(16) La Ruptura
Justin estaba en su habitación. Los nervios que sentía eran tales que su cuerpo estaba rígido y todos sus sentidos alerta, esperando aquello que estaba por venir.
Finalmente, escuchó el sonido de la puerta de la sala siendo azotada con violencia, seguido por el de unos fuertes pasos que se apresuraban por el pasillo, acercándose en dirección a donde él se encontraba.
Exhalando un prolongado suspiro, se levantó del asiento justo al momento en que Jason abrió la puerta de su cuarto, ingresando a éste como una furiosa estampida.
-Maldito hijo de perra -masculló, antes de tirarse sobre él.
Apenas regresaron de su viaje, Justin no se tomó el tiempo de desempacar o descansar como el resto de su familia. Tiró las maletas sobre su cama y, sigilosamente, salió de la casa en busca de Victoria.
No sabía la locación exacta donde vivía la chica, pero tenía una ligera noción. Cuando estuvo cerca de la zona, la llamó.
-¿Justin? -respondió ella a los pocos segundos, sonando preocupada- ¿Está todo bien?
Era un poco tarde, la noche estaba a punto de oscurecer el cielo, mas no podía esperar. Si dejaba pasar el tiempo, Jason llegaría a su novia primero y se inventaría cualquier historia que desacreditaría lo que él pudiera decirle.
-Vicky, necesito hablar contigo -determinó- Estoy cerca de tu casa, creo. Justo en la puerta del mercado de flores.
-¿Pasó algo? -inquirió la joven.
-Necesito decírtelo en persona.
-Bien, eh... Sí, estás a una dos cuadras de aquí...
Le dio indicaciones para llegar a su hogar y, breves minutos después, el muchacho se encontraba en la puerta.
-Hola, Jus -lo saludó Victoria cuando salió a recibirlo, sosteniendo una pequeña caja en sus manos y luciendo sumamente nerviosa- ¿Cómo estás?
-Vicky... -empezó a enunciar él.
No pudo continuar. No podía hablar sabiendo que sus palabras iban a romper el corazón Victoria. Aquello también era doloroso para él.
Tragó el nudo que la angustia estaba atando en su garganta. Tenía que hacerlo. No importaba cuán difícil resultara.
Mas su silencio se prolongó demasiado, tanto que fue la chica quien terminó por interrumpirlo.
-Eh, sé que fue ayer pero... quería desearte un feliz cumpleaños -estiró la cajita en su mano hacia él, sorprendiéndolo- También sé que no hemos hablado en un tiempo y todo pero... cuando lo vi, pensé en ti y bueno... -miró al suelo, ocultando sus mejillas sonrojadas.
Justin tomó el pequeño paquete, exhibiendo una expresión de asombro en su semblante.
-Tori -pronunció en un murmullo, sintiendo una oleada de amor inundar su corazón. Tomó la barbilla de la joven y, con delicadeza, hizo que levantara su rostro para poder mirarla a los ojos- Muchas gracias.
-No es nada, en serio -respondió ella, mostrando una sonrisa tímida.
La mano de Justin se deslizó a su mejilla y la acarició con suavidad. La respiración de Victoria se aceleró ante ese gesto y se volvió más pesada cuando el chico dio un paso más cerca de ella.
Vicky carraspeó, volviendo a centrar su vista en el suelo.
-Así que, ¿qué era lo que necesitabas decirme? -recordó.
Justin dejó caer su mano, recordando con abrupto pesar lo que debía hacer.
-Tori... Lo que voy a decirte es una mierda y, te juro, desearía no tener que hacerlo pero mereces saberlo.
La aludida lo miró, frunciendo el ceño.
-¿Qué pasa?
-Es Jason.
La expresión de la muchacha se tornó asustada.
-¿Qué ocurre con él?
Justin suspiró antes de revelar:
-Él... Te está engañando.
Victoria se quedó completamente inmóvil al punto de cesar la propia respiración.
-¿Qué? ¿Cómo que engañando? -logró preguntar.
