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Capítulo 11


Estoy agotada, no sé porqué. Quizás sea porque he decidido volver sola a casa para no tener que esperar a Owen, y por ende, ver a los demás chicos. Entonces volví caminando. No tengo ánimos para nada, solo quería llegar y tomar una ducha caliente para luego recostarme en mi cama y ver alguna película de romance. Quizás no con tanto drama, ya tengo bastante con mi propia vida.

Me duele el pecho. Pero no es un dolor normal. Es como una opresión en el corazón. Me siento triste, y recuerdo a Sion. No sé porque lo hago. Pero su sonrisa viene a mi mente. Me siento sola cuando sus ojos aparecen en mi mente. Y él no me habla desde hace 6 días exactamente. Realmente lo extraño.

Estos días.. no se sintieron realmente completos. Y hace más de una semana que no veo a Camila. Mi padre volvió a sus viajes justo al día siguiente de la cena que tuvimos con Thalía y Sion. Las flores que me había obsequiado Austin la vez que me invitó a su casa por primera vez yacía marchitas en el florero a un lado de la entrada a la casa.

Menos mal que los tulipanes que me obsequió hace unos días aún están intactos.

Todo estaba en total silencio.

¿Estoy sola?.

—Hasta que llegas.— mi madre pasa frente a mi en el pasillo, llenando todo el silencio con su dura voz. Llevaba su bata de enfermera y una taza de café en su mano.

Pareciera estar buscando algo cuando llegó hasta el comedor e inspeccionó la mesa.

—¿En donde está Camila?— inquiero siguiéndola de cerca.

—Alguien tiene que cuidarla ¿no?— brama girándose a echarme una mirada sombría— La dejé esta mañana con tus abuelos porque me toca turno en el hospital. Y tú qué no llegabas.

Suspiré ignorándola y voy directo a la cocina. Rebusco perezosamente en la nevera y saco una rebanada de pizza. Quien sabe hace cuanto está allí, pero aún así lo recaliento para comerlo.

—Iras a recoger a Camila de la casa de tus abuelos.— como un parásito en el trasero, mi madre me sigue hasta la cocina. Hace una mueca disgustosa al verme masticar de mi pizza blanda y maloliente— Sé un poco más pulcra y come algo de provecho, niña— espeta.

—Quería decirte..— empiezo, ignorándola— Mi proyecto de fin de año comenzó y-

Su expresión cambia radicalmente a una de total desinterés. Observa su muñeca fingiendo mirar la hora. El problema es que no tiene ni un reloj puesto.

—Es tardísimo— empieza a ir a pasos presurosos hacia la salida.— ¡Ve por Camila!— la escucho desde la puerta— ¡Ahora!— grita.

La opresión en mi pecho aumenta. A pesar de ya estar sintiendo el sabor viejo de la pizza, ahora me sabía amarga, sabía fea y no dudé en escupirla cuando sentí unas inmensas ganas de vomitar.

Cómo una total enferma mental, me quedo observando el pesado de pizza que yacía en el suelo. Lo observé durante unos, quizá, 2 minutos. La vista se me comenzó a nublar. No veía nada, sentía mis ojos escocer. ¿Por qué la opresión en el pecho no disminuía?, todo lo contrario, dolía. Las lágrimas comenzaron a caer sin yo poder retenerlas. Me siento tan mal. Solo quería llorar, vomitar, y seguir llorando. ¿Por qué mi madre no quiso escucharme?, ¿acaso no le importaba que ya estaba por terminar el colegio?. Realmente no era el caso, no le importaba para nada.

Un pequeño sollozo salió de mis labios, lleve la mano al pecho cuando comenzó a doler más.. y más. El pequeño sollozo se convirtió en un llanto, sentía mi garganta picar cuando un grito ahogado escapó de mi.

¿Por qué dolía tanto?.

Estaba bien, todo estaba bien. Yo estoy bien. Entonces, ¿por qué mi madre no lo veía? ¿por qué no veía que yo estaba progresando?.

Otro grito desgarrador hizo que perdiera el equilibrio. Me dejé caer en el suelo, mientras las lágrimas seguían cayendo como grandes cascadas por mi mejilla. Golpee mi pecho, quizás así dejaba de doler. Quizás así, dejaba de sentir aquella opresión tan asfixiante.

Quizás así.. dejaba de sentirme menos querida.

No quería ir a por Camila. Solo recordándola, mi pecho dolía aún más. La quiero tanto, puedo entender porque mamá la prefiera más a ella que a mi. Justo por eso no la quería ver, me haría recordar lo miserable que soy.

Recordé mi cumpleaños. Mamá no se acordará de nuevo este año ¿cierto?.

Pero si se acordó del cumpleaños de Camila en marzo, también debería de acordarse del mío.

No seas ilusa Keith, si no lo recordó el año pasado, ni el año ante pasado. Ni cuando cumpliste 15, ni siquiera cuando cumpliste 10. ¿Crees que lo recordará ahora?.

El llanto disminuyó, observé un punto fijo en algún lugar de la cocina. Es cierto. No lo recordaría este año. ¿Por qué lo haría?.

Dejé caer mi cuerpo de costado, mis lágrimas siguieron fluyendo mientras me abrazaba a mi misma. Esta bien, si ella no se acuerda, aún tengo a papá. ¿Será que vendrá a darme una fiesta sorpresa?. Sonreí recordando cuando vino de sorpresa en mis 12 años, fue la única vez que lo hizo. Que bien se sintió. Ojalá lo haga de nuevo este año. No importa si ya pasaron 5 años desde que no lo hace.

Ojalá venga este año. Por favor que lo haga.

*

Abrí la puerta principal, en un parpadeo tuve a Austin sujetándome del rostro, observándome preocupado.

—¿Keith? ¿qué ha pasado?.

Abulto los labios y no dudo en rodear su cintura, hundiendo mi rostro en su pecho. Él no dudó en rodearme por completo, pude sentir la calidez de su cuerpo cuando comenzó a acariciar mi pelo. Llamé a Austin porque realmente necesitaba esto, tenerlo conmigo, que me abrazara de esta forma tan acogerá mientras me brindaba calor y confianza.

Lo hice pasar a la cocina y rápidamente puse a calentar un poco de leche sobre la estufa. Mientras que le preparé café en una taza aparte, yo me limité a tomar de mi chocolate caliente. Austin me observaba cauteloso, dando pequeños sorbos a su café, yo observaba mi galleta de chocolate a medio comer sobre el plato. Le di otro sorbo al chocolate caliente.

