Capítulo 40
Luan había terminado de grabar a los cachorros quienes, con casi seis meses, eran cada día más adorables, juguetones y traviesos. Luan había adaptado parte del patio trasero de su casa para que se divirtieran a sus anchas al aire libre. Caroline estaba saltando arriba de Sneeu, mordiéndole una oreja. El pequeño león blanco tenía una paciencia infinita con su hermana, a la que adoraba. Simba, por su parte, estaba recorriendo el patio, mirando hacia la parte de afuera de la cerca, con intenciones de explorar el mundo más allá de lo permitido.
―Hey, Simba ―le dijo desde la distancia―. Te estaré vigilando. Hemos visto el Rey León miles de veces, y ya sabes que eso de salir sin permiso fuera del reino no sale bien...
El cachorro lo miró con curiosidad. A veces Luan creía que lo entendían, y lo cierto es que sí habían visto el Rey León miles de veces. No podía explicarlo, pero cuando comenzaba el metraje, los cachorros que siempre armaban un desmadre dentro de la casa, se quedaban quietos sobre la alfombra de la sala, escuchando la música y viendo las imágenes. Una ternura. Varias de esos videos se habían viralizado ya en YouTube, ya que al público le había resultado en extremo simpático que aquellos leones se calmaran con semejante película.
Luan permaneció en el patio trasero mirándolos por unos minutos más. Hacía frío, ya que era pleno invierno en Sudáfrica. Su teléfono vibró en el bolsillo de sus pantalones y al tomarlo advirtió que tenía dos mensajes: el primero de Jus, y el segundo era de Maximilien, el hermano de Caroline, lo cual le pareció raro.
El biólogo frunció el ceño y abrió primero el de Jus. Tenía adjuntado un boleto de avión para Suiza. El 8 de agosto era la salida y el regreso el 16. ¡Faltaba apenas una semana para partir!
"Querido amigo:
Espero que estés bien. Quería contarte que el 10 de agosto, en conmemoración al Día Internacional del león, se estrenará mi documental y se hará la presentación del libro de fotos de Caroline. Tu presencia es necesaria. Aquí te adjuntamos un boleto. No te preocupes, lo ha pagado el productor del documental, consciente de que tu presencia es indispensable. Eres bienvenido a quedarte en mi casa. Te esperamos con ansias.
Un abrazo,
Jus".
Luan frunció el ceño. ¡No sabía qué hacer! Por una parte, estaba ilusionado con poder ir al estreno del documental y a la presentación del libro de Caroline, pero... ¡Tenía el corazón roto! Hablaba con ella algunas veces en el mes, pero siempre era doloroso para él pues Carol estaba del otro lado del mundo y no había vuelto a hablar de regresar a Sudáfrica. Ahora, por el contrario, era a él a quien querían hacer ir. ¿Qué ganaría con todo aquello? ¿Verla y quedar con el corazón aún más destrozado cuando tuviese que regresar y Carol permaneciera en Europa? Aquello no podía ser una opción para él, por más que quisiera verlos.
Fue entonces que recapacitó al recordar que tenía un mensaje de Max en su correo. Jamás le había escrito por esa vía, así que era probable que fuese Jus quien le hubiese proporcionado su dirección. No por casualidad los dos correos habían llegado prácticamente juntos.
Max era menos protocolar que Jus, apenas había escrito dos líneas:
"Amigo, espero aceptes la invitación. No es negociable. Un abrazo".
Luan no pudo evitar reír. Max tenía ínfulas de Rey, eso de "no negociable" era una expresión de su capacidad de ordenar. Sin embargo, ¿a qué se refería con invitación? ¿Estaba hablando de la presentación del documental? Advirtió entonces que el mensaje del príncipe tenía también un adjunto, y cuando lo abrió quedó lívido y no pudo evitar llevarse una mano a los labios:
―Santo Dios.
Era una invitación sumamente formal:
"Su Alteza Real Luis de Liechtenstein, príncipe heredero y regente, así como su familia, tienen el placer de invitarlo al Castillo de Vaduz, del 12 al 15 de agosto, con motivo de la celebración del Día Nacional del Principado, el próximo miércoles 15".
―¿Qué es esto? ―dijo en voz alta. Por más que leyó y releyó, era una invitación oficial a Liechtenstein.
