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4


Liam hizo un esfuerzo por tomar otro sorbo de café. ¿Por qué él? No era una mala persona, no hacía daño conscientemente a la gente. Caramba, hasta detestaba tener que llamar a un exterminador para que acabara con las civilizaciones de insectos. Y, aun así, no hacía más que malograr su vida una y otra vez.

Cuando se arriesgó a dirigir una mirada, todavía nebulosa, a su marido, casi pudo ver lo que estaba pensando. Y no era halagador.

—De acuerdo, sargento primero Malik —dijo con suavidad—. Mantendremos una relación platónica. Tu virtud está a salvo conmigo.

Zayn torció el labio ligeramente, luego volvió a enderezarlo. Había hecho aquél gesto varias veces aquella mañana. O Liam le hacía mucha gracia o tenía un grave tic facial. La segunda posibilidad debía de ser la correcta. ¿Qué podía tener de divertido un matrimonio sin sexo entre dos desconocidos? Otra vez aquel tic.

—¿Qué tiene tanta gracia? —preguntó Liam, a pesar de que la media sonrisa ya había desaparecido.

—Créeme, princesita —le dijo—. No creo que esto tenga nada de gracioso.

—Entonces, ¿por qué lo has hecho?

—¿El qué?

—Casarte conmigo.

Zayn tomó el asa de su taza de café con sus largos dedos. —Por tu padre.

—Eso ya me lo imagino —dijo, sintiéndose repentinamente agotado después del ajetreo de la mañana. Una boda podía dejar sin fuerzas a una persona.

Zayn asintió.—Digamos que estoy en deuda con él.

—¿Tanto como para casarte con su hijo? —Arqueó una ceja—. Debe de ser toda una deuda.

—Eso creo.

Intrigado, y sintiendo más curiosidad de la que se atrevía a reconocer, Liam se quedó mirándolo durante un largo momento antes de preguntar. —Supongo que no querrás compartir conmigo esa información.

De nuevo volvió a torcer los labios fugazmente.—No, no quiero.

Liam intentó encogerse de hombros y se sintió inmensamente agradecido al ver que la cabeza no se le despegaba del cuello.—¿Qué me dices de ti? —preguntó Zayn.

—¿Qué pasa conmigo?

—¿Por qué fuiste adelanté con la boda?

Aquella era una pregunta cargada de pasado, una pregunta que no estaba dispuesto a comentar con un hombre al que apenas conocía, aunque fuese su marido. Unos recuerdos vergonzosos se agolparon en su mente y los enterró rápidamente en el fondo de su cerebro, todavía anquilosado.

—Digamos que yo también estaba en deuda con él.

—¿Y tampoco vas a compartir la información?

Liam distinguió un brillo travieso en aquellos ojos ámbar. ¿El sargento primero, bromeando?

—Paso, gracias —respondió Liam, sin ni siquiera darse cuenta de que le estaba echando en cara sus palabras. El brillo desapareció al instante.

—Mira, Liam —dijo Zayn—. Por suerte o por desgracia, estamos casados. Al menos, por ahora. ¿Por qué no intentamos llevarnos bien?

Un discurso romántico destinado a colmar de felicidad el corazón de cualquier amante, murmuró Liam para sus adentros, mientras volvía a frotarse la sien en un intento por suavizar el dolor. Nada. Lo miró con ojos entornados y sintió un vuelco en el estómago, como cada vez que subía a una montaña rusa. Qué absurdo que el rostro de un hombre le produjera ese efecto. Sobre todo, cuando no era un rostro de belleza clásica. Zayn Malik era demasiado rudo y áspero. Atractivo, sí, por qué no, de una forma tosca. El estómago volvió a darle un vuelco y, en aquella ocasión, no le prestó atención. Pero Zayn tenía razón. Durante, al menos, unos meses, estarían casados y vivirían bajo el mismo tedio. De acuerdo, no dormirían juntos.

¿Acaso era tan importante? Una vez más, estaba en la montaña rusa. La resaca, se dijo. Solo era la resaca. Muy bien, no serían amantes, sino amigos. Y, si no amigos, oponentes pacíficos. Cielos, parecía haber recibido la misma formación de marine que su esposo. Inspiró profundamente y dijo.

—De acuerdo, sargento primero...

—Zayn —lo interrumpió—.Llámame Zayn.

