencido de su anterior declaración: Jason no encajaba en la definición de estándares altos. No se refería a su apariencia, por supuesto. Aunque había rasgos sutiles que los diferenciaban, ellos dos eran físicamente iguales, así que no podía pregonar que su hermano era feo sin decírselo a él mismo.
Sí, Jason era atractivo, pero indudablemente su personalidad no lo era y si su novia se había conformado con él, seguramente que no era difícil deslumbrarla.
Mientras se ponía unos pantalones vaqueros, se preguntó quién podía ser esa chica. Trató de rememorar a las compañeras de Jason en la escuela. Ambos asistían a último año de preparatoria, sin embargo, por obvias razones, pertenecían a diferentes cursos. Varios rostros y nombres acudieron a su mente, mas no podía deducir cuál de ellas era lo suficientemente insulsa para involucrarse con su hermano.
Cuando terminó de abrochar su camisa y atar los cordones de sus inmaculadas zapatillas, se dirigió al comedor. La mesa estaba puesta y sus padres estaban conversando al lado de ésta.
—Hola, viejo —saludó Justin, dándole un breve abrazo a su padre.
—¿Cómo estás, hijo? ¿Qué tal la escuela hoy?
—Bien. Estamos cerca de los primeros exámenes y los profesores se vuelven un poco neuróticos. Es divertido.
—Con alumnos como ustedes, yo también me volvería loco —bromeó el hombre.
—¡Hey! No hables por mí. Soy un alumno ejemplar —decretó el joven, sonriendo.
Desde la sala provino el sonido de la puerta abriéndose y dos personas hablando en voz baja.
—¡Ya están aquí! —exclamó Patrice, murmurando.
Con paso apresurado, la mujer se paró en el angosto umbral arqueado que conectaba el comedor con la sala.
—¡Hola! —articuló, sin ser capaz de contener la emoción.
Justin y su padre intercambiaron una mirada cómplice y comenzaron a reír silenciosamente.
—Hola, mamá —la profunda voz ronca de Jason se propagó en el aire— Ella es Victoria, mi novia.
Victoria. Justin repitió ese nombre en su cabeza, tratando de identificar a quién pertenecía. Estaba seguro que nunca había conocido una muchacha que se llamara así, por lo que concluyó que no debía asistir al mismo colegio que ellos.
Esa hipotesis se vio reforzada cuando escuchó la voz de la joven. No tenía dudas que no la había escuchado antes. Era suave, de timbre dulce. Justin estiró su cuello, tratando de ver más allá de su madre a la dueña de aquel tono agradable, mas no tuvo éxito.
—Es un placer conocerla, señora Bieber.
—Por favor, llámame Patrice. Y el placer es todo mio ¡Eres tan bonita!
—Muchas gra...
—Ya, mamá —las interrumpió Jason con aspereza.
—Bueno, eh... Vengan, pasen por aquí. Serviré la cena enseguida.
Al fin, Patrice se hizo a un lado y permitió que la pareja ingresara al comedor. Victoria cruzó el umbral primero...
Y aquel fue el momento exacto en que la perdición de Justin dio comienzo.
Apenas sus ojos se posaron en ella, el aliento quedó atorado en su garganta. Sus pulmones parecían poco dispuestos a funcionar, así como el resto de su cuerpo. Su corazón era el único que continuaba su marcha, latiendo a un ritmo notablemente acelerado.
Nunca su mirada había apreciado belleza igual. En sus diecisiete años de vida y con una larga lista de chicas en su haber, Justin jamás había visto una como ella. Era preciosa y lo único que se sentía capaz de hacer era admirarla.
En ese instante entendía porqué su hermano, el rompe-corazones, había decidido asentar una relación seria. Si fuera él quien tuviera una mujer así, también se hubiera olvidado completamente que existían otras en el mundo. Una repentina oleada de envidia inundó su pecho, y fue ese hecho el que provocó que emergiera de su ensueño y reaccionara.
Victoria saludó a su padre, mostrando una sonrisa. Entonces, su atención se desvió a Justin y una encantadora expresión de asombro pintó su semblante. Parecía realmente atónita por lo que veía.
Él carraspeó, nervioso.
—El... ah... eh... Soy Justin —balbuceó.
Se avergonzó por su comportamiento, tanto que sintió sus mejillas arder a causa del rubor que las cubría.
Victoria no respondió de inmediato, sino que sus ojos se fijaron en Jason. Éste no estaba prestándoles atención, o eso parecía. Escuchaba algo que Patrice estaba diciéndole a pocos pasos de ellos, su rostro tan impasible como siempre.
—Eh... Hola, es un placer —saludó la chica, volviendo a sonreir— Me llamo Victoria.
Ella no lo mencionó, pero Justin sabía lo que sucedía: Jason no le había contado que tenía un gemelo. Él tampoco andaba divulgando ese dato por todos lados considerando lo acostumbrados que estaban a fingir que el otro no existía. No obstante, Justin podía asegurar que, de haber tenido una novia, le hubiera comentado aquel pequeño detalle para evitar una situación como esa, en la que claramente Victoria se notaba incómoda.
Quiso formular uno de sus típicos comentarios ingeniosos, hacerla reír, mostrarle lo genial que podía ser... lo superior a Jason que era. Pero nada salió de su boca. No entendía qué le pasaba. Nunca le había sucedido algo así. Interactuar con otros, y más aún, fascinarlos, era tan fácil para él como respirar. Sin embargo, frente a Victoria, se sentía tímido, casi vulnerable.
¿Estaba, por primera vez, experimentando un flechazo por una chica? Se preguntó, y luego, cuando vio a su hermano rodear los hombros de ella con un brazo, pensó que, si ese era el caso, estaba en graves problemas.
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