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Capítulo 27 | Verdades al descubierto

𝑴𝒂𝒙

Maddox ni siquiera me mira.

Llevamos dos horas reunidos en la sala de reuniones en el último piso del club del jefe y ella lleva hablando hace una hora, liderando la reunión. Comenzó a explicar de qué iba el acuerdo con Sullivan, lo que tendríamos que hacer y lo que ganaríamos, no lo hizo de forma que nos estuviera consultando qué nos parecía, sino informándonos del nuevo trabajo. De la nueva misión que ella estaría liderando.

Dejando establecidos las posiciones de cada uno, el rol que cumpliríamos y lo que debíamos hacer, así como lo que no debíamos hacer.

Estaba tomando el mando.

Nunca la vi tan parecida a su padre como en este momento, lo único que los diferenciaba era que no dejaba de sonreír tranquila. Levi era mucho más malhumorado y serio, Maddox todo lo opuesto.

Quizás por eso todos la observaban embelesados y atentos, como si nadie se quisiera perder ni un solo detalle de lo que decía. Dedicaba miradas dulces a todos, menos a mí.

No necesitaba ser un genio para saber que estaba molesta conmigo. Los días siguientes al regreso de Nueva York no respondió mis mensajes mucho menos mis llamadas. Cuando intentaba acercarme en la universidad siempre desaparecía, si quería verla a la salida del gimnasio me ignoraba, había alzado un muro entre ambos que no tenía idea cómo cruzar. Era miércoles, el sábado sería la misión y necesitaba hablar con ella hoy sí o sí porque los demás días estaríamos ocupados y concentrados. 

Era la primera vez que ella asistía a una misión y me imaginaba lo ocupada que estaría.

Ahora estaba hablando de los planos, del camino que debíamos hacer para buscar el cargamento y la ruta a tomar para llevarlo a un punto intermedio entre Chicago y Nueva York, de quienes nos estarían esperando allí y de los dos hombres que Sullivan enviaría hasta el puerto para que vayan con nosotros.

Noté que eso no le agradaba a Maddox.

La miré y noté sus ojos posarse en los míos una milésima de segundos, fue breve pero sirvió para que mi corazón dejara de latir por un momento, luego cuando reanudó sus latidos sentía el pecho vacío.

No sabía que estaba ocurriendo pero me estaba matando que me ignorara de esa forma. Habíamos dejado eso hacía mucho tiempo y lo único que podía pensar era que sea la razón que sea, definitivamente era mi culpa y no tenía idea.

Para ese momento ya no estaba prestando atención a lo que decía, tendría que esperar para hablar con ella y prefería pensar en el llamado que había recibido estando en Nueva York. Por fin estaba más cerca de saber lo que le había ocurrido a mis padres pero debía esperar para obtener más información.

Inevitablemente miré a mi hermano, que se encontraba a cierta distancia apoyado contra la pared sin dejar de mirar a Maddox, un enojo repentino me invadió de pies a cabeza. Me estaba molestando mucho ver cómo la miraba y el no poder hablar de nuestros padres con él también me jodía.

Siempre que intentaba confrontarlo para obtener más información sobre lo que había ocurrido se negaba a hablar, pero eso no me extrañaba, lo que de verdad me llamaba la atención era lo mucho que le molestaba que sacara el accidente a relucir. Para mí no había sido un accidente, él lo sabía y yo también, pero cuando intenté convencerlo de buscar más información me asombró lo reacio que se mostró, se había molestado hasta el punto de no dirigirme la palabra por una semana. Matthews era malhumorado pero conmigo jamás era distante, cuando intentaba hablar de nuestros padres con él se convertía en otra persona.

Sabía que era difícil, él había estado en el accidente y salió ileso pero aún así se negaba a buscar información, lo que me hacía dudar de todo lo que sabía.

—Daremos por finalizada la reunión ¿Alguien tiene alguna duda? —nos miró a todos, intenté hablar pero antes de poder hacerlo ella me ignoró—. Bien, entonces los veré en tres días.

