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4: Causa y efecto.

De pie en la acera frente a mi casa no hago más que contemplarla sin saber que hacer. Es una casa con césped al frente, con rejas de madera que no dejan pasar al patio trasero. La fachada de la casa es de ladrillo y pierda de la mitad para abajo. A cada lado de la casa ventanas de vidrio, unas pequeñas lámparas a cada lado de la puerta que es de color negro.

En silencio y sin opciones decidí subir los tres escalones del pórtico de la casa para sentarme a esperar a mi madre. Después de revisar minuciosamente la calle en busca de ladrones y percatarme de que estaba desolada, tomé mi teléfono para llamar a Lee.

—¿Cariño? —Su voz se hace oír. Por su tono deduzco que quizá esté estresada, lo que quiere decir que aún no viene a casa.

—Hola, ma… —Respondo sin muchos ánimos.

—¿Sucede algo? —Su tono es de preocupación. Por mi mente pasa contarle la verdad, o parte de ella, mejor dicho.

—Oh no ma, todo está perfecto—Miento—. Solo quería saber cómo a qué hora regresas…

La escucho chasquear la lengua—No lo sé, cielo. La verdad es que estoy ayudando a Rubí con algunas cosas… ya sabes que la contabilidad no es fácil.

—Eso quiere decir que… ¿no vienes pronto? Es que olvidé las llaves. —Intento conservar la esperanza.

—Lo siento, Halle. No creo que termine pronto y tu padre se ha ido de viaje. —Sus palabras confirman lo que deduje momento atrás.

Esa noticia era la cereza que le faltaba a mi pastel. Mi madre me acababa de confirmar que debía volver a la casa de Rubí. Y eso, es precisamente lo que menos quería.

¿Cómo volver después de lo que había hecho? Mi suerte no podía ir peor.

La escucho con alguien al otro lado de la línea respecto algo que no logro entender.

—Halle, ya debo colgar. Por favor quédate con Fabrizio, pasaré por ti apenas termine. Te amo.

Cuelga. Llevo una mano hasta mi frente golpeándome. Pero que patética he de verme. Contrariando el pedido de mi madre fui a cada lado de la casa tanteando cada ventana con la esperanza de conseguir alguna abierta. Pero todo intento fue en vano. Cada una de ellas tenía seguro.

Mierda, mierda, mierda.

¿Qué haré ahora? Estoy muy segura de que Fabrizio me dejará fuera. O peor aún, querrá pedir alguna cosa a cambio para dejarme entrar. Derrotada me siento en el piso intentando pensar en una solución. Sé que la ventana de mi cuarto está abierta, más no sé cómo deba llegar hasta ese segundo piso.

Reacia decido saltar la reja de madera que no deja pasar al patio trasero. Una vez escalo me encuentro arriba de esta, paso un pie, luego el otro y ya solo me falta bajar. Lo hago de forma cuidadosa, pero mi camisa se traba en la madera.

—Maldición. —espeto frustrada. Con cuidado intento subir para desengancharla, pero resbalo rompiendo mi camisa, cayendo al piso de culo y magullándome el mismo. Bajo la vista, ahora mi camisa negra está desgarrada dejando a la vista mi brasier de encaje negro y mi busto.

Me levanto sobándome con una mueca de dolor en mi cara. Ahora mis nalgas tendrán el mismo color que tienen las nalgas de Barney. Adolorida camino en busca de la escalera de mi padre. Sinceramente espero que esté afuera, de lo contrario todo esto habrá sido para nada.

La decepción me invade cuando recorro el patio trasero y no encuentro mi objetivo. Mi suerte es una porquería sinceramente. Con mis manos froto mi cara frustrada. Sé que debo volver a casa de Rubí, lo que no sería un problema si solo estuviese ella…

Rendida, humillara y resignada a mi cruel destino, comencé a caminar a paso muy lento con dirección a su casa.

¿Han escuchado es frase “quise hacer una gracia y me salió una morisqueta” ?

