EL ACCIDENTE
Tras una larga noche, volví a casa con Pete, yo había Estado con un hombre simplemente increíble, mientras que Pete se había llevado a su cama a una chica rubia preciosa.
Salí del cuarto, no sin antes mirarme al espejo para cuidar que mi imagen no se viera del todo dañada.
-como dices que se llamaba la tía?
-Ni puta idea, pero tu viste que pedazo de flotadores? -Pete hizo alusión a las tetas de la mujer, básicamente- las Rusas están como trenes -le sonreí, y ambos regresamos tranquilamente a casa. La mía quedaba muy lejos, de modo que iba a quedarme con Pete aquella noche.
Decidimos beber un poco más.
-oh vamos Pete, solo unos vasos más! Que puede pasar?
-Creo que es suficiente Joe... Ya bebimos en exceso hoy
-no seas aburrido! Solo van a ser un par de copas más...
Al final accedió, y me arrepentí diariamente de haberlo convencido.
Tal era la mierda que llevábamos que no fuimos capaces ni de acostarnos, ambos caímos rendidos, él en el sofá y yo en el suelo del Salón.
Ví como Pete iba quedándose profundamente dormido con el tiempo, y lo miré entre risas creyendo que solo estaba dormido, y decidí dormir también yo.
A cosa de la media noche, necesité levantarme para ir al baño, y no fue hasta que me lavé la cara para despejarme, que pude ver como Pete, medio inconsciente y confundido, se llevaba manos al pecho, pidiendo ayuda en susurros y mirando a todos lados aturdido.
Lo levanté en brazos, lleno de miedo y lo llevé a que vomitara, pero no fué suficiente, seguía pidiendo ayuda y tocando su pecho, fuí corriendo a llamar una ambulancia, pero los latidos de Pete disminuían por segundos, y parecía que a penas era capaz de respirar.
La ambulancia llegó, lo metieron en ella y le dieron oxígeno, trataron de reanimarlo y lavarle el estómago, yo estaba dentro de la ambulancia, no sabía que hacer, al fin y al cabo, podría decirse que fué mi culpa que esto fuera así.
Pete entró al hospital sin a penas esperanza de vida, y en efecto, nunca salió del Hospital.
Y fue mi culpa...
Yo lo maté...
Ese día decidí terminar con mi forma de vida.
Rebajé todo lo que pude el consumo de alcohol, y busqué un lugar donde al fin comenzar a vivir, yo solo, lejos de aquella ciudad.
Los que nos conocían, sabían que yo lo había llevado a la tumba, y los que no, lo especulaban, para ellos yo era un asesino.
Viajé hasta la otra punta de Sheffield, ahí tenía un antiguo amigo de la escuela, Rick Allen, que me ofreció asilo en su casa, tras oir la historia.
Rick era baterista, de un banda bastante popular en Sheffield, había ido a algunos conciertos de ellos y sin duda eran Buenos. Ellos recientemente habían perdido a su cantante, y yo, que realmente necesitaba la oportunidad de demostrar que era algo más que un asesino indirecto, le rogué que me hiciera una prueba.
Rick, en vista de mi desesperación, aceptó llevarme con él al estudio, para que sus compañeros pudieran hacerme una audición. Y ahí, comienza mi verdadera historia.
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