"𝑯𝒐𝒘 𝒍𝒐𝒏𝒈 𝒄𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒘𝒆 𝒃𝒆 𝒂 𝒔𝒂𝒅 𝒔𝒐𝒏𝒈?"
𝐓𝐚𝐲𝐥𝐨𝐫 𝐒𝐰𝐢𝐟𝐭
Lo primero que Tiffany notó al recuperar la consciencia fue el olor antiséptico que inundaba el ambiente, aún no había abierto los ojos, era demasiado esfuerzo y ella no tenía fuerzas para hacerlo, pero podía darse una idea de donde se encontraba.
Llegaron a su mente recuerdos de lo que había sucedido, aunque solo eran fotografías esparcidas al azar frente a sus ojos que no poseían un hilo conductor, por lo que no sabía qué hora era ni cómo había llegado a un hospital. Pero, pese a no saberlo, sintió una especie de deja vu de cuando era niña y descubrieron que Tiffany era alérgica a las nueces.
Ya había pasado por situaciones así, ya se había despertado en hospitales anteriormente, el sentir el cuerpo frágil y débil, que sus ojos estén hinchados y sienta pesados los parpados, incluso notaba la garganta seca tanto que le ardía, no era la primera vez que lo sentía, pero nada la preparó para lo que encontró cuando abrió los ojos.
Porque no estaba sola, allí junto a ella, con la cabeza apoyada en la cama del hospital a centímetros de su cuerpo cubierto por unas sábanas blancas, estaba Tyler. Con los ojos cerrados, el cabello revuelto y con todo el cuerpo inclinado hacia donde estaba ella. No sabía cuánto tiempo había estado allí; de hecho, no sabía nada, solo recordaba haber compartido algunos mensajes con él mientras cenaba con sus compañeros de trabajo y luego... todo negro.
Apartó la vista para observar el resto del lugar. Odiaba los Hospitales, el olor a antiséptico y las paredes blancas le daban nauseas, miró su brazo y observó que de él salía un pequeño catéter con lo que suponía era suero, intentó moverse, pero no lo logró y dejó salir un quejido que provocó que Tyler despertara de inmediato.
-Tiffany, despertaste... ¿Cómo te sientes?
Tenía la voz ronca y eso la perturbó un poco, le vio unas pequeñas manchas moradas con forma de medialuna bajo los ojos y llevaba una barba de unos días, estaba un tanto desprolijo para ser él, que se encontraba siempre perfecto. Pero no le disgustaba en absoluto.
De no mirarla con una mezcla de preocupación y furia que a Tiffany no le pasó desapercibido, le habría hecho alguna broma, pero supo de inmediato que no era momento.
-Estoy bien -contestó en voz baja, le costaba hablar sin que su garganta no doliera, cuando intentó moverse de nuevo una punzada de dolor se hizo presente en su cabeza y se mantuvo allí-. Mierda, ¿qué ocurrió?
Podía intuir que era lo que había sucedido, por los síntomas y dolores que estaba experimentando, pero necesitaba que alguien se lo confirmara para descartar cualquier otra cosa.
Tyler se pasó una mano por el cabello despeinándose aún más y observó hacia el techo, tenía la mirada un poco perdida y cansada.
-Nueces, eso pasó -dijo con voz apagada y seca-. Una de las salsas, o quizás una de las comidas, no lo sé, pero algo llevaba nueces.
Ahora las fotografías en su mente comenzaron a unirse mejor y todo empezaba a tener un poco más de sentido. Recordaba haber empezado a comer sin parar porque estaba todo delicioso y era la primera vez que comía cosas sin gluten distintas a lo que acostumbraba, y jamás se imaginó que algo podría llevar nueces. En realidad, jamás recordó sus alergias.
Tragó saliva.
Tyler no la miraba y no necesitaba ser muy inteligente para saber que estaba molesto. Lo que no comprendía era cómo había llegado ella al hospital ¿él había ido al restaurante? ¿La había llevado? ¿Pero cómo lo supo? ¿Lo habrían llamado? Todas las preguntas llenaban la mente de Tiffany, pero no se animaba a hacerlas en voz alta; temía la reacción de él. Y a la vez, el saber que quizás había dejado lo que estaba haciendo para buscarla y básicamente salvarle la vida hacía que el corazón le latiera con fuerza, y que las mariposas que llevaban escritas su nombre aletearan con violencia en su estómago.
