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Capítulo 30 | El pasado y el presente

𝑴𝒂𝒙

—¿Por qué tu padre se llama así?

Susurré sobre el cabello de Maddox sin dejar de acariciarla. Se encontraba acurrucada sobre mi pecho, tocando con la yema de sus dedos mis lunares y las marcas que había sobre mi piel, provocando que pequeños escalofríos me recorran de pies a cabeza.

—Es decir, ¿no debería tener un nombre más... italiano?

Su risa acarició mis pectorales y la sangre me bajó a la ingle cuando se removió un poco para verme con los ojos esmeralda brillantes. Llevaba puesta una de mis camisetas negras, la que sabía era su favorita y se había vuelto una costumbre que sea lo único que lleve puesto cuando esté en mi apartamento, no me quejaba.

Su mano bajó por mi torso haciéndome estremecer y la vi sonreír.

—Yo tampoco tengo un nombre italiano —murmuró—. De hecho, tengo un nombre muy extraño a mi parecer.

—A mi me gusta —dije mientras hundía mi mano en su cabello y ella cerró los ojos por el placer—. Maddox —murmuré y sonrío.

—Mis abuelos eran inmigrantes, viajaron desde Italia a Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial —hablaba con tranquilidad—. Como sabes, la vida de los inmigrantes no era sencilla y a ellos les resultó difícil adaptarse a la vida americana, no solo por las costumbres sino por cómo eran vistos.

—No eran bienvenidos —me aventuré a decir y ella asintió.

—La mayoría de los inmigrantes iban al sur, pero ellos se quedaron aquí.

—¿Y aquí empezó el negocio?

—Se podría decir, si —dudó—. No eran bienvenidos en ningún aspecto, conseguir trabajo era difícil y mi abuela ya estaba embarazada de Levi así que mi abuelo tuvo una idea: vender coches robados.

—Viéndolo así ni siquiera parece un negocio tan peligroso —me burlé.

Ella dejó escapar una suave risa mientras seguía acariciando mi torso pero su sonrisa se desvaneció rápido.

—Se podría decir que fue creciendo desde ese momento —murmuró—. En fin, no querían que Levi tuviera problemas para adaptarse así que optaron por un nombre lo más alejado de sus raíces italianas posibles.

—Lo lograron.

—Si, mi abuela solía decir que tu nombre marca el desarrollo de tu vida.

La miré considerando sus palabras.

—¿Tú crees?

—Bueno... Levi significa unión, es literalmente "el que une a los suyos" —se encogió de hombros—. Supongo que lo sabes mejor que yo.

Arrugué la frente.

La última palabra que usaría para describir a su padre es esa. No podía verlo de esa forma, no me lo imaginaba.

—¿Qué? —volví a verla— ¿Qué es esa expresión?

Negué en un intento de restarle importancia y cambiar de tema. Me acerqué y besé sus labios con suavidad. Con la mano aún en su nuca la atraje más cerca y ella trepó sobre mi cuerpo hasta quedar encima, me moví de tal forma que su centro rozaba la tela de mi ropa interior y mi miembro se estaba despertando, pero me detuvo antes de poder ir más allá.

Alejó mi cuerpo del suyo con una mano en mi pecho.

—Siempre haces eso —dijo con voz neutral.

—¿Qué cosa?

—Cuando no quieres hablar de algo me besas con intención de que me olvide —tragué saliva—. Como si quisieras distraerme con sexo ¿Piensas que soy tonta?

—No, no es...

—Y, de lo que me he dado cuenta también, es que hablar de mi padre te pone distante.

—No es precisamente lo que quiero hablar si estoy en esta posición contigo —murmuré llevando mis manos a su cintura y presionando con fuerza.

—No juegues conmigo, Máximo.

Llevé la cabeza hacia atrás y cerré los ojos con fuerza intentando calmarme.

—¿Qué quieres que te diga, Maddox?

—¿Cuál es el problema con Levi?

Tenía toda una lista con problemas hacia su padre pero lo último que necesitaba era ponerla en mi contra y hacer que se moleste, cada vez que avanzamos un paso retrocedemos tres. Mi hermano, su padre, nosotros, mis secretos... algo de todo esto siempre termina saliendo mal y nos repercute.

