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Capítulo 07


Resulta ser que mi padre ha elegido un restaurante de esas caras para ir a cenar. Ahora tengo un grandísimo problema llamado «no sé qué ponerme para ir». Pues no es un secreto que poco y nada salgo de casa. Y si llego a hacerlo, definitivamente no es para ir a cenar a un restaurante de 5 estrellas. Así que si, tengo un pequeño, grande, problemita.

Estaba tratando de combinar una falda corta con un top con magas de tul, son mis favoritas y las más elegantes que tenía, cuando alguien golpea a mi puerta.

—Pasa.

La cabeza de mi madre se asoma, frunzo el ceño cuando echa un último vistazo afuera y entra presurosa hasta llegar a mi.

—Oye, debes de decirle a tu padre que no puedo ir a la cena.

La miro confusa. Ella mira a la puerta de nuevo, seguro temerosa de que en cualquier momento venga papá a mi búsqueda.

—Tú no estabas invitada— le digo. Ella me dedica una mirada mordaz.

—Lo estoy Keith, para que lo sepas. Tu padre me ha invitado y realmente no pretendo ir, así que invéntale cualquier excusa.

Suspiro. Es inevitable no maldecir a papá cuando hace este tipo de cosas, había dicho que solo seríamos él, su novia y yo. ¿Desde cuando salir con mamá a cenar era una buena idea?. Me giro a seguir observando mi vestimenta en el espejo.

—Tendrás que ir, el pago también depende por la cantidad de personas que entran en la reservación. Papá no pagará en vano por tu culpa.

—¡Me vale que pague demás!— masculló. Alcé la mirada encontrándome con la suya a través del espejo.— No debió de hacer la reservación sin avisarme antes.— dijo cruzándose de brazos.

—Entonces dile tú.

—Lo haría, pero no se despega ni un solo segundo de su novia— lo último lo dijo con una expresión asqueante en el rostro. Puse los ojos en blanco.— Dile que me toca turno de noche en el hospital.— comenzó a ir hacia la puerta.

—¿Por qué debo de decirle yo?— protesto mirándola. Ella prácticamente se gira como el exorcista, dando incluso miedo.

—Porque es por ti que ahora debo de aguantarlos en MI casa. En vez de ser agradecida, Keith O'Sullivan.

Ni siquiera me dio tiempo a responder cuando salió de mi habitación dando un portazo como una hermosa despedida. Solté una maldición comenzando a pensar en que haría. Mamá no podía no ir, sería una pérdida de dinero grande, para ser solo en una noche. Aunque bueno, la culpa en parte la tenía papá, ¿por qué no se lo dijo antes?, estoy segurísima que se ahorraría malos ratos de ese modo. Ahora tendría que pag-

Observé el florero que descansaba sobre mi escritorio, ese en el que iba adornado los lindos tulipanes que Austin me había obsequiado.

Mis propios pensamientos se cortan al saltar a otro en donde se me ocurre una espectacular idea. Sonrío corriendo hasta mi teléfono y tardo unos segundos en marcar el número, aunque al final lo hago, marco el número de mi querido amigo el don burlón.

—¿Alo? ¿Keith?, Dios, realmente debes de extrañarme bastante como para llamarme. Oye, apenas nos hemos visto hoy, es comprensible pero igual-

—Sion, cállate ¿quieres?.

—Oww, bueno. ¿Qué ocurre?.

Suspiré antes de pensar en si me arrepentiría o no de aquello. Aunque bueno, ¿tan malo podría estar ya la situación?. No digo que lo estaría si Sion- BUENO YA, ¿le vas a decir o no?. Si, voy a hacerlo.. pues venga.

—¿Te apetece ir a cenar conmigo y mi padre?.

Silencio.

Sion se toma unos segundos en responder, aquello me extraña un poco.

—Oh bueno, y su novia también, eh. Tiene novia por cierto, je je, es bonita, y alcanza la edad para no tener que llamarlo a él como un pedofi- ¿qué estoy diciendo?, bueno si, ¿irás o no?.

Muerdo mis labios extrañamente nerviosa, ¿por qué había dicho esas babosadas?. Dios, si que soy una idiota.

—¡Claro, voy en 10 minutos!.

Sonreí aliviada.

—Gracias Sion.

No tuve que dar tantas vueltas al final, porque después de todo mi elección me terminó por gustar, y demasiado. Me quede con el tul y la falda que me llegaba hasta los muslos, bueno, los que eran gruesos y bastante llamativos, tenía unas bonitas piernas, y por suerte, los tenía bien depiladas. Opté por llevar el cabello suelto, estaba bastante bonito ya que apenas me lo he lavado hoy, y bueno, ya que de por si es bastante lacio, no tuve que preocuparme mucho. Y también, luego de cortar la llamada con Sion, le escribí para decirle que la ocasión era de forma presentable.

Aunque bueno, dudo que Sion se viera mal incluso vestido casualmente. Es muy guapo, el condenado..

Bajé las escaleras y entrecerré los ojos al ver a mi madre, fingía ir de aquí para allá con su bata de enfermera entre brazos. Estoy segura que apenas crucemos la puerta, mandará a volar la prenda y se irá a dormir. Observé también en el salón que papá y su novia, Thalía, ya estaban listos. Al verme, papá hizo una mueca enfadosa.

—Lo siento por no haberles comentado. Al final, seremos sólo nosotros tres— empezó— Aunque bueno, fue lo que te dije desde un principio— dijo rascándose la nuca, nervioso.

Fingí pensarlo unos segundos hasta que negué suspirando.

—Hoy estás de suerte papá, he invitado a alguien para que vaya con nosotros.

Mamá, quien estaba cruzando el salón presurosa, se detuvo de golpe y giró a observarme de forma curiosa, mientras que mi padre comenzaba a poner una expresión juguetona en el rostro.

Oh, oh.

—Mi querida Keith, ¿es que ya tienes a un pololito por ahí escondido?— canturrea.

—¡Ojalá!— espeté haciendo un gesto con la mano.

Thalía rió mientras mi padre portaba una mueca desilusionada y mamá siguió con su actuación de «mujer en apuros».

Iba a decir algo cuando el sonido del timbre retumba en toda la casa, extrañamente aquello hizo que mi estómago se revolviera, haciéndome sentir ¿nerviosa?. Oh vamos, Keith. Ni que Sion fuera tu novio y lo vayas a presentar esta noche como tal.

