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Todo concluye aquí.

Permanecía sentada, admirando la calma del lugar, el sonido suave del viento sobre las hojas de los árboles, y cómo las personas conversaban unas con otras entre risas. Todo era serenidad hasta que sintió una persona tomar asiento frente a ella en la mesa. Sus ojos revolotearon hacia él rápidamente, admirando su aspecto por una fracción de segundo, y sonrió, casi para sí misma.

Algunas cosas no cambiaban, tanto física como mentalmente.

— Cuando pensé en verte, nunca creí que fuese en un sitio... como este —comentó con el reproche camuflado de simpatía. Ni siquiera la miró o la saludó como cualquier otra persona lo haría. Pero él era así, un comentario de la nada, encendía un cigarrillo y se daba cuenta que las bienvenidas y despedidas no existían.

— Nunca acordamos vernos, si hubiese sido el caso, habría cambiado de paisaje —respondió ella, sabiendo que era mentira lo que acababa de salir de su boca.

— Te has vuelto demasiado blanda y melancólica —dijo luego de darle una calada a su cigarrillo y cruzarse de piernas. Ella sonrió con humor, porque ya estaba resignada a no recibir ningún tipo de halago de su parte.

Quizás su pasado lo llevó a esa amargura innata, quizás fue todo lo que ha visto pasar frente a sus ojos, o quizás también era parte del tipo de vida que llevaba.

— Conocí a tu novia —la voz de ella sonó profunda y cálida, para repeler los celos. Sus ojos se posaron más allá de ellos, para no lidiar con la incomodidad—. Impresiona ser un encanto —agregó.

— ¿Cuál de todas? —preguntó él con descaro, haciendo que ella meneara la cabeza.

— La actual, supongo que de esta línea temporal—respondió. Él respiró hondo, dejando su cigarrillo de lado, y permaneció mirándola por más tiempo del que podría admitir.

— Todas son un encanto, tengo un gusto específico. Encantadoras, melancólicas, que les gusta más admirar el paisaje que ser parte del mismo —la voz de él era tensa, sincera e intensa. Ella no pudo evitar mirarlo, y permaneció en silencio, con una cálida expresión.

— Suenas como alguien que sabe lo que quiere —comentó con humor, aún sin ver una gota de ello en sus ojos. Por lo que lo conocía, sabía que nunca había sido tan sincero y seguro como ahora.

— Me llevó tiempo, pero al fin ya sé lo que quiero —insistió, haciéndola asentir e intentar frenar todas las emociones que generaba.

— ¿y eso qué es? —preguntó, queriendo dar un poco de puja a esa silenciosa batalla.

— Lo sabrás la próxima vez que nos veamos —respondió, con una mueca que era lo más cercano a una sonrisa.

— ¿Y eso cuándo va a ser? ¿En 1 año, 10 años? —inquirió, medio frustrada y medio curiosa. Un sonido similar a una risa salió de sus labios. Tocó su mano de manera tan suave que era como el fantasma del cariño que necesitaba.

— ¿Quién dice? Puede ser posible que nunca te enteres —se encogió de hombros, terminando su cigarrillo y pisándolo con sus elegantes zapatos negros. Le dio un aburrido y efímero vistazo alrededor, antes de ponerse de pie.

Se acercó sutilmente a ella, dejando un beso en la cima de su cabeza.

— Nos vemos en otra vida —canturreó con una sonrisa, yéndose de la misma forma en qué llegó. Y ella quedó allí con una sonrisa plasmada en sus labios, pensando en la forma en que él había sabido dónde y en qué momento estaba. Aquel encuentro parecía una especia de prueba. No era de dar ese tipo de visitas; tan enigmáticas y llenas de mensajes que no quería sobreanalizar.

Por un momento quedó tan ensimismada en todo, que parpadeó, recordando qué hacia allí. Le dio un vistazo a las personas alrededor y al paisaje, todo se veía demasiado mundano. Bebiendo su café, notó las notificaciones de su teléfono; su madre le había mandado un mensaje, sus amigas hablaban en el chat grupal pero no había ningún mensaje más.

Repiqueteó sus dedos sobre la mesa, sin querer ponerse nerviosa porque su cita estaba llegando tarde. No quería pensar demasiado en todo cuando notó que alguien tomaba asiento frente a ella. La sensación de deja vu la hizo tensar, mientras veía como su novio se cruzaba de piernas y encendía un cigarrillo.

— Cuando pensé en verte, nunca creí que fuese en un sitio... como este —comenzó, sonriendo como si fuese algo muy gracioso. Ella ladeó su cabeza, arrugando su frente, sin comprender si había algún mensaje secreto.

— ¿qué tiene de malo? Es al aire libre, no hay muchas personas y tienen los postres más ricos. 3 cosas que amas —se quejó, sabiendo bien que él había insistido en tener una cita en un lugar donde ella quisiera.

él negó, ocultando su sonrisa bajo su mano. sus ojos encendidos y mejillas sonrojadas.

— Este lugar es perfecto, igual que tú —susurró, haciéndola enrojecer. Hacía años que se conocían, no había persona que supiese más de él que ella, y no existían filtros entre ambos, aún así, siempre se las ingeniaba para ponerla nerviosa.

Ella lo vio pedir una bebida, mientras respiraba hondo y miraba el lugar como si fuese una obra de arte. Notaba la serenidad, la falta de amargura y la sinceridad con la que se movía. Sentía que veía a la misma persona de siempre, y al mismo tiempo, en una parte lejana de su mente, creía que veía a otra persona.

— Nunca te vi tan sonriente —susurró, apoyando su rostro en una de sus manos y con la otra entrelazada con la de él.

— Creo que acabo de darme cuenta que elegí el camino correcto, y eso me hace muy feliz —respondió, dejando suaves caricias sobre su piel—. Ya no necesito volver atrás para saber lo que voy a necesitar, y al futuro para saber lo que pasó. Esta vez me voy a enfocar en el presente —afirmó, haciéndola sonreír con felicidad.

No importaba como corría el tiempo, como cambiaba la historia y la forma en que las cosas concluyen, sabía que en todas las líneas paralelas de tiempo y en cada una de sus vidas, el final siempre estaba allí, en ellos dos.


FIN.

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