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Único.

Ansioso.

Era así como se sentía, sus pasos podían escucharse por todo el largo pasillo y nadie parecía dispuesto a interrumpirle en su caminata.

Se le veía muy feliz...

Aunque claramente no lo estaba, Reborn estaba tentado a burlarse y decirle un maldito ES TU KARMA, PUTO, pero se contuvo.

El hitman tenía su orgullo.

Caminó con ayuda de su bastón hasta el baño. No lo necesitaba, los entrenamientos de su tutor fueron suficientes en su momento para beneficiarlo con el paso de los años, sin embargo, Gokudera aseguraba que debía llevarlo, que era seguro. Reborn también le obligó justificándose con que lo haría parecer más intimidante.

Se miró al espejo.

¿Traje de chaqueta? En su sitio. Corbata, igual. Canas, también las llevaba, arrugas... Las divas no tenían de eso.

—Tsuna-nii, ¿estás lis...? ¿Podrías dejar de mirarte al espejo? Te vas a gastar más de lo que ya estás, viejete.

—Oh, cállate —rió mientras le golpeaba la cabeza suavemente con el bastón.

El azabache se quejó, sobándose la cabeza.

—Más viejo y más gruñón. Pareces Reborn.

—Deja de decir tonterías —rió.

—Lambo, Tsuna-nii, vamos —un rubio cenizo de ojos castaños hizo su aparición—. Llegaremos tarde.

—Ahora vamos, Fuuta.

—Si es que el abuelo no necesita ya silla de ruedas.

Los ojos castaños del décimo Vongola miraron mal a su guardián.

—¿Qué he hecho yo para merecer esto?

—Cómo diría Reborn, ser Dame-Tsuna —rió el azabache.

Tsunayoshi negó resignado.

-
—Y pensar que de pequeño no le soportabas —suspiró dramático—. Ay, Lambo, el amor nos matará a todos~.

Bovino enrojeció mientras el rubio entre ellos se reía en voz baja.

—¡Por lo menos no me matará primero que a ti, ancia...! ¡No me pegues, animal!

Sawada sólo le pegó otro bastonazo en la espalda mientras sonreía alegremente, fue enconces cuando recordó lo que esperaba y...

Frunció el ceño.

No estaba feliz como para hacer bullying tan gratuitamente.

Su querida y joven mocita había crecido demasiado rápido, casándose con un rufián a temprana edad y criando en su vientre un nuevo ser.

No podía decir que estuviera enfurecido, realmente era más que un milagro del cielo, el pequeño y nuevo ser sería bienvenido a este mundo de la mejor manera, sin embargo...

Tanto esfuerzo, sudor y lágrimas que le había costado el alejar a su hija de ser heredera de la familia, todo para que ella traiga a un pobre maldecido al bajo mundo.

Nadie se quedaría tranquilo al saber que Vongola Decimo tendría un nieto, mucho menos si llegaba a los oídos equivocados el rumor de que ese infante sería en undécimo.

No, nadie más que los allegados podían saberlo hasta que esa pobre alma haya pasado por los duros entrenamientos de su espartano bisabuelo (que pese a los años, seguía igual que siempre y Tsuna le envidiaba fuerte por eso) y pudiera defenderse.

—¡Vamos, Tsuna-nii!

—Más bien, Tsuna-baasan.

Lambo quería morir a bastonazos, eso estaba claro.

—Sigo teniendo la fuerza para congelarte, Lambo.

Si había pasado años controlando a aves y piñas, podía con un revoltoso que parecía seguir teniendo la mente de cinco años.

Aunque el golpe se lo acabó llevando él, Reborn le miró in-dig-na-do.

—No amenaces a mi esclavo, Dame-Tsuna —riñó—. ¿Qué te he dicho yo sobre golpearlo y congelarlo? Es por eso que está tonto.

El décimo chasqueó la lengua irritado y fue entonces cuando sucedió.

Tsuna no sabía el qué, pero sucedió y es lo que importa.

Rezó por no encontrarse con ningún contratiempo por el camino. "Contratiempo" en idioma Vongola significaba encontrarse con alguno de sus problemáticos e incansables guardianes.

—¡Décimo, su coche está listo!

Y ahí estaba el primero.

-
—Gokudera-kun, no tenías que venir, ¿no deberías estar cuidando de tu nieto?

El peliplata sacó de dónde mismo sacaba las dinamitas a un pequeño bebé azabache.