—Ya te habías tardado— es lo primero que le digo al abrir la puerta.

Sion sonríe ampliamente y me repasa con la mirada descaradamente, así que yo lo hago también. Él sabía cómo combinar muy bien sus ojos azules con el color negro de su camisa, el cual iba por debajo de su chaqueta de cuero, color negro también. Tenía el primer botón del cuello desabotonado, dejándose ver la clavícula, dándole un aspecto bastante sexy, llevaba unos pantalones vaqueros color negro, y unos zapatos formales. Su cabello rubio alborotado y me sorprendió ver que llevaba una cadenita de plata colgando del cuello, hacia verlo aún más atractivo. Bueno, si podría serlo más..

Estas preciosa, Keith.

Realmente hubiese intentado no verme tan afectaba por sus palabras, pero era bastante inevitable cuando ya sabía que estaba totalmente roja de la timidez. Sonreí y justo cuando iba a decir algo, papá carraspea detrás de mi.

—Quisiera saber quien es el susodicho alguien que va a acompañarnos esta noche— dice el pesado, dirigiéndome una mirada significativa. Pongo los ojos en blanco señalando a Sion.

—Él es Sion, papá. Sion, él es mi papá— los presento sin dar mucho detalle.

—Mucho gusto, señor O'Sullivan. Soy Sion.

Si.. ya lo había dicho, Sion.

Ambos se estrecharon la mano y luego de presentarlo también con Thalía, los 4 decidimos a que ya era buen momento para partir en camino al restaurante. Con papá de conductor, Thalía de acompañante y Sion y yo en la parte de atrás, íbamos en el auto del mayor de todos.

—Me siento como si fuera el novio y ahora mismo nos vamos al civil para pactar nuestro amor— Sion prácticamente pegó su mejilla a la mía, susurrando.

—No digas mamadas Sion, yo contigo tal vez me casaría si fueras el último hombre en el desierto.

Sion giró a observarme ofendido, sus ojos azules brillaban bajo la luz de los faroles en las calles. Mi papá y Thalía eran totalmente ajenos a nosotros, pues iban charlando entre ellos y encima la música sonaba de por medio, proveniente de la emisora.

—Me ofendes, Keith. Yo si me casaría contigo aunque hubieran miles de mujeres más.

Trate de que aquel comentario no me afectara y puse los ojos en blanco. Él negó aún mirándome, como si yo fuera la culpable de todas sus desdichas.

Llegamos al dichoso restaurante, era un gran salón con muchas, pero muchas, mesas distribuidas por el alrededor, y un enorme candelabro colgaba en el medio mismo, justo por arriba de donde empezaban los escalones para ir al segundo piso, las paredes eran de vidrio y la decoración era de estilo moderno. Todo se veía bastante.. caro.

Me sujete del brazo de Sion, como si este se me fuera a perder, cuando pasamos a verificar la reservación y luego ya nos encontrábamos siendo guiados hasta nuestra mesa, el cual estaba en un buen ambiente, justo al lado de un ventanal. No tardé en tirarme, prácticamente, en el asiento al lado del ventanal, y Sion se sentó a mi lado y mi padre junto a Thalía, frente nuestra.

—Creo que moriré por desnutrición si no comemos ya ahora— protestó papá.

—Vamos cariño, paso a paso, no seas aguafiestas.

Papá le dirigió una mirada suplicante, como si esperara a que Thalía le hubiera dado la razón. Reprimí una risa burlona.

—A ver— le arrebató la carta del menú— Veremos qué hay para la entrada, ¿está bien, cariño?.

Papá hizo un gesto como de ya que soltando un bufido. Thalía nos observó afable.

—¿Que desean ordenar, chicos?. ¿Quizás unos aperitivos primero?. Aquí dice que el deleite de entrada siempre son los canapés con variación incluida.

—Estamos bien con eso.

Pedimos los canapés y no me sorprendió que, al cabo de unos segundos, papá soltara su gran intriga.

—Y bien, ¿ustedes.. mhm.. son..— empezó.

—No somos novios papá— bufé mirando de reojo a Sion, quien bajó la cabeza soltando una risita apenas audible.

—Vamos al mismo instituto— lo escuché decir. La mirada curiosa de papá aumentó.

—Se llevan muy bien, ¿no?. Pareciera ser que son no-

—¡Papá!.

—¿Qué?— fingió inocencia— Solo digo lo que opino.

—¿Por qué pareceríamos novios? ¿solo por qué lo he invitado?— proteste cruzándome de brazos.

—Pues, que yo sepa, nunca haz tenido amigos.

Sion rió deliberadamente.

—Me es imposible creerlo.

Lo miré de mala manera, ganándome un guiño de su parte.

—Pues perdona don tengo diez mil amigos..

Tampoco a la pavada. Mis amigos solo son Owen y Lay.

—Pues.. p-pues, que le den a tus amigos— masculle enfurruñada. Sion giró completamente su cuerpo hacia mi, ligeramente entre sorprendido y divertido.

—Vaya, no sabía que el no tener amigos te afectaría tanto.

—¡Yo si tengo amigos!. Tengo a Kendall y a Jimmy, y son los mejores amigos del mundo.

Casi podía sentirlo riéndose de mí abiertamente, pero sabía que no lo haría, al menos no en frente de mi padre. Más sin embargo, si embozó una sonrisa socarrona, aquello solo hizo que me enrojeciera aún más. ¡Sin razón alguna!. Maldito Sion, que tenía el poder de hacerme sonrojar sin sentido.

—Oh, y no olvides al mejor— dijo golpeando su pecho con orgullo.

—Me he olvidado del peor, lo siento.

Quizás pretendía enfadarlo pero obtuve todo lo contrario, él me miró de una forma extraña, realmente no supe interpretarlo pero sabía que no era una expresión rara hacia mi. Más bien, parecía gustoso con la situación..

—Keith tiene novio, Keith tiene novio.— papá comenzó a canturrear. Thalía puso los ojos en blanco, divertida con la situación.— Los que se pelean, se aman— señaló de forma infantil.

—¡Papá!— protesté.

—Pero dime Sion, ¿cuantos años tienes?, ¿tus padres, a que se dedican?.— le preguntó al rubio a mi lado, ignorándome olímpicamente.

