
9: La primera vez.
Fabrizio.
Y la tenía ahí, frente a mí. Dispuesta a darme todo de ella. Y yo. Dispuesto a darle todo de mí. Quiero ser todo lo que necesita. En serio que lo quiero ser esta noche.
Sumerjo mis dedos en su hermoso cabello rojizo de modo que la atraigo más cerca de mí para besarla. Es tan largo, no veo la hora de poder jalarlo mientras la tengo de espaldas a mí, pero no creo poder hacerlo hoy.
Sentir el contacto de sus labios sobre los míos se siente como lo mejor que me pueda pasar en mucho tiempo. Con mi otra mano comienzo a acariciar sus suaves y perfectas piernas hasta llegar a sus caderas y apretar casi por impulso. La forma de su cuerpo me tiene al borde de la locura. Sus caricias hacen que quiera dejar de lado la calma y devorarla por completo, no obstante, me recuerdo que debo ser paciente.
Subo mi mano hasta llegar a sus rosados e hipnotizantes pezones por debajo de la tela que comienza a estorbar. Los acaricio, asimismo aprieto sin dejar de pensar que sería tan perfecto, tan delicioso tenerlo justo en mi boca. Entonces, es lo que hago, me dejo llevar por mis codiciosos pensamientos y reparto besos por su cuello hasta llegar a su clavícula. Un gemido agudo escapa de sus labios, son música para mis oídos, quiero más de ellos. Entonces me propongo provocarle más de ellos. Por encima de la ropa introduzco su pezón en mi boca.
Halle comienza a mecerse encima de mi miembro duro y me provoca cada vez más estar dentro de ella. Pero debo esperar, no quiero arruinar su primera vez, sé cuánto importa y estoy dispuesto a ser lo que se merezca. Al menos en este momento. Ya después decidirá el destino, o eso quiero creer en base a justificar mis malas acciones futuras.
Aprieto a cada lado de sus caderas casi de forma inconsciente por el placer que me causa verla tan excitada. Comienzo a subir lentamente su camisa mientras vuelvo a besarla. Una vez fuera la arrojo a algún lugar del piso. Ver su perfecto y apetecible cuerpo al descubierto me provoca demasiados pensamientos pecaminosos hacia ella. Pensamientos que estoy dispuesto a volver realidad.
En un movimiento rápido, pero cuidadoso me levanto, ella envuelve sus piernas alrededor de mí torso mientras que subo las escaleras. Entre caricias y toques ambos quedamos en la cama sin ropa. Sus manos están temblorosas. Tiene miedo, lo puedo ver en sus ojos. Proporciono un pequeño y delicado beso en sus labios antes de ejecutar la pregunta que ronda ahora en mi cabeza,
—¿Estás segura? —pregunto mientras acaricio su cara.
Sonríe de forma nerviosa— Lo estoy, tengo miedo, pero quiero hacerlo. Quiero que seas tú, Fabrizio.
La beso de espacio intentando controlar mis ganas. Bajo mis dedos por en medio de sus senos hasta llegar a su vientre, luego más abajo hasta comenzar a tocar ese lugar tan sensible y delicioso. Froto solo un poco, acto seguido introduzco de forma algo minuciosa dos de mis dedos en ella atento a cada gesto que pasa por su rostro. Adentro está caliente, mojado y viscoso. De solo imaginarme a mi amigo ahí adentro siento que endurece más. Solo con ayuda del señor lograré controlar mi… mi apetito sexual por Halle. Sin ser consciente he comenzado a meter y sacar mis dedos más veloz, ocasionando que su rostro se contraiga. Sus ojos se cierran, su boca se entreabre queriendo dejar salir esa melodía que me hipnotiza. Pero inmediatamente la cierra mordiéndose el labio inferior. Mientras mis dedos entran y salen de ella la beso, acto seguido le susurro al oído:
—Gime para mí, Halle Blair. No te reprimas. —muerdo levemente el lóbulo de su oreja. Sus hermosos ojos azules hacen contacto con los míos, puedo ver en ellos la pureza de su alma, la inocencia de su ser. Y me gusta. Soy testigo de su piel erizada por el rose que mi voz le hace. Ella me hace una máquina pecaminosa que se rehúsa a volver al carril aburrido que prohíbe la fornicación, o como quieran llamarle esos religiosos aburridos.
Ella comienza a gemir y yo quiero estar dentro de ella para provocar más de ellos. No puedo parar de verla, joder me calienta demasiado verla en este punto. Mi atenta mirada no se pierde cada gesto que cruza por su sonrojado rostro. Sus manos se sujetan de mi espalda como si no me quisiera lejos de ella nunca más. Y me gusta pensar en ello. Ella cerca de mí.
«¿Y a ti, Halle? ¿Te gustaría estar siempre tan cerca de mí?» me sorprendo queriendo tener la respuesta de ello.
Retiro mis dedos de modo que tomo mi miembro y lo coloco ahí, más no ejecuto un solo movimiento, me paralizo completamente. Porque, aunque he estado con una cantidad sorprendente de mujeres, nunca he estado con alguien virgen. Entonces, aunque me disguste admitirlo, más allá del deseo, este acto también es de cierta forma especial para mí. Estoy jodido, lo sé. Mi mirada busca la suya en señal de su aprobación.
—¿Lista? —me observa al parecer sin tener respuesta— Halle, si ya no quieres— trago grueso-entien...
—L-lista... —musita interrumpiéndome— solo trátame bien. —en su tono hay súplica.
Sonrío— Te trataré como te lo mereces, una jodida y hermosa Diosa.
Su mirada lejos de ser temerosa se vuelve maliciosa, y mierda como me gusta esa mirada. Me gusta más de lo que me gustaría admitir.
¿Cómo se puede evitar convertir a alguien en un lugar seguro?
¿Cómo evitas romper lo que tanto te importa? Porque me importa, me ha importado siempre, pero la he roto más de mil veces y ya no quiero hacerlo. No obstante, alejo mis pensamientos culposos para concentrarme en el ahora.
Al menos por hoy quise demostrar quién soy, sin filtros, sin máscara, solo Fabrizio Alexander Colpman siendo autentico. No la quiero para mí, pero odio imaginarla con alguien más. «Maldito egoísta de mierda, Fabrizio».
— ••• —
Hasta aquí ha llegado el capítulo de hoy ❤️
Solo quería dar a conocer un poco más los pensamientos de Fabrizio 😌
Les envío un abrazo psicológico 🥰
Votar no es obligatorio, pero tengan cuidado, el que no vota se lo lleva el chupacabras y no queremos eso👀
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