
CAPÍTULO 12
RONNIE
—¿Te ha visto la cara?
—No. Pero creo que ha cogido la matrícula.
—¡Me cago en la puta, joder!
—Lo siento, tío, ¿yo que coño sabía?
—Se suponía que no tenía que estar en casa. Mierda —digo dándole una patada a la mesa del sótano.
—Pues estaba. Pero las armas no. Al menos en el garaje.
—Cómo hayan cogido la matricula, esos putos mellizos ya deben saber que he sido yo.
—Yo es que sigo sin entender por qué lo hemos hecho, primo. Había una tregua y ahora...
—Para que ese cabrón aprenda que no se puede tirar a quien le salga de la polla. ¡El Apache's es mío, joder! Se lo advertí. Le dije que no se le ocurriera ponerle una mano encima a Alexis. Pero le ha dado igual.
—Pero ahora van a venir a por ti. La tregua...
—A tomar por el culo la tregua. Que vengan.
Escucho el ruido de varios coches aparcar en la carretera, sobre nosotros. Salgo del sótano y subo las escaleras.
—Son ellos —dice Rob, mi hombre de seguridad—. Preparaos.
Saco mi pistola y me guardo otra en la cartuchera del tobillo. Abro la puerta y sonrío a un Ryder furioso que se aproxima.
ALEXIS
Joder, la he cagado. Luke no se va a olvidar de esto tan fácilmente. Cojo mis llaves y sin molestarme en ponerme unos pantalones, voy hacia su apartamento. Toco la puerta un par de veces pero no responde nadie.
—Luke. Por favor —nada—. Luke, ábreme para que hablemos. No es lo que parece —nada.
Abro la puerta y entro sin hacer ruido. Veo que está tumbado en el sofá, viendo la tele. Ni siquiera se gira a mirarme. Cojo el mando y se la apago.
—Márchate. Te he dicho que no quería verte, Alexis.
—Joder, Luke. Tenemos que solucionar esto. Odio estar mal contigo, es una puta mierda.
—Haberlo pensado antes de dejar a ese cabrón entrar en tu casa. Te da igual lo que yo piense así que, ¿qué más da?
—Yo no le he dejado entrar. Se ha colado por la ventana. Y claro que me importa lo que pienses, es sólo que él no es como tú piensas.
—¿No es cómo yo pienso pero se cuela por la ventana, no? Venga, Alex. Paso de esta mierda ya. Eres mayorcita, tú sabrás lo que haces.
—Joder.
RYDER
Aparcamos frente a su puerta y me bajo del coche sin apagar el motor. Tengo una mala hostia encima que sólo quiero reventar su cabeza. Y cuando veo que abre y me mira con esa sonrisa de suficiencia, sólo lo empeora.
Aiden intenta sujetarme pero me suelto y camino hacia él. Sin cruzar palabra le doy un puñetazo en toda la cara. Se sorprende porque no se lo espera, pero se da la vuelta y me lo devuelve. Es entonces cuando estalla la locura. Cuatro de sus hombres salen de la casa y se posicionan a su lado. Los mellizos me empujan hacia atrás y se colocan delante de mí. Todos sacamos la pistola y nos apuntamos.
—¡Parad! Un momento, que nadie se vuelva loco, joder —dice Aiden apuntando a uno que tiene delante—. Esto no es necesario. No necesitamos las putas pistolas.
Todos retrocedemos poco a poco hasta colocarnos detrás de los coches y ellos detrás de unos contenedores... sabiendo lo que viene a continuación. Ronnie es el primero en disparar, reventando una de las ventanillas de mi coche. Yo apunto y disparo sin pensarlo dos veces. Le doy justo al contenedor donde se esconde pero por desgracia, no a él. Todos comenzamos a disparar, ignorando que puede vernos cualquier vecino y avisar a la policía. Mierda. Mi padre.
—¡Si algún vecino llama a la pasma, estoy jodido! —grito por encima de los disparos.
—¡Tenemos que largarnos! ¡Son demasiados! —grita Trevor al ver a otros cuatro saliendo de la casa.