Todos los presentes se dispersaron, yo la seguí hacia la salida pero me detuve en cuanto se giró para verme con una ceja alzada.

—¿Necesitas algo? —dijo con tono aburrido.

Me acerqué un poco para hablarle solo a ella.

—¿Puedo llevarte a casa?

—No es necesario —me dedicó una sonrisa arrogante y necesité de toda mi fuerza de voluntad para no tomarla en mis brazos y llevarla a rastras— ¿Vamos?

Se hizo a un lado para ver a mi hermano y se fueron juntos del club.

Conté hasta diez mentalmente... antes de seguirlos. Si pensó que me daría por vencido estaba muy equivocada, no iba a dejar que se fuera así y siguiera con esta estupidez de ignorarme.

No tomé el camino de siempre porque sería obvio que los estaba siguiendo y lo último que necesitaba era la atención de mi hermano. Cuando llegué a su casa me detuve a unos metros del jardín delantero, el coche de mi hermano no se encontraba así que asumí que ya se había ido.

Permanecí una hora sobre mi motocicleta, esperando, porque necesitaba asegurarme de que Maddox se encontraba y no tenía planes de salir. Se veía la luz de su habitación y tras lo que me pareció el tiempo prudente me adentré en el territorio que ocupa su casa.

Atravesé el jardín trasero luego de encontrar el hueco en la verja que había usado un mes atrás cuando me adentré en su casa esa noche. Ya había visto como funcionaba la alarma de seguridad y logré desactivarla en cuanto abrí la puerta que daba al patio. Caminé a paso lento prestando atención a los ruidos por si Levi estaba en casa y aparecía pero nada daba señales de que así fuera, desee con todas mis fuerzas que Maddox se encontrara sola porque así todo sería mucho más fácil.

Al llegar a su habitación la puerta estaba abierta, avancé despacio cuidando de no asustarla pero no la encontré allí, escuché el ruido del agua correr en el baño y me senté en la cama mientras la esperaba.

Cuando el sonido del agua se terminó un hormigueo se extendió por mi piel y el miedo me invadió de pies a cabeza. No había considerado que quizás ella no quería que aparezca porque entendí que su intención de evitarme no era otra más que una tontería pero ahora pensaba que quizás me había excedido un poco en aparecer de la nada, meterme en su casa burlando su seguridad y esperarla en su habitación.

Pero ya era tarde, se encontraba frente a mí con los ojos tan abiertos que parecían a punto de salir de sus cuencas y con una mueca de enojo en los labios.

Le sonreí.

—¿Qué demonios haces aquí? —se acercó rápidamente y me mantuve firme—. Si Levi te ve...

—No está, me asegure de ello.

Cerró los ojos con fuerza y apretó los puños a su costado. Recorrí su cuerpo con mis ojos, llevaba una bata que cubría hasta la mitad de sus muslos y el cabello suelto le caía húmedo por encima de sus pechos, necesite de todo mi autocontrol para dejar las manos quietas y no subirle a horcajadas de mí.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Su tono de voz no dejaba lugar a réplica, estaba enojada. Muy enojada.

Mi creencia de que solo estaba molesta se esfumó al escucharla.

—Vine a hablar contigo, porque no dejas de ignorarme.

—¿Yo te he estado ignorando?

Abandoné la cama y me enderecé, debió inclinar la cabeza hacia atrás para verme y dio un paso para poner más distancia entre nosotros.

—Sí, tú. Te he llamado y escrito mensajes, desde que llegamos de Nueva York estas totalmente diferente.

Apartó la vista y noté como su mandíbula temblaba solo un poco, intenté acercarme y dio otro paso hacia atrás.

—No estoy diferente —dijo entre dientes—. Y no creí que te importara ya que tu desapareces constantemente sin dar explicaciones —alcé ambas cejas—. Aunque no debería sorprenderme ya que no somos nada.

—No hagas eso —dije cortante y me acerqué otro paso.

—¿Hacer qué?

—Negar lo que tenemos.

—¿Y qué tenemos?

