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[OS]

Hoshi olfateó el aire reconociendo un cierto aroma a extraño, el lugar olía a humedad en cada rincón, las escaleras y el techo goteaban y las paredes rotas y sucias no eran el paisaje más bonito, era un estacionamiento bastante común por la noche, como para traficar armas o algún acto ilegal. Y era gracioso, porque eso era lo que literalmente estaba pasando. Su padre era un grandioso tigre con varios negocios debajo de las miradas, tan temido y admirado por todos que incluso en un lugar como ese imponía su elegante presencia.

En cambio Hoshi era... él era un tigre, un completo tigre en alma y corazón, pero su madre había sido una pequeña y adorable chica que consiguió enamorar a un hombre tan imponente. Así que Hoshi era una mezcla entre su delicada madre y su gigantesco padre, y algo más; su madre era una mujer, sin garras ni colmillos ni pelaje, una completa humana que llegó de alguna manera a la parte de la ciudad dominada por los salvajes. Y Hoshi nació con manos en lugar de patas, con un rostro y una nariz pequeña en lugar de una alargada. Y con cabello en lugar de pelaje.

Así que Hoshi realmente parecía un humano, su piel lampiña y su cabello negro limitado a su cabeza y otras partes no era suficiente como para hacerlo parecer un animal como los otros. Incluso sus dientes, él apenas tenía colmillos y solía tener problemas con masticar la comida. No era como su padre, un completo tigre antropomórfico, era más como su madre, una aburrida humana indefensa. Y eso era mal visto entre todos los demás.

Su padre, para animarlo un poco, le había dicho que estar en el negocio lo haría más fuerte, que su pelaje saldría si se comportaba como un animal y se volvía más valiente alejándose de las faldas de sus cuidadoras. Y era emocionante, eso hasta que Hoshi tuvo que esperar en el auto por tres horas mientras que su padre discutía con los hombres de negocios... En serio, Hoshi podría parecer un humano pero no lo era, sus sentidos funcionaban como los de cualquier otro animal ¡podía escuchar sus balbuceos mientras él se quedaba en el auto!

Olfateó de nuevo el aire sacando la cabeza del coche, ahora el aroma era más fuerte que antes y provenía cerca de los otros animales que seguían discutiendo. Empujó la puerta y salió escabulléndose entre los autos, su curiosidad estaba picándole justo en la nuca pidiéndole a gritos que buscara la procedencia de ese olor tan extraño. No era desagradable ni nada que lo atrajera, al menos sabía que si era un ser vivo no sería un animal, porque tenía varios aromas mezclados; uno orgánico y otro más artificial, como un pesticida.

Pasó justo entre los autos y se agachó lo mejor que pudo yendo en cuatro patas, sabía que su padre estaría molesto con él por salir del coche, o por dejar que otros animales lo vieran, porque se ponía especialmente molesto cuando Hoshi "desfilaba por ahí" mostrándose ante los otros como si fuera normal. Claro, mientras que Hoshi no tuviera pelaje y sus garras fueran pequeñas jamás sería normal, pero no era su culpa ¡su padre la tenía! Despues de todo él había escogido a una humana como pareja. Aunque claro, estaba la madrastra de Hoshi que también era una tigresa.

Llegó a un auto en específico del que percibió el aroma, las ventanas negras no le permitían ver el interior así que hurgó en los huecos con su nariz. El vehículo estaba adaptado para patas con garras, lo cual tenía sentido porque los animales que discutían con su padre eran lobos, gigantescos lobos que podrían intimidar a cualquiera. Se acercó mejor a la ventana pegando su rostro a ella para ver el interior.

Un golpe del interior lo hizo saltar y alejarse, su corazón casi sale de su pecho por la sorpresa, estuvo a punto de huir, pero observando mejor aquello que estaba pegado al vidrio y que se presionaba contra él parecía familiar. Se acercó de nuevo a la ventana y colocó su mano contra el vidrio observando esa silueta que se acompasaba a la suya. Encajó su forma, los dedos extendidos similares a los suyos y aunque la mano era un poco más pequeña seguía siendo igual, solo que Hoshi tenía garras. Lo observó por varios segundos.

Su madre había sido la única persona con la que su mano alguna vez pudo encajar. Y ella ya no estaba.

Entre los animales las patas siempre eran distintas, y Hoshi ni siquiera encajó con los monos y chimpancés. Miró adentro del coche con los ojos bien abiertos tratando de traspasar aquella oscuridad que lo cubría, y lo encontró. Pequeños ojos rasgados le regresaron la mirada, una nariz pequeña, cejas y pestañas. Se acercó para ver con más atención cada detalle de lo que estuviera adentro.

La mano se movió bruscamente y con ello la puerta del auto, como si aquello intentara abrirlo, Hoshi saltó por la sorpresa un vez más y observó la situación; Este animal estaba dentro de un auto, el auto de dos lobos que negociaban con su padre vendía armas no reguladas por el estado a quien pudiera comprarlas...Había gato encerrado ahí, bueno, el gato estaba fuera, el encerrado podía ser un chimpancé o un mono.

El mono le señaló varias veces la puerta pidiéndole en un lenguaje de señas que lo sacara de ahí, Hoshi miró la puerta y despues miró al mono intentando convencerse de que no era asunto suyo... pero aquel animal ciertamente parecía joven, alguien que no tenía que estar metido en todo eso (como Hoshi) ¿Qué si estaba en problemas? Si tenía algo que ver con su padre él lo mataría, lo cenaría junto con su madrastra y su hermana... Hoshi no quería ser la cena.

El mono continuaba señalándole con insistencia que quería salir, este animal sin duda estaba en peligro, y era demasiado joven como para ser una amenaza, entonces... ¿hoshi debía liberarlo? Si era inocente entonces estaba haciendo lo correcto según las normas de su madre, seguramente ella haría eso ¿verdad?. Mierda, su cabeza comenzaba a dar varias vueltas. Respiró profundo y miró directamente a los ojos del animal.

Él le suplicó.

Hoshi miró sus afiladas garras sabiendo que golpear el vidrio no sería de ayuda. Le hizo una señal al mono adentro y encajó su garra intentando medir el golpe, no quería romperse un dedo por salvar a un mono. Alejó su brazo y tomó impulso. Su garra era lo suficientemente afilada como para romper el vidrio templado, o eso quería creer.

El sonido resonó en cada pared mohosa del estacionamiento, incluso lo aturdió al estar demasiado cerca, pero cuando abrió los ojos comprobó que la ventana estaba rota. Contuvo un grito entusiasmado y se alejó para que el mono pudiera salir. Lo encaró con una gran sonrisa que desapareció de un momento a otro.

Era un humano.

Soltó un grito agudo cuando el humano saltó fuera del coche. Bien, estaba en muchos problemas, más porque escuchó el rugido molesto de su padre y porque los lobos comenzaron a aullar ¿había una peor situación? Porque Hoshi quería estar en cualquier lugar menos ahí. No tuvo tiempo para pensar, el humano lo tomó del brazo y lo jaló entre los coches comenzando a correr, sus lentas piernas de humano escabulléndose peor que un ratón. Iban a atraparlos con facilidad.

—¡Mono!— atinó a llamarle aun sabiendo que no era un mono. —¡te van a atrapar si corres demasiado lento!

—¡Es lo más rápido que puedo correr!— gritó el mono.

Hoshi giró observando como los caninos comenzaban a correr en cuatro patas detrás de ellos, y peor, vio como su padre corría detrás de él, su mirada molesta transformándose por completo en la de un tigre detrás de su presa. Sintió el pánico subirle sobre el estomago y miró al lento mono que lo arrastraba entre los autos intentando salir de ahí.

—¡¿Qué fue lo que hiciste?!— le preguntó comenzando a correr. —¿Por qué te siguen? ¿Qué haces aquí?

—¡deja de hablar y corre!— Le gritó el humano.

Hoshi regresó su vista a su padre y a los lobos que estaban a nada de alcanzarlos, sabía que en cuanto lo hiciera probablemente no vería la luz del día en mucho tiempo, su padre se veía realmente enojado y seguramente su madrastra lo estaría más por causarle problemas. Todo estaba mal, porque estaba creando una mala imagen para su familia ¡y esos lobos lo miraban como si quisieran arrancarle el cuello!

A la mierda con todo. Si estaba escapando entonces escaparía bien.

Se adelantó un poco y tomó al humano por la cintura y pasó su brazo por debajo de sus piernas intentando no detenerse. Lo alzó como a un bebé y comenzó a moverse con mayor velocidad. El peso extra lo hacía más torpe con sus movimientos, pero seguía siendo más rápido que el humano así que tenían una oportunidad de perder a los otros animales. El humano protestó sobre sus brazos, al parecer no le gustaba la idea de ser llevado como un bebé, pero a la mierda con ello, era tan lento como una tortuga.

—Corre, corre, corre, corre, corre, corre...— Se repetía mientras seguía corriendo, se resbalaba un poco y chocaba contra las paredes, pero con tal de seguir en pie ya nada le importaba. —¡Corre! ¡Corre! ¡Corre!

Vio el final del estacionamiento como una luz, su rostro se iluminó con tanta emoción que estaba temblando. Aceleró su paso y cuando sintió el aire frio de la noche lo respiró como si estuviera saliendo del agua, su corazón latía con tanta fuerza que apostaba que el humano podía sentirlo. Giró hacia la derecha entre los árboles y la calle desierta, si llegaba a las calles más pobladas entonces podría perder a su padre y a los lobos.

—Agárrate bien.— Le aconsejó al humano. —Necesito mis brazos.