—¡Sí, y me estoy quedando sin balas, joder! —añade Max.
—¡Subid a los coches y vámonos! —grita Jeff— ¡Ry, sube, yo te cubro!
Les observo unos segundos y aprovecho que dos de ellos están recargando sus pistolas para correr y subirme al coche. Veo cómo Carter, Trevor y Max, pasan de mi coche al suyo y se suben intentando que ninguna bala les alcance. Y no lo hace. Pero de repente escucho un grito.
—¡Aiden! ¡Roland, han dado a Aiden! —exclamo cuando veo su expresión y la sangre a través de la sudadera verde.
—¡Estoy bien, arranca! —grita mientras se aprieta el brazo.
—¡Me cago en la puta!
Después de asegurarme de que estamos todos en el coche, lo pongo en marcha y salgo a toda velocidad. Veo por el retrovisor como el coche de Max viene tras nosotros.
—Aguanta, tío —conduzco todo lo deprisa que puedo y no paro de mirarle por el retrovisor— ¡Aiden! —grito cuando veo que cierra los ojos.
—¡No te duermas! —le dice Roland desde el asiento de atrás, dándole golpes en la cara— ¡Acelera!
A los pocos minutos aparco en la puerta de mi casa y entre los mellizos lo meten y lo tumban en el sofá. Trevor coloca rápidamente una manta debajo para que no se manche todo de sangre.
—Aiden, colega, mírame. Hermano —digo mientras Roland raja su sudadera.
—Mmm —murmura intentando abrir los ojos.
—¿De dónde cojones sale tanta sangre? —pregunta Carter.
—Ha debido darle en alguna vena —escucho decir a Trevor.
—¡Cerrad la puta boca! —exclamo con todos los músculos tensionados.
—Tengo que sacarle la bala. Sujetadle.
Roland coge una pinza y mientras los demás le sujetamos por el otro brazo y por las piernas, le saca el pedazo de plomo sin dudar. Aiden hace una mueca de dolor pero apenas se inmuta. Y eso no es bueno.
—¡Me cago en la puta! ¡Aiden!
Mientras Roland se deshace de la bala, Jeff le cose la herida para que deje de sangrar. Pero es demasiado. La aguja se le resbala cada dos por tres. Coloco los dedos en su cuello y noto que su pulso es muy débil. No me doy cuenta de que estoy llorando hasta que mis lágrimas se mezclan con su sangre.
—¡Aiden! —sujeto su cara con mis manos— ¡Colega, abre los ojos! ¡Llamad a una puta ambulancia!
—Hermano... —susurra— ¿Te... te acuerdas... de cuando supimos que nos habían... cogido en la universidad?
—Claro que sí —digo entre sollozos.
—Fuimos... a aquella cafetería... en la carretera...
—Lo recuerdo.
—Tenemos que volver... el chocolate estaba muy bueno —dice dibujando una pequeña sonrisa.
—Claro que volveremos. Iremos dónde tú quieras. Pero ahora aguanta, por favor —suplico apretando su mano.
—Gr... gracias... por todo —dice esforzándose por mirarme antes de cerrar los ojos.
—¡Aiden! ¡Aiden! —grito moviendo su mano— ¡Mírame!
—Ry... Ryder, tío —llora Max.
—¡Cállate! ¡Abre los ojos, hermano! —suplico sujetando su barbilla y llenándosela de sangre con mi mano.
—Ry, está...
—¡Que llaméis a una puta ambulancia! —grito interrumpiendo lo que sé que iba a decir.
—Es tarde... —por su voz, sé que Trevor también está llorando.
—¡Aiden! Aiden... —le miro y me dejo caer en el suelo, a su lado.
—¿Qué vamos a hacer? —pregunta Carter media hora más tarde.
Estamos todos en el salón de mi casa. Mi mejor amigo está muerto. Aiden ha muerto. No soy capaz de reaccionar. Estoy sentado en el suelo, apoyado en el sofá dónde yace el cuerpo de mí hermano. No he podido decir una palabra, sé que todos temen mi reacción. Yo mismo la temo. Mi cerebro se ha detenido. No puedo pensar. Esto no está pasando.
