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24

El rubio tocó el timbre un par de veces y esperó a que la puerta fuera abierta, lo cual ocurrió unos instantes después. Una pequeña sonrisa adornó su rostro cuando un castaño apareció del otro lado de la puerta.

—Chico bonito —saludó Namjoon.

Seokjin sonrió de vuelta y se hizo a un lado para que el mayor pudiera pasar al departamento.

—Hola —saludó el castaño, Namjoon se acercó a él y rodeó su cintura con sus brazos, acercando sus cuerpos de forma íntima. Buscó los labios del castaño y los atrapó entre los suyos, iniciando un beso lento y pausado, para luego subir la intensidad. Seokjin se abrazó al cuello del rubio, dejando que éste le besara a voluntad.

Se separaron unos minutos después, pues el oxígeno, realmente se había hecho obligatorio y necesario.

—Dime... ¿Cómo está Taehyung? —preguntó el rubio unos momentos después, cuando sus respiraciones ya se habían normalizado.

—Pues... Primero dime como está Jungkook —pidió Seokjin.

—Pésimo...

—Ahí está tu respuesta —dijo el castaño—. Anoche dormí en su departamento pero esta mañana me pidió que me fuera, dijo que quería estár sólo.

—Jungkook se encerró en su despacho a tomar licor... ni siquiera ha pasado por la empresa, estaba con él hace un rato, le dejé con su abuela.

—Esto no es justo para ellos... principalmente para Taehyung... él ya ha sufrido lo suficiente... A todo esto ¿Quién es esa tal Hani?

—Es una amiga... hija de uno de los socios y amigos del padre de Jungkook, nos conocemos desde hace un par de años, siempre le ha gustado Jungkook, y él pues... jamás rechaza un buen polvo —respondió el rubio.

—Y déjame adivinar el resto de la historia... pensó que un embarazo sería la forma perfecta de retener a Jungkook a su lado —comentó el castaño con una mueca de desagrado.

—En pocas palabras, eso parece.

—Las personas de su tipo me dan asco y pena al mismo tiempo —dijo el castaño—. No puedo creer que alguien pueda caer en tales grados de manipulación y sin importarles el sufrimiento de los demás.

—Hani es un caprichosa mimada a la cual nunca se le ha negado nada... La verdad yo tampoco creo que ese bebé que está esperando sea de Jungkook... Pero eso lo sabremos cuando se haga una prueba de paternidad.

—¿Cuándo piensan hacerla?

—En cuanto Hani cumpla las dieciséis semanas de embarazo.

—Espero que los resultados sean negativos... Aún no me fío totalmente de Jungkook, pero Taehyung cambia cuando está con él, se le ve distinto, si Taehyung está bien con él entonces yo también lo estoy... Lo único que me importa es que mi amigo sea feliz.

—Te entiendo... Jungkook es como mi hermano menor, y créeme cuando te digo que jamás lo he visto así por nadie, sólo por Taehyung... Es hasta increíble, es como si Taehyung hubiera derretido el hielo que rodeaba su corazón...

—¿Esos dos deben acabar juntos verdad?

—Tienen qué... Y lo harán, no me preguntes por qué, pero estoy totalmente seguro de ello.

—Entonces voy a creerte —respondió Seokjin.

•••••

El pelinegro avanzó por las calles de Seúl, con la vista pegada al suelo y las manos metidas en los bolsillos de su abrigo.

El cielo nocturno se veía vacío, apenas con algunas estrellas por aquí y por allá.

Caminaba a pasos lentos, con los hombros caídos, semblante entristecido. La misma pregunta pasaba una y otra vez por sus pensamientos, como una película que se repite ¿Por qué? Se preguntaba el por qué de su situación.

Era muy irónico incluso hasta amargamente chistoso, muy mal sentido del humor que tenía la vida.

Al principio lo único que quería era que el tiempo pasara lo más rápido posible para que Jungkook saliera de su vida... Pero su corazón era un estúpido y se había enamorado del azabache... Ahora daría lo que fuera por poder detener el tiempo, detenerlo y así poder mantener al mayor a su lado.

¿Por qué nunca podía enamorarse de la persona correcta? ¿Acaso era mucho pedir?

Sin quererlo sus ojos volvieron a cristalizarse, ya habían pasado tres días desde la última vez que había hablado con el azabache. Sólo tres míseros días y ya sentía que se estaba ahogando ¿Cómo pretendía soportar toda una vida sin él?

Aún faltaban días para que su contrato terminara, sin embargo no ha recibido ni una sola llamada por parte del azabache.