Pues soy el ejemplo viviente de ella. Comienzo a caminar de forma perezosa calle abajo. Soy consciente de que toda acción provoca una reacción, causa y efecto; tan simple como eso. La causa fue la travesura que cometí hacía menos de una hora y el efecto es volver con el rabo entre las piernas por actuar de forma maliciosa. A menos de cinco metros ya visualizo la casa de Rubí, una de estilo victoriano muy moderna. Una vez me planto frente a la puerta de madeja doy dos toques a la puerta. No pasa mucho tiempo antes de que esta se abra revelando la cara de un divertido Fabrizio.

Sus ojos van directo a mi camisa rasgada, inmediatamente tomo la camisa de cuadros que llevo encima y la sierro para no dejar ver más.

—No tiene sentido que te cubras, ya vi… todo eso—Señala con mirada gélida. Soy consciente de no volverá a tratarme de forma amable en mucho tiempo.

—Y no volverás a verme. —Aseguro.

—No estés tan segura, Halle. Puedo hacer lo que quiera si me lo propongo—Expresa tan seguro y déspota como de costumbre.

—Ya veremos quien tiene la última palabra—Espeto molesta.

Me dedica una arrogante sonrisa de boca cerrada. —Tardaste en volver. Por el estado de tu camisa puedo deducir que estuviste… ¿saltando la reja?

—¿Por qué creíste que volvería? —Esquivo su pregunta.

Rueda los ojos como si la respuesta fuese obvia. —Tu padre está de viaje, tu madre ayuda a la mía con los libros de la empresa, no tienes llaves… —Enumera todos los motivos— ¿Quieres que continúe, estúpida?

—Pendejo. —Bufo, ahora comprendo muchas cosas. Por eso no me siguió, él sabía que volvería. No le gané en su propio juego, le di pase libre para que me humillara una vez más. Y esta vez es una humillación muy grande la que estoy pasando, lo peor es que yo la ocasioné. Con cada segundo que trascurre me convenzo más de que lo mejor habría sido dejar que me enterrara la verga.

—Muy bien, ganaste, ¡felicidades! —Respondo irónica—Ya hazte a un lado —Espeto de mala manera. Intento adentrarme en la casa, pero sus manos en mis hombros me devuelven al mismo lugar frente a él.

—Un momento, chiquilla presuntuosa. ¿Qué te hace pensar que te dejaré entrar?

—¿Quieres que llame a mi madre y le cuente? —Amenazo cruzándome de brazos— Porque puedo hacerlo, no tengo problema con ello.

—Hazlo. —Me desafía imitando mi acción. La malicia con la que pronuncia la palabra hace que mi seguridad flaquee—Le contaré detalladamente las razones por las que te encuentras fuera de casa. —Explica con calma.

Furiosa le lanzo una mirada que bien podría haber helado el infierno, pero él ni se inmuta. Sigue ahí de pie con la misma expresión imperturbable. Decido recurrir a la manipulación como último recurso.

—Lo siento— digo con el tono más suave que puedo emplear—, esperaré a mi madre en casa, afuera y con frío… —Rasco la punta de mi nariz— no te preocupes por mí, estaré bien— digo en un tono un tanto dramático antes de darme vuelta dejando caer mis brazos.

Ejecuto tres perezosos pasos a la espera de que Fabrizio me pida quedarme, pero al parecer no lo hará. Cuatro pasos, cinco…

—Halle, espera— de espaldas a él sonrío victoriosa.

—¿Sí? —Me vuelvo para mirarle con fingida inocencia.

—Avísame cuando Lee llegue. —Tras decir eso cierra la puerta. Pero no es lo que sorprende, lo que realmente me hace abrir los ojos es escuchar el sonido del cerrojo.

Sorprendida e indigna mi mandíbula cae al piso, literalmente.

—¿Pero qué mierda…? —Pronuncio sin creérmelo del todo. — ¡AAAHG! —Gruño colérica golpeando fuerte el piso con mi pie.