—Ry... tenemos que tomar una decisión —dice Roland con cuidado—. Tenemos que pensar cómo vamos a explicar esto.
De repente lo veo claro. Me levanto y voy hacia el sótano, nadie se atreve a seguirme. Paso por debajo de la escalera y entro en el escondite de las armas. Cojo dos 9mm y dos cargadores más. Pienso llenar a ese hijo de puta de plomo. Guardo una en mí pantalón por delante, la mía por detrás y la tercera, en el bolsillo de mi sudadera. Me la suda si se nota. Ya no lloro. Las lágrimas son solo gotas saladas acumuladas en mi cara. Mezcladas con sangre. Su sangre.
—¿¡Dónde vas!? —me preguntan los mellizos acercándose a mí cuando vuelvo al salón y camino hacia la salida.
—Aiden no va a ser el único que muera esta noche.
ALEXIS
Después de no arreglar nada con Luke, vuelvo a mi casa y me tumbo en la cama. Soy incapaz de dormirme, no paro de pensar en Ryder. ¿Qué coño me pasa con él? Esto no está bien. El ruido de mi móvil me saca de mis pensamientos.
—¿Scar? ¿Qué pasa? Es tardísimo —digo respondiendo a su llamada.
—Lexi... ha pasado algo —su voz es nerviosa.
—¿Qué?
—Ryder...
—¿Qué le ha pasado? —pregunto incorporándome asustada.
—No estoy segura. Me han dicho que se han escuchado disparos y han visto su coche. No sé nada más.
—Ahora te llamo —digo colgando el teléfono.
Busco su número en la agenda y pulso el botón de llamada sin dudarlo. Pero no responde. Lo intento una vez más pero nada. Me pongo unos pantalones y una sudadera, y bajo a mi coche.
Conduzco nerviosa hasta su casa, sin saber qué hacer o decir cuando llegue. Rezando para que siga vivo y no le haya pasado nada. Gracias a Dios, hay luz dentro y sus coches están fuera. Cuando estoy a diez metros de la puerta, ésta se abre antes de que yo llegue hasta ella. Es Ryder el que sale. Tiene la camiseta llena de sangre. La cara... Su expresión...
—¡Ryder, no puedes ir ahora! —grita uno de sus amigos.
—¡Tío, espera un segundo, joder!
Le sujetan entre los dos mellizos pero él se revuelve para soltarse. Yo estoy aquí de pié, sin atreverme a acercarme. No creo ni que me haya visto aun. El chico que se estaba liando con Scar, Carter, se acerca corriendo hasta mí.
—¿Qué haces aquí?
—Scarlett me ha llamado. Me ha dicho que se han escuchado disparos y han visto su coche. ¿Qué ha pasado?
—Aiden... —se le quiebra la voz.
Y entonces comprendo todo. Me fijo en sus caras y veo que todos han estado llorando. Alguno de ellos aún lo está. Ryder no. Ryder está hecho una furia, intentando soltarse de los mellizos.
—Eres la única que puede convencerle —me dice Carter.
—¿Pero qué...?
—Quiere ir a por Ronnie —me interrumpe, sabiendo lo que iba a preguntar.
Sin pensarlo dos veces me acerco hasta él. Me coloco en frente y le sujeto por la cara para que me mire. Se revuelve y me ignora. Intenta darle un cabezazo a uno de sus amigos pero éste lo esquiva.
—Ey, Ryder.
—Apártate —me mira inexpresivo.
—No pienso ir a ninguna parte.
—Alexis —coge aire despacio—. Por favor. No quiero hacerte daño —dice con la voz quebrada.
—Pues tendrás que hacerlo si quieres ir a suicidarte —ya no intenta liberarse ni hace fuerza, así que los mellizos le sueltan.
—Tengo que ir —comienza a llorar.
—No. Tienes que vivir —le rodeo con mis brazos y le obligo a abrazarme mientras acaricio su pelo—. Lo siento mucho —susurro en su oído—. Ven conmigo. Por favor.