—¡El niño ya está preparado para defender a su jefe, décimo!

Y el caso era que nadie debía enterarse de que sería heredero...

Las paredes tenían oídos, ya no quería saber de lo que sería en el hospital.

Jesús.

Gokudera gritaba DEMASIADO.

—Vale... Será mejor que le des ese bebé a... —miró a su alrededor sin encontrar a nadie confiable, suspiró— A mí, dame al niño.

—Per...

—Es una orden, Gokudera-kun.

El peliplata torció el gesto, pero finalmente asintió.

El décimo tomó al niño entre sus manos, se parecía demasiado a sus abuelos pero tenía rasgos de sus padres.

Se preguntó si su nieto sería igual... aunque juraba por Dios que, si veía al rufián que se atrevió a tocar a su hija se aparecía por ahí, le sacaba a golpes si era necesario.

Tan solo esperaba que el pequeño se pareciera a su hija, y no tuviera nada de ese tipo.

Aclaración: no estaba celoso. Simplemente, sabía lo que a su hija le convenía y ese hombre no era para ella.

Meció al bebé entre sus brazos rezando porque no se despertara con el ruido del tráfico de la siempre viva Sicilia. Cuando cargaba a uno de esos pequeños demonios con cara de ángel siempre recordaba el nacimiento de su querido sol.

Aquel día todo fue un caos. Gokudera no podía estar cinco minutos sin desmayarse, Yamamoto estaba tan nervioso que no paraba de reír, Lambo y Ryohei corrían de un lado a otro, los más tétricos de la familia amenazaban a cada ser inocente que pasaba por allí.

Ese es el motivo por el que tenían terminantemente prohibido acercarse al hospital en esa ocasión.

Definitivamente, su solecito lo agradecería eternamente.

Papá Tuna era lo más...

Aunque abuelo atún...

Sawada tenía un conflicto interno, padre había sido a duras penas, fue su pareja quien mejor cuidó de la niña y las tías también...

Tsunayoshi...

Bueno...

Algo hizo, no mucho, pero algo.

Pero lo que contaba era que había logrado apartarla del mundo bajo hasta que esa alma inocente nació.

Es decir, ahora tendría que lidiar con un niño que le dijera abuelo y al tiempo protegerlo de todo peligro.

No sabía si estaba preparado para eso. No había estado ni listo para ser padre, ¿abuelo? ¿De verdad?

Eso le quedaba mejor a Reborn que a él, por Dios.

Por lo menos podría burlarse de su tutor, aunque eso conllevara sus consecuencias. Envidiaba que ese tipo se hubiese tomado el elixir de la juventud, en serio.

Se cuestionó el hecho de envenenarlo o algo, al menos para, si no moría, dejarlo en cama durante unos años, los suficientes para que no pudiera torturar a su nieto.

Sin embargo no podía hacer eso por dos simples razones; la primera es que le quería demasiado como padre, la segunda... Que bicho malo nunca muere, y encima el demonio no para hasta vengarse.

El bebé entre sus brazos despertó cuando Gokudera dio un frenazo en seco. Comenzó a sollozar, asustado.

—Vamos, vamos, deja de llorar... —lo arrulló entre sus brazos calmándolo— Debes ser fuerte y valiente, Ken-chan, estoy seguro de que tú serás el cuidador y máximo guardián de mi pequeño nuevo ser...

—¡Y su pareja!

—Gokudera, ¡mira al volante y deja de enseñarle cosas así a un bebé!

—¡Pe...!

—¡Que no, coño! —pateó el asiento del conductor— Ahora, ojos en el camino y no me hables, Alfred.

—Juudaime, mi nomb...

—¡No me hables, soy batman!

Los menores en el auto, Lambo y Fuuta, se miraron entre ellos.

Llegaron a un acuerdo y llevarían a Tsuna con el doctor, estaban preocupados por su demencia senil.

Aunque no estaban demasiado seguros porque el muchacho (no el gustaba que le llamaran viejo en plena locura) tenía sus prontos de vez en cuando desde joven. En realidad, quizás era una de las secuelas que quedaban por el entrenamiento demoníaco impartido por el mismo rey diablo.

No lo sabían, pero Dino presentaba menos secuelas, según las palabras del pelirrojo Enma (al cual Tsuna empezaba a envidiar porque el tipo se mantenía bastante bien, con su cabello rojo diva).