Inhalé con fuerza y dejé escapar el aire despacio.

—¿No crees que lo que tu padre hace es sobrecompensar?

Se enderezó sobre mí y eso a mi cuerpo le gustó pero no lo hizo con ninguna intención sexual, me miraba incrédula y con una ceja alzada.

—¿Qué?

—La idea de que todos los que trabajen para él sean huérfanos que él rescata como el maldito Robin Hood haciendo su buena acción del día —escupí las palabras sin poder contenerme.

Ella me miró sin poder dejar de parpadear y una sonrisa de incredulidad se asomó por sus labios. Puso distancia entre nuestros cuerpos y aunque intenté acercar mi mano ella no lo permitió, se sentó sobre el colchón pero a una buena distancia de mi.

—¿Eso crees que hizo contigo y Matthews? —murmuró—. ¿Rescatarlos? ¿Adoptarlos?

—¿Es tan descabellado pensarlo?

—Max, mi padre no los adoptó, simplemente les dio una oportunidad, él...

—No le debo nada a tu padre —dije entre dientes.

—Sí, sí le debes. Le debes respeto y lealtad —dijo con voz baja—. Pero no porque creas que el te adoptó sino porque trabajas para él, que no se te olvide —aparté la mirada—. Y no todos los que trabajan para mi padre son huérfanos, por Dios —suspiró.

—Jace y Will lo son —murmuré.

—Bien, cuatro personas contigo y tu hermano ¿alguien más? —me removí inquieto sin poder sostenerle la mirada—. Y si así fuera, no veo a Jace, Will e inclusive Matthews quejarse por todas las oportunidades que les dio mi padre, que les dio este negocio.

La miré y por un momento me costó reconocer a la chica que conocí. Desde Nueva York la había visto diferente y cada vez que hablaba de la mafia de su padre se refería a ella también, como si ella formara parte de ese mundo retorcido.

—Deja de hablar como si pertenecieras al negocio de forma tan simple.

Presionó los labios.

—Es mi negocio familiar y soy parte de él tanto como mi padre, ¿No lo crees?

—¿De verdad te agrada formar parte de este mundo tan... retorcido?

—¿¡Cuál es el maldito problema!? ¿Ahora te molesta? No comprendo —se pasó una mano por el cabello nerviosa—. Además de mi padre ¿Qué más te molesta? ¿Qué yo sea parte del negocio es lo que te jode?

Sí. Me jode muchísimo. El pensar en ella sintiéndose tan cómoda en ese mundo, al lado de su padre, codeándose con personas igual de horribles que Levi hace que la sangre me hierva.

Pero en lugar de admitir eso me obligo a calmarme, cambio el semblante e intento redireccionar la conversación hacia donde me conviene.

—Lo que quiero decir —comencé a hablar despacio—, es que quizás tu padre hace todo esto por ti.

—¿Por mi? —su tono de voz se elevó un poco y sus ojos se oscurecieron.

—Sí, para de alguna manera compensar que no fue un padre presente contigo.

Me arrepentí en cuanto dije esas palabras.

Maddox me observó confundida, luego horrorizada y por último furiosa. Pero se limitó a abandonar la cama para buscar su ropa y comenzar a cambiarse con rapidez.

—Mierda, Maddox. Lo siento, no quise decirlo de esa manera...

—Mira Max, que nosotros estemos juntos no te da el derecho a hablar de él como si lo conocieras, o de mí —se giró para enfrentarme—. Porque no tienes idea de lo que estás diciendo.

—¿No la tengo?

—¡No! —se acercó un paso—. Levi es tu jefe, lo conoces en ese aspecto, pero en todo lo demás no lo conoces en absoluto y es mi padre, así que no vuelvas a hablar de él así.

Presioné los labios en una fina línea.

Necesité de todo mi autocontrol para no decirle todo lo que pensaba de él, pero sabía que solo sería peor. No podía hacerla cambiar de opinión con respecto a la imagen que tiene de su padre porque... es su padre. Pero aún así estoy cansado de engañarla y no serle honesto, si pudiera hacerle entender...