—No —me suelta y sacude la cabeza como queriendo despejarse—. Déjame.
Se revuelve y corre hasta su coche. Yo voy detrás, alcanzándole antes de que arranque, y me meto deprisa en el asiento del copiloto.
—¡Mierda! —exclamo cuando siento unos cristales cortando mi mano.
—¡Joder, Alexis! Maldita sea —gruñe mirando mi mano y después a mí—. Entra en mi casa para que Aiden... Joder —cierra los ojos y coge aire—. Para que Max te cure.
—No. Si vas a ir de todas formas, voy a ir contigo.
—¡Alexis! ¡Sal de mi jodido coche! —grita en mi cara.
—¡No!
—Por favor, gatita... —comienza a llorar otra vez y a mí se me parte el corazón. Me siento sobre él y saco las llaves del contacto.
RYDER
—Se ha muerto, Alexis. Aiden se ha muerto.
—Shh —me abraza—. Todo va a ir bien.
—Nada puede ir bien ya —digo sin poder parar de llorar.
—Yo estaré contigo. No vas a pasar solo por esto.
Sus palabras me hacen sentir un poco mejor. Pero no lo suficiente. Aun así, sé que Aiden no querría que hiciera esto. Necesito ocuparme de él.
—Tengo entrar en casa. Él sigue ahí —murmuro.
—Vamos —se levanta y sale del coche.
Coge mi mano y caminamos juntos hasta la puerta, los chicos nos siguen. Parecen más tranquilos ahora que Alexis está aquí. Y lo cierto es que si no hubiera aparecido, ahora mismo estaría matándome a balazos con ese desgraciado.
—Si te parece bien, nosotros nos ocuparemos —Jeff me habla con cautela cuando entramos al salón.
—No. Es cosa mía —digo sin poder dejar de mirar su cuerpo.
Alexis se hace la fuerte por mí. Se acerca y coge la manta que está doblada en el sofá de al lado, la abre y la extiende sobre su cuerpo, tapándole.
—Nadie puede enterarse de esto, tu padre es el jefe de policía. Hay que fingir que ha sido un accidente. Lo primero que hay que hacer es llamar a una ambulancia, si no sospecharán —dice como si estuviera hablando para sí misma.
Observo cómo camina de un lado para otro moviendo cosas y con el teléfono en la oreja, mientras da órdenes a los chicos, los cuales obedecen sin rechistar. Esta chica no deja de impresionarme.
ALEXIS
Me da un pinchazo en el estómago cuando veo su cuerpo tirado en el sofá, pero no puedo dejar que me afecte, ahora no. Así que decido ocuparme de todo yo misma. Me encargo de llamar a la ambulancia y contarle que hemos escuchado disparos y hemos encontrado a Aiden tirado en la calle. Que le hemos sacado la bala y cosido porque no paraba de sangrar, y que ahora no respira. Les digo a los chicos que no toquen nada más y que por supuesto, se deshagan todos de sus pistolas porque vendrá la policía.
—Bueno, vamos a ver. Cuando vengan todos diremos lo mismo. Si no, no va a funcionar. ¿Lo tenéis claro? —les miro a todos.
—Sí —Roland asiente junto a su hermano.
—Sí —la voz de Max es tan solo un susurro.
—¿Ryder? —pregunto cuando veo que no responde y tiene la mirada perdida.
—No puedo hacer esto —sube las escaleras y desaparece.
—Deberías ir. Nosotros nos ocupamos —me dice Roland.
—Tranquila, sabemos lo que tenemos que decir —añade Trevor.
Subo las escaleras y camino despacio por el pasillo, lo recuerdo de cuando estuve en su casa. Entro en su cuarto sin llamar. Veo que tiene la pistola entre las manos y está sentado sobre la cama.
—¿Qué haces con eso? —pregunto acercándome despacio.
—Ha sido culpa mía. Yo quise ir a por él. Y ahora mi mejor amigo está muerto —su voz es seria y parece hundida en un oscuro agujero.