—¡Me caeré!

—¡Eres un mono, sostente como uno!

Soltó al semi mono y saltó con toda su fuerza tomando el tronco de un árbol, por suerte el chico no cayó, lo abrazó con tanta fuerza que sus costillas dolieron. Trepó por el tronco escuchando a lo lejos los pasos fuertes de los demás animales, y saltó a la reja para bajar por la pequeña colina que lo llevaría a la carretera de la ciudad. Cuando tocó el césped corrió en cuatro extremidades. Su padre le había enseñado que de esa forma era más rápido, pero Hoshi lo dudaba, a diferencia de sus piernas sus brazos no tenían la misma fuerza.

Se irguió corriendo como antes, no podía correr como su padre, él no tenía patas, tenía dos piernas y dos brazos, y no tenía garras suficientes, sus dedos eran largos, perfectos para encajar en el anillo que llevaba colgado en su cuello. Tomó de nuevo al chico que se aferraba a él y lo cargó por unas cuantas calles más, poco a poco se acercaban a la ciudad y Hoshi ya no escuchaba los jadeos de los lobos o los de su padre. Se detuvo bajo un pequeño puente junto a un parque y bajó al chico, ambos jadeaban.

—ah...—jadeó. —Ah...— volvió a jadear. —¡AHHHH!— En serio era difícil jalar aire. Comenzó a toser.

—¿estas bien?— le preguntó el derivado de mono picando su espalda. —Oye...

—¡¿Qué haces aquí?! ¡Eres un humano!— le gritó y el humano dio un par de pasos atrás. —¡mira tu cara! Ugh, de solo verla me da escalofríos.

—¿eh? Tu también eres un humano.— Dijo el chico alzando la voz, su mirada molesta consiguió encoger a Hoshi. —¡Tu ridículo disfraz no sirve!

—¿disfraz? ¿Quién lleva un disfraz?

—¡Tu! Esas estúpidas orejas, tus estúpidos rayones en el cuerpo y tus estúpidos colmillos falsos, no engañas a nadie.

Hoshi se llevó una mano al pecho completamente ofendido ¡Ese humano se atrevía a llamarlo estúpido! Hoshi era un gran tigre, tenía marcas por su cuerpo como cualquier tigre y no eran rayones, y sus colmillos no eran falsos ¡Y sus orejas no eran estúpidas! Eran grandiosas orejas que pudo heredar de su padre junto con una larga cola que por suerte estaba cubierta de pelaje. Si tenía algo estúpido era su piel lampiña y su nariz y boca como las de un mono.

—¡Soy un tigre!— Le gritó. —¡Nada en mi es falso! Mira— comenzó a jalar una de sus orejas para demostrarle, pero dolió así que lo dejó por la paz. —¡Mira mis garras!— Le mostró las manos sacando sus garras.

—Aja... Tus manos de bebé no me asustan.— Ah, que irritante humano.

—¿yo parezco un bebé? ¡Mira tu cara!

—¿Qué tiene mi cara?

—¡Es tan linda como la de un bebé!

El humano se puso rojo y apretó los labios como si estuviera conteniendo la respiración. Y era extraño, los humanos cambiaban de color con bastante facilidad, aun recordaba cuando su madre se ponía roja de la risa... risa, era algo que formaba también parte de los humanos, un sonido robado de las hienas.

—¡Vuelve a decir eso y te arrancaré los labios!— le gritó el pseudo-mono.

—Ja, un humano no tiene garras ni colmillos, jamás podrá arrancarme los labios. — El humano se acercó y puso sobre los labios de Hoshi una navaja. —¡Eso es trampa! Ah, los humanos y sus armas.

—Deja de fingir que no lo eres.— El mono se alejó. —No sé qué estés haciendo aquí, pero tenemos que irnos antes de que nos encuentren.

—¡Soy un tigre!— Se quejó para luego suspirar con fuerza. Tomó el brazo del chico y lo jaló a su boca para lamerlo. El humano saltó alejándose de inmediato con una mueca de dolor. —Un humano jamás podría hacer eso.

—¿Qué demonios?— El mono se observó por varios segundos, había pequeños puntos rojos sobre su piel que amenazaban con sangrar. —¿Qué carajos tienes en la lengua?

—Te lo dije, soy un tigre.— insistió. —Me veo como un humano porque mi madre lo era, pero mi padre es ese gigantesco tigre ¡que nos estaba siguiendo! Va a matarme cuando nos encuentre, lo hice quedar mal gracias a ti ¡Es tu culpa!

El mono no respondió, tan solo miró su brazo por varios segundos antes de caminar hasta Hoshi y extender su mano hasta tomar su rostro. El mono le abrió la boca dejando a la vista sus colmillos y comenzó a jalarlos y tocarlos. Hoshi contuvo la respiración hasta que por fin fue soltado. Despues, las manos del chico se dirigieron a sus orejas y sus dedos viajaron de un segundo a otro a las parcas sobre su piel. Estaba siendo examinado, justo como lo hacían los otros animales, solo que ellos prestaban más atención a su nariz y a sus manos.

—¿Qué clase de persona se acostaría con un animal?— fue la pregunta que lanzó el humano. Hoshi lo apartó. —Bien... Eres un tipo de gato o algo así, un hibrido.

—Soy un tigre. Ahora ¿puedo saber que hace un humano aquí? Estás lejos de tu casa, la ciudad de los humanos está al extremo de esta. Tuviste que viajar demasiado para llegar a este punto.

El humano suspiró caminando hacia atrás y dejándose caer en el césped, su lindo rostro de bebe siendo enmarcado por la poca luz que venía del faro. El chico era alguien bajito y su cabello era un rubio pálido, como el de un gato siamés, sus ojos azules y pequeños también le recordaban a dicho animal. Si Hoshi no lo supiera diría que en realidad ese humano era un hibrido entre humano y un siamés. Pero no, el chico tenía labios y una nariz, y manos y piernas y también carecía de pelaje.

—Lo último que recuerdo fue ser arrastrado por dos lobos— suspiró el chico. —Desperté en ese auto y despues te vi.

—¿fuiste secuestrado?— El humano asintió. —¿eres alguien importante? ¿Cómo el líder de la manada o algo así?

—No. Solo soy el hijo de un hombre desempleado.

—Entiendo...— Hoshi se sentó a su lado observando la poca agua que corría debajo del puente. —¿Cómo piensas regresar?

—No lo se.— el humano se encogió como un armadillo, sus brazos y piernas cubriéndolo. —Esto es una mierda...

—Oye...— Hoshi lo olfateó con curiosidad.

Y el humano estaba llorando. Hoshi reconocía ese gesto, reconocía los sonidos gracia a que su madre solía llorar mucho cuando estaba triste, o cuando estaba enferma, y Hoshi alguna vez lo hizo de niño, cuando su padre aun no se lo había prohibido por ser una conducta demasiada humana para él. Su estomago se apretó con culpa y preocupación por el humano, estaba solo en una ciudad que no er la suya, siendo perseguido por un tigre y una pequeña manada de lobos... Si que estaba pasando una mala noche.

—Oye...— Lo volvió a llamar Hoshi metiendo su cabeza entre los brazos del chico para encararlo. Por lo general solo tenía permitido hacer eso cuando tenía confianza, porque podía ser atacado con facilidad en esa situación, pero ese chico lloroso ¿Cómo iba a atacarlo? —No llores.

—No estoy llorando.— El chico lo empujó y Hoshi rodó por el césped. —Estoy pensando en lo que voy a hacer...

—Tienes que cruzar toda la ciudad.— Dijo Hoshi señalando los edificios. —Será difícil, los lobos tienen ojos en todos lados, se dividen en pequeñas manadas y es fácil que se comuniquen entre ellos, no puedes rodear la ciudad, es su terreno. Tienes que pasar por en medio, pero está lleno de animales, no les agradan los humanos.

—¿conoces toda la ciudad?

—Claro, mi padre no me deja salir mucho por eso tuve que aprender a moverme para que él no me descubriera. ¡Conozco todos los rincones ocultos de la ciudad! Todo para que papá no me vea caminar alrededor, le molesta que salga.

—Técnicamente sabes cómo salir de la ciudad sin ser visto.

—Claro, al menos sin ser visto por los felinos grandes y los aliados, como los lobos y las hienas.

—Sácame de aquí.— ordenó el humano.

—Sabía que lo ibas a pedir.— Hoshi sonrió de oreja a oreja y aclaró su garganta. —No~— cantó. —Ya me has metido en muchos problemas, no pienso ayudarte más. Y has sido un grosero conmigo ¡me dijiste estúpido!

—¿lo siento?

—¿piensas que arreglaras todo con una disculpa? ¡Papá está muy molesto conmigo!

—Si, supongo que se molestará si regresas ahora. —El humano le sonrió. —¿Qué hacen los tigres cuando se molestan con sus hijos? Él se veía bastante furioso, y te aseguro que no me miraba a mi.

—Sea lo que estés tramando conmigo no va a servir, humano, no voy a meterme en más problemas por ti.— El chico suspiró.

—¿por favor?— Sonrió.

Bien, la linda cara del humano era adorable, tenía que aceptarlo, ahora entendía la ternura de los elefantes cada que hablaban de las personas, ellos insistían que sus caras feas eran lindas y por eso siempre querían aplastar a Hoshi con sus grandes patas. Suspiró apartando el rostro sintiéndolo un poco caliente. Hoshi nunca había sentido mariposas en el estómago, nunca, era una extraña sensación que se suponía no debía de tener, su padre siempre le repetía que en algún momento sentiría mariposas en otro lado más al sur, y que ese era el momento indicado para tomar a una linda tigresa. Pero su madre le había contado de las mariposas en el estómago, y ella fue un poco más abierta.

