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Capítulo 12


Cuando era pequeña tenía una lista de deseos.

Si, si. Esas típicas en donde mi mayor aspiración era tener un novio guapetón, que mejor sería, un príncipe. Con grandes ojos azules y el cabello rubio como un albino. Bien, quizás era un poco exagerado, pero si que me gustaban los chicos rubios. Al día de hoy, es algo que no me altera tanto, digo si, los güeritos si que tienen lo suyo. Solo mirando a cierto señorito de nombre Sion..

Pero se sabe. A día de hoy me tiene totalmente enloquecida un chico de filosos ojos grises y la cabellera peli negra más bella de todo Canadá y Australia juntos.

En fin, la cosa es que en esa lista de deseos. Especificando el número de deseo, el cual era el número 10, era: Ir al baile de la escuela con el chico que me gusta.

Solo que en ese momento hice aquel deseo pensando en el niño que me gustaba en ese entonces. Un niño del cual ni siquiera recuerdo su rostro. Pero al día de hoy, aún el deseo persiste. Quería hacerlo en serio, quiero hacerlo. ¿Entonces por qué esto se está complicando?, ¿por qué no iré al baile con Austin?, ¿por qué está sucediendo esto?. No puedo dejar de pensarlo. Definitivamente tiene que haber alguna solución o creo que podría volverme loca.

—Algún día quiero tener un novio que vaya por mí hasta Paris como Ken fue por Barbie.

Camila suspira apagando la televisión y al segundo de hacerlo voltea a verme.

—¡Oye!, ni siquiera haz prestado atención— protesta dándome un golpe en las piernas.

Parpadeo observándola.

—Claro, yo.. estaba viéndolo.

—¿Y exactamente qué veíamos?.

—Barbie.

—¿Cual película de Barbie?.

—Ahm.. ¿El secreto de las hadas?.

—¡No! Era la de Moda en Paris— vuelve a protestar dándome otro golpe.

—Pues lo siento. Estuve un poco pensativa— admití visiblemente avergonzada.

—La abuela dice que cuando una persona piensa mucho es porque está pensando en su novio.

—¿Qué?, yo no..

—¿Tú tienes novio, Keith?— inquirió.

—¡No tengo novio!.

—¿Y en qué pensabas?— vuelve a inquirir. Me lo pienso unos segundos bajo su atenta e inquisitiva mirada.

—En nada— termino por decir.

—¡Mentira!.

—Oye, ¿no tienes tarea que hacer?— trato de distraerla mientras me pongo de pie, alejándome del sillón en donde estábamos sentadas.

—Yo.. si. Pero.. quería pasar tiempo contigo.

Me detuve bajo el umbral de la puerta. Podía sentir sus ojos insistentes sobre mi, apreté los labios girando a observarla. Camila bajó la mirada comenzando a jugar con la cuerda del cuello de su sudadera. Suspiré volviendo sobre mis pasos, y poniéndome de rodillas frente a ella, la sujeto de las manos.

—Tú estabas en casa de los abuelos— le recordé, buscando su mirada.

—Porque tú no estabas.. nunca estás.

—Bueno, eso es porque-

—Si me dices que tienes novio, está bien. Sé que esto suele pasar.. cuando tienes novio te olvidas de todos-

Solté una risa absurda.

—¿De donde sacas eso, Camila? No es cierto.

—En las películas sucede mucho eso. Y lo confirme cuando pasaban los días y solo te veía cuando llegabas a dormir.

¿Como explicarle a una niña de 10 años que realmente en parte eso no era cierto?. Ósea si, me la he pasado mucho tiempo con Austin, pero más que nada era porque no quería volver a casa. No quería tener que aguantar la mirada despectiva de mi madre. No quería tener que ir a dormir con un peso encima del cual no sabría la razón exacta. Solo porque sé que cuando estoy aquí en casa, todo se siente tan deprimente.

—Bien, no quiero prometértelo Camila, pero cada noche estaré aquí para ti. Incluso 2 horas antes de ir a dormir, la pasaremos juntas.— le di un apretón en las manos al momento que ella sonríe de a poco— ¿Esta bien?.