Me detuve, habíamos llegado hasta casi dar con la pared y antes de poder tocarla ella se detuvo también. Me observó mientras suavizaba la expresión pero aún podía notar enojo y molestia en ella.

Tragué saliva, quería besarla, abrazarla y no soltarla, decirle que me disculpara por lo que sea que haya hecho y prometerle que no lo volvería hacer. Pero por sobre todo quería evitar tener esta conversación porque no tenía idea de que responderle.

Ella negó mientras apartaba la vista y suspiró con cansancio.

—Vete Max, necesito dormir.

Intentó alejarse pero lo evité sosteniendo su brazo y la atraje hacia mí.

—Espera —supliqué en voz baja—. ¿Ese es el problema? ¿Eso es lo que quieres? ¿Le damos nombre a lo que tenemos? Podemos hacerlo, pero no te molestes así.

Podía hacerlo, aunque no estuviera seguro de que sea una buena idea estaba lo suficientemente obsesionado como para no dejarla ir. Si debía seguir sosteniendo esto podía hacer cualquier cosa.

Ella suspiró pero no se apartó, volvió a verme y su expresión cambió. Era tristeza lo que brillaba en sus ojos y algo se contrajo en mi pecho al notarlo.

—No se trata de eso, sino que no estamos en la misma página. No tenemos los mismos sentimientos por el otro e involucrarnos aún más va a ser peor.

—No, espera... ¿Por qué dices eso?

Me sostuvo la mirada antes de acercarse un paso, aún tenía agarrado su brazo pero sin aplicar presión, debí bajar la vista debido a la cercanía.

—¿A dónde estabas? —arrugué la frente—. En Nueva York, el viernes a la madrugada te necesitaba, yo... te llamé y no respondiste —mierda, tenía que pensar en una mentira—. Y no intentes mentirme y decir que estabas durmiendo porque fui a tu habitación y no te encontré. ¿Dónde fuiste a las cuatro de la mañana?

Presioné los labios, no podía decirle...

—Maddox...

Se apartó aprovechando que mi agarre se volvió más ligero y se alejó en dirección a su cama.

—Ese es el problema Max, no se nada de ti y tu lo sabes todo de mí.

—No lo sé todo de ti.

—Sabes mucho más de lo que sabe mi mejor amiga, lo sabes —dijo con lágrimas en los ojos, apartó la vista intentando contenerse y me acerqué. Se apoyó en la cama y evitó mi mirada por unos segundos más—. Sabes más de lo que cualquiera sabe, no me debes explicaciones es verdad, pero te niegas constantemente a que te conozca.

—Me conoces, Maddox. ¡Tienes un maldito expediente con mi nombre!

—Eso es distinto ¡Lo sabes!

Me arrodillé frente a ella y la rodeé con ambos brazos a sus costados para acercarme.

—Sabes cuando murieron mis padres, sabes como, sabes que edad tenia yo cuando ocurrió, sabes donde estudié de niño, donde viví, donde vivo ahora, cuando es mi cumpleaños...

—¿No entiendes? —me interrumpió—. Que sepa esas cosas no implica que te conozca, Max.

Acerqué mi mano para tomar un mechón de su cabello y dejarlo tras su oreja.

—Rubia...

—¿Dónde estabas?

—No hagas eso, Maddox. No puedo decirte...

—Vete —pidió con la vista baja—. Por favor, nadie te obliga a dar explicaciones pero si vas a conocerme espero lo mismo de tí. Si no puedes darme eso entonces... no tenemos nada de qué hablar.

La miré sin ninguna intención de apartarme. Permanecí inclinado sobre ella, arrodillado ante ella y lo último que me faltaba era suplicarle pero yo no hacía eso.

Tampoco podía ser cien por ciento honesto, porque ella podría tomarlo mal, todo podría verse mal desde esa perspectiva... pero debía hacer algo.

Hablé sin pensarlo dos veces.

—Creo que mis padres fueron asesinados —admití con la voz queda y baja.