Hoshi sonrió entonces.

—Supongo que...— Caminó hasta el humano. —Si lo dices lindo podría pensarlo ¡lo más lindo posible!

El chico hizo una mueca desagradable y desvió el rostro. Hoshi se acercó con una gran sonrisa esperando que actuara lindo para él. Eso solían hacer los humanos ¿no? tratar a los animales pequeños como idiotas y ponerles un pontón de mierda encima para satisfacer sus instintos de opresión y humillación. Era Justo que Hoshi le pidiera algo así por años y años de opresión.

—Te cortare las orejas cuando duermas.— Amenazó el humano antes de cambiar su semblante. —¿podrías por favor...?

—Hoshi, mi nombre es Hoshi, úsalo. Dí tigre Hoshi.

—Tigre Hoshi... podría por favor...— El humano fue lento pero adorable, su sonrisa gatuna siendo especialmente linda. —Llevarme afuera de la ciudad.

—Tu nombre.

—¿eh?

—¿Cuál es tu nombre?

—Jihoon...

Hoshi hizo una mueca y tomó a Jihoon de los brazos para ponerlo de pie, caminó a su alrededor y lo observó de pies a cabeza, sus palabras habían sido suficiente para convencerlo, el chico fue lindo y lo hizo sentirse tan extraño que se arrepintió un poco. Comenzó a examinarlo viendo su ropa, su cabello, su piel... Sería difícil.

—Bien.— juntó sus manos y despues tomó a Jihoon del brazo para jalarlo. Sabía que hacer. —No cruzaré con un humano la ciudad, pero si cruzare con un gato.

—¿gato?

—Sí, un gato.

—Siempre vienes con cosas raras, pero no algo como esto...— Dijo Jeonghan probando las orejas falsas en Jihoon.

Jeonghan era parte humano, un cuarto proveniente de su abuela quien era completamente humana, su piel estaba cubierta por una fina capa de pelaje blanco y sus ojos eran un poco más grandes y separados que los de un humano cualquiera, lo único que resaltaba realmente de su parte animal eran sus extremidades con patas esponjosas de conejo, no tenía las orejas largas que caracterizaban a uno, por eso usaba prótesis falsas que ocultaban sus verdaderas orejas humanas, y usaba un poco de maquillaje sobre su nariz para darle una silueta más animal. Jeonghan ocultaba su parte humana de manera artificial.

Por eso era la mejor persona para ayudarlos. Maquillando a Jihoon y colocándole la ropa adecuada para que dejara de parecer un humano... aun se veía bastante como uno, pero comenzaba a ser más creíble que era un hibrido como Hoshi y no algo puro que podían comerse. Por suerte el chico se quedó quieto e intentó mirar a todos lados menos a Jeonghan, incluso sus ojos azules cayeron sobre Hoshi por largos segundos.

—No tienes orejas.— Dijo Jihoon y Hoshi movió sus orejas.

—Claro que las tengo, míralas.

—No busques orejas humanas, Jihoon... Que feo nombre.— Habló Jeonghan terminando de maquillar el rostro de Jihoon. —Sería raro que Hoshi tuviera cuatro orejas, las que están allá arriba lo son, completamente adorables.

—Ah, dentro de unos minutos caminaremos entre la multitud, necesito que te comportes como un gato decente.

—¿Cómo se comporta un gato?

—Ya sabes.— Habló Jeonghan. —Se lamen por aquí y por allá, te ronronean, te sacan dinero y se van. No olvide los modales, suelen ser muy educados.

—Ah, no dista mucho de los gatos normales.— suspiró Jihoon. —¿vas a ponerme eso?

Jeonghan alzó la prótesis de cola que tenía en las manos y se detuvo antes de acercarse más. Era algo importante, los gatos solían menear mucho esa extremidad para ser agiles y por lo general no permitían que gatos sin esta se acercaran a ellos. Hoshi era un gato grande, pero aun así un gato, y sería mal visto que anduviera con un gato sin cola.

—Ya, no duele.— Aseguró Jeonghan dándole la vuelta a Jihoon. —Se moverá a donde tú te muevas como una cola normal. Te quedará linda.

—Esto es muy incómodo...

—Te dará más agilidad, créeme.— Hoshi extendió la suya ondeándola frente a los ojos de Jihoon. —Es mejor que las plumas de los pavorreales.

—Pero es mejor la de los conejos.— canturreó Jeonghan. —Termine. Puedes moverte, Jihoon.

Jihoon dio un paso viéndose incomodo con la extremidad, también movió la cabeza comprobando que las orejas se quedarían en su lugar, Jeonghan se las había arreglado para ocultar las orejas humanas y otros pequeños rasgos que lo delatarían, el maquillaje era poco y solo acentuaban pequeños rasgos gatunos que serían suficientes para confundir a cualquier. De pronto Jihoon ya no era un humano más, era una mezcla bastante balanceada. Como Hoshi. Sonrió divertido al ver al humano convertido en algo similar a él.

Tomó la mano de Jihoon y lo ayudó a caminar, los zapatos no eran como los de un humano, se adaptaban a los gatos por lo que podía ser incómodo para él caminar, Hoshi tuvo que aprender antes de insistirle a su padre que le mandara a confeccionar unos que se amoldaran a su triste pie humano. Jeonghan había hecho un buen trabajo deshaciéndose de la ropa y los accesorios humanos que había llevado jihoon.

—Los gatos son agiles, pero prefieren caminar lento.— Dijo tomándolo del brazo. —Si caminas tomando mi brazo no levantarás sospechas.

Jihoon se apartó.

—Puedo caminar solo.

Hoshi asintió.

—Tu nombre será Woozi ahora.— Habló Jeonghan dándole un pequeño golpe a la nariz maquillada de Jihoon. —Combina bastante bien con Hoshi ¿verdad? Hoshi y Woozi.

—Gracias por la ayuda, Jeonghan.— agradeció Hoshi.

—¿ayuda? Este es un simple favor que cobraré despues. Anda, lleva a tu humano a casa antes de que alguien quiera comérselo, apuesto que todos los lobos ya lo buscan.

Hoshi asintió tomando el brazo de Woozi quien inmediatamente se apartó, decidió no reclamar y tan solo caminar directo a la salida sin esperar al nuevo gato quien se tambaleaba como un becerro gracias a los zapatos. No pensaba ayudar al chico ni esperarlo, si se creía capaz de caminar por si mismo entonces que lo hiciera. Cuando por fin llegaron a la puerta le dedicó una última sonrisa a Jeonghan y este se la regresó de igual manera.

La noche apenas empezaba para los animales nocturnos, los gatos solían salir de noche al igual que varias aves, zorros, ratones y hienas. Tenían que tener cuidado con las hienas que solían correr por las calles buscando algo bueno que contar y notificarle a otros animales por información. Aun así Hoshi tomó a Woozi guiándolo por los callejones para llevarlo a la zona con más luz de la ciudad, aquella donde albergaban más los felinos. Sabía que irónicamente el lugar donde su padre menos solía tener ojos era en esos alrededores, porque lo felinos eran territoriales.

Tomó a Woozi de la cintura y lo abrazó a él sabiendo que el chico no estaba feliz con el gesto, pero si no lo hacía temía perderlo en la pequeña multitud y tener que buscarlo, aparte, Woozi era demasiado lento, sus pasos torpes lo desesperaban y lo hacían detenerse cada minuto para asegurarse de que el chico estuviera a su lado. Era estresante.

—Si los animales odian tanto a los humanos...— Habló Woozi mientras caminaba. —¿Por qué viven como ellos?

—Es gracias a ustedes.— Respondió mirando al frente. —Nuestro habitad fue masacrado por las ciudades, si no nos adaptábamos a ellas entonces íbamos a desaparecer. Si no nos comportábamos como ustedes entonces seriamos aplastados... Los animales que ahora existimos fue porque nos volvimos como ustedes.

—¿Qué hay de los que siguen habiendo en la parte de los humanos? Tengo una mascota...

—Oh, tienes un prisionero, que adorable.

—No es prisionero.

—Déjame adivinar. Tiene una correa y una casa fuera de la tuya, si no está afuera tiene una cama dentro de tu hogar, le das comida y agua, lo sacas a pasear de vez en cuando y tiene que hacer sus necesidades afuera. Dices que es un animal doméstico porque lo has encerrado en tu domestica casa.

Jihoon tardó en responder.

—Es un pez. Se llama pi.

—Puesto en una pecera, encerrado de por vida lejos de su habitad. Gran vida.

Miró a Jihoon de reojo y notó las mejillas rojas en él. Suspiró, su idea no era hacer sentir mal al humano, y menos en una situación así, si el chico lloraba todos pensarían que era su culpa y sería realmente incómodo. Pero Jihoon no parecía querer llorar, su mirada estaba puesta sobre el suelo apartada de Hoshi. Apretó los labios y miró el cielo nocturno, desde hace años que las aves habían dejado de volar alrededor desde que comenzaron a poner multas.

—Muchos humanos sienten a los animales como compañeros.— Habló Jihoon. —Los perros ayudaban a cazar, ayudaban a mantener al ganado cerca, eran fieles compañeros para las personas...

—Si, los perros siguen pensando que los animales y lo humanos pueden convivir.— murmuró. —Pero ¿Cómo podemos convivir si los humanos siguen tomándonos como inferiores? Las hormigas tienen una grandiosa sociedad, pero son pequeñas y por ello los humanos nunca las han reconocido. Los cuervos son más inteligentes que cualquier humano, lo delfines dan miedo y las abejas son otra grandiosa sociedad. Los animales que entendimos la importancia de otros estamos aquí.