—Siempre podemos verle el lado bueno a eso de llorar— empezó Austin. Alcé la mirada, mis ojos picaban y se sentían pesados. Ni siquiera quiero saber cómo me veía si del aspecto hablamos. Seguro parezco un payaso con la nariz roja.

—¿Cuál sería el lado bueno?— mi voz salió rasposa y apagada.

—Que te veas preciosa, así, toda roja— murmuró.

Solté un bufido sonriendo a medias. Lo detalle con la mirada. Austin traía un polo negro junto con unos pantalones del mismo color, traía consigo una gorra azul y sus ojos brillaban bajo la luz del foco. Se veía increíble, en cambio yo, debo de parecerme al payaso plim plim.

—Perdón por llamarte tan tarde— murmuré, acaricié el borde de mi taza, sin dejar de ver el líquido marrón en ella.

—Son las 7 de la tarde, Keith, no es tarde. Y para verte a ti, jamás será tarde.

Alcé de nuevo la mirada. Él me observaba paciente. Quizás esperaba a que dijera algo, algo que calmara su interrogativo del porqué estuve llorando. Suspiré haciendo a un lado la taza. Di un salto y bajo la mirada atenta del peli negro, rodee la barra de mármol y no dudé en sentarme en el asiento a su lado. Austin se giró para mirarme de frente, también haciendo a un lado su café.

Durante unos segundos no dije nada. Austin aprovechó el silencio para alzar el brazo y acomodarme el pelo, acarició mi cabeza antes de suspirar y guiar sus manos a las mías. Me sujetó con suavidad. No hizo falta más para que comenzara a sentir el característico aleteo, que siempre me producía tenerlo cerca, en el pecho.

—¿Por qué no fuiste a verme en el partido?— cuestionó en recriminación— Iba a dedicarte unas palabras bien bonitas por el micrófono en el primer gol que metiera.

Reí mirándolo a los ojos.

—No lo hubieras hecho— negué sonriendo. Austin me observó totalmente serio, tan serio que me desconcertó cuando me soltó una mano y llevo la suya a su bolsillo, de él sacó un pequeño papel doblado en cuatro partes.

Boquiabierta observé cómo lo desdoblaba. Y luego de dedicarme una mirada fugaz, comenzó a leerlo:

—Para la niña más bonita de este mugroso instituto... Keith tonta, tan tonta como lindota, tus ojos engatusadores me tienen en flota, tus-

—¿En flota?.

—En realidad quería poner "me tienen flotando" pero no rimaba, entonces..

Solté una pequeña risa en lo que él seguía su lectura.

—Tus preciosos labios son arte y tu linda figura me parte.. el corazón, signo de exclamación, signo de exclamación.— especifica. Sonrió sin dejar de mirar sus labios— Oh Keith tonta, tonta como una toronja, siempre en mi corazón te alojas.. este gol va para ti, mi inspiraciónsota.— culmina.

Suelto una carcajada sin poder evitarlo. No puedo creer que en serio preparo un discurso para mi, ¿que hubiera pasado si iba hoy realmente?, de pronto aquel pensamiento me desanimó un poco, y no pude evitar pensar que debí haber ido, qué otras cosas seguramente pasaron. Realmente Keith tonta. Austin frunce el ceño fingiendo indignación.

—Al menos finge que te ha gustado— masculla dejando la carta sobre la barra. Aprieto los labios evitando volver a reír y sujetó sus manos nuevamente.

—Me ha encantado, Austin. No creo que alguien más hubiera tenido esa imaginación tan.. peculiar.

Él sonrió con orgullo, haciendo que sus hoyuelos se notasen. Dudé unos segundos antes de acercarme lentamente, su sonrisa fue disminuyendo hasta que me observó totalmente serio, no dudó en corresponderme cuando pegue mis labios a los suyos. Fue en definitiva, un beso muy corto, pero significativo, luego de haber escuchado aquel poema improvisado, claramente.

—¿Entonces que?, ¿ganaron este partido?— inquirí.

Austin ladeó el rostro sonriendo con ternura— ¿Tú qué crees?— replicó. Solté una pequeña risa y no dudé en acercarme a abrazarlo.

—Sabía que lo harías. Estuve rezando por ti luego del receso— confesé.

—Ahora todo tiene sentido.

Volví a reír bajo su atenta mirada, él acariciaba mis nudillos suavemente.

—¿Que pasa, Keith? Puedes contármelo— susurró, aún bastante cerca de mi rostro.

Enrojecida me alejé un poco. No pretendía contárselo cuando lo llame. No pretendía querer desahogarme. Solo quería que esté aquí, conmigo. Sin embargo, tenía la necesidad de contárselo, qué supiera el tipo de vida que llevo, y porque estoy tan triste hoy. Pero obviamente, omitiendo algunas cosas, como que también estoy algo triste porque Sion decidió que era buena idea ignorarme, por ejemplo.

Se lo conté todo, del porqué ahora mismo mi hermana Camila no estaba en casa, que al parecer era mi culpa. Del porqué no he festejado mis cumpleaños desde mi nacimiento. Del porqué estaba llorando justo hoy. Y también, del porqué no me siento querida.

Y de nuevo estoy llorando. Odié el hecho de no poder evitarlo, rápidamente me sujeté de su polo y lo estiré para poder ocultarme en su pecho, lo cual se estaba volviendo una costumbre cada vez que no quería que viera mis sonrojos, o como en este caso, que no me viera llorar.

—No quiero que pienses que soy miserable— lloriquee.

—No pienso que eres miserable, linda.

—Mi mamá no me quiere.

—Ella te quiere, no-

—¡No me quiere!— me alejé de él, no pude evitar la forma brusca en que lo hice— Ni siquiera recuerda la fecha de mi cumpleaños— masculle sorbiéndome los mocos— ¿Como puede no acordarse de algo tan básico, eh?.

Austin apretó los labios. Me observó unos segundos mientras que yo sentía las lágrimas rodar por mis mejillas. Mi cabeza comenzaba a palpitar del dolor y tengo un molestoso hipo que no me deja concentrarme.

—Bien, si te hace sentir mejor. Mi padre tampoco es que me quiera mucho— admitió. No dije nada, me quedé observándolo, dejando el llanto de lado. Él sonrió amargamente.— Nos múdanos a este país porque mis padres peleaban mucho, después de años en entera sumisión, mi mamá decidió apartarse. Firmaron el papel del divorcio, y este es el día, después de tantos meses, que aún no llama a preguntar por nosotros.. o al menos por Suzy.

—Yo no sabía-

—¿Por qué tendrías que saberlo?— me observó confuso— Honestamente Keith, hay tantas cosas que no sabes de mi.. yo-

Austin hizo una mueca extraña, no supe descifrar lo que quería decirme. Él solo trago saliva observando sus manos.