No dijeron nada, y diez minutos después un doctor apareció diciendo que le harían unos estudios más para corroborar que estuviera todo en orden. Cuando les aseguraron que no había nada para preocuparse, les dieron medicinas que debía tomar y que había tenido suerte por lo rápido que llegaron al hospital, le dieron el alta a Tiffany. Casi media hora después se encontraban rumbo a su piso dentro del silencioso coche de Tyler.
No la veía, no le hablaba, ni siquiera la había rozado con su mano sin querer, no habían compartido ni una mirada que le dijera que todo estaba bien y no pudo sino sentirse peor. Como si otra especie de alergia se estuviera haciendo presente en su cuerpo y no tenía forma de reaccionar, porque no sabía qué decir o qué hacer para que él le dijera algo.
Así que dijo lo primero que se le vino a la mente.
-Sé que lo último que quieres un viernes es pasar tu noche en un hospital, así que lo lamento -dijo en voz baja y observando su costado, sus facciones seguían igual de tensas-. Pero gracias, por traerme y quedarte aquí, conmigo.
Asintió despacio.
Fue la única reacción que obtuvo y no esperó otra, así que recostó su espalda sobre el asiento del auto y cerró los ojos.
Cuando volvió a abrirlos se encontró de llenó con el mentón de Tyler y su cuerpo pegado a su pecho, intentó moverse y el gruñó.
-Intento abrir la puerta, Tiffany. Podrías colaborar y quedarte quieta -le murmuró como una orden con voz ronca.
Tragó saliva y se obligó a quedarse quieta mientras él entraba a su piso con ella a cuestas, la llevó hasta la mitad de la sala y la dejó con cuidado encima de la mesa. Tiffany lo miraba con los ojos bien abiertos, pero él era una hoja en blanco, y no parecía inmutado ni siquiera un poco. Se dirigió a la cocina y lo vio depositar la bolsa con medicación sobre la encimera, comenzó a sacar cada caja y a ordenarla por color, porque sabía que era la forma en que ella ordenaba esas cosas, había antihistamínicos, calmantes y antibióticos que debía tomar por una semana, y de sentirse mal nuevamente el doctor le pidió que regresara.
Esperaba no tener que hacerlo.
De un salto dejó la mesa y se encaminó hacia el baño; necesitaba lavarse la cara y verse al espejo, en cuanto lo hizo se asustó. La Tiffany que estaba en el espejo distaba mucho de la chica que había salido esa mañana hacia el trabajo. Tenía el cabello rubio despeinado, pegado a la nuca, la boca seca y agrietada, la piel pálida y ojeras que no sabía de dónde habían salido.
Decidió que la mejor decisión era darse una ducha y lo hizo sin importar que Tyler estuviera del otro lado, y quizás con lo enojado que estaba ya se había ido. No supo por qué, pero al considerar esa opción sintió una presión en el pecho, le dio miedo que ya no estuviera esperándola, lo había visto tan molesto que no le extrañaría que todo lo que hizo: llevarla al Hospital y luego a su piso, lo haya hecho por lástima y no por otra razón, aunque le habría gustado que fuera diferente.
Cuando Tiffany salió del baño, con su pijama rosa y el cabello húmedo, el rostro lavado, pero aún con ojeras, se dirigió a la cocina temiendo y esperando estar sola, pero allí estaba él. Se detuvo en cuanto lo vio, con la cadera apoyada en la encimera, la mirada perdida al frente y una mano sobre su cabeza, como si masajeara su cuero cabelludo. Notó lo cansado y agotado que parecía y se sintió horrible, de seguro solo quería descansar y estaba allí con ella, vio la hora en su reloj de pared y se sorprendió al ver que eran las cinco de la madrugada y podría amanecer en cualquier momento.
Y él estaba allí.
Cuando Tyler se giró y la encontró parada mirándolo fijamente, dejó caer los brazos a su costado y se enderezó, contuvo el impulso de abrazarla con fuerza y de gritarle por ser tan tonta. Se controló para no correr hacia ella y besarla, y de repetirle una y otra vez lo mucho que la quería porque verla en esa camilla lo hizo sentir completamente vacío. De repente, volvió a ser un niño pequeño cuando descubrió que su mejor amiga era alérgica a las nueces y podía morir. De la misma forma, tuvo el mismo impulso de cuidarla de todo lo malo.