—Nosotros cuidamos de los animales.

—¿los cuidan porque los respetan o porque los necesitan? El humano no ve más allá de la utilidad que le da a las cosas.

—Eres parte humano.

Touche.

—Por mi madre. Soy un tigre por mi padre.

—Entonces tu madre cae en todo lo que estás diciendo ¿Qué utilidad vio en un tigre?

Hoshi se detuvo de golpe y miró a Jihoon. Su madre había sido una humana, vivió con ella lo suficiente como para diferenciarla de los animales, simplemente aquella mujer nuca pudo adaptarse, era amable y linda con los demás, pero seguía siendo débil e incapaz de defenderse, siempre queriendo estar detrás del padre de Hoshi sabiendo que tenía una tigresa en casa. Su madre jamás fue capaz de hacerle de frente a la tigresa, jamás se atrevió a defenderse o a ser más que un humano apelando a una falta moral. Quizás por eso ella ya no estaba.

Hoshi llevó una mano a su pecho y sintió el anillo que colgaba en él, había sido un gesto vacío y sin importancia, hasta que su madrastra se lo dejó en claro; era una correa, una correa que le puso su madre porque Hoshi siempre fue otro animal para ella. Y eso hacían las personas, nombraban a los animales y les daban una correa para dejar en claro que eran suyos, les daban una utilidad y cuando estos ya no le servían los tiraban.

Estaba frente a un humano en ese momento, un humano que le estaba dando utilidad y que despues se iría como si nada.

—Si quieres que te lleve entonces cierra la boca.— Dijo con molestia comenzando a caminar. Esta vez no ayudó al humano.

Jihoon tuvo que sentarse a descansar una hora despues, los humanos no estaban hechos para caminar, Hoshi no tenía el dinero suficiente para llamar a un taxi, había dejado su billetera en el auto de su padre y apenas tenía un par de monedas para comparar un poco de leche. Dejó al humano en un callejón y entró a la tienda de conveniencia buscando algo que pudiera tomar. El agua embotellada estaba bien, pero desde que las vacas pudieron poner a la venta su propia leche era más barato comprarla si una vaca era la que atendía la tienda.

Así que tuvo suerte, la amable vaca que lo atendió era primeriza en su venta, solo gastó un par de centavos y se llevó dos botellas que el humano podría beber. Cuando regresó con este el chico se veía un poco mejor, ya no sudaba tanto y se había quitado los zapatos masajeando sus pies. La vida de un gato era más difícil de lo que aparentaba.

Le extendió la botella y Jihoon la tomó sin chistar.

—¿falta mucho?— preguntó Woozi.

—Si. No tengo dinero para pagar un taxi.

Jihoon asintió sin mirarlo. Bien, Hoshi había intentado ser amable y quizá falló un poco en el proceso, por eso quería remediarlo y se sentó, estaban en una zona bastante tranquila por lo que no tendrían problemas. Le hizo una seña al humano para que este hiciera lo mismo y el chico tan solo obedeció dejándose caer. Hoshi extendió su mano tomando el pie de Woozi y comenzó a masajear, si Jihoon no se sentía bien entonces estarían retrasándose.

—Gracias.— Balbuceó Woozi. —Los zapatos están matándome.

—No están hechos para pies humanos.

—¿Qué hay de los tuyos?

—Mis zapatos están adaptados a mis pies, papá pagó por ellos.

—papá...— balbuceó Jihoon. —El mío me hizo los zapatos que tenía. No tenemos dinero para comprar otros.

—Eso es lindo.— Hoshi sonrió.

—Supongo que lo es...

—¿Qué hay de tu mamá?

—murió.

—Ah...

El silencio comenzó a extenderse mientras Hoshi masajeaba el pie de Jihoon. Su madre había muerto también, y había pasado tanto tiempo que podía no dolerle... o a lo mejor si lo hacía, despues de varios años no podía descubrir si estaba molesto o no con ella, por su culpa Hoshi no era un completo tigre. Si tan solo aquella mujer hubiese sido una tigresa...

—¿Qué hay de la tuya?

—También murió.— Hoshi soltó un largo suspiro. —Ella era una mujer normal, no sé que hacia aquí, pero se enamoró de papá y papá se enamoró de ella, tanto que me tuvieron. Y despues mi madrastra se dio cuenta, tenía siete años cuando mandó a matar a mamá.

Jihoon lo miró, sus preciosos ojos azules puestos sobre Hoshi. Bien, era una historia triste que no solía contarse tan a la ligera, pero despues de tanto tiempo ¿realmente importaba? Su madre ya no estaba con él y su madrastra no lo odiaba del todo, ella había ido amable con él e incluso se llevaba bien con la hija de esta. Su madre fue la única que no encajó, porque una humana no podía formar parte de una familia así, nunca.

—¿no la extrañas?

—¿a mamá? Supongo que no... No sé. Ah, recuerdo muy poco de ella.— Soltó el pie del humano y lo miró dándole una pequeña sonrisa. —Recuerdo una canción de cuna.

Jihoon soltó una pequeña risa desviando su mirada.

—A mi madre no le gustaba cantar, ella prefería que yo le cantara a ella.— Woozi abrazó sus piernas. —¿detestas ser humano? Sé la manera en la que nos miras, para ti no somos más que seres sin respeto por otros.

—¿y no lo son? Los humanos tienen una palabra muy curiosa. Cuando algo es como ellos lo llaman "inhumano".

—inhumano...— Woozi asintió. —¿crees que soy inhumano, Hoshi?

Hoshi no supo que responder. Quizás Jihoon lo era, estaba usando a Hoshi para su propio bien ¿eso no era lo más humano? Pero había algo más, una mirada triste, una mirada perdida y algo cálido en él.

—No lo sé.— Respondió.

—Probablemente lo soy. — Jihoon suspiró largamente rascando su cabeza intentando no tirar la prótesis. —Una vez vi un documental... un grupo de suricatos, una madre se comió las crías de otra para reafirmarse como la líder. Los delfines violan y son crueles entre ellos, los leones matan a las crías que no son suyas para procrear más con las leonas. Las comadrejas matan a un incontable número de roedores sin comerse nada más que su cerebro... Los humanos hacemos cosas horribles, pero una de las cosas más horribles que hacemos es creer que los animales se rigen por nuestras reglas. Los animales no deberían creer que nosotros nos regimos por las suyas.

Hoshi miró a jihoon por largos segundos, el humano apenas podía verse gracias a la oscuridad, los rasgos falsos y gatunos que le había puesto Jeonghan en cima no eran suficiente para ocultar su mirada digna de la humanidad. Tan alejada y llena de pensamientos y emociones... Hoshi había estado un poco confundido antes; a diferencia de los humanos los animales no tenían muchas expresiones faciales, sus cuerpos hablaban por ellos, pero los humanos hacían cosas raras con sus ojos, boca y narices.

—Pero incluso los humanos incumplen sus propias reglas.— Hoshi se puso de pie y comenzó a caminar. —Vamos, si nos quedamos mucho tiempo aquí van a encontrarnos.

Cerca del parque de diversiones tuvieron que volver a descansar, Jihoon era demasiado lento y se detenía para acomodar sus zapatos en cada esquina, y se quejaba del cansancio y el hambre como si fuera un niño pequeño. Hoshi estaba un poco estresado por el chico, si bien a veces se veía adorable con una cara de bebé la mayor parte del tiempo se veía molesto con el mundo, casi como un verdadero gato. Ah, Hoshi en serio no sabía que hacer en ese punto, estaban a poco más de la mitad del camino y la noche avanzaba con rapidez.

—Si seguimos deteniéndonos cada cinco minutos como lo hemos hecho calculo que llegaremos en tres días. ¿Tienes planes durante estos tres días?— preguntó Hoshi.

—¿Cómo es que los gatos logran caminar?— preguntó Jihoon dándole un par de golpes a su zapato.

—sus pies son distintos, por lo general tampoco usan zapatos, solo los adinerados, pero como tú tienes pies humanos sería delatarte.

—Tú también tienes pies humanos.

—Si, pero a diferencia de ti yo tengo garras y dientes afilados que no se quitan.

Jihoon se dejó caer en el suelo y Hoshi suspiró, a ese paso era mejor llevarlo en su espalda todo el camino, sería menos cansado que detenerse cada cinco minutos para que el humano pudiera descansar. Observó las luces del parque de diversiones y escuchó la risa de los niños alrededor, la ciudad nocturna era más de los gatos, así que ellos estarían cerca observando a Jihoon para comprobar que no era parte de su territorio, necesitaban moverse rápido si no querían ser descubiertos.

Tomó al chico de los brazos y lo jaló para ponerlo de pie, si era necesario lo cargaría.

—Ah, señor...— Un pequeño minino tomó el brazo del humano jalándolo hacia él. —Perdimos a nuestra mamá... ¿podría ayudarnos?

Hoshi torció los labios. Jihoon parecía un gato, lo suficiente como para confundir a unos cuantos mininos que querían ayuda, sus grandes ojos azules puestos en el humano con la esperanza de que este los guiara con su familia. Era una mala idea, jihoon no sabía nada sobre gatos, no tenía la agilidad de uno y sin duda tampoco sabía comportarse como tal a pesar de siempre parecer malhumorado. Pero era cruel dejar a tres mininos a su suerte. Miró a jihoon y antes de que pudiera decir algo este se apresuró a hablar.