—Explícame una cosa —dijo mientras se deshacía de su camiseta y comenzaba a vestirse—. Si lo odias tanto, ¿por qué trabajas para él?

—Sabes muy porqué trabajo para él —dije entre dientes.

—No, no lo sé. Solo se que Matthews se ofreció a trabajar a su lado, pero tu viniste después y eso fue por decisión propia.

—Matthews era un niño y acababa de pasar por la muerte de nuestros padres...

—Tenía diecinueve años, Max —dijo mientras rodaba los ojos—. No era ningún niño, y si insinúas que Levi se aprovechó de ello es que estás muy mal.

Asentí.

¿Quería conocerme y ser honesto? Bien, lo sería.

—¿Quieres saber porque trabajo para tu padre? —me acerqué un paso y ella retrocedió por instinto—. Porque quiero respuestas —confesé.

Se detuvo a medio camino, aún con mi camiseta puesta y su ropa en la mano. La dejó caer en el suelo sin apartar sus ojos de los míos, separó los labios para hablar pero de su boca no salió nada. Lo hizo un par de veces hasta que se rindió. 

Arrugó la frente e hizo una mueca, mi confesión al parecer la había descolocado y dejado confundida.

No podía culparla, estaba hablando de algo difícil para mi por primera vez. Le estaba confesando algo que ella no se esperaba.

Ella bajó la vista procesando mis palabras y volvió a verme con una expresión mucho más tranquila.

—Por la muerte de tus padres —murmuró— ¿Crees que mi padre sabe cosas al respecto?

Encogí mis hombros.

—Quizás —admití—. Y Matthews no me dirá nada, ya lo he intentado todo.

Asintió dándome a entender que comprendía, quizás no lo hacía pero podía ver como funcionaban los engranajes en su cabeza y estaba haciendo un esfuerzo por entender. Y así dejar a un lado las estupideces que dije sobre su padre.

Respiré más tranquilo al notar el cambio en su expresión.

Se acercó un paso y lo que hizo me dejó sorprendido. Sus brazos rodearon mi cuerpo y hundió la cara en mi pecho desnudo, su aliento acarició mi piel y me hizo estremecer. La rodeé con mis brazos y la atraje más cerca, ella inclinó la cabeza hacia atrás para verme y apoyó su mentón en mi pecho, acaricié sus mejillas con mis manos.

—¿Quieres hablarme de ellos?

Cuatro palabras que me dejaron sin aliento.

Y ella pareció notarlo porque me dedicó una tímida sonrisa antes de dejar un beso sobre mi piel.

No la merecería jamás. Ni en un millón de años. Y la haría pedazos antes de que ella pueda preverlo.

Me costaría mucho hacerme a la idea de que debería dejarla ir en un futuro que a cada momento parecía más cercano.

—¿Quieres hablarme de tus padres? —repitió.

—¿Quieres que te hable de ellos?

Suspiró, entre impaciente y divertida.

—Ya te dije, Max. Quiero conocerte más allá de un simple expediente.

En un rápido movimiento la tomé en brazos para llevarla a la cama. Escuché como se reía con fuerza e intentó resistirse pataleando pero no fue suficiente, la dejé sobre el colchón y la atrapé con mi cuerpo sin darle posibilidad de escaparse.

—Te hablaré de ellos, de acuerdo —murmuré y la bese de forma rápida—. Pero... ¿Estás molesta? Por lo que dije de tu padre...

Se removió inquieta bajo mi cuerpo.

—Mira, entiendo que él sea tu jefe y no puedo esperar que lo quieras. Quizás estoy acostumbrada a la relación que tiene con Matthews, jamás me paré a considerar como tú veías todo eso —dijo despacio mientras rodeaba mi cuello son sus manos y hundía sus dedos en mi cabello. Intenté reprimir la mueca de disgusto al escuchar el nombre de mi hermano salir de sus labios—. No digo que entienda que lo odies, pero comprendo tu punto.

Asentí.

—Gracias —murmuré—. Por entenderlo.

—Podrías hablar con él ¿sabes? —tiró de mi cabello y gruñí, vi como sonreía de forma juguetona—. Sé que puede dar miedo pero en realidad es un osito de felpa.

Me contuve para no poner los ojos en blanco.