—Tengo 17 años, señor O'Sullivan. Y mis padres, son abogados.

Thalía, quien en todo este tiempo había permanecido callada, lo miró asombrada, al igual que yo, y papá también.

—¿Ambos?.

Sion sonrió levemente al ver nuestras caras estupefactas.

—Así es..

Vaya, sus padres han de cagar trozos de diamantes..

Bueno, si es que realmente les va bien en aquella profesión. Lo cual no lo dudo, solo con saber que Sion tiene un automóvil Tesla, que ya vive sin sus padres, y es independiente, puedo deducir que le han dado todas las bases para llevar aquella vida.

—Es una buena profesión— señaló papá— ¿Y tú a qué quieres dedicarte cuando termines el instituto?.

Sion se lo pensó unos segundos, quizás pude ver un atisbo de nerviosismo en sus ojos, pero no estaba segura.

—Quiero estudiar medicina.

Wow, medicina.. realmente es una excelente carrera. Ya hasta me lo imagino a él, un chico novato de metro ochenta caminando por los pasillos de un hospital, con bata y unos lentes, sin aumento claro, pero solo para darle el detalle al atractivo hombre que vaya por ahí operando gente y salvando vidas. Me gusta.

—Pues te deseamos suerte en ello— le dijo papá.

Sion sonrió de forma tímida, antes de asentir.

—Pero ya, hablemos de ustedes.

Papá me miró como quien se hiciera el distraído para evitar ser interrogado. Entrecierro los ojos mirando mejor a Thalía.

—¿Como se conocieron?, ¿fue mi papá quien sacó a relucir la labia?— la miré intensamente, esperando no verme tan curiosa, pero es obvio que era exactamente como me veía. Thalía comenzó a reír.

—Así es..— empezó— Nos conocimos hace 8 meses exactamente, en la boda de unos amigos en común, y.. mhm, esa misma noche estuvimos juntos— confesó. Sion y yo soltamos una exclamación de sorpresa, ambos adultos frente nuestra comenzaron a sonrojarse— ¡No lo malinterpreten!, b-bueno.. ya saben— Thalía bajó la mirada un tanto avergonzada, pero sin borrar la sonrisa de su rostro— Estábamos borrachos.. y una cosa llegó a la otra, a mi me gustó y..— miró a papá de reojo, quien estaba sonriendo pensativo.

—Fue amor a primera vista— dijo él.

Thalía soltó una risa tímida golpeando su hombro, y no tardó en recostar la sien por su hombro. Una sensación agradable y recorrió mi corazón al verlo tan contento, sus ojos brillaban mientras recostaba su cabeza sobre la de su novia, ambos cuchicheaban entre ellos, olvidándose por unos segundos de Sion y de mi.

Miré al rubio a mi lado, quien sonreía ampliamente.

—De hecho..— papá carraspeó volviendo a llamar mi atención— Esta cena es para oficializar con Thalía, y Keith, quería hacerlo contigo presente.. ya sabes, eres lo único, y más importante, que tengo como familia, y bueno, a tu madre solo estoy unido por ti, por eso quería que asista pero..— pasó la mirada entre Sion y yo— Estoy conforme con que Sion esté aquí.

—Es un honor señor O-

—Oh vamos, llámame Dean, se sentiría menos formal— dijo haciendo un gesto despreocupado con las manos.

—¿Oficializarlo con Thalía?— inquiero— ¿Que no eran novios ya?.

—Oh lo siento, lo siento.. es decir, quería contarles de nuestro compromiso.

Una enorme sonrisa iluminó el rostro de Thalía, quien alzó su mano mostrando un hermoso anillo de diamantes. Miré el objeto, pasmada.. ¿qué?, ósea.. ¿qué?. Escuche quizás a lo lejano como Sion comenzaba a felicitarlos, incluso se paró a darle un abrazo a mi padre, reían y asentían mientras yo trataba de asimilarlo. ¿Mi padre realmente había encontrado a su verdadero amor?. Es realmente sorprendente, pues lo he visto con cinco novias a lo largo de mis 17 años, y nunca pero nunca llegó ni siquiera a comprometerse con alguna.

Así que ahora si, es la indicada, al parecer.

Parpadeé varias veces cuando sentí un codazo de parte de Sion, quien se había sentado nuevamente a mi lado. Me dirigió una mirada confusa cuando veía que no reaccionaba. Rápidamente carraspee.

—Vaya, muchas felicidades— dije al fin. Sonreí sinceramente cuando el suspiro de alivio de Thalía llamó mi atención.

Un sollozo repentino hizo que los tres giráramos a observar a papá. Había comenzado a llorar.

—¿Cariño, te encuentras bien?— Thalía posó una mano en el hombro de él.

—Oh claro, solo me está ganando la emoción, r-realmente.. r-realmente me pone feliz.. p-poder contarlo al fin, y más si es a Keith, y-yo..

—Oh, cariño..

Sion me dio otro codazo, lo miré ceñuda y él comenzó a hacerme señas, al instante entendí que debía acercarme a papá. Me paré y rodee la mesa, apenas llegué a su lado, papá abrió los brazos para recibirme. Sonreí abrazándolo.

—Enhorabuena papá, estoy muy feliz por ti— dije, sinceramente lo sentía.

Aunque pareciera ser muy precipitado, ellos ya son adultos, saben lo que hacen. Y si casarse les hará feliz, pues muy bien por ellos. Apoyaría a papá pase lo que pase.

Después de aquel mini show montado por papá, llegaron los canapés y al cabo de un largo tiempo después, llegó la cena, que consistía en carne asada con papas. Tuvimos una grata cena, compartiendo anécdotas y riendo de cualquier ocurrencia de Sion, quien cayó muy bien a mi papá y claro, a Thalía, quien resultó ser una mujer bastante extrovertida, al cabo de unas copas de vino después, comenzó a parlotear de su vida, contando sus experiencias en países vecinos que había visitado, y su alegría por el trabajo que ejercía, es veterinaria. He pillado unas cuantas veces a papá detallándola, se veía como un romántico empedernido, sin apartar la mirada de ella, con ese brillo de ilusión en los ojos. Se veían bastante bien juntos.

Ya íbamos saliendo del restaurante cuando nos detuvimos a un lado, a la espera del coche de papá.

—Espero que la hayas pasado bien— le dije a Sion.