Pero no hizo nada de eso, y aunque se moría por estrecharla entre sus brazos, lo único que hizo fue tomar su mano con suavidad y llevarla a su habitación. En cuanto llegaron, descorrió las sábanas perfectamente hechas y de un suave tirón hizo que Tiffany se sentara sobre la cama.
Ella lo miraba un tanto aturdida, no esperaba verlo aún en su piso, mucho menos que la llevara a su habitación y ahora le estuviera arropando como a una niña pequeña. Cuando terminó la miró por unos segundos, como asegurándose de que estuviera bien y no le hiciera falta nada, luego se inclinó un poco sobre ella y rozó su frente con sus labios de forma casi imperceptible.
-Descansa -murmuró.
Pero antes de dejar que se aleje Tiffany tomó su mano acercándolo un poco.
-¿Por qué estás tan enojado?
Se incorporó un poco, con dificultad se dejó caer sobre el respaldar de la cama y con un suave tirón hizo que él se acercara hasta quedar a unos centímetros de ella, estaba muy quieto, su cuerpo era una pared de músculos imposible de mover.
-¿Enojado? -arrugó la frente-. No estoy enojado Tiffany, estoy furioso.
Parpadeó confundida, sin esperar esa respuesta. No supo que decir, él se limitó a resoplar mientras se dejaba caer en la cama junto a ella, su mano aún seguía rodeando la muñeca de Tyler y, sin darse cuenta, ambos observaron el lugar donde sus pieles se encontraban, como una caricia conocida.
-No llevabas contigo la inyección de epinefrina ¿Dónde demonios las tienes? -preguntó entre dientes.
Lo cierto era que Tiffany no la llevaba nunca consigo, de hecho, las tenía en el fondo de su armario, en un bolso que ya había pasado de moda y lo había olvidado por completo. Por lo general se cuidaba lo suficiente para no necesitarlas nunca.
-Y-yo, no lo sé... -dijo con nerviosismo, mientras los ojos azules de él la miraban con intensidad-. No tenía idea de que algo llevaba nueces, por lo general no las necesito...
-Hasta anoche -la interrumpió con brusquedad-. Tiffany, no comiste solo un poco, fue lo suficiente como para mandarte al hospital, ¿Y si no llegaba a tiempo? ¿Sabes lo que podría haber pasado?
Tiffany tragó saliva. Por supuesto que lo sabía, su alergia era mortal, si no recibía su dosis de epinefrina podía morir de forma rápida. Jamás lo había visto tan molesto y enojado, mucho menos con ella.
-¡Es como si no pudieras dimensionar la gravedad de todo esto!
-Claro que lo hago...
-No, no lo haces -dijo serio-. Porque de hacerlo llevarías las inyecciones contigo, de hacerlo habrías preguntado si algo llevaba nueces, de hacerlo no habrías terminado en un hospital.
-Tyler -pidió con un hilo de voz.
Las lágrimas se agolparon detrás de sus ojos amenazando con salir.
Se sentía muy pequeña bajo su mirada de enojo, muy frágil y débil, lo último que esperaba era que él le hablara de esa forma. Se había equivocado, sí, había sido irresponsable, pero estaba bien ¿por qué debía hablarle de esa manera?
-Y lo que más me molesta de todo esto es que te disculpes -ella lo miro confundida-. Que lamentes que haya acudido en tu busca ¡como si no fuera capaz de hacer cualquier cosa por ti!
Tiffany lo miro descolocada, parpadeando de forma rápida y su corazón reaccionó de la misma forma. Algo se retorció en su pecho por las palabras de él y solo fue consciente de que lloraba cuando él acercó una mano a su mejilla para secar sus lágrimas.
-Lo siento -comenzó a decir y se acercó para rodearla con sus brazos-. Lo siento, lo siento, lo siento -murmuraba mientras la acunaba en su regazo y acariciaba su espalda, Tiffany escondió el rostro en su cuello aspirando su aroma sin poder dejar de llorar, Tyler murmuraba palabras cerca de su oído sin dejar de acariciarla-. Tiffany, yo puedo aceptar que me quieras a cien metros de distancia, o a cien metros bajo tierra. Estuve a punto de desaparecer de tu vida tras la cita a ciegas porque vi lo enojada que estabas. Y si fuera un tipo normal y no un idiota que se deja llevar por los sentimientos lo habría hecho, créeme. -ella parpadeó varias veces procesando sus palabras-. Incluso si me pedías que me alejara, te habría hecho caso sin dudar -se alejó unos centímetros para ver su rostro, acercó su pulgar y atrapó una lágrima, sus labios estaban a centímetros de distancia-. Pero lo que jamás podría aceptar es verte sufrir y cuando te vi en esa cama de hospital fue como si de repente todo mi mundo se detuviera.