—Cada uno cargamos con mierdas en casa, Keith. Mi mejor consejo para ti es que solo lo dejes ser— Austin suspiró cerrando los ojos— Bien, creo que eso no ayuda.

Abulte los labios.

—Todo mejorará, lo sé.. no ahora, tampoco mañana, pero..— me miró a los ojos y sonrió, una sonrisa vacía y sin ganas. Sorbí nuevamente la nariz— Algún día lo hará. Y serás feliz, Keith. No todos nacimos para sufrir. Al menos tú no, lo sé.

—¿Como lo sabes?— dije en un hilo de voz. Austin hizo una mueca de tristeza.

—Porque yo estoy aquí.. contigo. Te haré olvidar de todo, te lo prometo. Te haré feliz, Keith.— detalló mi rostro y limpio mis lágrimas, cerré los ojos ante su repentino tacto— Solo permíteme ser yo quien te acompañe a superar esto.

Abrí los ojos recordando algo.

Quizás sea precipitado, quizá no debería ser yo la que dé este paso. O quizá él ya lo tenía pensado solo que aún no me lo decía.

Al demonio todo. Quería ser yo la que se lo preguntara. Aquí y ahora.

Sonreí tomando su mano, entrelacé nuestros dedos y lo miré directamente a los ojos.

—Austin..

—¿Si?.

—¿Quieres ir al baile de otoño conmigo?.

Al principio, la propuesta pareció descolocarlo un poco. Me observó sorprendido mientras se tomaba unos segundos para procesarlo. Al final sonrió enternecido.

—Para mí sería un placer ir al baile contigo, Keith linda.

***

Esta mañana mi madre doña sensibilidad entró dando un portazo a mi habitación.

—¿No fuiste a buscar a Camila, Keith?— inquirió. Me restregué los ojos con los nudillos y me senté en la cama.

—No lo hice, avisé a mis abuelos, así que-

—¿Qué no te dije que vayas a buscarla?, ¿que estuviste haciendo como para no ir?. De seguro holgazaneando..— me miró de forma despectiva cuando solté un bostezo.

Ups.. no pude evitarlo.

—¿Qué no piensas ir a la secundaria?— bramó.

Fruncí el ceño.

—Estoy en último año de preparatoria.. mamá— masculle.

—Ah.— se giró hacia la puerta y luego volvió a observarme— ¿Cuántos años tienes?.

Me la quede viendo unos segundos, realmente la miré dolida, pero no había ningún rastro de vergüenza o quizá arrepentimiento de no saber ni siquiera mi edad. Tragué el nudo que se instaló en mi garganta y carraspee.

—Voy a ducharme.

Me puse de pie y tomé mi toalla. Mi madre me observó extrañada cuando pasé por su lado. Fui a zancadas hasta el baño y lo cerré de un portazo.

***

—¿Es que ya no me quieres?.

Suspiré arrastrando el paso cuando Kendall se colgó de mis hombros. Lloriqueaba mientras proclamaba mi atención.

—Creo que Austin nos está separando, ya no me gustan, termínalo.

Solté una risa mirándola de reojo.

—Ni siquiera andamos, Kendall. Ya quisiera yo.

—Ni siquiera me cuentas cómo vas con él— replicó.

—Más bien, quiero contarte cómo voy con Sion.— hice una mueca mientras nos sentábamos en una de las mesas en la cafetería.

—¡¿Qué?! ¿andas con Sion también?— cuestionó.

—¿Qué? ¡no!, nada que ver.. solo, él-

—A él le gustas.— Kendall puso las manos sobre la mesa, como toda una profesional en el tema. Me ruborice mirándola.

—¿También lo crees?— ella alzó una ceja.

—¿Yo y cuantos más exactamente?.

—Tú, Owen.. y Austin— lo último lo dije con una tos bien fingida. Kendall se llevó una mano al oído.

—¿Y quien?— inquirió la pesada.

—Y Austin— respondí poniendo los ojos en blanco.

—Entonces es un hecho— replicó señalándome— Ojo de loca no sé equivoca. Y Austin está loco por ti— se burló soltando una risotada.

Enrojecí recordando a Austin entrando a la cafetería con ese enorme ramo de tulipanes.

—¡Ya!. La cosa es que Sion ahora está enojado conmigo.. no sé cómo hacer que vuelva a hablarme. Ni siquiera se ha cruzado por mi camino. En serio no quiere verme.

—Nena, no le des interés— dijo haciendo un gesto de desdén con las manos— Nunca le haz dado ideas equivocadas para que piense que tendrá una oportunidad, entonces no es válido enojarse.

—Pero-

—Lo que si es válido es que actúe como una persona madura y acepte que no será correspondido. Ósea, ¿que no ve al bombón que tienes por novio?.

—No es mi novio.

—Entonces se le pasará, no te preocupes— respondió encogiéndose de hombros, ignorándome completamente.

—Pero si son las chicas más preciosas de Tuilsom— Lay llega junto con los demás chicos y no duda en sentarse a un lado de Kendall, quien se ruboriza al instante.

No pude evitar ponerme un poco nerviosa ante la repentina presencia de Sion. Él ni siquiera me miró cuando se sentó al lado de Lay. Miré a Owen, quien me estaba mirando también fijamente, hice una mueca ante su mirada inquisitoria.

—¿Como estas, Keith?— preguntó sentándose a mi lado.

—Todo bien, ¿cómo estás tú? ¿qué tal tu proyecto?.

—Nuestro proyecto va de pelos, gracias a mi, obvio— Lay se señaló sonriendo con orgullo. Owen bufó.

—Si, claro. Te la pasas mensajeándote con cierta personita en vez de hacer tu parte del proyecto— Owen alzó una ceja observando significativamente a Kendall.

Abrí desmesuradamente los ojos en su dirección. Ella evitó a toda costa mi mirada comenzando a sonrojarse a más no poder.

Maldita Kendall, ya me contarás ese chismesito.

—Eso no es cierto. Si que comencé a dibujar para el anexo— replicó Lay, bastante digno.

—Tus mapas conceptuales parecen una raíz de un árbol quebrado, más que nada.

Lay abrió los ojos y la boca bien en grande, indignadisimo.

—¡No es cierto!, mi mapa conceptual es el más coherente que verás— replicó cruzándose de brazos e inflando el pecho.

Kendall lo mirada entre divertida y enternecida, a partes iguales. Mientras yo sonreía a duras penas, cada tanto le echaba miraditas a Sion. Pero él ni caso que me hacía, solo observaba a Owen, así que era bastante seguro que sentía mi mirada insistente sobre él.