Sacó el móvil de uno de sus bolsillos y buscó entre sus contactos. Kook.

[Quiero verte.]

Solo escribió dos palabras, cortas, simples. Luego de enviar aquel mensaje volvió a guardar su móvil.

Ni siquiera sabía por qué lo había hecho, sólo sabía que si por lo menos veía al azabache sólo unos momentos, dejaría de sentirse tan mal.

Se dió la vuelta y comenzó a caminar en sentido contrario al que iba, de vuelta a su departamento. Sabía que su mensaje sería correspondido.

Incluso si dentro de una semana ya no tendría tal oportunidad, incluso si dentro de una semana renunciaría a todo.

Por lo menos tenía la seguridad de que aquel mensaje sería correspondido.

•••••

El chofer aparcó el auto frente a la entrada principal de la mansión Jeon. Jisoo bajó del vehículo y luego de agradecerle al hombre se adentró en la gran mansión.

Faltaba poco más de una hora para el medio día, se había pasado la mañana en casa de su nieto, le había preparado el desayuno y sólo abandonó el lugar cuando se aseguró de que éste había acabado con todos los platos que le había preparado.

Detuvo sus pasos, al escuchar voces provenientes de la sala principal.

—Estoy muy agradecida señora Jeon, usted ha sido un gran apoyo para mi... —dijo Hani.

—Sabes que siempre quise una nuera como tú querida... deja todo en mis manos, sólo hay que presionar más a Jungkook... Pero te aseguro que muy pronto estará de rodillas frente a ti con anillo en mano —dijo la mayor, con una gran sonrisa, la cual Hani devolvió.

—¿Sería muy precipitado pensar ya en los preparativos para una posible boda? —preguntó la pelinegra, fingiendo estár apenada.

—¿Posible? ¡Pero querida si ya es un hecho! Yo me encargaré de ello...

Jisoo no soportó más seguir escuchando, ingresó a la sala de estár, con paso firme y enfadado hacia las dos restantes.

—¿Escuché bien? ¿Hablan de una boda? ¿Cuál si aquí no se celebrará ninguna? —intervino la señora.

La madre de Jungkook le miró con desagrado, Hani inmediatamente se puso de pie e hizo una pequeña reverencia.

—Señora Jisoo... La señora Jeon y yo estábamos...

—No es un asunto que le interese —intervino la madre de Jungkook, Eunbin.

—Me pareció escuchar que hablaban sobre mi nieto —respondió Jisoo.

—La verdad... tiene razón, hablábamos sobre Jungkook y sobre nuestro futuro... verá yo... Estoy embarazada —la joven habló con voz tímida, luciendo como el ser más dulce sobre la tierra. Sin embargo, la señora no cambió su expresión dura.

—Siempre supe que no eras más que una zorra caprichosa con pertenencias de señorita... Pero tu cinismo me sorprende.

—¡Jisoo! —gritó Eunbin, la sonrisa lentamente desapareció del rostro de Hani.

—Usted... N-no tiene por qué hablarme así...

—¡Ay por favor! Debería darte vergüenza... ¿Siquiera sabes lo que es eso? Mi nieto jamás terminará con alguien como tú... Ya tiene una persona que si le merece —esa última frase, fue dicha con una sonrisa. La rabia creció visiblemente en el rostro de la pelinegra.

—¿De qué estás hablando? —preguntó la madre de Jungkook.

—¿Acaso se refiere al tal Taehyung? —preguntó Hani, dando un par de pasos más hasta la señora—. Ese regalado jamás podría compararse conmigo.

—Corrección, una calienta braguetas como tú jamás podría compararse con él —comentó la mayor con burla.

—¡Una vieja como usted debería limitarse a meterse en sus asuntos! ¡Usted no es nadie para hablarme así! —está vez Hani gritó con enfado.

La mano de Jisoo se estampó fuertemente contra el rostro de la pelinegra.

—Escuchame bien niñita, tu a mi me respetas, no somos iguales así que guarda tu lugar... En cuanto a mi nieto, tu y yo sabemos perfectamente que ese bebé no es de Jungkook —la señora habló con voz fría y mirada penetrante.

Hani sólo atinó a frotar su mejilla enrojecida, con ojos cristalizados, Eunbin al igual estaba paralizada, con la ira bailando en su mirada.

La señora no no se molestó en pronunciar una palabra más, pasó de largo a ambas mujeres y se encaminó a las escaleras, con aquel paso elegante tan característico de su persona.

—Son unas víboras... —murmuró para sí misma mientras subía las escaleras.

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