—¡Está bien!.

Y desde esa noche acate su deseo. Fuimos temprano a la cama, la acurruqué a mi lado y acaricié su pelo mientras que ella comenzaba a dormitar. Su expresión se volvió parsimoniosa y pronto estuvo rodeada en brazos de Morfeo. Y luego de unos minutos, también yo.

***

El sol predominaba a través de mi ventana cuando abrí los ojos.

Pronto Camila entró correteando alrededor de mi cuarto. Traía un plátano entre manos y comenzó a saltar sobre mi cama. Me senté de golpe pretendiendo protestar pero su risita juguetona me silenció por completo.

—¡Levántate Keith! El sol salió, ¡vamos a plantar flores!.

—Mhm.. ¿qué hora es?— rodé hasta mi mesita de noche y tomé mi celular entre manos. Me incorporé de golpe al ver la hora.— ¿Las 12?.

—Dormiste un montón— dijo haciendo énfasis con sus brazos y dejándose caer a un lado mío— Mamá dijo que tú debías cocinar, así que..

—¿A donde fue mamá?

—No me lo dijo. Pero es seguro que no haya ido al hospital. No fue vestida con su bata de siempre.

—Bien. Espérame un rato, al menos iré a tirarme agua a la cara— suspiré poniéndome de pie.

Camila volvió sobre sus pasos correteando nuevamente, abandonando mi habitación.

No tenía muchas ganas de entrar bajo la ducha, así que solo me lave con abundante agua el rostro, cepille mis dientes y proseguí a bajar las escaleras.

—¡De prisa, Keith!— Camila dio saltitos hasta la puerta de entrada. Llegué hasta el último escalón.

—¿Por qué tanta prisa?.

—El sol podría esconderse de nuevo— protestó.

Suspiré y ambas salimos de la casa. Afuera estaba un poco fresco, pese a la luz del sol que nos daba directo en el rostro. Sentí el escalofrío subir hasta el pelo de mi cabeza, ya que solo contaba con mi pijama de tela fina. Pero por lo menos sentí que mi cuerpo podría acostumbrarse bajo el sol.

—¿Crees que encontraremos las herramientas en la casita del fondo?— Camila ni siquiera esperó una respuesta de mi parte cuando despegó como un cohete hacia el camino del costado que conducía a la parte trasera de la casa.

Suspiré dejándome caer sobre el primer escalón que conducía a la entrada de la casa. Cuando lo hice pude percibir un auto estacionándose frente a la casa de Owen. Era Sion.

Apreté los labios cuando lo vi. Llevaba una sudadera anaranjada, su melena rubia estaba desordenada y el sol dándole en la cara hacia relucir sus ojos azules.

El condenado está bastante guapillo.

Él no tardó en mirarme, su ojo izquierdo estaba un tanto morado, se podía ver incluso desde la lejanía. Me abrace a mi misma carraspeando cuando me obligué a apartar la mirada.

¿Debería de voltear a mirarlo otra vez?. No sé porqué, pero mi cuerpo lo rechazó completamente. Y tampoco sé cómo supe que al fin había entrado a la casa de Owen, pero lo supe. Así que solté el aire que, sin darme cuenta, lo estuve reteniendo. Volví a observar la entrada de la casa de en frente, las persianas cubrían completamente cada ventana del hogar de Owen. Hice una mueca cuando por más que miraba no encontraba algún hueco que me permitiera mirar adentro.

—No he encontrado nada, Keith— Camila salió de entre los arbustos caminando cabizbaja hasta mi.

—¿Que buscabas?— pregunté, totalmente perdida.

—¡Keith!— protestó.

—Lo siento, vale, lo he olvidado..

—Las flores que la abuela me regaló la semana pasada. La guardamos con mamá en la casita del fondo— contó.

—¿Hablas de esas flores?— pregunto señalado detrás suyo, en donde yacían plantados unas lindas amapolas.

