Capítulo 31
Luego de un fin de semana de ensueño, habían vuelto a casa. A Caroline le sorprendió estar utilizando esa palabra "casa" referida a Timbavati, donde apanas llevaba viviendo algunas semanas. ¿O acaso su casa era dónde estaba Luan? Era inquietante lo involucrada que estaba con él, mucho más de lo que hubiese pensado cuando le dio el primer beso en el globo. Estaba enamorada de Luan, y lo echaba de menos cuando lo tenía lejos, como ahora cuando estaban trabajando, muy distantes el uno del otro.
Caroline se encontraba con el equipo grabando a unos elefantes tomando un baño en el río. El plan de rodaje se estaba cumpliendo, y salvo por el parto de Gertrude, ya no faltaba tanto por hacer.
―Jus, la luz está cambiando, creo que mejor lo dejamos por el momento. Pienso que ya hemos grabado bastante ―le hizo notar la princesa.
El director dudó por unos segundos, pero finalmente asintió.
―De acuerdo, lo dejamos por hoy.
Chris y Marc comenzaron a recoger el equipo, mientras Eva, Justin y Kate discutían sobre la jornada del día siguiente. El plan inicial era continuar con los elefantes, pero si ya tenían suficiente, ¿por qué no reforzar un poco más la parte de los leones? Aquello era el centro del documental, indiscutiblemente.
Luego de ponerse de acuerdo, se marcharon en los respectivos vehículos. Caroline estaba algo cansada luego de su fin de semana, pero quería ver a Luan. Justin aprovechó el trayecto para ponerse al día de los últimos acontecimientos. A causa del trabajo, no pudo hablar mucho con la princesa cuando ella llegó a primera hora de la mañana.
―Por tu rostro puedo intuir que les ha ido de maravillas.... ―le dijo con una sonrisa.
―Así ha sido ―reconoció un poco ruborizada.
―Entonces ya conoces bien a... ―se interrumpió con su propia risa―, a Sudáfrica.
―¡Oh, sí! Totalmente. Es un país maravilloso... ―Y ambos sabían que se refería a Luan.
Justin estaba feliz por ella, por lo único que estaba algo disgustado era por el hecho de que, a causa de ese viaje a Pretoria, se había tenido que separar de Charlie por dos días completos.
―Charlie descansa hoy, dile que vaya a verte... ―sugirió Carol―. Yo haré lo mismo con Luan. Ya estás enterado, espero que no se te ocurra ir a vernos al lodge... ―bromeó, aunque también lo decía bien en serio.
Justin volvió a reír, aunque aquel asunto le había dado mucha pena en su momento y se había excusado con los involucrados después, por separado.
―Te prometo que no interrumpiré nada, cariño. ¡Promesa de director! ―exclamó llevándose la mano al corazón.
―De acuerdo entonces, director. Ahora démonos prisa, quiero darle otra sorpresa a mi chico de ojos verdes ―confesó la princesa.
Luan se encontraba en su laboratorio, poniéndose al corriente de lo sucedido en los últimos días. Leila y John lo tranquilizaban diciendo que todo estaba bien. Él, por su parte, les contó del éxito de su presentación. Ellos eran parte de su trabajo, y aunque el protocolo lo había diseñado él con su tutor de tesis, los doctores veterinarios eran una pieza clave para el proyecto.
―Sin embargo, Luan, hoy han salido par de artículos de algunas sociedades ambientalistas, preocupadas por la utilización de técnicas de inseminación en leones, por lo que ya conoces: la caza de trofeos ―le advirtió John.
Leila buscó en su teléfono los dos artículos, breves, que condenaban ese tipo de prácticas.
―Tenemos que tener cuidado con estas organizaciones, ya sabes que en su loable función de proteger a la especie a veces nublan su juicio respecto a la ciencia.
Luan frunció el ceño mientras miraba los consabidos artículos. No lo mencionaban, pero era indudable que resultaban ser una réplica a sus posturas. Una de las organizaciones que se había hecho eco de esto era la que dirigía Timothy, lo cual no le extrañó en lo absoluto.
―Tal vez debí esperar un poco a que nacieran los cachorros para exponer mis resultados ―consideró en voz alta―. Sé que hasta que nazcan nos molestarán con este tipo de cosas que intentan demeritar el trabajo que desarrollamos.
―También está Timothy por el medio, apoyando estas posturas ―le recordó John, quien estaba muy enterado de las disputas, personales y profesionales que había tenido Luan con él.
―Por supuesto, está su mano detrás de todo esto ―concordó―. Sin embargo, no voy a permitir que me desanime. La comunidad científica me apoyó abiertamente, y saben que lo que hacemos es por el bien de la especie. A nadie en su sano juicio se le ocurriría pensar que desde Timbavati alentamos a las granjas de cría de leones para la caza enlatada. Nuestro propósito es otro, y sé que los académicos me comprendieron y no solo eso, nos respaldan.