Papá y Thalía estaban a unos pasos alejados de nosotros, pude ver como él se quitaba el abrigo para ponérselo a ella, quien lo miraba ensimismada, con una sonrisa curiosa en el rostro. Él rió negando cuando la pobre casi cae por el tambaleo que la embriagues le daba. Al cabo de unos segundos, permanecieron abrazados mientras conversaban de quien sabe qué.

—Lo he pasado genial, Keith. Incluso te agradezco de haberme invitado a mi.

—Ni lo digas, creo que la cena pasaría en conversaciones amenas si tú no estabas, nos haz hecho reír bastante.

Sion soltó una risa diminuta, sus ojos, como habitualmente ocurría, comenzaban a brillar bastante, los azules de ellos relucía y su cabello rubio estaba desordenado.

—Le haz caído muy bien a papá— mencioné.

Sion suspiró asintiendo.

—Pude notarlo, ojalá te cayera así de bien a ti— pude ver cómo me miraba de reojo. Fruncí el ceño.

—Me caes bien, Sion.

El asintió.

—Pues si, estoy bien con ello.

No le estaba entendiendo, e iba a preguntar para indagar más en lo que piensa, cuando cualquier pensamiento racional abandonó mi mente en el momento que comenzó a quitarse la chaqueta. Apenas parpadeé cuando me rodeó con ella y la reposó sobre mis hombros. Inevitablemente entreabrí los labios cohibida, levante la cabeza para observarlo mejor, ya que se había acercado mucho a mi, su estatura era evidentemente alta frente a la mía. Sion me observó unos segundos, quizás hasta recorrió mi rostro con sus ojos, detalló mis labios hasta que al final mordió los suyos, alejándose nuevamente.

—Hace frío, Keith.— dijo volviendo a su lugar, a un lado mío.

—Pero-

—Me enojaré si te lo quitas— cortó, cuando vio que justo es lo que pretendía hacer.

—Yo.. mhm, gracias Sion.

Él sonrió restándole importancia.

—Me preguntaba..— empezó. Lo miré con evidente curiosidad— ¿Quieres ir mañana conmigo a un lugar?.

—¿Qué lugar?— inquiero. Sion sonríe de lado.

—Ya lo verás.

—No he dicho que si— enarco una ceja, Sion se relame los labios y no tarda en mirarme de forma burlesca.

—Sé que no me dirás que no, Keith.

¿Por qué Sion podía hacer que me olvidara completamente de todo con solo una mirada de su parte?. Mientras que me miraba, ahora, con ese deje burlón en los ojos, quizás podía sentir mojarme ahora mismo con ese simple gesto. Más si volvía a relamerse los labios, como lo estaba haciendo ahora. Trago saliva ruidosamente, aquello solo hizo que mandara su mirada a mi cuello. Sonrió de lado, y yo solo no podía apartar mi mirada de él, no podía.

—¿Sabes..?— me observó unos segundos, hasta que negó con la cabeza— Olvídalo.

—¡Oye, no!. ¿Qué ibas a decir?, dímelo dímelo— exigí. Apenas había comenzado a hablar y ya me entró una curiosidad inmensa. Él me observó divertido.

—Veo que andas bastante curiosa.

—Si si, como digas. ¿Qué ibas a decir?.

—Realmente no era nada.. mhm, yo.. te iba a hablar sobre el proyecto, si, el proyecto en el que nos asignaron juntos— asintió.

Lo miré desconfiada.

—Si era solo eso no empezarías como lo hiciste. Estoy segura que es algo más.

—No lo es.

—Si lo es.

—Que no lo es.

—Si.

—No.

—No lo es.

—Si-

—¡Lo sabía!, anda, cuéntame— sonreí victoriosa. Sion me observó fingiendo indignación.

—¡Eso es trampa!.

—¡Sion!— proteste.

—Vale, vale. Te lo diré.

Me acerque más a él, totalmente curiosa a lo que vaya a decir, incluso me alcé de puntitas para escucharlo mejor, me sujete de su hombro para evitar caer cuando esperé paciente a que hablara. Él me observó divertido, se tomó unos segundos mientras sonreía.

—¡El que llega último es un huevo podrido!— y salió disparado hacia la calle. Me tambalee en mi lugar desconcertada.

Sion iba corriendo en dirección al auto, ni siquiera me percaté cuando llegó. Y papá junto a Thalía ya nos esperaban dentro.

—¡Sion, tremendo hijueputa!— vociferé, corriendo tras de él. Sion comenzó a reír alcanzando a llegar hasta el auto primero, hasta que se detuvo abruptamente para esperarme.

—Soy un huevo podrido— dijo, cuando llegué y se hizo a un lado para que entrara primero al auto. Me sonrió de forma angelical ofrecieron su mano.

—Eres malo, Sion. Muy malo.

Aún así no pude evitar sonreír al tomar su mano, los cuales estaban calientes y bastante suaves, una sensación de cosquilleo recorrió en la zona baja de mi estómago, aunque bueno, luego de un leve cosquilleo sentí como grandes animales revoloteando en mi estómago, me había puesto nerviosa, con solo tocar su mano. Quizás lo sentí reír a un lado mío cuando pasé a sentarme en el asiento, me deslicé lo suficiente para dejarle un espacio y luego subió al auto también.

Segundos antes de llamar a Sion para que vaya con nosotros al restaurante, lo admito, había pensado primero en Austin. Y después, grande fue mi sorpresa cuando su rostro en mi mente fue reemplazado rápidamente por Sion, y no sé porqué, solo sé que rápidamente dije que si, solo apareció Sion y me dije si Keith, debes de invitarlo.

Creo que no me arrepiento para nada, como tampoco me arrepiento de haber querido que fuera Sion.. y no Austin.

*

Mueve ese lindo trasero, Keith. Vamos tarde— Sion protesta.

Suelto un jadeo por el esfuerzo de estar caminando de forma acelerada por detrás de Sion. Estamos subiendo un cerro. Si, como leyeron, estamos subiendo un miserable y asqueroso cerro. Estaba que me moría de tanto que ardían mis pobres piernas, incluso ni las sentía ya. Paré unos segundos flexionando las rodillas mientras respiraba pesadamente. Sion, quien iba por unos 5 metros delante mío, se detuvo al percatarse de que ya no lo seguía. Se giró a observarme y no tardó en volver sobre sus pasos, llegando a un lado mío.