Camila soltó un chillido digno de protesta en cuanto los vio, y no dudó en correr hasta caer de rodillas frente a ellas, dramáticamente.

—¡Mamá los ha plantado sin mi!— vociferó señalándolas con ambas manos.

—Uh, que mal— me rasco la nuca poniéndome de pie.

—¡¿A donde vas?!— Camila gira la cabeza como el exorcista observándome con los ojos entrecerrados. Detuve mis pasos y como una tonta señalé la puerta principal.

—Pues adentro..

—¡Tienes que ayudarme a deseplantarlas para volver a plantarlas!— protestó observándome con obviedad.

—Primero: no estoy muy segura de que la palabra deseplantar exista, Camila.— ante aquel dato Camila hizo una mueca refunfuñona— Y segundo: no podemos hacer eso, de seguro mamá se ha esforzado en plantarlas. Mejor entremos a comer algo y luego vamos a la tienda para comprar más flores.

—Bueeeno, ya que.— como si nada se puso de pie y comenzó a acercarse hasta mi moviendo la cabeza de forma infantil.

—Keith.

Me detuve bruscamente cuando estaba a centímetros de coger el picaporte. Hice una mueca cansina volteando a observar a Owen y Sion.

¿Por qué siempre que me toman por sorpresa empiezan con un "Keith"?.

¿Será porque te llamas Keith?.

Shut, calla conciencia.

Okeeeey.

—Hey, ¿qué tal?— saludé sin muchos ánimos. Camila no tardó en girar dándole frente a ambos chicos.

Sion le sonrió evidentemente mostrando a más no poder su rostro para que Camila pudiera reconocerlo, Owen por su lado solo se me quedó observando. Alcé una ceja dejándole saber lo inquieta que me tenía su repentina curiosidad sobre mi.

—Alto.— Camila entreabrió los labios mientras que entrecerraba los ojos señalando a Sion con el índice.— Yo te conozco.

—Ju ju. Que bueno que lo hagas, de hecho— Sion lo celebra sin dejar de sonreír. Entrecierro los ojos en su dirección.

Astutito me haz salido, Sion. Astutito.

Tratando de llevarse bien con la hermana..

—¡Eres Sion!, aún no olvidó la vez que me llevaste a mi escuela. Muchas gracias, por cierto— Camila sonríe abiertamente.

—Ha pasado 3 meses desde aquella vez, ¿como puedes recordarlo?— Owen frunce el ceño cruzándose de brazos.

—¿Y tú qué?— le espeta Camila. Sion y yo la observamos, totalmente perplejos.

—Eh, Camila..— trato de darle un apretón en el hombro.

—¿Yo qué de qué?— contraataca Owen. Sion y yo lo miramos aún más perplejos

—¿Qué de qué o qué?— Camila se cruza de brazos, el desafío plasmado en su iris. Sion y yo la observamos perplejos.

—¿Por qué de qué a tu qué?— Owen comienza a tartamudear. Al parecer un poco ido.

—¿Eh?— preguntamos Sion y yo al unísono, como unos tontos.

—¡Aish! ¡que te calles!— se exaspera Camila.

—¡Pues nos callamos los dos!— réplica Owen.

—¡No, cállate tú!.

—¡Los dos!.

—¡Solo tú!.

—¡Los dos!

—¡So-

—¡LOS DOS!.

—Agh..— Camila da un golpe en el suelo con el pie y se decide en entrar a la casa, dando un portazo a su paso.

Sion y yo seguimos observando el caminito por donde Camila acaba de irse, observando perplejos la puerta. Luego pasamos a mirar a Owen, quien extrañamente estaba muy rojo, con el rostro altamente enfurruñado.

—No puedo creer que acabas de tener ese tipo de discusión con una niña de 10 años— murmura Sion.

—Cállate— dice el moreno, poniendo los ojos en blanco.

—Bueno, creo que es buen momento para que me digan que hacen aquí y- Esperen.. ¿donde está Lay?.