—¿Cómo es su madre?— preguntó Jihoon.

—¡Ella es una gata blanca! Tiene mucho pelaje y lleva un collar.— explicó el pequeño tomando a una minina detrás de él. —Se parece mucho a mi hermana.

—¿Por qué no le piden ayuda a los perros?— preguntó Hoshi tomando la mano de Jihoon. —Ellos son buenos rastreando cosas.

—Pero...— El niño titubeó. —Son perros.

Hoshi miró alrededor buscando a otro gato, todos iban en familia y no parecían interesados en tres jóvenes mininos que si no encontraban a su madre probablemente terminarían en las calles, porque los gatos eran los menos queridos para adoptar. ¿Por qué una madre perdería a sus bebés? Por lo general ellas eran sobreprotectoras y siempre se mantenían alrededor de ellos, incluso se aseguraban de que no corrieran ningún peligro al salir. Ah, Hoshi no tenía cabeza para pensar en eso.

—Ah...— jihoon comenzó a dar pasos en reversa.

—Por favor, señor, es el único gato aquí que puede ayudarnos.— Dijo la gata.

Jihoon miró a Hoshi.

—Creo que podríamos buscarla. — Mierda. —Conoces bien el lugar ¿verdad?

Hoshi apretó los labios y asintió, ayudar a tres mininos solo les quitaría tiempo, y los gatos eran demasiado chismosos, seguramente le irían por ahí con la noticia a su padre que despues de ayudar a escapar a un humano estaba paseándose como si nada con un gato cualquiera, un gato que nadie conocía y que probablemente parecería callejero. Y su padre solo lo escucharía sin acercarse, llegaría a sus oídos tras las palabras de muchos otros, cuando toda la ciudad se hubiese enterado. Era una mala idea, pero la mirada decidida de Jihoon lo hizo aceptar.

Así que caminaron con tres mininos alrededor buscando a la madre, Hoshi tuvo que tomar a Jihoon y arrastrarlo para que los niños no notaran su extraño andar, se suponía que los gatos caminaban con elegancia y no tropezándose con sus propios pies. Por suerte Jihoon no se quejó, tan solo aceptó que Hoshi lo tomara y comenzara a guiarlo con lentitud por las calles oscuras. No tenían que alejarse mucho, la madre tenía que estar cerca de una manera u otra.

—No pareces de los que ayudan a la gente.— le murmuró Hoshi a Jihoon.

—Curiosamente tú pareces de los que lo hacen.

—Lo hago, pero te estoy ayudando a ti, no puedo ayudar a todos a la vez.

—Están buscando a su madre.— Respondió Woozi sin mirarlo.

—Señor, creo que ella se fue por aquí.— El minino tomó la mano del humano y comenzó a correr, Hoshi lo sostuvo para no separarse. —¿ah? Señor... ¿Qué hace con un hibrido? Es un humano.

—¡Soy un tigre!

—Oh, mire que pequeños son sus dientes y sus garras.— señaló la gatita tomando las manos de Hoshi. —¿seguro que es un tigre? Los tigres son grandes y fuertes, usted parece un humano común y corriente.

—Mire, ni siquiera tiene pelaje.— señaló un tercer gato.

—¡Tengo pelaje!— Hoshi señaló sus orejas.

—¿Qué hace con él, señor?

Jihoon lo observó por varios segundos como si realmente estuviera juzgando a Hoshi, y era vergonzoso, sus orejas y sus garras eran por completo las de un tigre ¡Ah! Su madre tenía la culpa por ser humana, si hubiese sido una tigresa ningún niño le haría estúpidas preguntas al respecto, lo respetarían como cualquier otro gran felino. Pero no, su parte humana era notoria incluso para los mininos, por esa razón su padre le apenaba que saliera. Miró su mano y como sus garras sobresalían un poco, no eran las patas de un tigre, pero en definitiva tampoco eran las manos de un humano ¿verdad?

La cálida mano de Jihoon se posó sobre la suya, ambas encajando iguales una sobre otra.

—¿un tigre y un humano son realmente distintos?— preguntó Jihoon.

—¡Claro que lo son!— gritó la niña. —Los tigres tienen colmillos y garras, son grandes y dan miedo, los humanos son pequeños y feos, sin chiste alguno.

—Si, creo que son distintos.— Jihoon volvió a hablar apartando su mirada. —¿y eso que?

—¿ah?

—¿Qué importa que lo sean? Él está aquí ayudándolos. ¿Qué importa si es un animal o una persona?

—Claro que importa.— dijo el gato. —Los humanos son...

—Inhumanos.— interrumpió Jihoon. —Como sea, no tengo tiempo para explicarles a unos estúpidos niños porque voy con un tigre mitad humano. Busquemos a su madre antes de que los abandone y sean mi problema.

Jihoon comenzó a caminar arrastrando a Hoshi con él caminando perfectamente con sus pequeños zapatos, ni siquiera le preocupó que los niños comenzaran a caminar más lento, o quizás no lo notó, y Hoshi tampoco lo hizo. Tampoco notaron cuando se fueron alejando de las luces de la ciudad metiéndose cada vez más entre los callejones, los gatitos de pronto sabían reconocer el aroma de su madre y estaban convencidos de que estaban cerca.

Y de pronto Hoshi cayó en cuenta el lugar donde estaban. Ah ¿Cómo miraría a los ojos a Jihoon despues de eso? Le había dado un discurso de porque los humanos eran cruel mientras que los animales no, y Jihoon le había respondido bastante bien, y ahora el mundo estaba dándole la razón al humano, sintió sus mejillas arder y se detuvo tomando al chico de la mano para que dejara de caminar, era muy tarde, pero al menos tendría tiempo de buscar una salida, o una excusa de lo que estaba pasando.

—Woozi...— Lo llamó.

—Sabes que ese no es mi nombre.

—Woozi...— Lo volvió a llamar. —Esto es muy vergonzoso...

Antes de que pudiera continuar varios gatos bajaron de los techos, los mininos corrieron al interior del callejón perdiéndose en la oscuridad y Hoshi escuchó perfectamente el suspiro de Jihoon, al parecer el chico no era tonto. Bien, estaban un poco jodidos, rodeados de gatos en una trampa tan absurda que nadie en su sano juicio caería. El padre de Hoshi lo iba a matar, lo colgaría del cuello por parecer un estúpido.

—Los animales se parecen mucho a las personas, al parecer.— Dijo Woozi.

—¿Qué hace el hijo de Kwon por estos lados?— preguntó uno de los gatos. —por lo general te quedas en los límites.

—No tengo nada que pueda darte.— Aclaró Hoshi empujando a jihoon hacia atrás.

—¿Quién es ese gato?— preguntó otra felina. —No lo había visto antes... ¿Por qué se ve así? ¿También es un hibrido?

—¿Dónde está el humano?— preguntó el primer gato caminando hasta Hoshi. —Dijeron que llevabas a un humanos contigo. ¿donde está?

—¿dijeron? ¿quien dijo?

—Los lobos, al parecer están muy desesperados buscándote. Tanto que acudieron a nosotros.

—Ah...— Hoshi asintió. Claro, los lobos estaban buscándolo. —Deje al humano atrás porque me encontré a este lindo gato en el camino y me gustó. ¿nos permiten? Es una noche romántica.

Hoshi giró abrazando a Jihoon por la cintura, este estuvo a punto de negarse, pero con un simple gesto y un susurró lo entendió. El humano se quedó tan quieto como una roca que Hoshi pudo reafirmar su agarre. Miró alrededor como los gatos comenzaban a acercarse a ellos rodeándolos en el callejón, había pocas salidas de escape. Hoshi era un tigre, mitad humano, pero al final del día un tigre con casi todas sus características.

—Solo dinos donde está el humano y...

Hoshi alzó a Jihoon y este tuvo que moverse rápido para sostenerse y no caer. Si bien eran varios gatos podía derribar al menos a uno o dos, la cantidad suficiente para abrirse y una brecha y salir de su encierro. Hoshi era un tigre, un gran tigre. O solo la carcasa de uno, no importaba en ese momento, solo estaba concentrado en que no les podía dar al humano porque... ¿porque no podía solo darles al humano? Porque ese humano tenía una vida, quizás, porque tenía un pez en casa al que debía liberar.

No le importaban sus razones para salvar al humano, solo sabía que necesitaba ayuda y que aceptó dársela en un principio, cuando sus manos encajaron en medio de esa ventana. Escuchó los gruñidos y lloriqueo de los gatos y los botes de basura correr, cuando los mininos perseguían a alguna presa solían ser ruidosos, todo el mundo lo sabría. Sus agiles cuerpos se retorcían en el aire golpeando las cosas con sus patas para darse impulso.

Hoshi había logrado escapar de los lobos, pero los gatos estaban alcanzándolo gracias al peso extra que llevaba en sus manos. ¿Qué tn humillante tenía que ser como para escapar de gatos siendo un tigre? En su defensa un humano estaba estorbándole, no podría defenderse sin antes asegurarse de que esa persona estuviera sana y salva lejos de ellos, así que sí, corría para poner a salvo al humano y no para evadir una pelea.

—Hoshi...— Habló Jihoon como un susurro. —No podemos correr de ellos.

—¡¿no podemos?! ¡Tú no puedes correr de ellos! Estás tan a gusto entre mis brazos ¡Yo tengo que correr!

—Escondámonos.

—¿en donde?— preguntó agitado.

—Gira a tu derecha...Ahora.