Liam asintió lentamente. —Está bien. Zayn.

Liam inspiró con aspereza el aire fresco del río y extendió la mano en un gesto de paz. Cuando Zayn la estrechó, se oyó decir. —Y dime, esposo, ¿roncas?

Aquella noche durante la cena, Zayn contempló a su esposo, sentado como estaba al otro lado de la mesa, y se esforzó por recordar que aquel era, a todos los efectos, un matrimonio de mentira. Pero no resultaba fácil. Estaba magnífico. Era increíble lo que la ausencia de resaca podía hacer en un hombre. Liam llevaba una camisa de color amarillo y pantalones de vestir. El color amarillo realzaba el color de su piel y confería a sus ojos un matiz dorado. Unos ojos que le llamaban la atención una y otra vez.

Para Zayn, estar sentado en la mesa del coronel bastaba para ponerlo en tensión, pero su esposo parecía sentirse como en casa. ¿Y por qué no? El coronel Payne era su padre. Se había criado entre oficiales, así que allí era donde debía estar. En cuanto a él, Zayn seguía temiendo que alguien se pusiera en pie y lo señalara con el dedo diciendo. <<Ese hombre es un impostor. No es de los nuestros. ¡Que lo echen de aquí!>>. Hizo una mueca y se dijo que la velada ya casi había concluido. Lo único que tenía que hacer era sobrevivir a los postres. Después, podría ir a su habitación... un momento. Ya no era su habitación. La compartía con su esposo.

Varias imágenes surcaron su mente. Liam, desperdigando las prendas que acababa de comprar y las bolsas en las que las llevaba por la habitación del hotel. No había podido eludir que se alojara con él. No estaría bien visto que unos recién casados tuvieran habitaciones separadas. De modo que tampoco podría relajarse después de la cena. Perfecto. ¿Por qué diablos no habría dejado que hiciera el ridículo la noche antes? ¿Realmente habría sido tan desastroso que el hijo del coronel se presentara borracho en el baile del batallón? Sí, pensó, lo habría sido. Al menos, para el coronel.

—¿Zayn? —oyó decir al hombre en cuestión, en un tono que denotaba que no era la primera vez que lo llamaba y que él no le había prestado atención.

—Señor —respondió Zayn, poniéndose automáticamente tenso en la silla—. Lo siento, señor. Estaba absorto en mis pensamientos.

—Relájate, Zayn —le dijo su suegro—. Aquí no estamos en un desfile. Solo se trata de una cena informal en familia.

Familia. ¿Él? ¿Y el coronel? Que Dios lo ayudara.

—Por supuesto, señor —le dijo, sin sentirse un ápice más cómodo que hacía un momento.

El coronel movió la cabeza, pero se limitó a preguntar. —¿Juegas al golf?

¿Golf? Zayn contempló durante un largo minuto al hombre que más admiraba en el mundo, pensando en lo poco que tenían en común. En el barrio en el que él se había criado, no había campos de golf. Ése deporte era para los ricos y ociosos. Los vecinos de Zayn habían estado demasiado ocupados intentando encontrar trabajo y comida para perseguir una pelota blanca por kilómetros de césped bien cuidado. Pero no podía expresar aquella opinión a su superior, así que se limitó a decir:
—No, señor.

—Qué lástima —dijo el coronel—. Creo que te gustaría. A Liam se le da muy bien, ¿sabes?

¿Y por qué eso no le sorprendía? Volvió a posar la mirada en el bonito castaño que estaba sentado frente a él. Era lógico que el hijo único y consentido de un hombre importante supiera jugar al golf.

—¿De verdad?

—Hace años que no juego —reconoció Liam. La primera frase que había pronunciado desde que se sentaran a la mesa, hacía una hora.

—Tal vez podrías enseñarle a Zayn —dijo su padre.

—Seguramente no sea una mala idea —reconoció Liam, y lanzó una rápida mirada a su marido. Apenas había posado la vista en él, cuando la desvió. Y eso que habían hecho un trato de ser amables. Diablos, una vez completamente sobrio, tal vez estuviese lamentando su precipitada boda. Eso podía comprenderlo. Maldición, iba a ser más difícil de lo que pensaba, se dijo Zayn.