—Lay nos traicionó por una mujer— Sion se llevó una mano a la altura del corazón dramáticamente. Owen volvió a poner los ojos en blanco.

—Fue a una cita con Kendall.

Bien. Hay una muy alta, gran, separación de amistad ahora mismo. No recuerdo el día en el que Kendall haya hecho algo con un chico y no me lo ha comentado antes. Entrecierro los ojos acercándome más al par, quienes retrocedieron el mismo paso observándome cautelosos. Lo pensé unos segundos hasta que pregunté.

—¿Y ustedes saben cómo surgió todo.. lo de ellos?.

Mi pregunta definitivamente los dejó sorprendidos por unos segundos. Claro, de seguro no se esperaban que su mejor amiga no lo supiera. Pues no, no lo sé.

Obvio no estoy ofendida.

Owen fue el primero en reaccionar, y encogiéndose de hombros, habló:— Comenzaron a hablar desde hace 1 mes, tuvieron que darse el número celular cuando Lay le pidió que le pasaba la tarea de matemáticas a Kendall. Desde allí fue como un "gracias Kendall, ¿y cómo estás?", entonces aquella conversación se extendió por horas, días, semanas y un mes.— contó.

—Ah.. entonces no me he perdido de mucho.

—Pues no— concluye Owen.

Y en ese momento nos quedamos en total silencio. Un escalofrío nos envuelve justo cuando el viento amenaza con darnos algún resfriado. Bueno, al menos a mi, que sigo en pijama. Y precisamente no traigo un pantalón de pijama, no, sino unos mini shorts con una sudadera desgastada y vieja que lo he mantenido conmigo justamente para utilizarlo a la hora de dormir.

En fin. Carraspee mirando la puerta principal y luego volví a mirarlos a ellos.

—¿Gustan pasar o..?— no sé porqué lo he preguntado.

Esto no está bien. No tendría porque actuar con tanta naturalidad ante la presencia de Sion frente a la entrada de mi casa. Ante el solo recuerdo de su mirada burlona cuando me dijo que Austin no asistiría al baile de otoño, el sabor amargo del disgusto recorrió mi paladar. Pero trate de disimularlo cuando ambos no dudaron en aceptar mi invitación.

Así que adentro, los tres nos dirigimos hacia la cocina, en donde Camila estaba rebuscándose, prácticamente con el cuerpo de cintura para arriba, escondido dentro de la nevera.

—¿Que haces, Camila?— ella da un brinco hacia atrás y frunce el ceño al verme con cierta compañía llamado Owen.

—¿Vas a cocinar?— inquiere en cambio.

—Es lo que pretendo hacer, pero si tienes hambre te haré un sándwich antes.

—Oh, yo quiero hacerlo— Sion alza una mano con expresión inocente cuando Camila y yo entrecerramos los ojos hacia él.

—No lo sé— Camila empieza a rodear la barra que nos divide, perdiéndose de vista por unos segundos, hasta llegar a un lado de Sion, quien finge que la mirada desafiante de Camila no lo intimida para nada— ¿Sándwich de huevo o de jamón y queso?— pregunta mirándolo desde su diminuta estatura a Sion.

Pero a pesar de la clara diferencia de estatura. Más bien es Sion quien está bastante intimidado cuando empieza a pensar a toda velocidad.

Oh oh. Tendría que ser bastante inteligente para responder. Prácticamente su respuesta definiría el estado de ánimo de Camila. Pues si eligiera el sándwich de huevo daría boleto gratis a tener el total cariño de la pequeña. Pues siempre fue su favorita, tanto que no dudaría en saltarse el almuerzo si le hiciéramos 5 sándwiches de huevo.

Permanecimos expectantes a la respuesta de Sion. Los segundos pasaban mientras sus ojos se movían entre los 3 sintiéndose, al parecer, muy presionado. Pero en cuestión de segundos, Owen, quien tenía la cara de ser el más impaciente del mundo, suspiró y habló:

—Sándwich de huevo— respondió por Sion.

—¡Oye!. Estaba por decirlo— protesta Sion.