Ella parpadeó sorprendida de mis palabras. Separó los labios para hablar pero no dijo nada, como si de repente se hubiera quedado sin palabras, hizo eso varias veces hasta que por fin habló.

—¿Tus padres no murieron en un accidente? —preguntó despacio, con miedo de usar las palabras equivocadas.

Suspiré bajando un poco la cabeza.

—Eso creí, eso me dijeron desde hace muchos años pero... no lo sé. Supongo que nunca lo creí del todo.

—¿Cuándo empezaron las dudas?

Era buena haciendo preguntas pero debía cuidar lo que decía para no revelar de más.

—Un par de meses atrás, estaba viendo el expediente y la declaración de la policía... no lo sé, supongo que noté ciertas inconsistencias. Intenté hablarlo con mi hermano pero siempre que lo menciono se cierra al instante.

—Es difícil para él, estuvo en el accidente...

—También es difícil para mí —volví a verla y vi como presionaba los labios por la sorpresa, había usado un tono más afilado de lo normal.

—Lo siento, tienes razón.

Suspiré.

—El punto es que empecé a buscar información y el viernes... bueno, recibí una llamada, tenían información para mí y debí reunirme con alguien. Por eso no respondí y tampoco pudiste encontrarme en mi habitación.

—¿Te reuniste con alguien en Nueva York?

Tragué saliva, no podía decirle toda la verdad.

—La persona que podía conseguir información es de allí, por eso debía verlo.

Asintió despacio, supe por su expresión que no me creía, no del todo al menos, pero había ciertos datos de mi relato que eran ciertos y sabía que ella se daba cuenta de aquellas cosas que eran ciertas.

—Lamento no haber respondido, era algo... importante.

—Comprendo —dijo con voz vacía.

—¿De verdad? —asintió—. ¿Y para qué me buscabas a esa hora?

Me observó por un segundo antes de apartar la vista y encoger los hombros.

—Quería dormir contigo, supongo —admitió en voz baja.

Sonreí más tranquilo. Había supuesto que se trataba de algo malo, ya que Maddox buscándome a las cuatro de la madrugada no era normal pero el saber que era solo por eso me dejaba tranquilo.

—¿Ahora quieres dormir conmigo? —pregunte con voz suave y baja.

Ella puso los ojos en blanco.

—Vete Max, lo decía en serio.

—¿Qué? Pero si te estoy diciendo...

—Me dices todo esto porque yo te lo pido ¿o lo habrías hecho igual? —presioné los labios—. Exacto, ahora vete.

—Anda, rubia. Quiero estar contigo...

—Y yo también quiero estar contigo pero no así —dijo con firmeza—. Quiero saber que cuando te necesite estarás allí, para mí.

Arrugué la frente, lo decía como si se referiría a algo más pero no quise indagar, no era justo, yo no estaba cerca de ser totalmente honesto.

—Dame una oportunidad —acerqué mi mano a su rodilla desnuda y la acaricié con suavidad. Noté como todo su cuerpo se ponía en alerta al sentir mi tacto y no pude evitar sonreír—. Prometo ser honesto...

—¿Completamente honesto? —su voz ya estaba afectada, dejé que mi mano ascendiera por su piel acariciando la cara interna de sus muslos.

—Siempre y cuando eso no te ponga en peligro, claro —murmuré.

Seguí acariciando su piel mientras me inclinaba más cerca de sus labios, noté su respiración acelerarse y subí más mis dedos hasta casi rozar su entrepierna, debí controlarme para no excederme.

—Por favor —pedí.

Dejó escapar el aire contenido en sus pulmones, la duda aún brillaba en sus ojos.

—Ruegame un poco más —murmuró.

Sonreí.

—Por favor, rubia —susurré sobre su piel, aremoline mis dedos sobre sus labios hinchados y palpitantes—. Dejame demostrarte que tan sincero soy —dejé un beso en la cara itnerna de sus muslos y lamí con suavidad escuchando como jadeaba despacio—. Por favor...

Ella asintió y fue todo lo que necesité. Sonreí satisfecho antes de acariciar su entrada con mis dedos ansiosos, gruñí por lo bajo al notar lo húmeda que se encontraba.