Todo lo que estaba confesando la dejaba sin aliento. Hacía que el mundo dejara de girar, que el tiempo se detuviera, que su corazón se frenase para luego palpitar con más fuerza.
-Pensar que algo podría ocurrir, imaginar que algo podría dañarte hace que mis pulmones se queden sin aire y no pueda volver a respirar tranquilo hasta saber que estás bien. Así me sentía en el hospital, cuando te vi en esa camilla con los signos vitales débiles, cuando vi la expresión preocupada del doctor y escuché sus palabras. -sus ojos se enredaron por unos segundos-. El saber que podrías estar sufriendo hace que sienta claustrofobia.
Tyler la miraba con amor, con tanto amor que la abrumó y Tiffany tuvo miedo.
Miedo porque no sabía qué decirle, no sabía qué respuesta darle, no sabía qué era lo que él quería escuchar y dudaba poder darle una respuesta que se adecue a eso. En su lugar, permaneció en silencio y volvió a acercarse hasta esconder la cara en su cuello de nuevo. Tyler volvió a abrazarla con fuerza, como si de esa forma la pudiera proteger de todo e hiciera que no se pudiera alejar jamás.
Sus cuerpos estaban muy juntos, pegados uno contra el otro, y Tiffany pudo sentir los latidos de su corazón volverse más ligeros y su respiración más pesada, se acurrucó más contra él y lo escuchó suspirar. Tyler era consciente más que nunca del cuerpo pequeño de ella y lo bien que encajaban juntos, y quiso permanecer en ese momento por siempre, congelarlo en el tiempo de ser posible.
Una ráfaga de pánico atravesó el cuerpo de Tiffany al darse cuenta que no tenía para decirle y que cualquier cosa que dijera sería ridícula ante la confesión que había hecho él, pero fue consciente de que no se sentía en la misma sincronía. Fue como si de repente lo entendiera: Tyler le provocaba muchísimas cosas, le parecía atractivo, era bueno con ella y en muchas oportunidades se moría por besarlo, pero no se sentía capaz de darle la mitad de lo que él le ofrecía. Él parecía tener amor a borbotones para ambos, pero Tiffany sabía que no era justo, no cuando ella a veces no tenía ni un poco de amor propio para darse.
Y, sin embargo, era egoísta, porque no quería dejarlo ir.
-Quédate -le susurró y se sintió la peor persona del mundo.
-Deberías descansar, debería irme...
-Quédate -repitió, esta vez con más urgencia.
-Tiffany, por favor -¿no se daba cuenta que lo estaba matando con esas palabras? ¿Qué no había nada que él no hiciera por ella pero que no podía ser solo su amigo? -. Debería irme.
Ella asintió, dándole a entender que comprendía, pero no parecía dispuesta a ceder.
-No quiero estar sola -susurro-. Solo quédate -Tyler suspiró, pero no se negó, ella se alejó un poco para volver a la cama y él se levantó para ir al sofá, pero Tiffany lo impidió tomando su mano-. Duerme conmigo, por favor.
Asintió, a sabiendas de que no tenía ningún tipo de oportunidad con esa chica pero que, al menos si ella lo quería cerca, podía intentarlo. Podía ser su amigo, aunque le dejara el corazón hecho pedazos.
Se acomodó en la cama aún con ropa mientras Tiffany presionaba el interruptor de la luz, luego se dio la vuelta dándole la espalda. Observó su silueta en la oscuridad de la habitación y se dijo que a partir de mañana mantendría distancia si era lo que ella quería.
A partir de mañana.
Pero ahora no, ahora extendió su mano para tomar su cintura y atraerla a su cuerpo, pegó la espalda de ella a su pecho y la abrazó sin intención de dejarla ir. Notó como ella contenía la respiración unos segundos hasta que volvía a relajarse, se acurrucó más cerca de él y suspiró antes de dejarse llevar por un profundo sueño.
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