Recorro los pocos pasos que me separan de la puerta y la golpeo más fuerte de lo necesario, pero no abre. Me pego a la puerta agudizando el oído con la intención de oír algo, pero no. Ni un solo ruido se deja oír en la casa. Es evidente que lo hace para molestarme. Camino a la derecha de la casa para asomarme por la ventana que da justo a la sala.

El asqueroso troglodita ególatra de Fabrizio se encuentra recostado en el sofá con los cascos puestos conectados a su teléfono que descansa arriba de su estómago, mueve la cabeza como quien disfruta de la buena música.

Desesperada doy diversos toques al cristal, pero nada de eso hace que se gire a verme. Puedo deducir que el sonido de la música que tiene puesta reproduciéndose a través de los cascos no deja que note nada. Es evidente que en sus planes no está dejarme entrar a la casa.

Observo a todos lados sin poder encontrar una solución a mi problema, al menos hasta que se me ocurre intentar rodar la ventana a un lado y esta se abre. Mi boca se entreabre sorprendida. Mi vista va del Fabrizio recostado en el sofá a la ventana. Con facilidad logro brincar la misma adentrándome a la casa. Una vez dentro celebro haciendo un estúpido baile.

Me acerco hasta Fabrizio, sus ojos están cerrados, desde aquí se puede escuchar la melodía a través de los cascos debido a que está muy alta. Inclusive lo escucho cantar.

Tu piel blanquita me incita a decirte cosas bonitas, pues tu belleza infinita ningún otra te la quita… na na na na marchita por la que el cora palpita…

Es que siquiera la canta bien. Todo está mal pronunciado.

Me tienes mal, me tienes mal, me tienes mal, me tienes maaal. —canta en un susurro.

Bésame sin sentir de Micro TDH. Bueno, no tiene tan mal gusto, digamos que Micro canta bien, pero no es mi preferido. Soy más de The Beatles, Coldplay, Oasis, Billie Eillish, Lewis Capaldi, Maroon 5, Caramelos de cianuro, y muchos más. Pero el rap viene siendo una buena música que muy pocas veces entra en mi playlist.

Pienso en tomar una almohada y aventarla a su cara, pero una idea mejor cruza por mi mente. A paso apresurado camino hasta la cocina, tomo un vaso y lo lleno de agua fría. Vuelvo a la sala donde el idiota sigue en la misma posición, solo que ahora canta Manda una señal de Maná.

Los días se pasan sin ti— me posiciono a su lado— las noches se alargan sin ti, sin tu amor sin… ¡¿PERO QUE CARAJOS…?! —Pega un respingón levantándose cuando estampo el agua fría en su cara.

—Esta va por todas las veces que hiciste mi vida miserable, pedazo de troglodita ególatra.

Su mirada pasa de mí a los cascos que tiene ahora en la mano, los golpea ligeramente alarmado. Su reacción causa que mi risa se detenga y me acerque alarmada. Es cuando descubro que los cascos están empapados y ya no suenan.

—¡¿PERO QUÉ MIERDAS HICISTE, HALLE?! —Me grita ocasionando que pegue tal respingón en mi sitio.

—Y-yo… lo siento, no pretendía… —retrocedo enmudeciendo cuando comienza a dar pasos en mi dirección. Coloco las manos en frente—Fabrizio espera, no iba a dañarlos. —Intento apaciguar la situación.

—Esos cascos eran un regalo de mi abuelo. Es lo único que conservaba de él— explica de forma recelosa. Está claro que todo esto se ha salido de control. Trato de disipar todos estos pensamientos que predicen un final desastroso.

Realmente no poseo en mi vocabulario palabra alguna que me describa en este momento. He llevado todo esto demasiado lejos, tanto que ahora he causado un daño irreparable. He dañado una especie de reliquia familiar del chico. Avergonzada agacho la cara, siento mi corazón desecho por mi acto inmaduro. Abro mi boca en un intento por explicarme más de ella no sale nada.