—Contigo será un osito de felpa —dije y luego me paré a pensar que podía aprovecharme de eso—. Quizás... tú podrías hablar con él.

Maddox entornó los ojos para verme, estaba claro que lo que yo insinuaba no le gustaba en absoluto. Y de haber pensado esto mejor jamás se lo hubiera pedido pero era una oportunidad de obtener información que no podía desaprovechar, si ella descubre algo... quizás incluso eso podría ayudarme a mostrarle la verdad detrás de su padre.

Y así ya no tenía que mantener esta farsa más tiempo del necesario.

Me aferré a esa posibilidad.

—¿A qué te refieres? —dijo despacio, con duda.

—No lo sé, sólo pensé que contigo quizás hay más posibilidades de que sea honesto, que puedas...

—Obtener información —dijo con un tono de voz seco y mordaz— ¿Estás pidiendo que consiga información para ti?

—No...

—Es exactamente lo que me estás pidiendo.

Su voz era fría y sabía que la había jodido porque se estaba molestando pero aún así permaneció en la cama conmigo, atrapada bajo mi cuerpo sin hacer esfuerzo por salir, quizás dándome una oportunidad.

—Sí, siendo honesto, es lo que estoy pidiendo. Quizás contigo pueda abrirse más y yo al fin tendré respuestas.

Asintió pero no convencida.

—No lo sé, Max. No me siento cómoda engañando a mi padre.

—No lo estarías engañando...

—Si Levi decide contarme algo y ser honesto conmigo, de cualquier cosa, es para que no lo repita luego. Así es como nos manejamos, son las reglas de nuestra familia. Si un Salvatore le confía algo a otro Salvatore no sale de ahí, todo queda en familia.

Asentí porque la entendía, no tenía intención de obligarla pero una parte de mi tenía la esperanza de que quizás yo le gustaba lo suficiente como para hablar con su padre. No le haría un mal a nadie después de todo.

—Lo entiendo —murmuré.

—Es mi padre, Máx.

—Lo sé...

—Pero entiendo que necesites respuestas, yo... lo intentaré ¿Si?

Parpadeé sorprendido y luego sonreí sin poder creérmelo aún, me acerqué y la bese con suavidad al inicio para luego aumentar la intensidad. Acaricié su labio inferior con mi lengua pidiendo que me deje entrar y ella me atrajo más cerca tirando de mi cabello.

Pero antes de dejarme vencer por el ansia de tener su cuerpo desnudo bajo el mío me separé un poco para verla a los ojos con una sonrisa.

—Espera, tengo algo para ti. —me alejé para buscar en el primer cajón de la pequeña mesa junto a la cama. Dentro de una pequeña caja roja estaba lo que buscaba, pero era sorpresa así que cuando regresé a verla lo abrí frente a ella. Sus ojos se abrieron de par en par y sonreí victorioso—. Era de mi madre.

Maddox tomó la horquilla entre sus dedos, acariciando las finas perlas que combinaban con el dorado y los detalles grabados. Me mordí el labio inferior al verla así: sorprendida y emocionada.

—Max, no, esto... no puedo aceptarlo...

La callé con un beso, ella aún seguía en la cama incorporada sobre sus codos pero al sentir mis labios sobre los suyos se dejó llevar, recostando todo su cuerpo.

—Debes aceptarlo —murmuré sobre su boca anhelante antes de darle otro beso—. Porque quiero que tu lo lleves. Necesito que lo lleves. —dejé un rastro de besos húmedos mientras abandonaba sus labios y descendía por su cuello hasta su clavícula—. Solo tú. Di que lo aceptas.

Ella jadeó y acaricio mi espalda.

—De acuerdo —murmuró con la voz afectada.

Me moví de tal forma que mi cuerpo se presionaba sobre el de ella en los lugares exactos y una de mis manos levantó su camiseta para tirar de ella hacia arriba mientras volvía a devorar su boca con intensidad. Se la quitó en un rápido movimiento interrumpiendo nuestro beso pero cuando la tuve frente a mí me olvidé de su boca y me concentré en su cuello para descender sobre su cuerpo.