Muchas personas desconocidas subían a la par nuestra. No somos los únicos que venimos hoy a visitar este grandioso cerro, había cientos de personas igual o peor que yo, quienes no podían ni con su propio peso y se dejaban caer a un lado nuestro.

—¿Estas bien, Keith?.

Me sorprendió oír el tono preocupado en su dicción. Volví a jadear mientras asentía, pedí por agua como pude.

—¡Demonios, Sion!, si me hubieras dicho que vendríamos a un maldito cerro ni me hubieras visto ni el pelo fuera de mi casa.

Sion comenzó a reír mientras me ayudaba con el cabello enmarañado, y mientras seguía hidratándome, él me rodeó para comenzar a atar mi cabello con la goma que me quitó de la muñeca.

—No te quejes, abuela. Incluso te ayuda a estar en forma— dijo al cabo de terminar con mi cabello, sentía la suave brisa rozar mi cuello desnudo cuando Sion dejó caer las manos en cada lado de mi cadera. Casi pude sentir el poco aire que me quedaba, abandonando mis pulmones. Sion dio unas palmadas antes de volver a rodearme, dejándome presenciar su amplia sonrisa, sus tiernas pecas se denotaban bastante bajo la luz del sol.

—Ni siquiera me sorprende ese animo que te cargas. Aún no puedo entender cómo es que la mayoría de los hombres aguantan 90 minutos en una cancha.

Sion puso los ojos en blanco, divertido.

—Lo aguantarías también si llegas a acostumbrar a tu cuerpo— respondió. Sion me observó unos segundos, su melena rubia se adhería por su frente gracias al sudor, se veía guapísimo y muy, muy, caliente.

Ya comenzaba de nuevo a experimentar esos agigantados animales revoloteando en mi estómago, cuando Sion decidió que era buena idea comenzar a secar el sudor de mi frente con sus manos.

—¡Que asco, Sion!, mi sudor-

—No es asqueroso, Keith.— Sion negó dándome un manotazo cuando pretendía apartarlo. Con la palma de la mano comenzó a secar mi frente, apartando los pelos sueltos con su otra mano, lo observé incluso tarareando una melodía extraña totalmente ensimismado en su labor. Limpiaba cada parte de mi rostro, hasta mi cuello, limpiando el sudor por su short deportivo.

Si, era totalmente asqueroso, pero a él no parecía importarle.

Ya hasta lo imaginaba lamiendo mi sudor, lo que faltaba..

—Que tierno..

Observé de reojo como una pareja pasaba por nuestro costado, la novia le hacía señas a su chico mientras cuchicheaban entre ellos. Volví a mirar a Sion, quien era totalmente ajeno a que estaba comenzando a llamar la atención. Un grupo de amigas también, quienes iban pasando, nos miraban totalmente embelesadas, una de ellas comenzó a golpear el brazo de otra totalmente emocionada, los cinco pares de ojos nos miraban con total ilusión mientras devoraban, de paso, con la mirada a Sion.

—Listo— dijo él.— Vamos, Keith. Nos falta poco, y el espectáculo de luces ya va a empezar— Sion tomó mi mano mientras que con la otra libre sujetaba la botella de agua que hemos traído. Me sonrió estirando de mi para que comenzáramos a caminar.

Ni siquiera sé cómo lo hice, pero lo que sí sé es que mi principal motivación fue observar el perfil de Sion por todo lo que restaba de nuestro camino. Observaba cómo iba sonriendo como un tonto mientras acariciaba el dorso de mi mano con su pulgar.. ni siquiera le importaba que nuestras manos juntas comenzaran a transpirar. Incluso hice un amago de soltarlo, a lo que él presionó más fuerte su agarre, pero sin llegar a lastimarme.

Llegamos a la cima del cerro y nos hicimos paso entre la gente que comenzaba a amontonarse por las barandillas que dividían nuestro lado con el lado de la bajada, desde aquí se veía toda la inmensa ciudad de Toronto, miré a Sion asombrada a lo que él me sonrió asintiendo, sabía lo que pensaba, esto estaba hermoso, me daba escalofríos de solo mirarlo.

El sol se estaba escondiendo cuando la gente esperaba paciente a los fuegos artificiales que darían espectáculo dentro de unos minutos.

—Necesito grabar esto— musité. Saque mi teléfono del bolsillo en tanto Sion se posicionaba detrás mío.

Sentí mi cuerpo entero paralizarse cuando Sion me presionó contra la barandilla, y me encerró allí con sus brazos en cada extremo de mi, pude observar sus manos cerrándose contra la barandilla, me estaba protegiendo como un escudo humano por la gente que comenzaba a aglomerarse y empezaban a dar empujones para ver con mayor detalle todo el show. Giré un poco la cabeza y observé el rostro contraído en molestia de Sion. estaba siendo empujado por varias personas, su mandíbula se tensaba mientras hacía todo lo posible para no impactar su cuerpo contra el mío.

Quizás fueron unos largos segundos en lo que me quede observándolo, hasta que sacudí la cabeza, tratando de restarle importancia a que tenía a Sion Popov presionando su dura anatomía contra mi espalda, sabía que si me movía un poco más para atrás, podía sentir su miembro contra mi espalda baja. No es como si la ropa deportiva que llevábamos puesta nos impidiera sentirnos, era todo lo contrario, cuando Sion se acercó aún más por culpa de ser empujado, pude sentirlo. Apreté los labios totalmente nerviosa, los dedos alrededor de mi teléfono me temblaban mientras mi corazón latía desenfrenado.

Esto ni siquiera había empezado y ya quería salir huyendo. ¿Por qué me sentía de esta forma?, ¿por qué.. quería restregarme hacia atrás?. Tragué saliva volviendo a sacudir la cabeza.

—Contrólate, Keith— susurré. No tardé en sentir su aliento mentolado por mi mejilla.

—¿Haz dicho algo?.

—Y-yo.. mhm, no, no dije nada.

Observé de reojo cómo sonreía de lado y volvía su atención al frente, alejando su rostro del mío. Solté un bufido sintiéndome como una maldita adolescente hormonal.

Bueno, es exactamente lo que soy..