Observo la reacción de Camila. Ella está con los ojos bien abiertos, incluso puedo ver un brillo de fascinación y anticipación en ellos. Comienza a chillar y no duda en lanzarse a rodear su brazos entorno a la cadera de Owen. Empieza a dar saltitos mientras que Owen tiene que luchar por no fruncir el ceño, alzando las manos en alto.

—¡Ven, ven! hagámoslo juntos— Camila lo sujeta de la mano y estira de él hasta la nevera, como si solo hace unos minutos no estuviera a punto de darle una paliza.

Comienzo a reír cuando Owen me lanza una mirada fugas, cargada de pánico.

—¿En serio le he atinado?— inquiere.

—¡Si!— Camila señala los huevos— Agárralos, anda.

Owen vuelve a mirarme, está claro que necesita ayuda, pero me hago la tonta alzando los brazos. No tarda en alzar una ceja, visiblemente hastiado.

—Hazlo Owen, verás como te diviertes con Camila, es una dulzura— la señalo. Sion no tarda en soltar una risa burlona, Camila sonríe abiertamente y Owen comienza a soltar maldiciones antes de por fin comenzar a esparcir los ingredientes sobre la barra.

Suelto una risita y comparto una mirada cómplice con Camila. Por mi parte avanzo hasta la alacena y comienzo a buscar ingredientes para hacer algo con pocas complicaciones y que no me lleve tanto esfuerzo ni tiempo. Pero por más que rebusco los fideos que quiero, no los veo por ningún lado. Volteo a observar a Sion, está sentado sobre la silla frente a la barra, observa a Camila con una pequeña sonrisa, ella por su lado comienza a esparcir los panes sobre la barra. Owen ya está frente a la cocina, se remanga la sudadera hasta los codos y prende el fuego con una rapidez y agilidad alucinante.

—Mhm.. chicos— Sion me observa al instante, en cambio Owen sigue con lo suyo: tratando de esquivar las salpicaduras de aceite que empieza a propagarse frente a él, y Camila no me mira pero sé que está escuchándome.

—¿Qué sucede?— pregunta Sion.

—No hay fideos— hago una mueca mientras me acerco a la barra.

—Tengo unos paquetes en casa— Owen se gira a mirar a Sion— Deberías ir a traerlos— le dice.

—O puedo ir a comprarlo en la tienda— intervengo. Sion se pone de pie.

— O deberías de acompañarme a la casa de Owen para traerlo— propone mirándome. Entrecierro los ojos ante la idea, Sion lo piensa unos segundos— Sería más rápido que ir a una tienda.

Volteo a mirar a Camila, quien también me esta mirando, pero tarda unos segundos en volver a observar sus panes, echando mayonesa como si nada. Asiento en dirección a Sion y ambos nos encaminamos hacia el pasillo que nos conduce a la puerta principal.

Cruzamos la calle en total silencio, observé mis piernas, estaban envueltas de escalofríos que eran ocasionados por el viento que mandaba mi pelo hacia atrás. Observé el perfil de Sion, se notaba que estaba totalmente ensimismado, calculando ciertas posibilidades hasta que llegamos a la puerta y la abrió de una.

—¿No la cerraron para salir?— no pude evitar preguntarlo. Sion me echó una mirada de soslayo y sonrió.

—No pretendíamos que nos invitaras a comer— fue lo que respondió.

El color carmesí se apoderó de mis mejillas al percatarme que seguramente ellos solo iban a conversar un rato. Y mi bocota insistente decidió invitarlos a pasar a mi casa.

Cruzamos el pasillo, el cual ya me era familiar, sin embargo, cuánto más íbamos avanzando, más desconocía todo mi alrededor. Porque prácticamente todo, estaba complementado con nada. Las paredes blancas no llevaban ni una decoración. No había nada que husmear más que pasillos y candelabros colgados en ciertas esquinas. Si, definitivamente no dudaríamos que es la casa de Owen. Llegamos a la cocina, el cual era de estilo nórdico, solo algunas tunas decoraban el alrededor, mientras que la extensa barra que dividía la cocina con la entrada, estaba llena de fruta y.. más fruta.