—Todo lo que tocas lo dañas, lo destruyes; incluyéndome. —Aturdida por sus palabras levanto la cara para encontrarme con sus ojos encendidos en rabia pura— Quiero que te alejes de mí. No me hables, no me mires siquiera. Olvídate de mi existencia —Me observa con desprecio.

—Fabri…

—Eres una escoria de la que no quiero saber más—me interrumpe con palabras que logran traspasarme cual puñal, un nudo se instala en mi garganta— solo estorbas y dañas todo. —Escupe con furia. — Esto vas a pagarlo. —decreta.

Mentiría si dijera que sus palabras no han removido algo en mí que no creí volver a sentir: el desprecio que la mayoría de las personas terminan sintiendo hacia mí.

De alguna u otra forma siempre termino dañando lo que toco, sus palabras más que duras han sido acertadas. Algo tengo que termina haciendo sentir repudio hacia mí, por eso no tengo amigos, por eso él me detesta a tal punto de hacerme sentir miserable en cada oportunidad que tiene.

Mi corazón se oprime dentro de mi pecho, mis ojos se nublan por las lágrimas que se forman. Sin decir una sola palabra dejo el vaso en una mesa cerca de la entrada y cruzo la misma saliendo a las desoladas calles. Pienso en llamar a mamá, pero sé que está ocupada, que mi acto la desilusionará, entonces descarto la opción. Mi padre está fuera de la cuidad, por lo que llamarlo tampoco es una opción. Entonces, ¿a quién llamo?

Estoy en un momento de mi vida en el que siento que no pertenezco a ningún lugar, que tampoco quieres pertenecer porque sientes que terminarás arruinando todo. Ciertamente ya no recuerdo cuando fue la última vez que lloré tanto en un solo día. Hoy parece ser la reencarnación de todos mis males.

Intento pensar en alguna forma de compensar a Fabrizio, pero nada llega a mi mente. No será sencillo, de hecho, lo catalogo como algo imposible de reparar. No sé como actuaría si él dañara o votara mi collar con la H de Halle. Es algo que tiene más valor sentimental que otra cosa, para mí sería un daño irreparable. Llegar a esa conclusión hace que me sienta más miserable de lo que ya me sentía.

Me encuentro tan absorta en mis cavilaciones y lágrimas que no soy consciente de en qué momento comienzo a cruzar la calle. Salgo de estas cuando observo una gran luz brillante aproximarse hacia mí a toda velocidad. Me percato de que es un auto que viene a toda velocidad pitando para que me quite del camino, pero es tan tarde para darme cuenta que puedo visualizarlo encima de mí.

Puedo ver como todo pasa en cámara lenta. Cierro mis ojos dispuesta a esperar el impacto del mismo, pero lejos de eso puedo sentir una fuerza mayor que yo jalarme fuera del camino del auto. Caigo contra el piso recibiendo un fuerte golpe en la cabeza que me hace perder parte del conocimiento. Un gran pitido inunda mis oídos evitando que sea capaz de escuchar algo, solo puedo ver esos orbes azules que han estado presente en mi vida desde que tengo memoria. Los mismo me observan con preocupación, puedo ver sus labios moverse, creo que intenta decirme algo. Lo último que puedo ver es a Fabrizio aparecer detrás de el chico que me sostiene, después de eso mi vista se vuelve negra y no sé más nada de mí.

Y es aquí donde soy consciente una vez de lo que implica la ley de causa y efecto. Soy consiente de que cada acción tiene su reacción.

— ••• —

Chale, creo que a nuestra Halle le salió todo al revés 👀

Hasta aquí ha llegado el capítulo de hoy, espero les haya gustado 🤞

Besitos y nos leemos pronto ❤️🙏

Recuerden votar, de no ser así voy a aparecer debajo de su cama y no quieren eso😶🔥

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