El sol se iba escondiendo mientras yo esperaba ya impaciente con la cámara del teléfono encendida. Las personas al fin habían dejado de empujar, y gracias a Dios, ya no sentía ciertas partes del cuerpo de Sion rozar con mi espalda. El fresco comenzaba a apoderarse junto al atardecer, comenzaba a sentir escalofríos cuando, por fin, los juegos artificiales comenzaron.

Sonreí mirando a Sion, él me devolvió el gesto para luego reír cuando comencé a dar saltitos de la emoción. No tardé en dar click en "grabar" captando los colores azul, rojo, verde y muchos colores más que se adueñaban del cielo.

Este espectáculo de luces se dan cada otoño, aprovechando la única semana que es de total temperatura alta como lo fue hoy, todos salimos a visitar los cerros más altos para ver los juegos artificiales, y de paso, compartir con amigos. Personalmente, me he olvidado por completo de esta fecha, ni siquiera sabía que vendríamos hasta que Sion estacionó su automóvil frente a los enormes portones que daba la entrada a esta arribada.

—¡Mira!— el índice de Sion señaló hacia el cielo.

Maravillada observé cómo arriba mismo del espectáculo, se alzaba uno igual, solo que se vislumbraba algo escrito. «¿Quieres casarte conmigo?», decía en lindos colores azul y rojo. En algún punto de esta gran aglomeración se encontraban esta pareja y de seguro la mujer ya estaba recibiendo el anillo. La quisquillosa idea de que me pidieran matrimonio de tal forma mandó escalofríos a todo mi cuerpo. Es una bonita manera de propuesta, después de todo.

Al término de todo el show, Sion y yo nos dispusimos a retomar nuestro camino para ir bajeando por el cerro. Altos faroles se alzaban por todo el camino, acompañado también con la grandiosa luz de la luna. Observé de reojo a Sion, él estaba ensimismado en sus pensamientos, a decir verdad, no había hablado desde hace minutos antes de alejarnos de la multitud. ¿Qué le pasaba?.

—Oye, si estás arrepentido de haberme traído a mi, puedes decirlo— traté de bromear. Sion me observó confuso.

—¿Que quieres decir?.

—No lo sé, quizás.. ¿quisiste traer a alguien más?.

Mordí mi mejilla interna, observando cómo su expresión se intensificaba a una más confusa.

—No hay alguien más, Keith— dijo, mirándome.

—¿Y por qué traes esa cara?.— Sion soltó una escasa risita.

—¿Qué cara se supone que traigo?— inquirió.

—Bueno.. la tuya pues..— él me observó divertido— Aunque si de expresión habláramos, pareciera que te estás arrepintiendo de todos tus pecados— musité. Sion se tomó unos segundos hasta que soltó una vaga carcajada.

—Ya, lo entiendo. No es nada, Keith, solo estaba pensando..

—¿En que pensabas?.

—¿Otra vez siendo tan curiosa?.

—¡Oh, vamos!. Solo dímelo.

Llegamos a un lado de su auto y él me dedicó una radiante sonrisa, tanteó con la manija de la puerta antes de hablar.

—¿Salimos mañana?.

Solté un resoplido.

—¿Me llevarás a otro cerro para subirlo?.

Sonrió de lado.

—Siempre puedo llevarte a subir a otra cosa, Keith— murmuró.

Levanté la mirada y fue inevitable no sonrojarme cuando observé la mirada pícara que me estaba dando. No supe que decir, así que me limité darle un golpe en el hombro. Sion comenzó a reír.

—Te llevaré a que conozcas mi pasatiempo.— Sion abrió la puerta de acompañante para mi— ¿Aceptas?.

Fingí pensármelo hasta que puse los ojos en blanco, divertida.

—Ya qué.

Aquello pareció ser suficiente para hacerlo sonreír y dejarme el paso para subir al auto. Poco después, ya me encontraba sana y salva en casa. Al día siguiente, Sion pasó por mi por la mañana, no tan temprano, quizás a las 10.

—Mira a aquellos traidores, Owen. Ahora ya hacen planes sin nosotros— Lay, quien estaba del otro lado de la calle, saliendo de la mansión de Owen, nos miró con total desaprobación. Owen en cambio, solo nos miraba, inexpresivamente.

—No estés triste Lay, sé que quieres pasar tiempo conmigo pero, tú sabes, no siempre puede ser posible— Sion abrió la puerta de acompañante para mi mientras alardeaba sobre ser el mejor del mundo, blah blah.

—Ya quisieras— vociferó Lay, llegando también hasta el auto de Owen— Ojalá la comida les sepa horrible hoy— sonrió divertido— Nosotros iremos al McDonalds— canturreó. Subió al auto mientras sacudía la mano en modo de despedida.

—Que se diviertan— fue lo que dijo Owen, antes de subir al auto.

Hicimos lo mismo, y en cuestión de minutos ya estábamos recorriendo la autopista. Sion iba tarareando una canción, me pareció escuchar que era una muy conocida, pero no lograba distinguirla. En cambio yo, un tanto ansiosa, jugaba con el borde de mi vestido rosa que llevaba hoy, había decidido usarlo junto con un calzado blanco. Mi cabello lo recogí con una pinza y dejé algunos flecos sueltos. Observé mis senos, los cuales, gracias al encaje del vestido, hacían que se pronunciaran bastante, y la cadena que llevaba se perdía entre ellas. Un sonrojo de vergüenza adornó mi rostro.

—Estás hermosa— Sion giró a observarme, extrañamente pareciera como si estuviera leyendo mis pensamientos, solo hizo que me sonrojase aún más. Carraspee apretando las piernas, de repente me sentía.. calurosa..

—Mhm.. gracias.

Sion sonrió pero no dijo nada más, solo me echó una última mirada antes de acelerar en el camino. Él maniobraba con los cambios haciendo que en el proceso su mano esté muy cerca de mis piernas desnudas. Inevitablemente la boca se me secaba cuando bajaba la mirada a observar sus largos dedos y como un anillo adornaba el anular de ellos. Tenía una mano bastante grande, casi podía imaginarlos agarrand-

¡BASTA KEITH!. OTRA VEZ DELIRANDO.

LO SIENTO. Es que si está guapo el condenado..

¡PUES NO LO ES TODO!.

Tienes razón.. pues también sabe cómo ponerme nerviosa.. y ansiosa.. y-

BASTA.