—Esperemos que Owen no se consiga una esposa que llegue a remplazar todo lo.. blanco qué hay aquí— digo, repaso mi mirada por las alacenas. Sion suelta una risa escasa, antes de detenerse junto a un alto armario de puertas blancas.

—Seguramente así será.— farfulla.

Volteo a observarlo. Está mirando los diferentes tipos de fideos qué hay dentro de aquel armario. Entre su distraje se rasca el ojo lastimado y puedo percibir la mueca que se le forma en los labios, pero no dice nada. Suspiro deteniéndome detrás de la barra, un tanto alejada de él.

—¿No vamos a hablar de lo que sucedió ayer, Sion?— inquiero. Ante ello, Sion se tensa completamente, puedo ver cómo de un segundo a otro su mirada pasa de ser sombría a tener la expresión neutral de siempre.

—¿De qué quieres hablar?— frunzo el ceño sin apartar la mirada cuando gira a mirarme, ya con los paquetes de fideos en manos.

—De que Austin fue quien te ha hecho ese moretón, por ejemplo— digo, él aprieta los labios apartando la mirada— De que te ha dado una patada, por ejemplo— repito. Sion sigue sin mirarme— Que por culpa de eso no irá al baile de otoño, por ejemplo— esta vez fuerzo una sonrisa sarcástica.

—Bueno, se lo merecía— fue lo único que respondió, encogiéndose de hombros. Reprimo soltar una exclamación de hastío, trago saliva mirándolo de forma intensa.

—Sabes que en parte la culpa fue tuya— espeto. Él me mira rápidamente, totalmente a la defensiva.

—¿Qué?.

—¿Qué fue lo que le dijiste? ¿Por qué te dio ese puñetazo de la nada? Algo tuviste que haberle dicho.

—Yo no le dije nada— miente.

—Todos te vimos Sion. Tú le estabas diciendo algo y-

—No le dije nada, Keith.

—¡¿Por qué me estás mintiendo?!— elevo un poco la voz, culpo un poco al nerviosismo.

—Yo no podría mentirte, Keith.— el tono afligido me desconcertó unos segundos

—¿Entonces que? ¿Le estabas murmurando alguna cancioncita de amor y no le ha gustado?.— error, no debí decir eso. Tan rápido como lo dije, su sonrisa burlona me distrajo, y los dos terminamos riendo como unos tontos— ¡Anda, no me distraigas Sion!.

—¡Pero si yo no he dicho nada!— protesta, aún riendo.

—Eres un gilipollas.

—Puedo con ello.

—Te odio.

—Puedo superarlo.

—¡Yaaa!.

—¿Pero que estoy haciendo mal?— cuestiona abriendo los brazos, sin dejar de sonreír.

—Olvídalo— le doy la espalda y reprimí una sonrisita cuando lo siento seguirme.

—Está bien, perdóname.— no paso por alto el tono aniñado que utiliza.

—No, tú no quieres contarme nada— finjo enfadarme.

—Anda. ¿Que podrías hacer si no me hablas ahora mismo?, soy lo mejor que tienes.

Cruzamos el extenso pasillo mientras que finjo pensarlo unos segundos.

—Puedo superarlo— repito las palabras que él había utilizado hace unos minutos contra mi.

—Juro que si no me perdonas ahora mismo, te besaré.

Ambos nos detuvimos. Giré lentamente a observarlo, mi corazón me indicó que su reciente declaración no hizo más que alterarme por completo. Lo miré a los ojos, los suyos azules y juguetones, no dejaron espacio a dudas. Lo haría. No estaba mintiendo. Y aquello solo hizo que mi estómago se retorciera más en complemento con el nerviosismo. Solté una risa absurda, tratando vagamente de ocultar mi nerviosismo.