En fin, sólo esperaban que esa pobre alma recién nacida no presentara las locuras de sus antecesores. Había que admitir que la hija de Tsuna también estaba un poco loca, es decir, era hija del décimo Vongola criada por el tutor espartano y protegida como una niña durante toda su vida. Nadie se sorprendió cuando supieron de su enamoramiento y posterior embarazo.

Nadie menos Tsuna y Reborn, quienes persiguieron a quien se atrevió a robarles a su niña. Ese chico se tuvo que mantener oculto unos tres meses, si no era más.

Aun ahora, el pobre hombre, o rufián, como a los señores les gustaba llamarle, tenía que esconderse cada vez que estos dos estaban cerca, nadie se arriesgaba a delatarlo, era cuestión de vida o muerte.

Cuando llegaron al hospital, Tsuna dejó al nieto de su tormenta y la lluvia en manos de Fuuta y caminó con elegancia entre los blancos pasillos del hospital, lugar en el que todos le conocían y respetaban, por ser protector de la ciudad.

—¿Dónde está mi hija?

El doctor, seguramente novato, tenía el rostro pálido y no paraba de asentir con la cabeza.

—S... Su hija, señor Vongola, ha pedido discreción. No quiere que nadie más que el padre de la criatura esté para el momento.

Lambo, quien iba detrás del cielo, se palmeó el rostro.

Se iban a ir todos a la puta mierda, mendigo doctor.

Tsunayoshi sonrió.

Su sonrisa no era bonita, daba miedo, casi tanto como el que daba el bisabuelo de la criatura.

El doctor lo supo.

Y un futuro padre se estremeció mientras tomaba la mano de su esposa.

A la puta mierda.

—¿Te pasa algo, amor?

La joven en la cama notó el temblor de su esposo y supo que algo había ido mal.

—Cariño, tú sabes que te quiero... —sonrió tembloroso—. Pero admite que tu familia...

—Lo hemos hablado, mi papá y mi abuelo Reborn no te harán nada... —vio que arqueó una ceja y rió—. Bueno, nada comparado con lo que yo haré con tu mano cuando el parto empiece.

Se estremeció aún más. ¿Esa era la dulce mujer de la que se había enamorado?

Nadie podía negar que había sido criada por esos dos demonios.

Un golpe se escuchó, tras eso un fuerte grito.

—Juudaime, no entre ahí, por favor.

—Decimo, debe respetar la privacidad de la señori...

—¡Qué te calles subnormal!

Otro golpe se escuchó y detrás fuertes pisotones.

—Oh, dios, que viene...

Y... Contracción.

—¡Agh! ¡S... Sueltame la mano querida!

Boquete en la pared.

—T... Tu padre está loco, sueltame, ¡me matará!

Otra contracción.

El fin de su vida se acercaba.

Y más golpes y contracciones después, el pobre hombre se encontraba sollozando junto a la cama cuando pasó.

Un anciano (ejemdivaejem) pateó la puerta y el bebé salió.

Los llantos del pequeño se unieron a los de su padre y el abuelo gritó antes de desmayarse.

Había visto algo... Algo traumático que le recordó los vídeos que su fallecida madre le enseñaba a los seis años.

Sí... Incluso en el futuro la familia Vongola no dejaba de ser activa.

Los médicos no podían... ni creérselo.

Esa mujer daba miedo. El bebé había nacido sin complicación alguna a primera vista, eso sí, pero tuvieron que enyesar la mano del esposo y poner una habitación para el, ahora, abuelo.

Y eso que no había llegado aún el bis...

—Como no me digas dónde está, te meto una bala entre las cejas —se escuchó la amenaza en la recepción, a una de las informantes.

La mujer rió mientras oía la noticia de que su querido abuelo había llegado.

—Vale, decidle que entre.

Pero claro, a Reborn no le hacía falta autorización, pues ya había mandado la puerta a volar.

—Mocosa inútil.

—Hola, abuelo, gracias por preguntar si estoy bien, el parto ha sido doloroso, sí, al menos para mi esposo lo ha sido, y...

—No te he preguntado, deja de hablar.

Ella sonrió a su lindo y cariñoso abuelo mientras que los médicos los observaban con miedo.

Vaya familia de locos.

Y mientras tanto, ignorante de la bonita convivencia, un último miembro de tan bonita familia llegó a la habitación del décimo.