Estaba así por mí. Yo solo le provocaba esto. Nadie más...

—Abre las piernas, rubia —le pedí y ella hizo caso.

Cuando mi lengua la tocó recibiendo toda su humedad y fluidos dejó caer su espalda sobre el colchón mientras hundía sus dedos en mi cabello.

La devore completa, con dientes y lengua, estimulé su clítoris hasta que sus gemidos se transformaron en gritos y la folle con mi lengua con fuerza. Si Levi podía escucharnos no pareció importarle porque recibió mis caricias con gemidos gustosos y me deleité en ellos, en la forma en que dejaba escapar murmullos de placer y arqueaba su espalda. Ella presionó sus dedos en mi cabeza acercándome más y sostuve sus piernas con mis manos, tomando con fuerza sus muslos y manteniéndola abierta para mí.

—Dime que no vas a ignorarme otra vez —pedí a centímetros de su sexo. Ella gruñó y dijo palabras inentendibles entre jadeos mientras pasaba mi lengua acariciando su entrada—. Vamos rubia, dilo.

—Dime que no vas a comportarte como un imbécil —dijo sin aliento.

Sonreí con diversión antes de hundir mi lengua en su sexo y follarla con fuerza por un rato.

—Este imbécil te complace bien, creo que te gusta demasiado —me burlé.

—Pero puedo conseguir otro si este me cansa.

Me detuve y la miré. Ella me observaba con una amplia sonrisa, las pupilas dilatadas, el pecho subiendo y bajando con fuerza, los labios hinchados.

Tomé con fuerza sus piernas y la atraje más cerca mientras me inclinaba con todo mi cuerpo sobre el suyo.

—¿Qué dijiste?

Antes de que pudiera hablar introduje dos dedos en su interior y ella gimió echando la cabeza hacia atrás. Sabía que con mis dedos le gustaba más y verla perder el control era embriagador.

—Repítelo, Maddox —curvé mis dedos en su interior haciendo movimientos circulares con lentitud, deleitándome en su expresión. Busqué con mi otra mano la tira de la bata y cuando me deshice de ella toda su piel desnuda quedó al descubierto. Siempre que la veía así me quedaba sin respiración, era perfecta, con su abdomen tonificado y sus pechos redondos pero no tan grandes, lo suficiente para poder rodearlos con mi mano—. No te estoy escuchando...

Antes de poder continuar se elevó sobre los codos, su mano dejó mi cabello para rodear mi cuello y atraerme más cerca. Habló a centimetros de mis labios.

—Si te sigues comportando como un imbécil me buscaré otro que me lo haga mejor, ¿De acuerdo?

Sonreí.

Me iba a volver loco.

—Te deseo suerte, porque ni en un millón de años te podrás librar de mí —me acerqué a sus labios y continué moviendo mis dedos en su interior—. Porque eres mía.

Se dejó caer de espaldas ahogándose en su éxtasis y placer. Cuando se arqueo más rodee un pezón con mi lengua y chupe con fuerza antes de morderlo, hice lo mismo con el otro y noté que eso la volvía loca. Sus manos se dirigieron a mi espalda y de no llevar una camiseta estaba muy seguro que sus uñas habrían dejado marcas en mi piel.

El saber eso hizo que me excitara aún más y aumenté la velocidad de mis dedos.

Ella gemía mi nombre y su piel tan suave contra la mía me estaba volviendo loco, no necesitaría de mucho más para correrme yo también pero esto se trataba de ella no de mí.

Así que extraje mis dedos y me arrodille nuevamente. Vi como me observaba confundida, con la mirada nublada de placer y volví a hundir mi lengua, la acaricié despacio y luego con más fuerza.

Hasta que su placer explotó como un volcán en erupción y la sentí temblar entre mis brazos. Me acerqué a ella y la atraje hacia mí. Aún seguía temblando por los espasmos y dejé un beso en su coronilla antes de dejar que el sueño nos invadiera a ambos. 