-Lo vi con otra chica en la playa. Ellos estaban... -se detuvo al notar los ojos de su amiga brillar debido a las lágrimas- Lo siento tanto, Tori.
Lo sabía. Algo dentro de ella lo venía sospechando hace un tiempo. Cada vez eran más las noches en las que su novio no estaba disponible y, cuando se veían, se comportaba con una dulzura inusitada en él, como si esa fuera su manera de calmar la culpa en su consciencia.
Todos sus allegados le habían advertido los riesgos de involucrarse con Jason Bieber, incluido su propio primo, a través del cual ellos dos se habían conocido.
-No dudo que él en verdad sienta cariño por ti -le había dicho- Pero ha estado centrado en sí mismo por tanto tiempo, no creo que sea capaz de comprometerse con los sentimientos de alguien más.
Victoria decidió ignorar los consejos de todos, creyendo que podía ocurrir en Jason el mismo milagro que había ocurrido en ella.
Había sido una ilusa.
No se había percatado de que estaba llorando hasta que Justin volvió a tocar su mejilla, esa vez para limpiar las lágrimas que resbalaban por ésta.
-Es un estúpido, un maldito imbécil -espetó él, mas suavizó su tono al continuar- No te merece, no merece ni un poco de ti. Eres demasiado para él. Demasiado hermosa, demasiado buena. Mereces ser atesorada.
-Jus... -pronunció la chica débilmente, poniendo la palma de su mano sobre la del chico, que seguía sobre su mejilla.
-¿Si? -articuló él, perdido en el embeleso de sus miradas conectadas y de la caricia que compartían.
-Lo siento, pero... necesito estar sola -anunció ella, dando un paso atrás y rompiendo el contacto entre ambos.
Justin parpadeó repetidas veces para lograr emerger de su trance.
-Yo... Sí, lo entiendo.
Con la vista clavada en sus pies, Victoria dio la vuelta y se encaminó a su casa. Sus pasos lentos delataban el peso de la pena que llevaba dentro de ella. Justin sentía su corazón doler por la imagen, pero había hecho lo correcto...
Y ese era el motivo por el cual Jason estaba en su habitación en ese momento, tomándolo del cuello y golpeando su espalda contra la pared.
-¡Voy a matarte! -vociferó.
-¡Jason! -Patrice ingresó al dormitorio y se alarmó por la escena desarrollándose allí- ¡Jeremy! ¡Jeremy, ven! -llamó, desesperada.
El hombre apareció y tomó a Jason por los hombros, tirando de él hacia atrás para lograr separarlo de su hermano.
-¡Jason! ¡Detente ahora, por un demonio!
Justin estaba ahogándose. El agarre que lo sostenía no permitía que ingresara aire a sus pulmones y empezaba a sentir las consecuencias de ello. Su pecho ardía y su visión se nublaba.
-¡Jason! ¡Por Dios, por Dios, te lo suplico! -el llanto de su madre penetró en sus oídos.
Finalmente, el chico fue liberado y aspiró una bocanada de aire, aunque fue tan repentina que comenzó a toser. Cuando se recuperó ligeramente de su malestar, enfocó sus ojos en su gemelo.
No era que éste lo había soltado en un acto de misericordia, sino que Jeremy lo había tumbado y lo sostenía contra el piso.
-¡Suéltame, maldita sea! -se quejaba mientras se removía.
-¡¿Qué pasó ahora, eh?! -demandó el hombre.
-¡Pregúntale a tu maldito hijo! -escupió Jason.
Su padre lo miró e interrogó con severidad:
-¿Qué está pasando, Justin?
-Lo que está pasando es por su propia culpa -indicó él.
Jason soltó una carcajada amarga.
-Te crees la gran cosa, ¿verdad? Bien, bastardo, tu sueño se hizo realidad: Victoria está disponible ahora -enunció denotando el más puro odio- Lograste lo que tanto querías, ¿estás orgulloso de ti mismo? -añadió cínicamente- Porque, realmente, no deberías estarlo. No importa lo que creas... -sus miradas se encontraron y, entonces, Jason sentenció: -No eres mejor que yo.
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