Paseó la mirada por el restaurante. Reconoció a algunos de los comensales como marines e incluso sorprendió a un par de ellos mirándolo con curiosidad. Se movió con incomodidad en la silla. Nunca le había gustado ser el centro de atención, y ser un marine se lo permitía. En la base, sólo era uno entre miles de soldados. Pero, de repente, era el blanco de muchas miradas y no le hacía ninguna gracia.

—¿Me disculpas? —preguntó el coronel.
Zayn se volvió hacia él, pero el coronel tenía la mirada puesta en el extremo opuesto de la sala—. He visto a alguien a quien querría saludar —añadió, mientras se levantaba de la mesa. Y desapareció antes de que Liam o él pudieran decir una palabra.

—Bueno —murmuró Liam mientras seguía a su padre con la mirada—. Me pregunto quién será.

—No lo sé —dijo Zayn—, pero no es asunto mío.

Liam elevó las cejas al tiempo que fijaba en él sus ojos castaños.—Estás un poco irascible, ¿no?

—¿Irascible? —Atónito, Zayn se quedó mirándolo durante un largo minuto—. Tú eres el que lleva toda la noche sin abrir la boca.

Liam hizo una mueca.—De acuerdo, no he estado muy hablador.

—¿Hablador? Más bien has estado mudo.

Liam entornó aquellos increíbles ojos dorados. —Sabes, no me gustan los maridos pesados.

Increíble. Y pensar que antes le había parecido simpático. ¿No serían los efectos de la resaca?

—Y a mí no me gustan los esposos llorones.

—¿Llorones? —Se enderezó en la silla—. ¿Quién está llorando? Acabas de decir que ni siquiera he hablado.

—Se puede llorar en silencio.

—¿Y cómo sabes que era eso lo que hacía?

—Solo tengo que mirarte a la cara para saber lo que estás pensando.

—Ah, con qué eres vidente. Qué fascinante.

—Ya basta, Liam.

—¿Qué es lo que basta, Zayn? —preguntó, y apoyó un codo sobre la mesa. Con la barbilla sobre la mano, batió las pestañas con fuerza—. Pensaba que querías que hablara.

Disgustado consigo mismo, con Liam y con toda aquella maldita situación, le espetó. —Olvídalo. He cambiado de idea.

—Qué propio de un esposo. No saber nunca lo que quiere.

—¿Qué quieres decir con eso?

El brillo de humor de sus ojos desapareció.—Nada.

—Vaya, vaya —proclamó una voz sonora, y los dos volvieron la cabeza hacia el hombre que se había detenido junto a su mesa.

Zayn se levantó y se puso firme de inmediato.—General Stratton. Buenas noches, señor.

El hombre, ataviado con un traje gris claro, se movía como si estuviera de uniforme.
—Descanse, sargento primero. Zayn se relajó ligeramente, y se llevó las manos a la espalda.

—¿Cómo están mi ahijado favorito y su marido esta noche? —preguntó el general, y le sonrió a Liam. El castaño se puso en pie lentamente y le dio un beso en la mejilla.

—Bien, tío Harry —contestó.

¿General Stratton? Zayn sintió gotas de sudor en la frente. ¿Tío Harry? Santo Dios, ¿dónde se había metido? En su afán por salvar la reputación del coronel, se había lanzado de cabeza en aguas demasiado profundas. Generales, coroneles. Diablos, se estaba ahogando y ni siquiera llevaba un día entero en el agua.

—Deberíais haber esperado —estaba diciendo el general— y haber celebrado una boda por todo lo alto en la base, con todos nosotros.

Zayn tenía la boca seca. Contempló a su esposo y, estupefacto, vio cómo le sonreía con picardía antes de volverse al general.

—Vamos, tío Harry —dijo casi en un suspiro—. Así ha sido mucho más romántico.

¿Romántico? Las imágenes de su boda tan inusual pasaron por su mente, y Zayn no sabía si alegrarse o preocuparse porque su esposo fuera tan buen mentiroso. El general Stratton se inclinó y le dio un beso a Liam en la frente.

—Supongo que puedo recordar lo que es el amor joven —dijo, y movió lentamente la cabeza—. Vagamente—. Se volvió a Zayn y le habló con severidad—. Sargento primero, trate a nuestro Liam como se merece, o tendrá que responder ante mí.

Perfecto. —Sí, señor —dijo Zayn, con voz tan tensa como su cuerpo.