—Si claro— retome mi caminata pero fue cuestión de segundos para que sintiera su mano envuelto en mi muñeca. Estiró de mi haciendo que volteara a encararlo.— ¿Qué-

Sion detalló mi rostro, su mirada fue a caer sobre mis mejillas sonrosadas hasta que volvió su atención a mis ojos.

—Perdóname, Keith— dijo, bajando la voz notoriamente.

—A quien deberías de pedirle perdón es a Austin, no a mi.

Ante la mención del peli negro, Sion puso los ojos en blanco.

—¡Él fue quien me pateo!— protestó.

—¡Tú le dijiste algo y-

Callé al notar que aquello sería absurdo. Pero no pude evitar pensar en las palabras de Austin: Deberías de alejarte de él. Es muy complicado, ¿por qué no me decía la razón y ya?. Observé los ojos inquietos de Sion. No podía ver maldad en ellos. Solo desesperación. Parecía querer tener mi atención a cómo de lugar, su expresión lo delataba, la forma en la que me sujetaba de la muñeca, o como dejaba de respirar, esperando a que yo dijera algo.

—Volvamos a mi casa, Sion— me solté de su agarre y camine nuevamente hacia la salida, dejándolo totalmente perplejo allí plantado al lado de las escaleras.

Cuando volvimos a casa Owen y Camila estaban observando la televisión en el living. Sion no dudó en ir hasta ellos y se dejó caer en el sillón vacío al lado de Camila. Owen alzó la mirada buscándome, al encontrarme no dudó en ponerse de pie y venir tras de mi. Ingrese a la cocina mientras suspiraba.

—Tardaron mucho— comenzó. Voltee a verlo, tomó asiento frente a la barra y recostó los brazos sobre ella. Sus rulos obstruían un poco su vista, así que hizo la cabeza a un lado haciendo que se menearan hacia atrás.

—Tenía que preguntar sobre lo que sucedió ayer— dije encogiéndome de hombros. Owen alzó una ceja — ¿Qué?.

—¿Y que te dijo él?.

—No me dijo nada más que pedirme perdón— solté un resoplido— Creo que a este ritmo mejor me alejo de ambos, ¿no lo crees?.

Comencé a inspeccionar las alacenas para buscar un recipiente limpio el cual pueda meter en el horno. Di con él y lo puse sobre la barra.

—Es tu decisión, Keith. Si quieres alejarte, esta bien.

Detuve mi esfuerzo cuando iba a abrir el paquete de fideos. Observé su rostro unos segundos, sus ojos mieles demostraban bastante seriedad.

—Solo bromeaba, Owen.

—Oh.. pues igual. La finalidad de esta conversación es decirte que es tu decisión.

No hablamos mucho más del tema. Luego de ello me dispuse a preparar una de mis pocas especialidades: Pasta italiana. Solo comimos Sion y yo, pues como era de esperarse Camila se comió más de 3 sándwich y estaba que vomitaba por toda la casa. En cambio, Owen supo satisfacerse con un sándwich. Los chicos se fueron a casa, no sin antes darle a Sion su parte del proyecto, que tendrá que entregármelo completito para el Lunes.

Cuando mi madre volvió de no sé donde, a decir verdad, no pude aguantarlo más y salí de la casa rumbo a la casa de Austin. No habíamos hablado desde lo sucedido ayer, y ni siquiera responde mis mensajes. Es suficiente razón para que sienta la incomodidad instalada en mi sistema, así que iría a hablar con él.

—Lo siento, Keith. Austin no se encuentra en casa— sin embargo, no esperé que su madre me recibiera con ese pequeño detalle.

—¿Sabe en donde podría estar? No he hablado con él desde.. bueno, desde lo sucedido ayer. Creo que de alguna forma está enfadado conmigo y..

—¿Enfadado?— la madre de Austin negó— No parecía estar enfadado cuando salió de casa esta mañana.

—¿No lo está? pero si lo han expulsado del equipo..

—Sobre eso.. si, puede que haya dicho algo que haga que el director cambie de parecer— la señora Rosa sonrió a medias.