Por alguna razón lo hizo, sus piernas girando tan rápido como pudo. Se arrepintió, porque tan pronto dejó de sentir el suelo cayó directo a quien-sabe-donde y solo fue consiente de sentir el agua golpeándolo con fuerza. Soltó a Jihoon por el golpe y por unos segundos no pudo respirar. Su mente se ubicó segundos más tarde recordando el puente y el pequeño rio que cruzaba una de las calles, el territorio de los gatos terminaba ahí.

Salió del agua respirando con fuerza, jadeando mientras intentaba nadar contra el agua. A los felinos no les gustaba el agua, no les gustaba nadar, ni siquiera a Hoshi, por lo que salir de ese pequeño rio era esencial. Tomó una rama a la orilla del rio y jaló con fuerza de esta para acercarse, una vez tocó las rocas soltó la rama y se aferró al suelo como si la suave corriente fuera a llevárselo. Los gatos ya no estaban detrás de ellos, seguramente huyeron o se negaron a darse un pequeño chapuzón.

Salió del agua escupiendo todo lo que había tragado. Se sentía incómodo y mojado, su nariz soltando agua a la par de su boca. Estúpido Jihoon. Buscó con la mirada para encontrar al estúpido humano que los había lanzado al agua, y por suerte no tardó mucho en encontrarlo, su maquillaje había caído al igual que parte de las prótesis, incluso las orejas estaban siendo arrastradas por el rio lejos de ellos. Se acercó gateando y lo observó por varios segundos, el rostro tranquilo e inconsciente.

Jihoon no tenía una nariz alargada, sus ojos eran rasgados pero no parecían los de un animal, y los labios eran realmente curiosos. Casi nadie tenía labios como los de las personas, incluso los chimpancés guardaban características que los separaban de ellos. Jihoon se parecía mucho a él, su rostro, sus manos, la forma en la que caminaba... incluso las ridículas expresiones que hacía, y era extraño, porque tantos años lejos de su madre y de pronto llegaba esta persona para recordarle como eran los humanos, recordarle que era parte de ellos en un punto y no solo un animal.

Extendió su mano y le elevó el parpado, la pupila de Jihoon estaba arriba, claramente inconsciente. Le dio una pequeña palmada en la mejilla esperando a que eso lo despertara, pero no funcionó. Apartó el cabello de Jihoon de su rostro y continuó examinándolo por varios segundos; era lindo.

Miró la mano de Jihoon sobre la tierra y extendió la suya para tomarla. De todas las partes de su cuerpo que lo conflictuaban eran sus manos, siempre recordaba como su hermana mayor se burlaba de él, le decía que parecía más un primate que un tigre gracias a sus pequeñas manos, e incluso cuando se encontró con los monos sus manos aun no encajaban perfectamente. Pero si encajaban con Jihoon. Y alguna vez encajaron con su madre. Apartó su mano y la llevó hasta su pecho, tomó el collar y sacó el anillo para dejarlo a la vista.

Los animales no usaban anillos, no quedaban en sus patas, su madre lo sabía, y por eso nadie más en ese lugar podría usarlo.

—¿es tuyo?— preguntó la voz ronca de Jihoon, su ojo viéndose atraves del objeto. Hoshi suspiró guardándolo. —¿de alguien más?

—Debemos irnos.

Jihoon no se puso de pie.

—Mi pez se llama pi...— murmuró el humano. —Mamá y yo lo encontramos en una feria...Si somos crueles.

Hoshi sonrió. Los animales que se comportaban salvajemente eran esclavizados por los humanos, ellos le daban una utilidad y se los quedaban, pero los que se habían adaptado difícilmente querían convivir con ellos, incluso Hoshi siendo un hibrido los rechazaba por completo. O no tanto como lo imaginó, porque Jihoon no parecía una mala persona cuando lo veía así, cuando estaba recostado mirando al cielo, sin maquillaje en su rostro ni las estúpidas orejas de gato.

—Me apiado de esos animales.— lo dijo más como una pequeña broma.

—Pi... Pi es realmente grandioso.— Dijo el humano sin verlo directamente. —Si meto la mano a la pecera él se pone sobre mis dedos, o sobre mi palma, si le hablo él me mira... y si lo llamo por su nombre se acerca a mí.

—Ese es el problema con los animales domésticos, dejan de respetarse a sí mismos para actuar como ustedes.

—No... Pi y yo solo nos comunicamos.— Jihoon lo miró. —Ustedes se comportan más humanos que Pi... más domesticados. — Hoshi no lo comprendió. —Pi jamás se comportaría así con otros peces. Estoy seguro.

Hoshi suspiró largamente mirando al cielo. Seguía siendo de noche, pero en pocas horas amanecería, los lobos eran más rápidos y vivaces por las noches, por eso, si se quedaban en un solo lugar probablemente los encontrarían por su olfato, y con ellos Hoshi tendría que enfrentar a su padre y explicarle porque mierda se metió en ese asunto arruinando su trabajo. Si tan solo pudiera entregar al humano todo sería más fácil.

Ojala supiera que era lo que le hacía casi imposible entregar a Jihoon ¿Qué era un humano? Él odiaba a los humanos, odiaba su parte humana, detestaba el hecho de que su madre hubiera sido una humana en lugar de una tigresa. Si su madre no hubiese sido aquella mujer pequeña y débil, con una sonrisa para el mundo aunque todos la odiaran, con una amabilidad hacia cualquier ser vivo. Ella amaba las plantas, Hoshi aun recordaba como la mujer siempre cuidaba de las flores ¿Qué importaba en ese momento? Su madre no era buena, no podía serlo, ella era una humana.

Llevó su mano hasta su pecho donde colgaba el anillo y miró al humano. La mirada de Jihoon podía decir mil cosas, mil cosas que Hoshi no lograba a entender.

—Lo siento...— murmuró Jihoon apartando su mirada. —a veces digo tonterías... Ese anillo... ¿era de tu madre?

Hoshi asintió.

—Los animales no usan anillos.

—Leí que un tipo de arañas usan las gotas de lluvia como sombreros.

Hoshi soltó una pequeña risa ante aquel dato quizás erróneo y absurdo. Entonces escuchó a Jihoon reír, aquel sonido de hiena volviéndose distinto, algo melodioso y suave que lo hizo sentirse pequeño, quiso acurrucarse bajo cualquier cosa y esconderse. Lo miró, aquella sonrisa que se formaba en sus labios era realmente algo único de las personas, algo que ellos hacían cuando se sentían felices ¿verdad? Porque los animales no expresaban su felicidad de esa forma. Extendió la mano y la encajó con la de Jihoon.

Eran iguales.

Sus ojos se encontraron con los de Jihoon. ¿Por qué mierda su corazón tenía que latir tanto?

—Escogimos a pi porque su cola estaba dañada... la idea principal era cuidarlo hasta que estuviera bien y liberarlo, pero... mamá murió y yo no fui capaz de hacerlo.

—Tu madre... ¿hace cuánto tiempo murió?

—Hace tres años.

Hoshi sintió una terrible pesadez en el estómago y bajó la mirada. Tres años para él era reciente... Hoshi llevaba demasiado tiempo sin su madre, acostumbrado al sentimiento de vacío que ella dejó y a la confusión de si estar o no molesto con ella, en una brecha entre quererla u odiarla, pero Jihoon había vivido con su madre la mayor parte de su vida ¿no? él tendría un montón de recuerdos que añorar. Se recostó a un lado suyo y miró el cielo. Había muy pocas estrellas esa noche.

—¿la extrañas?

—Todo el tiempo.

Hoshi suspiró.

—No sé si yo extraño a mi madre... estoy molesto porque fue una humana, porque si no lo fuera ella seguiría aquí.

—¿ella detestaba ser humana?

—No... ella amaba todo.

Jihoon se giró sobre su costado para mirar a Hoshi y este hizo lo mismo, ambos mirándose mientras que estaban recostados sobre el césped, con la ropa y el cabello húmedos y el sonido del rio y las luciérnagas siendo lo único que los interrumpía al hablar. Era una linda noche a pesar de todo, algo que seguramente Hoshi recordaría.

—Estuve enojado con mi padre durante mucho tiempo.— murmuró Jihoon. —fabricaba armas de fuego, no era el único pero... creo que tenía un puesto importante. Hace tres años asesinaron a mi madre con una de las armas de papá... era de noche y entraron a la casa, y ella fue realmente valiente en afrontarlos, pero... pasó, ella murió al instante. Acabábamos de regresar de la feria. — Jihoon exhaló una risa amarga, incluso su rostro se veía triste. —Estuve enojado con todos en realidad... con mi padre por fabricar armas, y con mi madre por intentar protegerme... Y conmigo, por no poder hacer algo... Creo que sigo molesto conmigo despues de todo.

Hoshi extendió su mano para acariciar la mejilla de Jihoon, una traviesa lágrima escapaba de su ojo así que la limpio. ¿Realmente esa era el sentimiento que tenían? ¿enojo? ¿estaban molestos? Porque Hoshi lo comprendía, comprendía ese dolor que no desaparecía por más que lo intentase. Los primeros años en los que estuvo sin su madre Hoshi no sabía que hacer, comenzaba a dar vueltas sin sentido, comenzaba a llorar de la nada por la tarde o a golpear cosas. Despues su madrastra optó por tomarlo en sus manos. En sus patas.

La tigresa siempre le había repetido que su madre había tenido la culpa, que su mitad humana era un error, redirigió todo el enojo que Hoshi sentía a otro lado, a aquella parte de él que comenzó a rechazar. Exhaló una pequeña risa. Enojarse con su madrastra ya no tenía sentido. Enojarse con el mundo ya no lo tenía, porque todo su odio estaba enfocado a la mitad de él... no, de hecho, estaba enfocado a toda su persona.