De porte elegante, rostro aristocrático, sonrisa petulante y mirada desigual.

Rokudo, puto amo, Mukuro, señores.

—Tsunayoshi, tan escandaloso como siempre —rió—. Ya no estás en edad, hombre.

—Te callas, que eres mayor que yo.

Otra cosa que odiaba Tsuna era que, además de a Reborn y a Enma, precisamente Mukuro, su maldita pareja, tuviera que tener la maldita juventud eterna y todos pensaran que él. ÉL. Era el mayor de los dos.

Era #indignante.

—¿Cómo está nuestro solecito?

—Sí, ahora te comportas como un buen padre cuando has estado desaparecido ocho meses.

Su esposo rió.

—Tsunayoshi, bastante hice con aguantarte a ti embarazado, no estaba preparado para una segunda vez, ¿por qué te crees que no tuvimos más hijos?

Bueno, cierto, él y sus antojos de atún o de ver sangre no eran normales.

—¿Insinúas que nuestra hija y su embarazo habrían sido una molestia para ti?

—¿Es niño o niña?

Era bueno cambiando de tema sutilmente.

Los ojos de Tsunayoshi brillaron mientras recordaba el día en que su linda niña le avisó del género de su nieto.

—Es niño, obviamente.

—¿Nos libramos de tu amigo el Goku?

Bufó.

—Hayato ya está declarando la homosexualidad de Len-kun y Ken-chan.

Mukuro arqueó una ceja, Tsuna le imitó por joder.

Pero se hastió porque su esposo estaba como el pan y verle le daba nuevos antojos de sangre.

Oh, la frutal sangre...

—¿Sabes que te odio?

—Oya, Tsunayoshi, eso no dijiste cuando te casaste conmigo -le enseñó la alianza.

—Pues te lo digo ahora. Eres insoportable.

Mukuro rió. Acostumbraba a lidiar con su mal humor repentino.

—Ya, creo que la vejez te está...

—Termina y te haré un puto cubo de hielo.

Mukuro rió más fuerte, sabiendo que no le gustaba que se metieran con su edad.

—Siempre te querré, Tsunayoshi, no te preocupes.

—Todo lo arreglas con el querer, vaya palabra más falsa.

El peli-índigo, que tenía su cabello intacto, incluso mantenía el mismo peinado frutal de su juventud, se acercó a su esposo.

—¿Insinúas que no te amo?

—No estoy insinuando nada, te odio inútil.

Mukuro rió con fuerza. Los que lo conocían sabían que aquel matrimonio se había formado a base del masoquismo.

—Kufufu, ¿qué tal si vamos a ver al centollo?

—No quiero ver nada contigo —bufó indignado mientras se hacía la diva—. Ahora tráeme algo de comer que no he desayunado ni almorzado por la preocupación, luego hablamos de ver al niño.

Rokudo sólo suspiró, era todo lo que quedaba hacer cuando Tsu se ponía así...

Ay, sus dramas...

—Está bien, amor, te traeré...

—Atún a la plancha, gracias y adiós.

El Rokudo suspiró nuevamente y fue a por la orden del Vongola. Esa relación había sido a base de consentimientos al décimo, y lo sabía.

Cuando regresó, Tsunayoshi ya no estaba en la habitación, y se preocupó.

Luego ató cabos.

Ese que se hacía llamar su esposo se había ido a ver a su nieto sin él.

¿¡Pero de qué demonios iba?!

Eso pensaba mientras dejaba la bandeja de comida sobre la mesa y salía de la estancia.

Corrió hasta la habitación de su hija (su forma física estaba intacta de tanta pelea con la alondra) y descubrió a un chico tirado en el suelo, a su hija mirando preocupada en su cama, y a su esposo tomando en brazos al bebé envuelto en una manta azul.

—Es hermoso, hija, se parece a ti... —decía, con la ilusión en sus ojos castaños—. Me alegro tanto de que sea así...

—Papá, también se parece a...

—Hija, será mejor que no continúes si no te quieres quedar viuda —sonrió Mukuro.

—¡Papá! —se alegró—. Pensé que no vendrías...

El querido yerno acabó teniendo la amenaza de un tridente si se levantaba del suelo.

—Cómo no iba a venir, eres mi niña —sonrió el ilusionista—. Sólo que Tsunayoshi se me adelantó.

—Como siempre, querido -rió el castaño.

