MI NOMBRE ES JOE ELLIOTT
¿Que se siente al vivir sin límites? si quieres saberlo, continúa, vas a verlo.
Mi nombre es Joe Elliott, y llevo toda la vida de ciudad en ciudad persiguiendo mi sueño, convertirme en parte de una banda de música.
Desde hace varios años, toda mi vida se ha basado en desfases, sexo, alcohol, compras y todo lo que se me pusiera delante, sin límites.
sufrí un accidente que me llevó a cambiar de golpe mi forma de vida.
al fin decidí sentar la cabeza, asentarme en un lugar tranquilo y comenzar una nueva vida, esta vez con control, pero existe el control cuando tienes el amor delante?
Como ya dije, mi nombre es Joe, de hecho Joseph, pero me niego a ser llamado así... A menos que sea por él...
A más o menos cinco meses de comenzar la historia, tuve un accidente que me cambió la vida.
Yo siempre había sido un tipo de lo más rebelde, siempre hacia lo contrario de lo que me pidieran, y de buenas a primeras, empecé a beber hasta cegarme.
Cada mañana despertaba con alguien a mi lado de quien no me acordaba lo más mínimo, en camas que no eran la mía, ciudades lejanas a la que yo habitaba.
Yo tenía un buen amigo, Pete, mi compañero de faena, si lo mío era desfase lo de él... Era un puto desastre, pero yo lo quería mucho, es más, podría decirse que lo quería demasiado, ya que cuando él se acercaba a mi, mi corazón se aceleraba hasta exceder los límites de lo normal, su risa me resultaba preciosa y todo lo que quería, era besarlo.
Si, estaba enamorado de Pete, pero él caminaba por otra acera, así que jamás le dijo mucha importancia a mis propios sentimientos, y simplemente tuve que tragar con ellos.
Conocíamos un Púb maravilloso en el que ambos solíamos quedar para comenzar nuestro día, que empezaba a las 7 de la tarde, y acababa a las seis de la mañana.
A las siete, como cada día, yo esperaba a Pete en el pub hasta que el apareciera con la chica de turno, y aún que esto me reconcomía por dentro, no le hice de más nunca. Mientras ellos charlaban, yo hacía de chico bien, y buscaba alguna persona a quien invitar a una Copa.
Comenzaron siendo mujeres, en su mayoría del lugar, quizás una a la semana. Con el tiempo perdí la cuenta, cada mañana despertaba al lado de una mujer nueva, de la que yo, no me acordaba, pero pronto eso no fue suficiente.
Una tarde pasé cerca de la iglesia y ví a un hombre predicando sobre la importancia de la familia
-LA MUJER Y EL HOMBRE FUERON HECHOS PARA UNIRSE EN MATRIMONIO, Y CONCEBIR SU DESCENDENCIA, NADA FUERA DE ESTO HA DE SER ACEPTADO... - Blah blah blah.
Nunca antes me había planteado la idea de acostarme con un hombre (ya que según yo, lo que sentía por Pete, era solo cariño, como el que le tienes a un perro, o a un hermano) , pero sin duda, al escuchar a aquel pastor predicar aquello, se despertó en mi la curiosidad.
Aquella noche invité a un chico algo menor que yo, a un par de copas, reímos, charlamos y lo llevé a mi casa.
Recuerdo el pánico que sentí al verlo a la mañana siguiente en mi cama, desnudo, y a mi mismo, de la misma manera.
Pensé: “Joe, si lo disfrutaste de esa manera, tan malo no puede ser” y al fin me auto-convencí de que quizás aquello no era tan horrible.
Pronto cambié a todas aquellas mujeres que pasaban por mi cama, por hombres, y mi nuevo descubrimiento me quitó tiempo para pensar en Pete... Entonces sucedió el accidente.
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