Luan buscó en la web y casualmente el Día Internacional del león era el 10 de agosto, y la fiesta nacional del principado el 15. Si tenía un boleto para Suiza el día 8, y regresaba el 16, podía asistir perfectamente a la invitación de la familia real. Era evidente que Max y Justin se habían puesto de acuerdo, pero, ¿Caroline también? ¿Ella quería que fuera? ¿Deseaba él ir luego de lo que habían hecho sus padres para separarlos? Luan no sabía qué pensar, cuando la mano de Quentin se posó sobre su hombro y lo hizo salir de sus pensamientos.
―¿Sucede algo, Luan? ―le preguntó su padre.
Luan le mostró los mensajes, y le explicó lo sorprendido que estaba, sobre todo con la invitación para ir a Liechtenstein.
―¿Y qué vas a hacer?
―No lo sé, papá... No sé si Caroline...
―Serías muy tonto si te encierras en tu dolor y no aclaras las cosas con ella. Aunque no lo digas, sé que continúas enamorado de Caroline.
Él no lo negó, pero no estaba dispuesto a ceder tan fácil.
―Ella se marchó en el momento más difícil de mi vida. ―Fue lo único que dijo.
―Caroline probablemente tuvo que tomar la decisión más dura de todas, pero no porque no te amara. Permite que ella te explique. A pesar del tiempo transcurrido, no ha dejado de pensar en ti. Su libro de fotografías y estas invitaciones, son evidencia clara de que te necesita.
―Pero su familia...
―Su familia quizás no actuó de la mejor manera ―lo interrumpió de nuevo Quentin―, pero también están enmendando su error. Invitarte a una celebración oficial en el Principado es una cosa seria. Lo están haciendo porque eres el novio de Caroline, y porque consideran que pueden tener un futuro juntos.
"Novio de Caroline", aquella frase lo hizo estremecer. Se llevó las manos al rostro y soltó un largo sollozo que hacía tiempo que venía conteniendo.
―No seas orgulloso, Luan ―continuó su padre―. A veces es importarte perdonar, pero, sobre todo: amar. Escríbele a Justin y a Max y acepta la invitación. Tu madre y yo estaremos felices de cuidar a los cachorros por ti.
Ginebra.
Max miraba feliz el hermoso libro de fotos de Caroline sobre Timbavati. Ya estaba listo, se estaba comenzando a distribuir en librerías y en sitios online, y tendría su presentación en apenas unos días.
―Me encanta, Carol. ¡Ya te lo he dicho! El libro es una belleza, y creo que has encontrado tu verdadero camino en el arte. No es que la fotografía conceptual no se te diera bien, pero estas fotos sobre naturaleza verdaderamente transmiten un sentimiento.
―Gracias, Max.
Caroline estaba nerviosa, daba vueltas por todos lados luego de que Justin la llamara para decir que Luan había aceptado ir a la premier del documental. ¡Lo vería dentro de poco, y eso la tenía en extremo ansiosa!
―Tengo tanto miedo de que las cosas salgan mal... ―le dijo a su hermano―. ¿Y si cuando llegue ya no me quiere? ¿Y si la distancia nos ha hecho daño a los dos?
―¿Puedes calmarte? ―Max se burló de ella sin piedad.
―Max, ¡no sabes lo que se siente! ¡Tengo miedo de que Luan venga solo por el documental y por su amistad hacia Justin y no por mí!
―¿Y si te dijera que no es solo por el documental? ―le dijo Max sonriendo y saboreando el momento. La expresión del rostro de Caroline no tenía precio.
―¿Qué es lo que sabes, Max? ―lo urgió desesperada.
Max se rio por unos instantes más, antes de contestar:
―Le he enviado a Luan una invitación oficial en nombre de nuestro padre para que asista a las festividades por el Día Nacional del principado. Se alojará con nosotros en Vaduz.
Caroline se sentó en el sofá, no podía mantenerse en pie.
―¿Lo dices en serio?
―Sí.
―¿Y nuestros padres lo han invitado? ―insistió.
―Yo di la idea, pero papá estuvo de acuerdo y lo hicieron con buena voluntad. En verdad quieren conocerlo ―respondió Max.
Caroline se abrazó a él y le dio un beso en la frente, pletórica de dicha.
―¡Ha sido la mejor idea! ¿Cómo no se me ocurrió antes?
―Porque yo soy más inteligente ―contestó.