—Papá... Estoy segura de que le engañaste para venir antes... Acepta que ya no eres tan rápido como antes y que papá sí por haber estado entrenándose tanto.

Tsuna miró a su hija con una linda sonrisa pero Mukuro los interrumpió antes de que su esposo sacara su peor lado.

—Mira querido, ¿no piensas que se parece a m...?

—¡A mí!

El décimo le arrebató el bebé de los brazos y comenzó a hacerle tonterías.

—Tsunayoshi, yo también soy su abuelo, se parece a...

—¡Si no quieres que recuerde el pasado cállate y dime algo bonito!

La madre primeriza en la habitación se llevó una mano a la boca, ocultaba una sonrisa mientras veía como el rostro de su padre se descomponía.

—Yo... ¿Eh?

—¡Nunca me dices nada bonito! ¡No me respetas!

—Tsunayoshi, llevo toda la vida diciéndote...

—¡Mientes!

—Me haces daño y luego te arrepientes~ —canturreó la muchacha.

Sus padres eran todo un show, y eso que aún no había venido su abuelo, bueno, sí que había llegado pero había salido porque vio a su vaca hablando demasiado cómodo con un doctorcete de estos que roban maridos. Seguramente, no tardaría...

La puerta se abrió, dejando ver al siempre elegante Reborn.

Ah, él y su juventud eterna...

—Abuelo.

El azabache la miró, quitándose sus lentes de sol. Luego miró a su hijo y su mirada acabó en los más indeseados de su familia.

—Te he dicho que no me llames así, niña, ¿qué hacen esos animales aquí? Van a contagiarle algo al niño.

—Abuelo/Papá —dijeron los castaños al unísono—, mi esposo no es un...

—Fuera de mi familia.

Y así, el peli-índigo y el pobre hombre que ya había sido destrozado por Tsuna y rematado por Mukuro, fueron expulsados de la habitación.

Bueno, pobre de Gokudera si realmente tenía planes de meter a Ken-chan en la familia Vongola.

No sería tan fácil con la aparente juventud eterna del bisabuelo y el abuelo, más aún porque (apesar de todo) Tsuna viviría hasta los mil años.

La vejez le llegó antes que a sus amados, pero claramente se había autoimpuesto aquello de verles morir y no fracasar en el intento.

—Dame al niño, Dame-Tsuna, no vayas a darle tu torpeza.

—¡Oye!

El llanto del niño se escuchó por la estancia, y Reborn miró mal al castaño.

—¿Ves? Le has hecho llorar.

—¿Yo? Sabe lo que le espera, que es distinto. Eres un demonio.

La muchacha rió al ver las típicas disputas de su abuelo y su papá. Y era mejor cuando venían sus tíos...

—¿Hija? ¿Estás bien? —se asombró Tsuna—. No estás riendo como tu padre, me asustas.

—¡Papá! —se enfurruñó, Tsuna siempre le decía que tenía la misma risa rara de Mukuro—. No discutáis con mi bebé en brazos, se os va a caer.

—No se me va a...

Tsuna no acabó de hablar cuando Len se removió y, cabrón como el abuelo, pareció sonreírle. Segundos después, se podía ver al niño cayéndose...

Aunque finalmente Reborn lo atrapó antes de que tocase el suelo.

La madre miró mal al décimo, con un claro "te lo dije", y le arrebató el bebé a su abuelo, que lloraba del susto.

Tsuna miró al niño del demonio, que para él fingía inocencia cuando se había tirado solito, y suspiró.

Empezaba bien su abueleidad.

Vongola nunca acabaría con las sorpresas...

Mi vida es feliz. Hemos llegado a los 100 seguidores en la cuenta familiar y se siente bonito...

Notas de Hikaru; De los creadores de Tsuna chibi, Tsuna mago, Tsuna con la menstruación y Tsuna embarazado llega... ¡Tsuna abuelete vejete! xd

Espero que lo disfrutéis, es gracias a vosotros que hemos llegado a los 100 seguidores y espero que no se quede aquí ❤

Notas de Alecchi: Salut, lectores~.

Bueh, aquí está un special por los 100 seguidores. ¡100! Muchas graches a todes por seguirnos en nuestra locura.

De los creadores de Tuna's day, sale Tunabuelo. Of course, era obvio que debía ser drama-comedia.

¡Espero que os haya gustado!

Au revoir~. Nos leeremos pronto~.

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