Se preguntó si algún día dejaría de sentirse así.

Abrió la boca para decir algo pero ninguna palabra salió de su boca. Estaba bloqueado. ¿Qué hacer entonces? Si tenía un millón de cosas que decir. Él solo cantó.

Riendo en secreto, llorando en secreto

El día que parece demasiado para mí transcurre

Mientras escondo mi estado de ánimo

Hoy tampoco se pueden decir las palabras

y la única forma de transmitirlas es el corazón

Es duro, es duro, es duro

siempre que sea difícil para ti,

Puedes venir a que te dé un abrazo

Yo estoy igual

Da igual cuánto lo ocultes,

sabes que no podrás hacerlo para siempre,

así que sonriamos juntos

No te sientas mal, no te preocupes

No tengas miedo, deja de llorar

Para mí eres un tesoro

Puedes contarme que has tenido un día duro

Yo estoy aquí, has sufrido mucho

Te quiero

Te abrazaré

Hoshi estaba un poco cansado de estar molesto. Y estaba un poco cansado de fingir que no extrañaba a su madre. Jihoon se acercó y ocultó su rostro en su pecho. No, no odiaba a los humanos, ni si quiera odiaba a los animales. Solo estaba molesto. Cerró los ojos y extendió su brazo para envolver a Jihoon en él. Los tigres no solían abrazar, ellos no podían hacerlo... pero Hoshi también era un humano, así que no importaba.

—Kwon, al parecer tu hijo tiene algunas tendencias tuyas.— una voz desconocida los hizo saltar, se pusieron de pie tan rápido como pudieron pero no se soltaron. —solo míralo... El primer humano que ve y quiere quedárselo.

—Hoshi...— su padre apareció junto al lobo, de pronto estaban rodeados. —Está confundido, solamente.

—Tu hijo confundido nos ha traído muchos problemas.— Dijo el lobo. —Su padre insistió hablar con él para colaborar ¿Cómo va a hablar con él cuando tu hijo se lo llevó?

—Eso ya no importa, los encontramos.

Hoshi sostuvo a Jihoon, ellos no podrían escapar, estaban rodeados y Hoshi no era lo suficiente rápido, antes había tenido ventaja, ahora cualquier intento sería en vano. Solo se limitó a aferrarse al humano, si iban a lastimarlo o alejarlo de él entonces intentaría complicar las cosas hasta que se le ocurriera algún plan.

—¿Qué quieren hacerle?— preguntó Hoshi.

Hubo un largo silencio.

—Supongo que es parte de meterte al trabajo.— suspiró su padre. —Es solo trabajo, Hoshi ¿sabes cómo se construyen las armas? Nosotros lo sabemos, pero no hay armas adaptadas a nosotros, no existe ningún prototipo para hacer un fácil uso en los animales. Y la única persona con el conocimiento suficiente es el padre de ese humano. Queremos convencerlo de crear armamento para los animales, de esta forma estaremos a la altura de los humanos para defendernos.

—¿Armas?— Hoshi titubeó. —Los animales no usamos armas. Tenemos garras y colmillos para defendernos.

—Eso ya quedó atrás.— Dijo un lobo. —Los humanos tienen armas para acabar con nosotros, están ganándonos desde hace años gracias a eso. Si nosotros tenemos algo similar entonces estaremos a la altura para por fin acabar con esa plaga.

—De cualquier manera...— habló Jihoon alzando la voz. —Mi padre dejó de fabricar armas hace mucho tiempo, no conseguirán nada de él.

—Incluso los humanos protegen a sus crías.— habló Kwon con la mirada fría. —Vamos, Hoshi, olvidemos este incidente, despues conseguiré una tigresa abierta a aceptarte.

—¡No!— Hoshi gritó. —¡los animales no usamos armas! ¡los animales no tomamos rehenes de esta forma!

—¿tu hablando de como son los animales?— preguntó el lobo. —Eres un hibrido. No eres un animal.

Mierda.

—Lo que hacen es inhumano.— dijo Jihoon.

Hoshi comprendió.

¿y no lo son? Los humanos tienen una palabra muy curiosa. Cuando algo es como ellos lo llaman "inhumano".

Miró a su padre, los ojos rasgados y las pupilas mostrándose como un completo animal. Pero no, su padre estaba vestido, se paraba en dos patas e incluso caminaba y hablaba como una persona. Su padre se enamoró de una humana, y una humana de un animal, porque ese animal que tenía enfrente, ese animal que lo miraba e incluso todos los animales que estaban rodeándolo habían pasado a ser personas.

Pero al final todos eran animales, incluso los humanos.

¿Qué los diferenciaba?

No... ¿Qué los hacía similares?

Todos ellos se traicionaron a sí mismos para ser personas.

Los humanos ya habían ganado desde hacía tiempo.

—No dejare que dañes a Jihoon, y no dejaré que se construyan armas para ustedes.— Respondió mirando directamente a su padre.

—Hoshi, no seas idiota. Solo deja al humano.

—Fui idiota todos los años que estuve molesto con mi madre, y también conmigo... ¿no lo entendiste ni siquiera cuando te enamoraste de mamá?

—Hoshi...

—¡Los humanos ya ganaron desde hace tiempo! ¡te enamoraste de mamá porque eras como ella, porque hablabas y te comportabas como ella! No eres un tigre, eres un humano. Todos lo somos.

—Kwon, tu hijo dice cosas muy estúpidas.— Dijo el lobo.

—Llevas ropa, idiota.— Habló Jihoon. —Te paras en dos patas, incluso tienes una corbata, los verdaderos lobos no son así. Tu solo pareces una persona con un disfraz.

—No tenemos tiempo para esto, el hombre quiere pruebas de que su hijo está vivo.— dijo el lobo ignorando al humano y tomando su celular... incluso ellos tenían celulares.

—Hoshi...— habló Kwon y Hoshi negó. —Si esto va a ser así... te demostrare que no somos como los humanos.

Su padre se abalanzó contra ellos y lo único que atinó a hacer Hoshi fue empujar a Jihoon fuera del alcance del tigre. Recibió el golpe al instante, las fuertes garras encajándose en su piel mientras que el inmenso cuerpo de su padre lo aplastaba contra la zona baja del rio. Jamás podría defenderse de algo así, y aun tenía que proteger a Jihoon ¿Qué hacer? Cuando Kwon abrió la boca los grandes dientes saltaron a la vista, los colmillos afilados dirigiéndose a él.

Jihoon golpeó al tigre sin previo aviso, le dio una fuerte patada en la mandíbula que lo aturdió y fue el momento perfecto para escapar, se retorció por debajo y escapó arrastrándose y poniéndose de pie tan rápido como pudo. El humano ya tenía a lobos rodeándolo e incluso estaban sosteniéndolo, pero Hoshi usó sus pequeñas y afiladas garras para rasgarles los ojos. No tenía otra opción, ningún otro punto los hubiera hecho reaccionar. Mordió la muñeca de un lobo y este soltó al humano de inmediato, entonces optó por tomar a Jihoon y huir.

Cargó a Jihoon sobre su espalda mientras corría, tenía a varios lobos detrás suyo así que se metió al bosque para esconderse, si bien los lobo eran rápidos y agiles varios de ellos estaban parcialmente cegados por las garras del semi-tigre. Todo estuvo controlado por varios segundos hasta que comenzó a escuchar los fuertes pasos de su padre, tan pesados que le heló la sangre. Iba a matarlo, sin importar que entregara o no a Jihoon, en ese punto ya sabía su destino.

No importaba. No importaba. De cualquier manera Hoshi no estaba dispuesto a volver a un lugar donde era necesario odiarse a sí mismo para vivir, fingir que todo estaba bien cuando no lo estaba. Él era un humano gracias a su madre, y su madre había muerto no por ser humana, sino por el odio de aquellos animales hacia lo que se habían convertido. Hoshi no volvería a aceptarlo. Su madre era una humana y su padre un hombre en el cuerpo de un tigre.

—Hoshi...— murmuró Jihoon. —No podremos escapar, tienes que detenerte.

—¿estás loco? No confío en lo que hará mi padre contigo, está dispuesto a lo que sea por conseguir lo que quiere. Va a lastimarte de ser necesario.

—Lo sé, pero no importa... si me entregas entonces podrás salvarte de ellos.— Hoshi quería golpear a Jihoon ¿Quién le daba permiso de ser así? Era un idiota si pensaba que iba a entregarlo, aun si su padre lo perdonara no iba a hacerlo. —Si me sueltas tienes probabilidades de escapar.

—¡Cállate, Jihoon!

—¡no me digas que me calle, idiota! ¡Estoy tratando de hacer algo por ti!

—¡lo mismo estoy haciendo yo! No voy a dejar que te lastimen.

—Hoshi...

—¡Tienes que volver a casa y liberar a ese pez!

Hubo un largo silencio.

—Ah... que asco, creo que me gustas.

—Ja, al menos yo tengo la excusa de que eres el primer humano que veo.

Casi tropieza con una rama por no prestar atención, e cansancio que comenzaba a sentir era una señal de que estaba a punto de ser atrapado, incluso ya podía escuchar las respiración de su padre cerca. Todo estaba yendo mal, pero al menos estaban cerca. Si lograba llegar a aquella frontera con los humanos entonces podría dejar a Jihoon y enfrentar a su padre, el humano estaría a salvo por fin y se olvidarían de las estúpidas armas por un rato.