—Que cool que hagan dúo juntos. Yo estoy con una chica que habla con monosílabas— Kendall hizo una mueca— Apenas puedo entenderla.

—Te aseguro que eso es mejor que tener de dúo a este..— Owen señaló a Lay quien rápidamente lo desafió con la mirada— Individuo.

—No le hagas caso. Si hubieras estado conmigo de seguro que te haría galletas de chocolates todos los días cuando nos juntáramos— Lay se llevó la mano al pecho, mostrándose coqueto— Uh la la.

A Owen le dio una arcada y Sion puso los ojos en blancos. Yo carraspeé armándome de valor.

—¿Y tú cuando piensas venir a mi casa para hacer tu parte del proyecto?— me dirijo directamente a Sion. Los demás se giran al instante a mirarnos, o más bien, a mirar a Sion. Expectantes a su respuesta.

Sion suspira y pasa uno segundos hasta que decide mirarme. Y claro, fluctúe apenas sus ojos azules me miraron, evité observar directamente a sus ojos y mejor me dispuse a mirarle la nariz. Si, leyeron bien, comencé a mirar su nariz solo porque su mirada gélida me ponía bastante nerviosa.

—¿Y por qué no vienes tú a mi casa?— espetó.

Los 3 pares de ojos pasaron a mirarme a mi. Apreté los dientes evitando soltar una palabrota y no dudé en mirarlo a los ojos.

—¿Yo.. ir a tu casa?.

Se cruzó de brazos cuando los demás volvieron a mirarlo a él.

—Ujum— replicó. Los chicos volvieron a mirarme a mi.

Alcé una ceja masajeando mi mejilla interna con la lengua. Podía jurar sentir un tic de furia en los ojos cuando Sion mantenía el mentón en alto, desafiándome.

—Golpe bajo— le susurró Lay a Kendall.

—Que poco hombre— Owen bajó la mirada sonriendo a medias.

¿Que le causaba gracia ahora mismo?, porque yo podría jugar que mataría a alguien solo por el gilipollas de Sion Popov.

—Oye, bro..— Lay se giró hacia el rubio pero no dudé en detenerlo.

—Descuida.— nuevamente los tres me observaron expectantes. Puedo jurar haber visto cierta diversión en los ojos de Sion. Se está saliendo con la suya, ciertamente— Iré.

Él alzó una ceja mientras que Kendall y Lay contenían la respiración. Owen comenzó a repiquetear los dedos sobre la mesa. Yo no apartaba la mirada de los ojos de Sion. Por más que quisiera hacerlo, eso significaría la derrota. Pero sus ojos lujuriosos y la manera en que se relamió los labios, definitivamente no me dio buena espina. Tragué el nudo nervioso que tenía en la garganta. Un atisbo de sonrisa surco sus labios antes de que apartara la mirada.

—Bien. Esta tarde es la final del torneo, debo ir a juntarme con el equipo— Sion se puso de pie y es cuando me di cuenta que solté el aire que andaba reteniendo, parpadeé antes de alzar la mirada cuando él se detuvo— No falten.— se dirigió a todos pero sus ojos no abandonaron los míos hasta que se giró colgando su mochila por sus hombros. Y se fue.

—Eso estuvo..— Lay se abrazó a si mismo tiritando— Escalofriante.

—Se sintió cómo una película de suspenso— Kendall se llevó la mano a la altura del corazón— Toca mi corazón, está por salirse— mi rubia amiga sujetó la mano de Lay y ambos comenzaron a medir su ritmo cardiaco. Lay soltó una exclamación de horror.

—Necesitarás respiración boca a boca si te desmayas— observé confusa como Lay comenzaba a desesperarse.— ¿Qué vamos a hacer?.— de pronto, pareció ocurrírsele algo.— Oh, descuida. Aquí estoy yo para salvarte.

Vaya.. sí que está rarito el Laysito.

Kendall se sonrojó a más no poder mientras que Lay sonreía de la manera más convincente del mundo. Yo los miraba boquiabierta mientras que Owen se rascaba la nuca, evidentemente incómodo con todo esto.

Más tarde, ya en el campus. Lay y Kendall raspaban sus gargantas gritando a favor del equipo azul.

—¡A la bim, a la bam. Azul, azul, rra rra rra!— ambos agitaban sus banderines, y sujetados de la mano se daban fuerza mutuamente.

Jimmy nuevamente estaba recorriendo el campus con su característico traje de zorro. Iba de la mano de Karla, quien tenía un cuaderno en la mano en donde tenía todas las instrucciones para las porristas.

Yo estaba un tanto apartada. Las personas que iban llegando me miraban con extrañeza, pues la verdad es que traía un polo blanco junto con un banderín del mismo color. No podía evitar sentirme bastante fuera de lugar, parecía ser un piojo perdido entre tantos huevitos.

Owen aún no aparecía por el radar de mis ojos, creo que aún seguía en la biblioteca resolviendo algo de su proyecto. Miré significativamente a Lay, a quien parecía importarle menos su trabajo de anexo. Él comenzó a dar saltitos emocionados junto con Kendall cuando el equipo azul ingresó al campus. Fue como si mis ojos se mandaran solos cuando en un segundo comencé a buscar a Sion entre los demás chicos. Él iba ingresando a trotes. Sonrió apenas escuchó los gritos desgarradores de Lay, y giró a mirarnos.

Comenzó a saludar, frunció el ceño al no verme, pero al momento que me encontró, un poco apartada de los demás, apretó los labios, visiblemente afectado al ver mi elección de color. Fingí desinterés apartando la mirada.

A decir verdad, aún no olvido nuestra discusión, de cómo se hacía referido hacia Austin. Y dolía, no saber qué pensar de Sion, dolía. Él en serio me cae muy bien, y lo quiero mucho. Saber que el chico que me gusta no le cae bien, de que él no me ve con los mismos ojos amistosos, dolía en serio.

Parpadeé tratando de sonreír cuando el equipo blanco comenzó a ingresar al campus. Observé a Austin, iba entrando con una seriedad inaudita en el rostro. Su mandíbula estaba bastante tensa mientras que hacía calentamientos leves en las piernas. Su brazalete estaba allí, distinguiéndolo del resto. Y traía una diadema también de color blanco en la cabeza. El color le lucia bastante, y más guapo se veía así, con el rostro descubierto, y las facciones bien marcadas. Lo seguí con la mirada bien embobada hasta que en un parpadeo él me estaba mirando también.

Cerré la boca comenzando a sonrojarme, él sonrió levemente y casi suelto un grito de perra en celo cuando me guiña un ojo.