—Dame la pistola.
—Yo debería ser el que está muerto —continúa, ignorándome y mirando el arma.
Me agacho delante de él y sujeto sus manos. No me aparta, pero no suelta la pistola. Nunca había visto a alguien tan destrozado. Con todos esos tatuajes adornando su cuerpo y esa dureza en su mirada, nunca pensé que le vería así. Acabado. Vacío. Sin ganas de vivir.
—No puede estar muerto. Él no... Esto tiene que ser alguna clase de pesadilla. Cuando despierte, él seguirá vivo — divaga, mirando al suelo y apretando el arma.
Sacude la cabeza como dándose cuenta de que lo que está diciendo no tiene sentido y vuelve a llorar. Pero esta vez rompe de verdad. Le quito la pistola y la meto en un cajón. Baja de la cama y se deja caer en el suelo, mientras yo le rodeo y dejo que llore sin decir nada. Pocos minutos después, escucho voces y alboroto en el piso de abajo.
—Ha debido de llegar la policía. Tenemos que bajar —susurro girando la cabeza para mirarle y dándole un beso en la mejilla.
—No te vayas —suplica mirándome con los ojos enrojecidos y vidriosos.
—No voy a irme a ninguna parte. Vamos —digo ofreciéndole mi mano.
Salimos de la habitación pero se detiene en lo alto de las escaleras. Niega con la cabeza y vuelve a llorar. Sujeto su rostro entre mis manos y me pongo de puntillas, dándole un pequeño beso en los labios. Seco las lágrimas de sus ojos y tiro de su mano para que me siga. Bajamos y entramos despacio en el salón. Las luces rojas y azules de los coches de policía y de la ambulancia, iluminan toda la calle y parte de la casa. Cuando la policía nos ve, dejan de hablar con Max y se acercan.
—Buenas noches, Ryder. Tu padre está de camino. Cuéntame qué ha pasado, por favor.
—Yo se lo contaré —digo sin soltar su mano.
—¿Y usted es...? —pregunta mirándome y alzando una ceja.
—Alexis Fabrici. Yo encontré a... a Aiden en la calle. Les llamé a ellos y entre todos le metimos en casa.
—¿Y por qué no llamaron a una ambulancia primero?
—Porque estaba perdiendo mucha sangre... Solo pensábamos en salvarle la vida.
—Entiendo. ¿Viste quien le disparó?
—No. Cuando me acerqué ya no había nadie. Solo escuché unos disparos y...
—¿Dónde estaba usted?
—Venía a ver a Ryder, cuando he escuchado disparos desde el otro lado de la calle. He empezado a correr y me lo he encontrado ahí... tirado.
—De acuerdo. Voy a necesitar que me acompañéis todos a comisaria.
Se da la vuelta y camina hacia fuera. Yo me giro y veo a los de la ambulancia cargando el cuerpo de Aiden en la camilla. Carter, Trevor y Max están en una esquina, los tres fumándose un cigarro y con la mirada igual de perdida que el resto. Sé cuándo Ryder se ha girado también porque aprieta mi mano y se tambalea un poco. Acerco mi cuerpo al suyo y le obligo a pasar un brazo por mis hombros. Hago que se mueva un poco para apartarnos de la puerta y dejar que saquen la camilla. La camilla con el cuerpo de Aiden.
RYDER
—No... —murmuro cuando veo el cuerpo de mi amigo cubierto, saliendo por la puerta en manos de dos desconocidos.
—Ry, tío...
Max se acerca a mí llorando y me abraza. Dios, esto es demasiado. No puedo moverme, no sé qué hacer ni qué decir. Siento que observo mi cuerpo desde arriba, pero que no estoy dentro de mí mismo. Que estoy fuera de la escena, como un mero espectador. Veo a Alexis mirarme, hablarme. Pero solo mueve los labios, no escucho nada. Todos me hablan, me miran, preocupados. Solo escucho un pitido fuerte en lo más profundo de mi cabeza. Cada vez más fuerte. En mis oídos. Todo da vueltas. Creo... mierda.
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