―¡Bobo! ―Carol le dio un pequeño golpe en el hombro―. Pero tienes razón, ¡ha sido algo brillante! ¿Y Luan ha dicho que sí? ―Temía que declinara la invitación. Debía estar dolido con sus padres, con ella...
―Recién me ha respondido, juzga por ti misma. ―Max le tendió el teléfono para que ella pudiese leer el mensaje.
"Estimado amigo:
Acepto tan amable invitación, y agradezco a tu familia por haber pensado en mí. Estoy seguro de que nos veremos antes en Ginebra en la premier del documental y en la presentación del libro de Caroline. Nos vemos pronto.
Hasta entonces, un abrazo de,
Luan".
Caroline no podía creerlo. Ella siempre tan contenida, tan princesa, comenzó a dar saltos en la habitación con el teléfono en la mano. Max sonrió complacido, hacía tiempo que no veía esa felicidad en el rostro de su hermana y por supuesto que valía la pena todo lo que hiciera por intentar perpetuarla.
Timbavati.
No habían hablado, pero si Caroline sentía nada más que la mitad de su ansiedad por verla, sería un hombre satisfecho. Luan estaba haciendo sus maletas para viajar al día siguiente a Johannesburgo donde tomaría su vuelo hacia Suiza. No podía creer que hubiese llegado casi el momento de partir. ¡Estaba tan feliz! Porque por más que lo pensaba, si Caroline no siguiera amándolo no habría autorizado esa invitación. Y si sus padres no lo quisieran para novio de su hija, tampoco lo habrían invitado a una celebración oficial. Aquello era un buen indicio, ¿cierto? Intentaba calmarse, pero realmente no podía.
―Todo irá bien, hijo ―le dijo Kande con una sonrisa―. He traído esto para Caroline. Espero que le guste.
La mujer dejó en la maleta de su hijo un hermoso vestido típico sudafricano de color verde. Luan le dio las gracias, no sabía si a Caroline le gustaría utilizar una prenda tradicional, pero se lo daría de parte de su madre. "¡Cuando la viera!". Se sentía realmente nervioso cuando pensaba en ello.
―Luan, quiero decirte algo antes de que te marches ―le dijo su padre cuando entró a la habitación―. Es algo bueno.
―¿Qué? ―preguntó mientras se sentaba en la cama.
―La Universidad de Pretoria, algunos miembros de la Asociación de propietarios y otras personas de bien, están planeando crear una ONG cuyo objeto social sea la reproducción asistida de especies y el estudio genético de las poblaciones de Timbavati y el Parque Kruger.
―¿Y por qué no sabía nada de esto?
―Porque hablaron conmigo, pero no quería decirte hasta que el asunto se concretara. Al parecer, ya está el financiamiento y este proyecto va a permitir reconstruir la clínica y dotarla de todos los recursos necesarios. Va a ser algo mucho más grande de lo que era, y te dará la posibilidad de cumplir todos tus planes.
―¡No puedo creerlo! ―Luan estaba feliz como un niño, y corrió a abrazar a su padre―. ¿Pero cómo ha sido esto posible?
―Ha sido gracias a la intervención de varias personas y organizaciones. ―En parte era verdad, pero no estaba autorizado a hablar de Caroline aún―. Cuando regreses de Europa tendremos una reunión y luego se firmará la escritura de constitución. Yo seré parte de la junta directiva ―añadió orgulloso.
―¿Y quién más? ―preguntó.
―Todavía no lo tengo claro. Tú estarás a cargo de la investigación; también habría otros investigadores de la Universidad, ambientalistas, en fin... Aún no sé ―le dijo con una sonrisa, aunque estaba pensando en Carol―. Ya tendremos tiempo de ver este asunto cuando regreses y nos reunamos con ellos.
―De acuerdo.
―Solo quería que te fueras feliz con esta noticia.
―Estoy muy feliz, padre. Y aunque sin duda esta noticia es fabulosa, siento que nada puede compararse con ver a Caroline de nuevo.
―Te comprendo ―afirmó Quentin satisfecho―, y estoy también muy feliz por ambos. Estoy convencido de que todo saldrá muy bien.
―Ojalá ―respondió. Estaba sumamente nervioso. Sus padres jamás lo habían visto así, pero la dicha que sentían por verlo cumplir sus sueños era inconmensurable.
Hola!!! Espero que les esté gustando la historia. En el próximo capítulo ya se encuentran!!! 🎉🎊🎉🎊🎉🎊 Un beso 😘
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