El hombre asintió, dio a Liam una palmadita en el hombro y dijo: —Que se diviertan. Yo voy a buscar a mi esposa antes de que un joven oficial se fugue con ella —y se alojó paseando la mirada por las mesas.

Zayn y Liam se quedaron de pie, a ambos lados de la mesa, mirándose fijamente durante un largo minuto.

—¿Tío Harry? —preguntó Zayn. Liam se encogió de hombros—. Dios mío —susurró, y dejó caer los hombros hacia delante.

—¿Qué ha sido del fiel marine que esta mañana vino al rescate cuando apareció el dragón de mi padre? —preguntó el castaño en voz baja.

—Está en estado de shock.

Al igual que los amigos de Zayn que hubiesen tenido noticia de su precipitada boda. Solo faltaban unas cuantas personas a las que contárselo, pensó, aunque no le apetecía ver sus rostros de sorpresa ni oír sus exclamaciones de «¿Liam qué?»

Tal vez ese marine necesite hacer un poco de ejercicio.

—¿Cómo? — Zayn lo miró sin entender.

—Baila conmigo, sargento primero.
Zayn contempló con recelo la pista de baile. La pequeña banda de músicos estaba cambiando a una canción lenta y las parejas empezaban a moverse al son de la música. Liam dio la vuelta a la mesa y se colocó justo delante de él. Ladeó la cabeza y lo miró a los ojos. —Bailar, ya sabes. Moverse por una pista al compás de la música.

—Sé lo que es —le dijo Zayn, pero no añadió que, por lo general, rehuía las pistas de baile a toda costa.

—Entonces, vamos —repuso Liam, y lo asió de la mano antes de que él pudiera objetar. Luego, sorteó las cientos de pequeñas mesas que estaban desperdigadas por la sala.

Una vez en la pista, Liam se volvió y se acercó a él. Automáticamente, Zayn lo agarró, rodeándole la cintura con el brazo derecho y tomándole la mano derecha con su izquierda. Liam le sonrió y Zayn sintió un peso ardiente en la boca del estómago. Sin prestar atención a las miradas curiosas de las demás parejas, Zayn lo miró fijamente a los ojos. Había un juego de luces y sombras en sus profundidades que lo cautivaba. Sentía su pecho contra su pecho e imaginó poder sentir su corazón latiendo al compás del suyo. Zayn notó cómo su cuerpo se agitaba y reaccionaba a la cálida proximidad de Liam. Inspiró su suave fragancia y notó cómo le llegaba hasta el alma.

—¿Zayn? —susurró Liam.

—¿Mm? —desplegó la mano derecha sobre su espalda, como si quisiera abrazarlo todavía más... por entero.

—¿Te encuentras bien?

—Sí —le dijo, al tiempo que paseaba la mirada por sus rasgos, como si lo estuviera viendo por primera vez.

—¿Estás seguro?

—¿Por qué? — Zayn esbozó una media sonrisa.

Liam miró a izquierda y a derecha antes de volver a fijar la vista en su rostro. Sonrió y le contestó. —Porque estamos parados en medio de la pista.

—No sé bailar.

—¿Y me lo dices ahora? —repuso Liam con un movimiento de cabeza.

Una pareja pasó bailando a su lado y chocó con la espalda de Zayn. Automáticamente, Zayn lo abrazó con más fuerza, y las caderas de Liam entraron en contacto con las suyas. Liam debió de notar la reacción de su cuerpo, porque abrió los ojos con sorpresa.

—Quizá sería mejor que volviéramos a la mesa —le dijo.

—No —tal vez estuviera loco, pensó Zayn, pero, en aquellos momentos, lo único que deseaba era seguir abrazándolo—. Puedes enseñarme a bailar. Ahora.

—¿Ahora? —Repitió Liam—. ¿Aquí?

—Aquí.

Después de una pausa momentánea, Liam volvió a sonreír.—Hoy ha sido un día de nuevas experiencias, ¿eh? Una boda por la mañana, lecciones de baile por la tarde... —no terminó la frase.

—Y todavía tenemos toda la noche por delante —le dijo Zayn—. ¿Quién sabe qué nuevas experiencias nos tiene reservadas el destino?

Abrió los ojos aún más y a Zayn se le ocurrió pensar que Liam Payne estaba preocupado por algo. Tal vez, incluso asustado. Tonterías, pensó. ¿De qué podía tener miedo el hijo del coronel?

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