Aunque bueno, más bien fue Kendall quien comenzó a chillar.

—¿Viste eso?— chilló tomándome del brazo empezando a zarandearme— ¡Que te ha guiñado, coño!.

Comencé a reír como una tontita mientras que me dejaba ser.

—Está para lamerse los dedos ese hombre, no jodas— de pronto me soltó totalmente cabreada, luche por no desequilibrarme.

—Ya lo creo que si— respondí como pude, sujetando mi cabeza.

—Lo admito, hay un poco de envidia en mi corazón— Lay se llevó la mano al pecho, fingiendo derrota.

De pronto, todo el campus, al menos los alentadores del equipo blanco, comenzaron a corear el hombre de Austin.

—¡Austin! ¡Austin!.

Miré mi alrededor totalmente confundida, observé a Austin, a quien le daba más que igual todo el vitoreo y seguía calentando junto con sus compañeros de equipo. Kendall se posicionó a mi lado canturreando en voz baja.

—Lo diré despacio para que no me funen de este lado— murmuró cerca de mi. Puse los ojos en blanco sonriendo.

—Oye, ¿y por qué tanto fanatismo por Austin?— no pude evitar preguntarlo.

—Tu pregunta ofende. Tú qué lo ves de ojo a ojo todos los días, que tienes la dicha de besarlo— negó, fingidamente afectada.— Pero la verdad es que te perdiste de un verdadero peliculon ayer— asintió mirando a la nada, comenzando a recordarlo— Peli: Película, Culon: el culo de Austin Wheeler.

—¡¿Qué?!.

—Era una fría tarde de otoño— comenzó melancólicamente— El partido iba 2 a 2, la presión se sentía entre la multitud, las frentes sudaban por los nervios, yo tenía hambre, Lay estaba desgarrando su garganta— juntó las manos, soñando mirando a la nada— Hasta que el tercer gol del equipo blanco sucedió— comenzó a brillarle los ojos mientras que seguramente se lo recordaba en la mente— ¡GOOOOOOOOOOOL!— comenzó a gritar, a lo que di un brinco y me apresuré a taparle la boca rápidamente.

Algunas personas a nuestro alrededor giraron a mirarla extrañados. Les sonreí de forma tonta antes de alejar mi mano de su boca. Fruncí el ceño pero Kendall seguía en el mundo de las maravillas.

—La multitud gritaba, y ¡pum!. Austin Wheeler deslumbró a toda esa multitud— parpadeó y giró a observarme— Se quitó la camiseta— murmuró— Se la quitó y las perras en celo sacaron a flote sus dones en gritos (me incluyo).

No podía creerlo. Observaba perpleja a Kendall quien se cubrió la boca con las manos, totalmente atontada.

—¡Tenías que verlo, Keith! Ese hombre..— me miró buscando las palabras exactas— Wow. Simplemente wow. Si yo era tú, lamía esos pectorales.

—¡Kendall!.

—Yo solo digo— alzó las manos en son de paz.— Ahora mira a toda esta gentuza. Todos babean por tu hombre— dio unas palmadas a mi hombro— Cuídalo y respétalo. Amén.

Lay, quien en todo momento estuvo en total silencio, sonrió apenas Kendall giró a hablarle. Comenzaron a parlotear sobre apuestas de quien sería el equipo ganador de esta temporada.

Pero dejé de escuchar cuando los gritos de la multitud comenzaron otra vez. Austin ya estaba poniéndose en posición junto con su equipo. Observé su cuerpo bien definido, su camiseta se marcaba a su bíceps, su trasero era bastante redondo e inevitablemente no podía dejar de mirarlos , mientras que su diadema le favorecía tanto, junto con sus dedos largos que en estos momentos descansaban sobre su cadera, ya que estaba en posición de jarra.

Se ve precioso. Hay que cuidarlo, definitivamente.

El juego comenzó, siendo el equipo azul quien daba la primera pasada. Solo algunos murmullos se escuchaban alrededor, todos estaban en suma concentración. La pelota fue pasada a Kurt, quien chuto la pelota y pasó entre las piernas de un chico del equipo contrario. Sion lo detuvo justo a tiempo y empezó a correr siendo perseguido por Austin y Tom, ambos iban de cada lado detrás de Sion, quien hacía todo el esfuerzo por no caer, pues estaba corriendo muy rápido y parecía dificultarle chutar al mismo tiempo. Hasta que dio un pase largo y la pelota cruzó la cancha entera hasta salir del lado izquierdo del arco, alertando un córner.

Owen iba subiendo las gradas, venía vestido con el uniforme deportivo del instituto, lo cual era gracioso si nos ponemos a pensar, pues el uniforme consistía en la remera blanca junto con el pantalón azul.

Su tersa piel morena relucía gracias al color que le favorecía bastante. Llegó hasta nosotros y no tardó en posicionarse a mi lado, olía delicioso, su fragancia inundó nuestro alrededor. Lo observé de reojo, y cómo siempre, él estaba totalmente inexpresivo, sus ojos mieles recorrían el campus con despreocupación.

—Llegaste en tiempo récord— mencioné. Él ni siquiera me miró pero al menos sonrió a medias.

—Tenía el tiempo medido— fue lo único que dijo.

—Creo que a este ritmo terminarás tu proyecto en un parpadeo más— bromeé. Él me observó un poco divertido antes de encogerse de hombros.

—Ya lo he terminado.

Solté una exclamación de sorpresa— ¿Lo dices en serio?— inquirí. Él asintió, poco afectado por mi reacción.

—Estaba muy fácil, a decir verdad— lo dijo como si nada.

—¿Hiciste las encuestas y todo?— cuestione nuevamente.

—Ujum..

—¿Y Lay que hizo?— señalé a un lado mío, en donde Lay ya comenzaba a gritar de la emoción al ver el partido.

—Su mapa conceptual de kínder— dijo en todo burlón.

—¡Lo escuche!— Lay protestó.

Owen comenzó a reír, algo poco común en él, así que me tomé el tiempo suficiente para poder observar su linda sonrisa. Hasta que una gran exclamación en todo el público me alertó, un silbato sonó de forma prolongada cuando observé para abajo y pude ver a dos chicos discutiendo.

Eran Sion y Austin.

—¡Hey, deténgalos!— Kurt iba cruzando la cancha con rapidez. Observé ceñuda la escena.