¿Qué? ¿Austin irá al baile de otoño? ¿Es lo que está diciendo?.

—¿Qué le dijo exactamente?— no pude evitar preguntar. Rosa levantó la mirada, observándome casi que con pena.

No lo entendía..

¿Austin no te ha dicho nada.. no lo sé.. fuera de lugar?— preguntó.

Fruncí el ceño. ¿Por qué me preguntaba eso?, ¿qué debería haberme dicho Austin?.

—No, él no dijo nada.

—Pues.. deberías— Rosa echó una mirada detrás suyo y volvió a mirarme— Le diré que te hable cuando vuelva, lo siento Keith.

Miré la acera enfrascada en los interrogativos de mi cabeza. Miré mi alrededor tratando de interpretar y pensar bien donde podría estar Austin. Si ni siquiera su madre lo sabia, ¿cómo iba a encontrarlo yo?. Suspiré comenzando a avanzar rumbo a mi casa. Cuando de pronto volví a detenerme, miré el camino detrás de mi, y de pronto lo supe.

Ni siquiera lo supuse. Estaba claro. Solo hay un lugar en donde Austin podía estar.

Que tonta soy. Me considero una verdadera boluda. ¿Por qué no pensé antes en el parque de diversiones?. Tan rápido como llegué, no me detuve a pensarlo y comencé a golpear la puerta con los nudillos. Y volví a golpear cuando no recibí respuesta, incluso las nudillos comenzaron a arder por la insistencia.

—Austin.. soy yo, Keith— observé mi alrededor, por suerte nadie estaba por allí.

Bueno.. ni quien estaría por un lugar abandonado también. Solo a Austin se le ocurría.

La puerta se abrió de golpe. Austin estaba allí, el corazón se me aceleró cuando vi el desastre que se había formado en su cabellera, estaba con los ojos adormilados y se notaba bastante cabreado. Creo que incluso podría comenzar a insultarme ahí mismo, pero al verme su expresión se suavizó. Austin suspiró.

—Te he estado escribiendo, Austin— reclamé.

—Si, yo.. lo siento.

—Incluso fui a tu casa— me cruce de brazos— Deberías de avisar a tu madre a donde iras.

Austin se rascó la nuca, evidentemente avergonzado. Se veía sumamente tierno con el rostro adormilado.

—Lo haré.

—¿Ahora?.

—Bueno, luego de que pases, piensas hacerlo ¿no?

Adentro estaba tal y como lo recordaba. Con los cojines en una esquina, en donde Austin fue a recostarse nuevamente. Lo seguí y me senté a su lado, observándolo. Él tecleaba algo en su teléfono hasta que envió el mensaje y se dispuso a observarme. Sus ojos recorrieron mi rostro y fue bajando hasta mis manos, el cuales las mantenía unidas sobre mis piernas.

—¿Estas bien?— preguntó.

—Tu madre me dijo que no te impusieron el castigo.

Su rostro se contrajo en entendimiento. Bajó la mirada y no tardó en acercar su mano para tomar la mía y entrelazó nuestros dedos.

—Así es.

—¿Por qué? ¿que le dijo al director para que no fueras castigado?.

Apretó los labios sin dejar de observar nuestras manos entrelazadas. Tenía unas leves ojeras bajo sus ojos, aún así se veía precioso.

—¿Eso que importa? lo bueno es que iremos al baile juntos.

—¿Por qué siento qué hay algo que no quieres decirme?— farfulle, rápidamente me miró a los ojos, los suyos, aunque un poco cansinos, brillaban, como siempre que me miraba.

—No tengo nada que decirte— sonó cauteloso, como si temiera a que yo alargara algo que ni siquiera sé qué sería.

—¿Seguro?— ladee el rostro cuando él tragó saliva.

—Seguro.

Y aunque no le creí, aunque el pecho me dolió ante una sensación incómoda en la que me sentía engañada. Accedí, porque no podía insistir a algo que la vida se esmeraba en ocultármelo. Si tengo que saberlo, lo sabré.. tarde o temprano.

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