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(10) El Motivo

-¿Qué tal si vienes a mi casa el sábado? -sugirió Jason- Estaremos solos -agregó, mostrando una sonrisa ladeada.

-¿Y tu familia? -inquirió Victoria con curiosidad.

-Irán a nuestro departamento en la costa por el fin de semana para festejar alguna clase de porquería que mi padre hizo en el trabajo -explicó, encogiéndose de hombros para enfatizar lo poco que le interesaba.

-¿Y por qué no irás tú? -interpeló su novia- Parece algo importante.

-No me importa lo que Jeremy haga o deje de hacer  -decretó rotundamente.

-Jason, es tu padre -remarcó Victoria- Sabes lo yo daría por tener al mío aquí, no descuides al tuyo.

Las facciones habitualmente duras del chico se suavizaron ante la sensibilidad del tema, mas sostuvo su postura.

-No dudo que tu padre merecía respeto, Vicky, pero el mío no merece siquiera mi tiempo -sentenció.

Durante un breve instante, sus ojos adoptaron un brillo taciturno, como si estuviera sumido en algún recuerdo. Entonces, retomó el habla, emitiendo en voz baja:

-En ocasiones, cuando eramos niños, nos llevaba a su oficina y yo veía como él y su secretaria se insinuaban todo el tiempo. No es que hicieran un gran esfuerzo por ocultarlo tampoco -reveló- Y luego volvíamos a casa y ahí estaba mi madre, esperándolo con tanto amor... -entonó la última palabra con repugnancia, emergiendo de sus memorias para mostrar una expresión adusta- Lo que Jeremy le hacía era una mierda.

Victoria estaba atónita a causa de las palabras que acababa de oír. Tardó unos segundos en procesarlas y reaccionar.

-¿Patrice nunca se enteró de eso? -indagó.

-Tal vez sí, tal vez no. No estoy seguro. Se lo he dado a entender muchas veces, pero ella hace oídos sordos.

-Pero... ¿Y Justin? -preguntó su interlocutora- Él podía confirmarlo.

Jason emitió un bufido, como si esa idea le hubiera resultado ridícula.

-El estúpido ni siquiera se dio cuenta de lo que sucedía. Él nunca se da cuenta de nada -escupió su dicho enojado- Siempre metido en su burbuja en la que solo importan él, él mismo y sus tontas fantasías de un mundo feliz.

-O sea que, en realidad, él tampoco lo sabe... -murmuró la chica, ensimismada.

-El punto es que, aún si mi mamá se enteró y decidió perdonarlo, yo no pienso hacer lo mismo -determinó- Así que puede irse a festejar al demonio... -estiró los brazos y rodeó con éstos a su novia- Yo voy a quedarme con mi chica haciendo cosas sucias -susurró en el oído de ésta con voz ronca.

Victoria lo abrazó con fuerza, fingiendo que estaba afectada por la seducción, tal como él había fingido al emitir misma. En realidad, solo intentaban no hacer demasiado evidente que, con ese abrazo, ella lo estaba confortando.

Por mucho que no lo demostrara, Jason seguía herido por lo que había tenido que presenciar cuando era solo un niño, pero no era el tipo de chico que aceptara consuelo abiertamente.

Victoria lo comprendía a la perfección. Había sido exactamente como él en el pasado, así que sabía como tratarlo. Y ahi estaba el punto más fuerte de su conexión: había un entendimiento entre ellos que no compartían con nadie más. Era un enlace invisible que los atraía y los mantenía juntos aún cuando muchas señales les advertían que, quizá, no era lo más conveniente.

Restaban algunos días hasta que el sábado llegara, así que Vicky continuó la semana sumida en su rutina, aunque todo parecía más brillante en su perspectiva. Su esperanzas se habían renovado luego de que Jason se abriera a ella, revelando el potencial motivo por el cual se había cerrado al mundo. Era un avance para él y para su relación.

El jueves atendió sus tareas en el voluntariado como normalmente hacía, solo que ese día se encontró sorprendida por no ver a Justin en la Iglesia.

Al concluir su labor, estaba preocupada por la ausencia de su amigo. Salió de la Iglesia y caminó  una cuadra en dirección a su casa, mas se detuvo a meditar si debía llamarlo.

No hizo falta.

-¡Hey, Tori Tori! -emitió la voz de Justin.

Éste se dirigía a ella dando pasos apresurados. Frenó su trote de forma abrupta cuando llegó a su lado.

-¡Jus, aquí estás! -exclamó Victoria- Me estuve preguntando por ti todo el día.

Una sonrisa ladeada que denotaba presunción moldeó los labios del aludido.

-¿En serio? -preguntó en voz baja y ronca.

La joven sintió que su corazón comenzaba a latir con violencia y que su pecho cosquilleaba. Nerviosa por esa repentina e inexplicable sensación, carraspeó antes de responder:

-Sí. Me estaba empezando a preocupar por ti, ¿está todo bien?

-Todo está bien -aseguró el chico, transformando su sonrisa arrogante en una plena y alegre- Mis padres y yo nos iremos a la costa el fin de semana, así que necesitaba preparar mis valijas ya que salimos mañana apenas vuelva del colegio -explicó- Llamé a los encargados de la Iglesia para decirles que hoy no podía venir al voluntariado. Te iba a enviar un mensaje para avisarte también pero... ya sabes.

Victoria asintió, comprendiendo. Nunca lo habían expresado en voz alta pero había un acuerdo tácito entre ellos de mantener el contacto por teléfono al mínimo, en especial porque Jason tenía la mala costumbre de revisar el móvil de su novia cuando estaba aburrido. Había intercambiado muy pocos mensajes con Justin desde que se habían vuelto amigos. La mayor parte de sus interacciones sucedían personalmente los días que se veían.

Ocultar a Jason la amistad que tenía con su hermano le causaba a la chica un malestar que iba en aumento cada día. Esperaba poder decírselo pronto y que él lo aceptara. Estaba segura que, cuando el muchacho cambiara su perspectiva del mundo, los gemelos se llevarían mucho mejor, al punto que, tal vez, los tres podrían compartir el lazo amistoso.

Descubriría más adelante que esas metas eran demasiado optimistas.

-El clima está hermoso para visitar la costa. Espero que tengan un maravilloso viaje -deseó Victoria, sonriendo.

-Gracias, Tori -Justin dio un paso más cerca de ella, de manera que ahora cada uno podía percibir el calor que irradiaba el cuerpo del otro- No quería irme sin despedirme de ti. Sé que solo som tres días pero... -tragó saliva y se pasó la lengua por los labios para humedecerlos- Solo... Quería verte.

Las palabras hicieron que la extraña arritmia en el pecho de Victoria empeorara y se volvió un completo desastre cuando su amigo se inclinó y besó su mejilla.

-Te veo el martes -murmuró, alejándose de ella con cierta tensión, como si le costara esfuerzo hacerlo.

La aludida carraspeó una vez más, intentando controlar las afecciones en su cuerpo. Seguramente, estaba teniendo un ataque de baja presión. Debía tomar algo con azúcar de inmediato.

-Nos vemos -contestó.

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