―Entonces todo estará bien, amigo ―le dijo Leila dándole una palmadita en la espalda―. No permitas que esto afecte tu humor ni tus deseos de continuar trabajando. ¿Por qué no pasas a ver a nuestra chica? ¡Se alegrará de verte!
Luan sonrió, moría de deseos de verla. Salió al exterior y se encaminó a ver a Gertrude. La leona estaba descansando debajo de un árbol en su área perimétrica, con un abultado vientre. Luan se acercó solo un poco, no quería que se sintiera intimidada, aunque en general, ya Gertrude se había acostumbrado a su presencia.
―Ya falta poco, amiga. Pronto llegarán tus cachorros. Qué alegría, ¿verdad?
Gertrude, como si lo supiera, se giró un poco mostrándole aún más su panza, con orgullo. Nadie diría que aquella tierna leona pudiese cazar con tanta precisión ni correr tan rápido detrás de una presa. Luan amaba mucho su trabajo, y no le tenía miedo. Solo respeto, que no era lo mismo, y creía que todas las especies merecían lo mismo de él.
Tras unos minutos de contemplación, salió del área, justo en el mismo instante que recibía un mensaje de Caroline:
"Te invito a comer en casa, ¿quieres?". ―Una sonrisa iluminó su rostro, aunque acto seguido frunció el ceño:
"¿Y quién va a cocinar?" ―preguntó.
"Yo, tonto. Las princesas también cocinan. Ven pronto, por favor". ―Pero Caroline sabía que no era del todo cierto. En su caso no se le daba muy bien la cocina, pero quería invitarlo a cenar y pasar tiempo con su chico.
"Me arriesgaré porque te amo, y quiero verte" ―mandó él riendo como un bobo ante la pantalla. Y aunque no pudo ver la sonrisa de Caroline al recibir su respuesta, se la imaginó. Aquello bastó para que se estremeciera totalmente y, tomando su carrito, se dirigiera al lodge de su novia todo lo rápido que el carrito permitía.
Macarrones con queso. Esa era su receta, la única que le salía bien. Caroline no tenía mano alguna para la cocina, por más que se esforzaran. Afortunadamente, la pasta olía estupenda, y ya estaba en su punto.
―Al menos se hizo rápido y bien, sin quemar nada ―dijo ella para sí.
Luego de recibir el mensaje de Luan y de apagar la estufa, se dirigió a su habitación para preparar su sorpresa. Comenzó a llenar la bañera con vista a la selva. Jamás la había probado y le parecía algo realmente erótico. Luego de aquel vergonzoso encuentro con Luan en el baño a su llegada, se descubrió fantaseando con él en la tina, aquella que estaba en la habitación y que, gracias a sus cristales y a una magnífica vista, te hacía pensar que te estabas sumergiendo en un río natural. Ahora podría dar rienda suelta a su fantasía, puesto que ya Luan era su novio, y en Timbavati volvía a experimentar esa sensación de libertad que le encantaba.
―¿Caroline? ―le escuchó decir.
Había llegado rápido. Casi corriendo, y eso la alegró. El corazón le dio un salto, y solo atinó a decirle que esperara un momento. Faltaba algo para hacer del momento algo más especial aún.
―Ya puedes entrar, estoy en la habitación ―le dijo en voz alta cuando concluyó.
Sintió los pasos de Luan aproximándose, abrió la puerta con cuidado y sus ojos salieron de sus órbitas cuando se encontró a Caroline en la bañera. A su lado un par de copas y el licor que él le había regalado: Amarula.
―Me escribiste que te gustaría que lo tomara contigo, así que te estaba esperando para hacerlo. Dijiste que era afrodisiaco, ¿verdad? ―añadió con una risita y las mejillas encendidas.
Luan no respondió de inmediato, no podía apartar la vista de Caroline en la espuma. Parecía Venus, naciendo en el agua, como el cuadro de Boticelli.
―¿Te has propuesto volverme loco? ―se quejó riendo mientras se desnudaba. La locura en este caso era buena.
―Seremos dos entonces ―respondió Caroline también mirándolo. Luan desnudo era... No sabía cómo describirlo, pero era capaz de hacerla estremecer. Y ni siquiera le había dado un beso.
El sudafricano dejó la ropa en mitad de la habitación y se coló en el agua despacio. Lo estaban esperando los brazos de Caroline, quien lo recibió con un largo y apasionado beso, capaz de activar todos sus sentidos, en especial su atributo de masculinidad.
―Espero que nadie nos interrumpa hoy ―susurró Luan mientras le acariciaba la espalda, colocando pequeños montoncitos de espuma en ella con sumo cuidado.
―He amenazado a Justin con ello ―contestó en broma―, y Charlie irá esta noche a verle. Estaremos solos. Eso espero, salvo por la fauna que nos estará viendo desde los árboles ―repuso mientras miraba en dirección a la selva.