El sonido de un teléfono me obligó a abrir los ojos, me encontré con Maddox acurrucada entre mis brazos y sonreí al recordar lo que había sucedido la noche anterior, yo aún seguía vestido, ella con la bata puesta...

Y estábamos en su casa.

Mierda.

Separé los párpados con fuerza, el sonido provenía de su alarma y con cuidado me alejé para apagarla, luego me dirigí a la puerta que por suerte la había cerrado la noche anterior. Me asomé solo un poco para ver el pasillo pero estaba desierto, si Levi hubiera vuelto en mitad de la noche teníamos suerte de que no nos hubiera visto y al parecer debía dar gracias a Dios por seguir respirando.

El gruñido de protesta de Maddox me hizo volver a entrar, ella aún seguía vestida con su pequeña bata pero en realidad estaba desnuda, me excite de solo pensarlo. Me acerqué con cuidado mientras ella estiraba los brazos y abría los ojos. Me dedicó una radiante sonrisa.

—Buenos días —murmuró y me acerqué para dejar un fugaz beso en sus labios.

—Buenos días —respondí y acaricié su labio inferior con mi lengua, ella me atrajo más cerca y gemí cuando sentí su cuerpo desnudo bajo el mío, sus piernas rodearon mi cintura—. Maddox...

—Buenos días —repitió con voz juguetona—. ¿Qué hora es? —sus manos bajaron por mi pecho y se detuvieron en la cinturilla de mis pantalones, gruñí.

—Es temprano —dije con voz ronca a centímetros de sus labios.

—Temprano... —repitió y luego me alejó con fuerza—Mierda Max, debo ir a clases.

Y así se hizo añicos mi mañana perfecta.

La vi buscar ropa en su armario antes de cambiarse a toda velocidad. Me detuve a observar su cuerpo desnudo y no pude evitar ponerme duro al instante. Inhalé y exhalé despacio intentando calmarme.

—¿Quieres que te lleve? Así no llegas tarde...

—¿Lo harías? —le brillaron los ojos y sonreí.

—Por supuesto.

Pasó por mi lado en dirección al baño no sin antes dejar un suave beso en mis labios.

Bajé la vista hacia mi cuerpo: mi camiseta negra estaba llena de arrugas, mi cabello de seguro era un desastre y tenía una erección prominente. Llené de aire mis pulmones mientras cerraba los ojos intentando calmarme, necesitaba controlarme ya que no teníamos tiempo de hacer nada más, debía conformarme con echarme una mano solo al llegar a mi apartamento mientras pensaba en ella.

Quince minutos después, Maddox regresaba a la habitación perfectamente cambiada con unos jeans sueltos y un suéter corto color cereza. Amaba ese color y como le sentaba.

Llevaba las uñas rojas como siempre y unos aretes a juegos.

—Te fascina el rojo —comenté cuando se acercó.

Aún seguía en su cama así que ella me rodeó con sus piernas y se sentó sobre mí, tomé su cintura con fuerza mientras la atraía más cerca.

—Por algo soy Red Dragon —murmuró sobre mis labios.

—Debo admitir que me resulta sexy —dije en voz baja, con su aliento mezclandose con el mío. Presioné más mis dedos en su cintura mientras ella se friccionaba contra mí haciéndome jadear—. Maddox, no hagas eso.

—¿Por qué no? —murmuró.

—Porque sino haré que llegues tarde.

—Quizás valga la pena —atrapó mi labio inferior entre sus dientes y tiró con fuerza haciéndome excitar aún más.

—Quizás —gemí cuando la sentí moverse contra mi miembro completamente duro—. Dioses, Maddox...

Un gruñido.

Pero no era mío y mucho menos de ella.

Abrimos los ojos con sorpresa y giramos nuestras cabezas en dirección a la puerta.

—Matthews —la voz de Maddox estaba teñida de terror.

Pero él no la miraba, tenía los ojos fijos en mí.

Matt tenía una mirada muy expresiva, no había que ser un genio para saber lo que intentaba comunicarme: estaba a punto de asesinarme.

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