
VII
Habían llegado las vacaciones de invierno y estuve en casa todo lo que duraron porque no teníamos dinero para salir. El tedio de esos días y la rutina no me hizo disfrutar nada, pese a las salidas al Centro Comercial y al cine. El tiempo siempre pasa rápido y pronto empezamos las clases de nuevo.
Mi madre nos informó de que muy pronto nos cambiaríamos de casa, quería vivir con Ricardo. Así que buena parte de las vacaciones las pase metiendo en cajas todas mis cosas.
Ha llegado el día que empiezan de nuevo las clases, bajo al comedor para tomarme el desayuno rápido porque, como siempre, llego tarde. Salgo corriendo todo lo rápido que puedo y no paro hasta llegar a la puerta del colegio. Entro y para mí sorpresa me sobran unos pocos minutos. Un poco antes de que suene el timbre aparece Nataly con un extraño gorro en la cabeza.
—¿Y ese gorro? —le pregunto.
—No me digas que es feo, a mí me gustó mucho. —me contesta ella alegremente.
Mientras observo a los profesores por la ventana, me apresuro a obligarla a quitárselo si no quiere ser el hazmerreir de toda la clase.
—Deja mi gorro, me encanta. ¿Qué importa si se ríen de mí? Siempre lo han hecho. Esta sólo sería una vez más. —dice Nataly agarrándose el gorro.
Sin pensarlo le doy un tirón y se lo quito, ahora ya entiendo porque lo llevaba. Tiene el pelo muy corto, como el de un niño, quitando que está todo disparejo.
—¿Qué te ha pasado? Tienes que denunciar a tu peluquero...
—No tengo que denunciar a nadie, me lo corté yo. —dice Nataly, avergonzada y poniéndose el gorro de nuevo.
—¿Por qué has hecho eso?—le pregunto casi gritando.
—Sólo experimentaba para ver cómo me quedaría.
No pudimos seguir hablando porque la profesora nos manda a nuestros sitios ya que la clase va a comenzar.
Al día siguiente, no voy al colegio porque hoy es el día en que nos mudamos de casa para vivir con Ricardo. Cuando éste llega, nos subimos a su camioneta con el camión de mudanzas siguiéndonos. Llegamos finalmente a Vitacura, en frente de una casa muy bonita. Supongo que como estamos lejos del colegio, seguro que me cambiarán a otro diferente.
—¿A qué colegio me iré? —le pregunto a Ricardo cuando salimos del taxi y vamos entrando a la casa.
—Seguirás en el mismo. Sólo tendrás que levantarte más temprano e irte conmigo en la camioneta. —me contesta Ricardo.
Prefiero no contestarle y cargo las cajas con mis cosas pero al entrar me doy cuenta que no sé cuál es mi habitación. Le pregunto a mi mamá : "subiendo por la escalera principal a el pasillo derecho, última puerta". Ricardo me dijo que mi habitación sería maravillosa, y tenía razón: tiene una cama, un baño propio y una gran televisión.
Comienzo a sacar y colocar todas mis cosas, hasta terminar con una habitación llena de vida.
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