Lo observé de reojo viendo cómo sonreía. ¿Por qué sonreía?, ¿no me estaba enterando de algo?. ¿Por qué tenía esa mirada burlona en el rostro? ¡ahg!, quería borrar esa sonrisa de un madrazo nomás ya. Como quisiera..

Lo que quieres es besar esos labios, no borrar la sonrisa en ellos.

CÁLLATE.

—Llegamos— anuncia él. No me había percatado de que se había girado a mirarme, así que seguro me había pillado observándolo ya desde hace minutos.

Dios mío, que vergüenza  *llora*

Sacudí la cabeza, tratando de apartar cualquier vergüenza de mi mente cuando bajamos del auto. Estábamos en un.. ¿taller?. ¿Por qué estábamos en un taller precisamente?. Aunque bueno, tan rápido como lo pensé, la respuesta llegó por si sola cuando observé a Sion. Él me sonreía entusiasta mientras agarraba mi mano para comenzar a estirarme para cruzar el portón de viejos hierros y desaliñada pintura.

Observé el alrededor, viendo cómo tres chicos y un señor de mediana edad, se estaban ocupando de un automóvil, dos de ellos precisaban los cables que iban por debajo del auto, así que solo podía verles las piernas, y otro chico estaba observando por delante, la batería y demás cosas que desconozco, he de decir. Mientras tanto, el señor, anotaba lo que el chico le iba diciendo en una libreta entre su brazo.

—¡Tío Zack!.

Sion hizo notar nuestra presencia y fue cuestión de segundos para que los dos chicos bajo el auto, se deslizaran con una especie de patineta que tenían bajo ellos, y nos observaban curiosos, casi quise reír al verlos totalmente con la cara manchada de color negro por la suciedad que había caído sobre ellos, pero lo que más llamó a mi atención es que eran dos chicos totalmente idénticos, no dudaría en decir que son gemelos. Ambos rubios con el característico color azul en sus ojos, y la sonrisa socarrona que me hacía recordar a cierta persona que tenía a mi lado. No cabe duda que son primos de Sion, e hijos del señor Zack, quien ya se acercaba a nosotros con una sonrisa afable en el rostro.

—Sion, hasta que llegas. ¿Y que tenemos aquí?, ¿Haz traído a tu novia?— la mirada curiosa de los cuatro pares de ojos sobre mi, hizo que me escabullera, solo un poquito, detrás de Sion.

—¿Novia?, un monumento es lo que ha traído— dice uno de los hermanos— ¿A que si Ray?.

—Oh, ya lo creo Rayne— respondió el otro.

Ambos comenzaron a acercarse, dejando de lado sus herramientas, sin embargo, no dieron un paso más cuando el otro chico, quien supervisaba la parte delantera del auto, se adelantó a detenerlos.

—Alto ahí, par de erres— el chico, quien parecía ser unos años más mayor que nosotros, quizás unos 22 años, los sujetó de la oreja a cada uno.

—¡Auch!, acabo de hacerme el pircieng ayer..— se quejó, quien creo yo, era Rayne. Y al parecer aquel pequeño detalle no lo sabía el señor Zack, ya que no tardó en girarse a observar al chico— Oh, oh..

—La haz liado, tío— le dijo Ray.— ¡Auch, Scott, suelta!. ¡Papá, dile algo!.

—¿Como así que te haz hecho el pircieng, Rayne?. ¿Que te he dicho yo sobre esas cosas del demonio?— lo señaló con el índice. Sion a mi lado comenzó a reír mientras observaba la escena.

—Ni lo digas papá, ya sabré yo que es del demonio. Dolió como el mismísimo infierno- ¡¡AUUUUSHHH!!!!!, ¡ME QUITARÁS LA OREJA SCOTT, REPITO, ME QUITARÁS LA OREJA!.

—A ver si aprendes, Rayne— respondió él, poniendo los ojos en blanco, y al fin soltándolos.

—A ver cuando aprendes a hacerme caso— el señor Zack se acercó y con la libreta en sus manos, comenzó a darle por el hombro.

—Auch!, para!, ¡PARAAAAAA!— chilló comenzando a huir de su padre, quien no dudó en seguirlo.

Ray comenzó a reír como un tonto siguiéndolos con la vista, mientras masajeaba su oreja roja, luego su atención volvió a nosotros, mientras Scott se cruzaba de brazos, también observándonos.

—Así que vienes a presentarnos a tu novia, un poco presumido de tu parte, ¿no lo crees, primo?— dijo Scott. Puse los ojos en blanco.

¿Por qué todos en este maldito planeta asumen que es tu novio solo por estar acompañado de un ser masculino?. Que si mi novio era Owen, según los ancianos del asilo, que si mi novio era Austin, según su madre y su hermanita, que según Sion es mi novio, según mi padre y ahora sus primos. ¡Y ya lo creo que ayer lo pensaron también las personas que pasaban observándonos en el cerro a donde fuimos!.

—Ya quisieras tú, Scott— responde Sion.— Ella es Keith, mi linda amiga, Keith— me presenta. Sonrió estirando mi mano hacia Scott, sin embargo, es Ray quien la recibe, adelantándose frente a su primo.

—Oh, chistaya krasota— musita, y no duda en repartir besos en mis nudillos.

Observo extrañada a Sion, quien le fruncía el ceño a su primo, pero al sentir mi mirada, me observa también.

—¿Que no eras ruso?— le pregunto, él asiente confundido— ¿Y este qué? ¿trae descendencia francesa consigo?.

Sion me sonríe y no tarda en darle un golpe con los dedos en la cabeza a su primo. Alejo mi mano cuando él retrocede unos pasos, sobándose la frente.

—Mucho gusto, Keith, soy Scott— se presenta cordialmente el chico, al igual que los demás, era un hombre rubio, pero sus ojos, distinguidos, eran de color miel. Pasa por el lado de Ray, y no paso por alto que le pisa el pie adrede, y Ray se muerde los labios para evitar soltar un quejido, cuando recibo la mano de Scott veo de soslayo que Ray comienza a saltar sobre un pie, sobándose el otro.

—El gusto es mío— le sonrió a Scott.

—Bien, ¿habrá trabajo que hacer?. Ansío mostrarle a Keith lo que hacemos aquí— dice Sion.