Sion estaba murmurando muy cerca del rostro de Austin, tenía que echar para atrás la cabeza para poder mirarlo directamente a los ojos, ya que el peli negro le superaba bastante en estatura. Tom y Dan sujetaban de los brazos a Sion, quien parecía un león queriendo arrancar el cuello de un tirón a Austin. A quien, bueno, no parecía importarle menos. Observaba con expresión aburrida a Sion, esperando a que terminara de decirle lo que sea que estaba diciéndole.

Inquieta me acerque a Kendall.

—¿Qué ha ocurrido?— inquiero. Kendall me observó horrorizada.

—¡Austin le dio una patada en la pierna a Sion!— ambos miramos al rubio, quien hacía fuerza para soltarse de sus compañeros.

El tumulto comenzaba a incrementarse alrededor de ellos, el entrenador le decía algo al oído a Austin, pero él no respondía, solo miraba fijamente a Sion, su mandíbula comenzaba a tensarse mientras que podía ver cómo apretaba los puños.

Esta cabreado. La inquietud incrementó en mi sistema, no podía dejar de mirar a Austin, parecía querer propinarle un puñetazo a Sion pero de ya. ¿Y qué tanto le decía ese, que aún no se alejaba de su rostro?.

—No entiendo cómo tiene fuerza de estar parado ahora mismo. En serio recibió una patada voraz— Kendall comenzó a morderse las uñas, no pude evitar comenzar a imitarla.

Lay pasó por nuestro lado y fue hasta Owen, ambos comenzaron a intercambiar cortas palabras mientras observaban la escena mortalmente serios. Miré de nuevo hacia el campus y Sion al fin dejó de hablar, y lo iba a agradecer hasta que hizo algo peor:

Le escupió en la cara a Austin.

Eso alertó a todo el público. Todos murmuraban a mi alrededor, y los chicos del equipo comenzaron a movilizarse para ir rápidamente a por Austin, quien no dio tiempo a que alguien lo sujetara cuando alzó el puño y lo estampó de lleno en el pómulo izquierdo de Sion. Me cubrí la boca soltando al banderín que tenía en manos. Nuevamente la exclamación de sorpresa retumbó en todo el campus. Kurt y Tom sujetaron nuevamente a Sion cuando el pobre dio unos pasos hacia atrás, totalmente ido. Pude ver cómo trataba de mantener los ojos abiertos, pero sólo podía parpadear, hasta que los cerró por completo y cayó de espaldas sobre el césped.

La maraña de personas que recorrían el campus comenzaron a correr de aquí para allá para poder asistir a Sion. Observé atónita cómo Austin se limpiaba la saliva del rostro, totalmente sereno, y luego se hizo paso entre los demás y comenzó a alejarse de todos.

—Creo que deberías de ir con él— Kendall tomó mi mano llamando mi atención.

—Claro.. yo- — miré a mi izquierda y no habían rastros de Owen ni de Lay por ningún lado.— ¿Qué-?.

—¡Fueron abajo!, date prisa Keith.

—Ah, si..

Comencé a moverme en automático, ni siquiera podía mirar para abajo sin ver como centenares de personas trataban de acercarse a ver algo, o más bien, a ver si Sion seguía respirando. Me detuve en seco y volví a mirar a Kendall.

—Asegúrate de que esté bien por favor— trague saliva sintiendo mi corazón acelerado golpeando contra mi pecho— No dudes en llamarme si algo anda mal.. por favor.

Kendall asintió y como un cohete, desapareció de mi vista, comenzando a bajar las gradas.

Me dirigí directamente hacia los vestuarios, ingrese al pasillo que daba a la entrada de las duchas de los hombres. Por suerte tenía claro que todos estaban afuera observando el lío, así que no dudé en entrar al lugar, cruce todo el pasillo de los casilleros y llegué hasta el final, allí pude ver a Austin. Estaba sentado dando la espalda al pasillo, con la espalda encorvada y las manos unidas, miraba al suelo totalmente quieto. Suspiré acercándome.

—Ni siquiera metiste el primer gol antes de desatar aquel caos.

El cuerpo de Austin se tensó, sin embargo no me miró. Fruncí el ceño observando su rostro de perfil, estaba con la mandíbula bastante tensa, miraba el suelo nada más, y no respondió. No dudé en tomar asiento a su lado.

—¿Estas bien, Austin?— pregunté. Él respiró pesadamente, como un toro bastante furioso. Se tomó unos segundos antes de ponerse recto y al fin me miró.

Bien, no fue agredido, por lo que veo ya se lavo el rostro, su expresión no gritaba nada más que furia. Así que no había lugar de lesión y sufrimiento. Bajé la mirada a sus manos, su nudillo estaba increíblemente morado. Sujete su mano y tuve la sensación de que se iba a apartar, pero se contuvo. Apretó los labios observando su mano, no me devolvía la mirada para nada, pero trataba de controlar su expresión para no fulminarme con la mirada.

—¿No vas a decirme nada?.

—Estoy bien— farfulló.

Me tomé unos segundos antes de volver a insistir— ¿Quieres contarme que es lo que te decía Sion ahí abajo?— le pregunté.

Ese era el detonante. Volvió a fruncir el ceño, abrió la boca, como si fuera a decir algo, pero no dijo nada. Apreté los labios cuando solo se encogió de hombros, sin responder.

—No quiero opinar al respecto.. pero— lo pensé unos segundos antes de chasquear la lengua— En serio te pasaste, Austin. ¿Como pudiste darle tal puñetazo?.

—Estás de su lado entonces.

—Yo no dije eso.

—¿Entonces que importa?, se lo merecía— dijo con simpleza. Observé unos segundos a la nada. Ni por más que estuviera en esta situación no me atrevía a discutirlo, no sabía que estaba pasando.. todo ocurrió tan rápido. Y ni siquiera sé qué fue lo que desencadenó que Austin le pateara primeramente. Suspiré mirándolo.

—¿Te duele?— pregunto, refiriéndome a su mano. Acaricié sus nudillos pero ni siquiera se inmutó ante eso.

—No me gusta Sion, deberías de alejarte de él.

Alcé la mirada, Austin estaba mortalmente serio. Observaba mi expresión con detenimiento.

—¿Por qué?— ni siquiera sé porqué lo he preguntado, pero a Austin no pareció importarle mucho, volvió a mirar su mano como si nada— Austin, ¿por qué no te gusta Sion? ¿qué te dijo allí para que-

—No me gusta y ya. Deberías de alejarte de él— repitió.

Me dejó totalmente muda. ¿Qué se supone que deba decirle? ¿por qué tengo que alejarme de Sion?, quiero preguntárselo, pero si no me lo dijo recién, no creo que cambie tan rápido de opinión. Pero es un hecho de que lo que sea que le haya dicho Sion, no le gustó para nada. Así que no insistiría con el tema, solo trataría de ver la forma de poder curar su mano y-

—Iré a casa— se puso de pie tan rápido que apenas me dio tiempo de parpadear.