―Timbavati guardará nuestros secretos. Así lo harán los pájaros de esos árboles, del mismo modo que lo hicieron los pingüinos...
Caroline sonrió, recordando la playa y todo lo que allí vivieron. Este momento era incluso mejor porque estaban realmente solos y se necesitaban mucho. Se abrazaron más aún y él colocó a la princesa a horcajadas sobre su cuerpo. Con una mano libre tomó una copa ―ya servida por ella―, y se la dio a Carol; luego tomó otra para sí.
―¿Brindamos?
―¡Claro que sí! ―repuso ella con entusiasmo―. Por nosotros.
―Por nosotros ―dijo Luan chocando su copa y luego tomando un sorbo―. ¿Qué te parece?
―Me gustó ―afirmó, y casi tomó media copa de un golpe.
―Mas despacio, Carol... ―Él le quitó la copa y la dejó en su sitio para poder besarla―. No quiero que me acuses de que embriago tus sentidos.
―Como aquella vez en Ginebra, puedo asegurarte que sé lo que estoy haciendo... ―respondió ella con voz emocionada.
Luan la abrazó más, acarició su cuello, besó su escote lleno de espuma, y aprovecharon la deliciosa postura para amarse tiernamente en la bañera, con la misma ilusión de la primera vez.
―La pasta está estupenda ―comentó Luan mientras probaba el primer bocado. Estaban ambos enfundados en sus batas de felpa y comían con avidez.
Caroline se rio desde su puesto.
―Tienes tanta hambre que cualquier cosa te vendría bien...
―Puede ser, pero realmente está buena, mi amor.
―Te confieso que no sé cocinar... ―admitió ella con el rostro ruborizado―. Y antes de que lo digas, no tiene nada que ver con mi título, simplemente no se me da bien...
―De acuerdo, de acuerdo ―dijo él riendo―. Te prometo que seré yo quien cocine cuando vivamos juntos...
Lo dijo de manera tan natural, que no comprendió de inmediato la connotación de lo que había dicho. Al ver la mirada de Caroline desde el otro lado de la mesa se tensó un poco al recapacitar.
―Lo siento, no sé si dije algo que...
Ella negó con la cabeza.
―Es natural que, en algún momento, vivamos juntos ―reconoció. No dijo en qué momento sería, pues lamentablemente aquello no dependía ni siquiera de ella. Era algo que debía hablar con sus padres y pronto―. El lodge está rentado por unas semanas hasta que termine la grabación...
―Puedes estar aquí el tiempo que quieras y sin pagar ―se apresuró él a decir―. Hablaré con mis padres y...
―No, no. No tiene sentido, Luan. No sería justo con tus padres, que se pierden de una importante entrada teniendo en cuenta que este es uno de los sitios más exclusivos del hotel...
―¿Entonces qué sugieres?
―Mudarme a tu casa, ¿no? ―respondió con tranquilidad―. Es lo más lógico.
El corazón de Luan dio un salto con esas palabras, pero intentó mantener la calma.
―Mi casa es bonita, pero este lodge es más lujoso y tiene más comodidades... No sé si...
―En tu casa estaré bien ―le respondió ella tomando su mano por encima de la mesa―. He estado en ella y es preciosa. Lo mejor es que estaré contigo, Luan. Si lo prefieres, podemos compartir el tiempo entre el lodge y tu casa. Hoy te quedas conmigo aquí, pero mañana puedo dormir allá. Así me voy habituando. ―Realmente estaba poniendo todo de su parte por hacer funcionar la relación y eso conmovió a Luan, quien se llevó su mano a los labios lleno de felicidad.
―Te quiero, Caroline. Prometo hacerte una cena estupenda. Y limpiaré concienzudamente antes de que llegues ―añadió mientras reía, pensando en todo lo desordenada que estaba la planta superior.
―Oh, sí. Eso sí me encanta: el orden ―le advirtió con una mirada algo seria, pero con una sonrisa.
―A sus órdenes, Alteza.
Caroline frunció el ceño con el tratamiento real, se "ofendió" un poco, pero se le pasó enseguida cuando Luan la tomó en brazos y la llevó hasta el sofá para llenarla de besos. Tan unidos pasaron la noche, que la princesa no se percató del par de llamadas perdidas que tenía de Maximilian, ni del mensaje que, en última instancia, le pasó su hermano ―era de madrugada en Europa, pero estaba preocupado por lo que podría suceder―.
"Carol, nuestros padres ya están al tanto de lo que sucedió contigo esa noche. Charlotte tuvo que declarar al regresar a Ginebra, y con Franz también hablaron. Él será reemplazado en su puesto en la Embajada, así que no tuvo reparos en decir lo que le pareció al respecto. Yo intenté hablar con ellos, pero es contigo con quien quieren conversar. No sé qué pensar. Suerte. Me llamas en cuanto hablen. Un beso, te quiero".
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