—Unos cuantos, si, una moto ha llegado esta mañana— dice el señor Zack, volviendo con Rayne siguiéndolo de cerca. Me derrito superficialmente por la ternura al verlo asomar la cabeza por detrás de su padre, llevaba el cabello enmarañado y las mejillas sonrojadas. Él me sonríe abiertamente.— Mucho gusto, señorita Keith, espero no te sea inoportuno el comportamiento de estos cabezotas— dice, señalando a Ray y Rayne. Sonrío.

—No es problema.

—Soy Rayne— se presenta al fin el chico, alejándose de su padre para llegar hasta mi y estrechar mano conmigo.

—Soy Keith, mucho gusto Rayne.

—O te la comes tú, o me la como yo— le dice a Sion. Scott no tarda en estirarlo de las orejas— ¡AH!, lo siento lo siento, era bromita. ¡Mucho gusto, Keith!— vocifera cuando Scott lo arrastra de las orejas, nuevamente alejándolo. Ray los sigue mientras camina cojeando por el pie lastimado.

Los sigo con la mirada riendo. No me imagino el dolor de cabeza que serán todos los días.

Sion me sujeta de la mano nuevamente, ni siquiera sé en qué momento me soltó, pero me sonríe para luego estirarme junto con él y el señor Zack. Vuelvo a observar el alrededor, todo se me hacía totalmente desconocido, pues nunca he estado en un taller realmente. Este se trataba de un patio enorme en donde estaban estacionados varios automóviles de diferentes modelos, el único que estaba bajo techo en el lado derecho del lugar, era el auto que estaban revisando nuevamente los tres hermanos. Del lado izquierdo había una moto un tanto grande y exuberante color negro; una Buler Trail, según mi conocimiento.

Sion silbó, totalmente complacido por lo que tenía en frente.— Una Buler Trail de.. ¿200 cc?— inquirió, palpando el asiento con las manos.

—Así es, el dueño dijo que suele pararle la mayor parte de tiempo, más cuando va al trabajo— soltó una risa— Ha de ser frustrante.. en fin, supuse que tú podías intuir su problema— miró a Sion, sonriendo— Eres bueno en ello.

Sion llevó la mano a su barbilla, pensando. Observé su ceño fruncido alrededor de lo que fue un minuto entero, hasta que habló;

—Hay varias opciones; podría ser su filtro de aire, o incluso podría ser un conductor novato y le ha cargado combustible de mala calidad.. o también pueden ser los daños en la bujía.

Observé la sonrisa socarrona del señor Zack.

—Pues manos a la obra— le dijo. Luego pasó a observarme a mi— Veo que no haz venido preparada para ser la mano derecha.

Me sonroje a tal punto que mi cara podría hacerle competencia a mi vestido, él observé un tanto apenada. ¡No me juzguen!, pero pude haber tenido ideas equivocadas respecto a esta salida. Yo quizás pensé que sería una.. cita.

¡Dios, apiádate de mi y de mis ilusiones constantes!.

Pasar tiempo con Sion es realmente gratificante, él tiene el poder de hacerte olvidar de todo, con sus chistes burlones y su característica por hacerte sonrojar por un simple comentario. Hace que siempre sienta calor al tenerlo tan cerca.. y quizás, te incita a fantasear con él cuando está muy cerca. Será por ello que ha estado rondando en mi mente muy a menudo estos últimos días.

¡Maldito Sion!.

Yo..— miré a Sion, quien me observaba divertido.

—No le había dicho que vendríamos aquí, fue mi culpa— asumió el rubio, alzando la mano con los labios apretados en una línea recta, el cual no tardó en torcerse cuando Sion volvió a sonreírme.—Adentro tenemos ropa, ven conmigo.

El señor Zack me regaló un guiño para que segundos después Sion me guiara hacia adentro, entramos a lo que parecía ser una vasta habitación en donde había solo un sillón largo, ocupado por varios papeles, enfrente había una pequeña mesa con aperitivos apenas husmeados, el cual hacía la divisoria con el otro sillón en frente, y más allá en una pequeña esquina, había un mini refrigerador, y frente a él, había un perchero con algunas camisas limpias pero que se notaban a leguas lo desgastadas que estaban, junto a unos pantalones de mezclillas simples.

—Dignos del trabajo— mencioné al momento que se me fue dado un conjunto para ponérmelo.

—Esa es la mía, usare la de Scott— musitó— Puedes cambiarte en el baño de allí.— Señaló por detrás de mi, y efectivamente había una puerta allí, apenas lo había visto por cierto.

—Sion.— lo llame cuando vi que iba a volver a salir.— ¿Puedes.. mhm.., cambiarte aquí?— inquirí. Su mirada confusa no se hizo esperar, tampoco la sonrisa pervertida que lo siguió después— ¡No quiero salir sola de aquí después!.

—Vale, vale, lo pillo— dijo riendo— No te preocupes en avisar cuando saldrás, no tengo ningún problema en que me veas desnu-

—Cállate Sion.— puse los ojos en blanco dándole la espalda para entrar al baño. su risa burlona es lo último que escuché antes de encerrarme dentro.

Me apresuré a despojarme de mi ropa y lo reemplacé por la camisa y los pantalones. La camisa en si me quedaba un poco holgada, así que no tardé en remangarlos y uní los botones de a uno dejando el del cuello suelto, ya que sería incómodo de utilizarlo así, y los pantalones estaban bien, holgados pero no es como si me disgustaran, todo lo contrario, me gustaba como se me veía. Y lo digo porque estaba observando mi reflejo en el espejo que era un tanto largo llegando hasta unos centímetros por sobre el piso, a un lado de la puerta.

Dudé unos segundos mirando mi reflejo, no pude evitar que una mueca adornara mi rostro cuando observé mi vestido veraniego entre mis brazos. Incluso quise reír por elegirlos para utilizarlo en un día otoñal como hoy. Debería de haber venido con unos pantalones simples y una blusa que no dijera a gritos lo entusiasmada que estaba por esta salida. Suspiré. Quizás soy solo yo, viendo cosas en donde no las hay, y Sion solo estaba siendo él mismo; un chico coqueto y encantador con sus bromas con un poco de subidón de tono. Así que, okey, aprenderé a no tomarlo todo como insinuación y trataré de disfrutar la amistad de Sion.

Puse los ojos en blanco apartando la mirada del vestido, y salí al reencuentro con Sion. Él sonrió al verme y alzó unas zapatillas en alto extendiéndomelos.

—Creo que necesitarás esto.— dijo.

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