—¿Qué?, ¿te vas?, ¿por qué? Yo-

—Austin.— ambos nos giramos hacia el pasillo. Inevitablemente retrocedí un paso al ver al director junto con el entrenador frente a nosotros.— ¿Y la señorita Keith?— tragué saliva sintiendo el nudo del nerviosismo comenzando a crecer en mi garganta.— ¿Que haces tú aquí?.

—Director Peter, yo-

—¿Qué necesita?— espetó Austin. El director frunció el ceño. Iba a hablar para tratar de excusar a Austin, pero nuevamente él habló— Veo que no es nada importante.

Lo dijo solo porque pasó 1 segundo de que el mayor no respondió. Suspiré tratando de pensar en velocidad máxima. Claramente vienen a buscarlo para llevarlo a dirección. ¿Por qué tiene que cagarla más con esa actitud?.

—La verdad es que si, hay muchas cosas importantes, y creo yo que le incumbe— respondió el director— A mi oficina, ahora.

El entrenador dio un paso atrás cuando Austin dio marcha a largas zancadas para salir de aquí. Rápidamente desapareció por el pasillo, sin mirar atrás. Cuando lo perdí de vista giré a mirar a los mayores, enrojecí al percatarme que ambos me observaban bastante analíticos, a decir verdad.

—No quiero creer que este lío se ha desatado por usted, señorita O'Sullivan— la profunda voz del entrenador hizo eco en mi mente. Apreté los labios mirando al suelo.

Podía escuchar sus pasos alejándose pero no me permití volver a mirar hasta que pasaron unos 10 segundos en donde me mantuve totalmente inmóvil.

Solté una gran bocanada de aire observando mi alrededor. Todo esto estaba.. muy denso. Tenía tantas incógnitas en mi mente, y extrañamente no podía responder a ninguna de ellas. Solo pienso en Austin, ¿por qué?, ¿por qué a todo?. ¿Sion?, ¿qué ocurría por su mente?.

Con una excusa de apartar aquellos pensamientos sin respuestas de mi mente, proseguí a salir de los vestidores. Camine por el extenso pasillo desolado que conducía hacia la puerta del bloque A del edificio. Subí las escaleras hasta dar con el pasillo de secretaría.

—¿Crees que Keith también se encuentre allí?— Kendall estaba allí junto con Lay y Owen.

Mi rubia amiga estaba pegada a la puerta de la oficina del director, pegando su oreja a más no poder intentando escuchar. Lay también estaba en la misma posición, ambos se observaban mutuamente con las caras más concentradas que podían poner. Owen, de pie detrás de ellos, se masajeaba la sien mostrándose realmente frustrado.

—Quizás esté recibiendo la reprimenda de su vida— Kendall suspiró dramáticamente— Ser la chica más linda del instituto no es nada fácil, te entiendo amiga— se supone que me está hablando a mi..

—¿Al menos pueden oír algo? porque de nada sirve que anden como dos chicles pegados a la puerta— protestó Owen.

—Hey— hice notar mi presencia. Kendall dio un brinco asustándose mientras que Lay ahogó un grito y no tardó en retroceder torpemente pegando su espalda al pecho de Kendall, quien desapareció de mi vista cuando el cuerpo tiritando de Lay la cubrió por completo.

—¡Amiga!, oh Dios, creí que estabas allí dentro. Ni siquiera hubiera permanecido tanto tiempo tiesa pegada a la puerta si lo hubiese sabido desde un principio. Pff, obvio, ni que fuera tan curiosa.

Era gracioso que lo esté diciendo aún escondida detrás del cuerpo esbelto de Lay.

Lay carraspeó inflando el pecho como si hace solo unos segundos no hubiese estado tiritando del susto.

—Por lo que sabemos hasta ahora, ya que te vemos aquí, es que Sion y Austin están dentro. Junto con sus padres y el entrenador— Owen retrocedió hasta dar con los asientos de espera y se sentó sin más— Debemos de esperar a ver qué decisión toma el director.

—¿Sion está consciente? Digo, ese puñetazo se vio como que lo iba a mandar a ver a la Reyna Isabel en el infierno.

—Ya te digo. La verdad es que está un poco desconcertado, pero ya que despertó a los minutos, fue razón suficiente para mandarlo a la oficina del director de inmediato.

—¿Debería de preocuparme?— inquirí tomando asiento a su lado. Owen alzó una ceja observándome analíticamente.

—Mejor preocúpate por tu Romeo, creo que no saldrá cantando victoria.

—¿Sabes que ha pasado exactamente? ¿Qué fue lo que desató la pelea?.

—Bueno Keithsita, como que es un poco retórica esa preguntita— Lay me observó con obviedad— Creo que tenemos bastante claro quien fue el canal para que se lleve a cabo la pelea.— dijo señalándome de arriba a abajo.

Me niego a creer que Sion podría molestar a otro chico por una chica. Específicamente por mi. Porque es obvio que algo muy poco agradable le dijo a Austin para que reaccione con violencia. O eso, o que realmente no conozco mucho del peli negro y realmente es una persona violenta.

Honestamente Keith, hay tantas cosas que no sabes de mi.

Él lo dijo. ¿Qué es eso que no sé de él?, ¿hay algo en las palabras de Sion que lo alentó a sacar su violencia a flote?. Definitivamente tendría que preguntárselo. Solo esperare a que se calmen las aguas.

—No voy a juzgarte, Keith. Solo.. debes de tener las cosas claras de una vez— Owen me observó casi que con lastima— Conociendo a Sion, sé que es una persona que no descansa hasta obtener lo que desea.. pero, podría ser diferente. Esta vez es diferente. Tú estás con alguien, así que eso puede ser suficiente razón para que de un paso al costado.

—¿Quién lo diría?. Keith en un triángulo amoroso— Kendall se aguantaba las ganas de chillar mientras que yo me aguantaba las ganas de soltar una palabrota.

—En estos momentos me alegro de no ser Sion, honestamente— Lay pegó la espalda contra la pared y se deslizó hasta caer sentado al suelo. Kendall no tardó en imitarlo.

—Claro, si tú no hablas ni con una mosca.

Kendall no tardó en adquirir la mayor expresión de aturdida mientras que se quedaba tiesa totalmente. Lay no se quedó atrás, ambos nos miraban totalmente petrificados.

—¿Qué?— preguntó Owen.

—Estem.. ejem.. ¿como decirlo? jeje para que no decirlo de una forma tan..— se rascó la sien con el índice mirando al techo, pensando en que decir.