La escuché gemir mi nombre cuando bajé por sus pechos desnudos y rodee un pezón con mi lengua. Su espalda se arqueó más cerca y con una mano descendí hacia abajo, acaricié su vientre desnudo agradeciendo que no se haya cambiado y pudiera tenerla así para mi, acaricie su lengua con a mía. Llegué a la costura de sus bragas y jadeó al sentir mis dedos allí.

Sonreí sobre sus labios pero dejé la mano quieta, volví a besarla y presioné más mi cuerpo sobre el de ella. Estaba completamente duro, era impresionante lo rápido que Maddox me ponía y la necesidad que me embargaba de tocarla, lamerla, follarla...

—Max...

—¿Puedo? —susurré con la vista fija en ella y las manos sobre la cinturilla de sus bragas.

Asintió con la mirada perdida y lanzó la cabeza hacia atrás, me deshice de su ropa interior en un rápido movimiento. Con mi palma abierta acaricié toda su entrada y ella gimió, la miré con lujuria mientras mordía mi labio inferior. Me separé solo un poco, busqué sobre el cajón de la pequeña mesa a un lado de la cama un condón y lo extendí por mi miembro duro sin dejar de verla.

Antes de posicionarme frente a ella la recorrí con mis manos. Jamás me había detenido a explorarla por completo pero verla desnuda y a mi merced, expuesta, vulnerable y completamente mía me provocó el impulso de tocarla. Recorrí su cuerpo y sus curvas con mis palmas, ella no dejó de susurrar incoherencias con la voz afectada y necesitada, se removía inquieta y me miraba con los ojos brillantes.

Me arrodillé frente a ella y acaricié su entrada con mis dedos, gimió con fuerza y yo hice lo mismo cuando sentí su humedad, sin darle tiempo a decir algo la embestí con fuerza. Me dejé caer sobre su cuerpo para besarla nuevamente con más violencia sin dejar de embestirla.

—Maddox —murmuré sobre su cuello sin dejar de moverme—. Eres mía, di que eres mía.

Ella me observó, con los ojos nublados de placer y jadeando, entraba y salía de su cuerpo sin darle tiempo a ajustarse a mi tamaño, con rapidez e intensidad. Se mordió el labio inferior evitando gritar pero no fue suficiente para evitar sus gemidos de placer que eran música para mis oídos.

Atrapé uno de sus pezones entre mis dientes y tiré de ellos con fuerza robándole un grito.

—¡Max!

—Dilo —ordené embistiéndola con fuerza.

—Soy tuya —murmuró.

Sonreí mientras la besaba en los labios con intensidad, continúe con mis movimientos aumentando el ritmo hasta encontrar aquel que tanto le gustaba.

—Hazme llegar, Max —jadeó como una orden.

Acerqué mi mano a su clítoris y la acaricié despacio, deleitándome en sus gemidos y como su cuerpo temblaba de anticipación.

—Vamos rubia, córrete para mi. Solo para mí —murmuré.

Quería poseerla, que todo su cuerpo me reconociera y solo reaccionara ante el mío, que su dulce coño solo quiera recibirme a mí y que de sus labios solo escape mi nombre entre gemidos. Maddox Salvatore era mía y aunque en mi plan no estuviera presente en un comienzo ahora lo estaba. Y la conservaría.

Quería poseerla, casi tanto como quería vengarme.

La embestí con más fuerza y ella abrió los ojos, el esmeralda brillaba y supe que estaba a punto de llegar.

—¿Qué harás después? —jadeó.

La miré, confundido y sorprendido por su pregunta, sin saber a que se estaba refiriendo, pero no deje de moverme. Me acerqué a sus labios nuevamente y me mantuve allí expectante.

—Si consigues respuestas —dijo entre gemidos— ¿Qué harás después?

Sonreí sobre sus labios.

—Sangre, Maddox —respondí en un murmullo sin dejar de embestirla—. A eso se resume todo en nuestras familias ¿no? —otra embestida más—. Y ahí comienza mi venganza.

La bese con fuerza, deseando poder conservar ese momento para siempre.

Sin decirle que mi venganza había comenzado hacía mucho tiempo.

Y esperando que, cuando todo esto explote, no me odie por ello.

Era mía, no se me iba a escapar tan fácilmente. 

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