Justo antes de llegar al final del bosque los pasos de su padre se aceleraron y su inmenso cuerpo pasó por su lado derecho, se adelantó en un abrir y cerrar de ojos hasta posicionarse entre ellos y el final. Hoshi se detuvo de golpe e intentó huir a la izquierda, pero kwon volvió a cortarle el paso, sus inmensas garras amenazando con cortar al igual que sus afilados dientes. Hoshi apenas tenía orejas de tigre y una cola, y pequeñas garras y colmillos... no era tan fuerte como su padre.

—Te daré una oportunidad.— Dijo el tigre. —Dame al humano.

—No.— Respondió firmemente. —Ya permití que le hicieran daño a una persona, no dejaré que pase lo mismo...

—¿hablas de tu madre? Hoshi.— Kwon pareció flaquear. —Tu madre era un caso distinto. Ella era una humana, pero tú eres un tigre.

—No, soy Hoshi. No me importa ser un tigre o un humano, en este punto ambos son iguales. Si usas las armas de los humanos, si usas la ropa de ellos, las casas, los edificios, sus posturas ¿en que te convierte? No eres un tigre, y tampoco eres un humano.

—Ese humano te ha llenado la cabeza de tonterías. Hoshi, ese humano te domesticó.

Hoshi soltó una risa frente a su padre y bajó a Jihoon de su espalda, si iba a pelear o algo parecido no quería que Jihoon resultara lastimado.

—¿yo soy el que está domesticado, papá? Nos traicionamos a nosotros mismos.

—Hoshi, si no me entregas a ese humano no tendré otra opción más que partirte el cuello.

—No es solo por este humano... Es por mamá.— Llevó una mano a su pecho y sacó el anillo. —Mamá quien pudo ver que ya no somos distintos. — Kwon miró el objeto tambalearse en el collar de Hoshi, su rostro cambió un momento, lo cual era extraño porque los rostros de los animales no expresaban sus emociones, eso era algo netamente humano. Así que Hoshi tenía razón. —La amabas ¿verdad?

Kwon se quedó en silencio durante un largo momento.

—Tu madre no tuvo problemas en curar las heridas de un estúpido tigre... ni siquiera cuando supo de la absurda pelea.— Respondió el tigre. —La conocí porque ella estaba cerca de una playa, ayudando a las tortugas a encontrar su camino al mar. Yo no pensé en ella como una humana...

Y el tigre sonrió.

—¡Hoshi!— el grito de Jihoon lo hizo girar de golpe.

El humano estaba entre los brazos del lobo, su gigantesca mandíbula amenazando con abrirse y morderle el cuello, incluso tenía sus garras lastimándolo. Hoshi se giró dándole la espalda a su padre para encarar al lobo, sabía que si se acercaba Jihoon podría salir lastimado.

—Kwon, veo que no estás comprometido con este proyecto...— habló el lobo. —Así que no tendré otra opción que trabajar yo solo. Tu estúpido hijo ya ha estorbado lo suficiente.

Kwon miró a Hoshi por largos segundos para despues suspirar.

—Nunca podría matar a mi hijo. Ya dejé que mataran a su madre.

—Eso es lo que pasa cuando te mezclas con humanos, siempre tan sentimentales sin razón. Era de esperarse de ti.— el lobo encajó más sus uñas y Hoshi gruñó. —¿Qué es lo que tiene un humano? No tienen garras, ni colmillos, son tan frágiles e inútiles, incapaces de defenderse por sí mismos, ellos son...

El lobo gritó cuando una navaja se incrustó en su mandíbula saliendo por un lado, la sangre escurrió de pronto y la mirada atónita de Hoshi se enfocó en como Jihoon sostenía el arma con fuerza y despues la retorcía. Bien, para eso los humanos tenían armas ¿no? el lobo lo soltó para cubrir la herida y Jihoon arrancó la navaja de ahí para despues correr hacia Hoshi con la sangre del animal y la suya propia mandando su ropa. Hoshi lo recibió con los brazos abiertos.

—No tenemos garras, ni colmillos.— habló Jihoon firmemente. —Pero por eso creamos las armas.

El lobo estaba tan enojado que no le importó seguir desangrándose, solo se puso de pie y se abalanzó contra ellos. Hoshi abrazó con fuerza a Jihoon, pero el impacto nunca llegó. Cuando abrió los ojos se encontró con la espalda de su padre deteniendo al lobo.

—Hoshi...— habló Kwon. —Tendré que hablar seriamente contigo despues. Ya eres un adulto como para decidir por ti mismo, y estoy dispuesto a hablar de esas decisiones.

Hoshi sonrió.

Llevó a Jihoon en su espalda todo el camino restante, el sol estaba a punto de salir y ya se veía el color anaranjado en el horizonte. Todo estaba en calma, incluso habían dejado de hablar para solo escuchar la respiración del otro. Hoshi estaba bien, y esperaba que Jihoon también lo estuviera, que aquel humano pudiera regresar a casa con su padre y liberar a su pez. Cuando pudo ver el edifico que marcaba una separación entre ambas ciudades se detuvo y se inclinó para bajar al humano.

—Llegamos.— dijo mientras que el humano caminaba lentamente frente a él. —Creo que es hora de que regrese, mi padre no está feliz pero no va a matarme.

Jihoon asintió.

Hoshi soltó un largo suspiro tomando la mano de Woozi y alzándola un poco, quería verla por última vez antes de que ambos se separaran y no volvieran a encontrarse. Extendió su mano y la alineó con la de Jihoon, ambas encajando perfectamente bien, apenas con un par de distinciones que no importaban. Hoshi sonrió. Sus manos parecían a las de su madre, y Hoshi estaba feliz de ello, orgulloso de que una humana fuera capaz de ver la realidad con sus propios ojos.

—al final todos somos animales.— Dijo Jihoon. —y somos inhumanos... Gracias por traerme y cuidar de mí.

Hoshi le sonrió tomando su mano. No sabía que decir, su cabeza estaba en blanco y las palabras no le salían.

—Fue una noche agitada.— confesó aun sin apartar su mano. —pero... me alegra haberte conocido, si no lo hubiese hecho jamás hubiera entendido a mi madre, ni a mi padre... ni a mí.

Jihoon dio un largo suspiro y separó su mano de la de Hoshi, extendió sus brazos y lo atrapó para acercarse a él. Entonces Jihoon lo besó. Era un gesto para nada animal, y eso ya no le importaba, porque su corazón se sentía tan bien y correcto que tan solo se guio por cualquier cosa que le dijera que hacer y abrazó a Jihoon intentando averiguar cómo se besaba. Él era un principiante en ello, pero podía aprender rápido.

Cuando Jihoon se apartó Hoshi aun sentía que sus labios hormigueaban y no podía dejar de mirar a Jihoon, su precioso rostro creando un hueco dentro de él. Ya no lo vería, y era triste... muy triste. Mierda, él quería llorar como un niño pequeño.

—Adiós, Hoshi.

Jihoon se despidió, y Hoshi tan solo lo dejó ir regalándole una sonrisa, tal como solía dárselas su madre.

—Adiós... Jihoon.

Amaneció.

El agua pasaba tranquila bajo el puente, el sol brillaba en lo alto mientras que los animales caminaban alrededor y jugaban entre ellos, Hoshi llevaba un molesto traje para su entrevista de trabajo y como era su oficial "debut en la sociedad" Jeonghan le había insistido que tenía que verse lo mejor posible. Su padre estuvo de acuerdo, así que pagó por su vestuario como un obsequio de independencia o algo así.

Habían pasado dos meses desde que cortó sus lazos con los lobos y todo había sido un pequeño caos desde entonces, su madrastra se había molestado por ello ya que era perdida de dinero y algo absurdo según ella, pero su padre fue firme, no habría armas adaptadas a ellos por un largo tiempo, despues él y Hoshi tendrían una larga discusión del porque no o porque si ya que era parte de la familia y tenía derecho a opinar en el negocio familiar.

Su padre había aceptado que Hoshi era un humano y un tigre a la vez, y Hoshi aceptó que en ese punto todos lo eran. Todos estaban domesticados y se adaptaban a la situación. Era una idea que había estado persiguiéndolo y que quería exponer al mundo, quizás de esa forma podrían cesar con el insistente rechazo y entender que ese era su nuevo mundo y que quisieran o no tenían que aceptarlo y convivir, dejar de odiarse por un momento y comenzar a aceptar.

Al final todos eran híbridos. Una combinación entre múltiples razas. Y podían existir a la par.

Miró su reloj observando la hora, se le hacía tarde para su entrevista así que bajó del puente y caminó lento, en realidad le gustaba ese lugar, aun podía ver a Jihoon y a si mismo recostados sobre el césped observando el cielo, hablando de la vida y de lo enojados que estaban. Hoshi esperaba que Jihoon pudiese dejar aquel enojo, y que se reconciliara por completo con él mismo y con su padre. Ambos lo merecían. Exhaló una sonrisa y miró al suelo, el agua estaba pasando.

—¿ah?

Se arrodillo observando el pequeño pez que nadaba en la corriente, era blanco y su cola parecía haber sido dañada. Era raro ver peces por ahí, por lo general estos llevaban un casco con agua y eran realmente grandes. Lo observó por varios segundos en silencio, siguiéndolo con pequeños pasos.

—Pi...— El pez se acercó a la orilla. Hoshi metió la mano al agua y el anillo en su dedo brilló. El animal se posó sobre su mano. Sin duda era él. —¿Qué haces aquí? Gusto en conocerte...

Un aroma lo hizo abrir los ojos de golpe. Giró.

¿Jihoon?

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