—Brusca.— Kendall lo ayudó. Alcé una ceja mirándola de brazos cruzados. Ella me sonrió abiertamente cerrando los ojos como una inocente empedernida.

—¡Brusca!. Si, ¿como decirlo?.

—¡Solo díganlo y ya!— bramó Owen, hastiado de todo esto.

—Puede que esté saliendo con alguien— susurró tan bajito que Owen y yo tuvimos que recostar los brazos sobre las rodillas para acercarnos más.

—¿Qué?— bramamos al unísono.

Kendall y Lay se observaron buscando ayuda uno del otro. Tragué las ganas de soltar una risotada cuando Kendall le hacía señas de que él hablara y él se señalaba a sí mismo como diciendo ¿por qué yo?. Luego ella volvía a hacerle señas. Comenzaron a debatir entre señales de humo, ambos olvidándose completamente de que no estaban solos.

Owen suspiró volviendo a recostarse por la espaldera del asiento. Los tres giramos a mirarlo rápidamente— A este ritmo seré el único que llegaré soltero a mi tumba.— farfulló.

—Fuerza hermano, estamos contigo— Lay movió la mano al aire, como si le estuviera dando unas palmaditas al hombro.

—¿Crees que se tarden mucho más?— le preguntó Kendall. Él la miró rápidamente.

—No lo creo. Recibir un castigo tarda menos de lo esperado. Recuerdo cuando me castigaron por hacer un dibujo en artes con mis mocos.

—¿En serio?, ¿como hiciste eso?— Kendall ladeó el rostro, como buscándole explicación de cuantos mocos podrían salir de la nariz de Lay.

—Fácil. Cómo el dibujo se presentaba luego de 3 días que se nos fue asignado, empecé desde el momento que llegue a mi casa. Fui quitándome los mocos dándole color al rinoceronte que había diseñado.

—¿Por qué un rinoceronte?.

—Se me hacen inofensivos.

—¿Y que te dijeron cuando lo entregaste?.

—Al principio la maestra creyó que era pegamento con color. Pero luego leyó el cuestionario que había completado, y en la parte en donde decía Materiales Utilizados, yo respondí mis mocos.

Ahh— ambos asintieron como unos tontos, comprendiéndose.

Owen y yo los observábamos entre estupefactos, asqueados, sorprendidos, petrificados, alarmados, y con cara de querer llamar a un psiquiatra ahora mismo.

—¡Lay, se supone que debes decirnos con quien estás saliendo, no comenzar a contar esa experiencia tan asquerosa!— Owen apretó los puños controlando las ganas de vomitar.

—¡Lo siento! ¡Creí que ya lo habían comprendido!.

—¡Si no te dije que lo he comprendido, evidentemente no lo he comprendido!— señalé lo obvio.

—¡Y si yo no te he dicho que lo he comprendido, evidentemente no lo he comprendido!— señaló Owen abriendo los brazos.

—¡Ya pues, Kendall y yo estamos saliendo!.

Silencio.

Kendall observó temerosa mi reacción, Lay sonrió rodeándola por los hombros. Owen puso los ojos en blanco como si ya se lo hubiese imaginado. Yo solo me quedé muda.

La traición, hermano.

¿Como? ¿cuando? ¿por qué? ¿para qué? ¿qué día?.

—Te lo quería contar, pero como tú estabas con lo tuyo con Austin..— Kendall enrojeció.

—Vaya.. ósea, podría haber sido tan evidente. Solo que no lo he notado. Yo.. de igual forma estoy contenta por ti. Y perdón por haber descuidado nuestra amistad.

Nunca sería una buena excusa dejar a tus amigos por un chico, Keith.

Maldito Sion.

—Perdón.— repetí. Kendall negó rápidamente.

—Oh, no te preocupes. Esta bien, Keith.

—Yo-

La puerta de la oficina del director se abrió cortando mis palabras. Kendall y Lay se pusieron de pie rápidamente, al igual que Owen y yo, mientras que veíamos a Sion salir de aquella habitación. Caminaba cojeando y mantenía una hielera entre sus dedos contra su ojo izquierdo. Él me miró y se detuvo a mitad de camino. Confusa observé cómo lentamente comenzaba a sonreír, una sonrisa diminuta pero con llena de cosas ocultas, y por sobre todo, con cierta burla de su parte.

Sus padres salieron tras de él y se detuvieron al vernos allí.

—¡Chicos!. Hace cuanto que no los veía— la madre de Sion, una mujer esbelta vestida con un vestido largo y bastante cargado, sonrió hacia Owen y Lay.

—Señora Popov.— Owen no tardó en hacer un asentimiento en su dirección.

—No me parece justo— la voz asustadiza e inocente de la madre de Austin se oyó desde adentro. Los padres de Sion se giraron a mirar dentro— Tengo algo más que decirle, por favor escúcheme..

—Mamá.— la voz de Austin sonaba con advertencia.

—Señora Wheeler, ya lo hemos dicho todo-

—Escúcheme señor director— de repente el desespero se apoderó de su voz— Se lo-

El señor Popov cerró de golpe la puerta tras de sí. Todos observamos a Sion cuando avanzó unos pasos para llegar hasta mi.

—Lo siento, Keith. Tu noviecito no podrá acompañarte al baile de Otoño— Sion abultó el labio inferior, fingiendo sentir empatía. Fruncí el ceño.

—¿De qué hablas?.

—Prohibieron su entrada al baile de otoño.. incluso no podrá ir al baile de invierno— Sion sonrió de lado antes de proseguir:— Y lo sacaran del equipo de futbol.— suspiró ruidosamente— Adiós capitánsito.

Observé cómo Owen lo sujetaba del hombro, deteniéndolo para que no siga hablando. Pero Sion solo me observaba a mi, seguía mis movimientos y cada parte de mi expresión. Al percatarse que no tenía pensado responder, murmuró algo que sinceramente no logré entender y se giró alejándose de mi.

Sus padres no tardaron en seguirlo. Ambos me echaron algunas miradas curiosas pero no dijeron nada, y fueron atrás de su hijo.

Mi primer instinto fue mirar a Kendall. Ella me observaba con pena. Parecía querer decir algo, pero solo se mantuvo en silencio, dándome mi espacio.

Y eso es lo que quería, un poco de espacio. Estar sola.

No podría mirar a Austin cuando saliera de aquella oficina. No iríamos al baile juntos. Ni siquiera por ir el uno con él otro. Él no estaría ahí.

Mi último año, y la primera vez que iría a un baile de otoño, y todo se había ido a la mierda.

A la grandísima mierda.

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