7. Fin.
Sawada miró a Reborn, estaban empapados así que supuso que mucha magia no tendría...
Eso o estaba disfrutando de atrapar un resfriado.
—¿Palomitas?
—¿Con esta lluvia? Se mojarían.
Ambos se encogieron de hombros y Hibari se colocó junto a ellos con un suspiro, Mukuro se había ido a resguardar sus cámaras y sus mil fotografías.
Que mal rollo le daba a esos tres lo que hacía esa piña.
Reborn disfrutaba por su parte de la manera en la que la ropa del castaño se le pegaba al cuerpo.
Enma murmuraba maldiciones conocidas y por conocer contra Cavallone Dino.
Giotto le gritaba injurias a su querido novio.
Alaude suspiraba mientras hechizaba sus oídos para no oír sus gritos mientras maldecía a Tsunayoshi.
Kyoya tomaba el refresco de Alaude mientras veía a Mukuro resguardando las pruebas de su acoso con sus alas. Se prometió cargarse esas fotos cuando pudiera.
Tsuna solo miraba el espectáculo inconsciente de la mirada azabache sobre él.
En fin...
Todo muy bonito y educativo.
—¿Crees que a Enma le guste Dino-san?
Los azabaches le miraron un momento... Bueno, Kyōya lo hizo, ya Reborn tenía sus ojos en él y jamás los despegó.
—La respuesta es obvia, Dame-Tsuna.
—No tanto, no la sé.
—Está en tu corazón, se feliz y deja a los demás sufrir.
El león y el rey observaron extrañados al vampiro, pero ni caso les hizo.
Hibari estaba muy ocupado procesando el altar que debía tener en la casa de su amigo de la infan... Momento.
«¿Acaso no había dicho algo sobre tener una habitación más grande que su casa en mi honor?»
—¡Mukuro!
—¿Sí, cariño?
—Argh, no me llames así.
—¿Prefieres mi amor?
—Ni de coña.
—¿Querido?
—Vete al infierno.
—¿Mi alondra?
—Me has llamado así desde que somos niños.
—Pero nunca con el posesivo.
—El punto —dijo Kyoya—. ¿Qué coño es eso de que tienes una habitación con mis fotografías?
—¿Recién lo captas? —bufo Tsuna—. En serio eres lento, Hibari.
—¿Sin honoríficos?
—Sin honor...
—¡Está hablando conmigo, no te metas!
Mukuro y su histeria los dejaría sordos a todos.
Kyōya suspiró.
—¿Vas a decirme? Quemaré tu casa y debo saber dónde empezar.
—¿Qué? ¡No puedes hacer eso!
—¿Y por qué no?
—¡Eres un vampiro! ¡Eres inflamable!
—¿Alguna vez me has visto que eso me importase?
—No, pero además tengo cosas valiosas ahí.
—¿Cómo cuales?
—¡Mis cámaras! ¡Mis fotos! ¡Posters, álbumes, diarios...!
—Definitivamente quemaré tu casa, pero contigo adentro.
El hada le miró con picardía y el león se echó a reír estruendosamente mientras que todos los demás le observaban incrédulos.
Sawada había sido el primero en captar el doble sentido.
—En ese caso, te dejaré hacer lo que quieras, mi alondra.
—¿Qu...? ¡No me refería a eso, idiotas!
—Ya. Claro. Y yo soy rubio —dijo Tsuna.
—Traicionero.
—Mentirosa~. Tú quieres que de amor me muera~.
Nunca faltaban rubio y pelirrojo ante alguna palabra que les recordara a alguna canción. Aunque uno pusiera verde a cierto caballo y el otro intentara dejar sordo a un mago.
—Venga, si sabes que quieres... —Mukuro acercó sus labios al cuello del azabache, quien lo miró mal.
—Aquí el jodido vampiro soy yo, acosador.
—Uh, ¿quieres morderme?
Sawada ya no sabía si reírse o sonrojarse, ese par era un lío.
Un trueno le hizo saltar del susto y miró temeroso a Reborn, el monarca le sonrió burlón.
—¿Tienes miedo?
—Tengo hambre.
—Ya, por supuesto.
—¡Aléjate de mí!
El castaño decidió unirse a los coros de Giotto y Enma.
—¡Amor~! ¡Yo sé que aún estás a tiempo~!
La pareja los ignoró, Tsuna notó que las cámaras estaban valiendo madres y le hizo una seña a Alaude.
Se apiadaron del hada porque estaba montando una escena se las buenas.
Alaude desactivó su hechizo al ver que Giotto ya no le gritaba a él, y hechizó las cámaras para que fueran impermeables.
Estaba haciendo demasiado uso de la magia, ¿no?
—¡Sabía que no me estabas escuchando, maldito in...!
Alaude quería que se callara. Pero no quería usar más magia.
Así que hizo lo más simple:
Besarlo.
Giotto se sorprendió ante la repentina acción de su novio y dejó caer el paraguas, atrayendo la atención de la piña que intentaba besar al vampiro, al que querían besar, la de Tsuna y la del rey.
Enma seguía maldiciendo en voz baja todos los muertos de Dino y Alaude.
El tigre se aferró a los hombros del mago y correspondió sin mucho problema, poco le importaba que les vieran.
«¿No estaban molestos hace un momento? No entiendo a esos dos»
El castaño sintió el suspiro resignado de Reborn y acarició cariñosamente los brazos en su cintura, intentaba darle ánimos aunque ni siquiera sabía porque.
—¿Es tan tonto enamorarse? —le preguntó al rey.
—¿Por qué lo dices?
—Porque solo ver a esos dos me dan náuseas.
—No eres el único.
—Alondra-kun, no te hagas el difícil... Solo un beso...
—Tú te fumas algo. Ni de coña. Eres un maldito acosador.
—¡Lo hago por amor!
—Ya, creo que mejor no me enamoraré nunca —murmuró Tsuna mirando a las dos parejas—. Daña el cerebro y envenena el cuerpo.
—Por supuesto, me parece perfecto —asintió decidiendo que era momento de irse—. Así será más fácil que te quedes a mi lado para siempre.
—Nada me obliga a hacerlo.
—Yo te obligo.
—No eres...
—¿Tienes lugar a dónde ir?
—No, pero...
—Listo, te quedas conmigo por el resto de tus días.
—¿No te parece muy pronto para pedirme matrimonio? —ironizó temblando de frío—. Nos conocimos ayer y no eres mi tipo.
—¿Pero el vampiro sí?
—Me gustan morenos con ojos claros.
—Hmm, eso puede cambiar.
Le hizo dar media vuelta y lo acorraló entre sus brazos, acercando peligrosamente su rostro.
—¿Qu-qué haces?
—Ahora mismo no lo sé. Podría querer besarte, quizás asustarte.
—¿Quizá quieras una patada en la entrepierna?
—Quizá te inmovilice.
—Quizá te quedes sin descendencia.
—¿Quizás están tonteando?
Enma se sintió tan forever alone y bufó cruzándose de brazos, nadie le hizo caso.
Alaude y Giotto metidos en lo suyo, Hibari alejando a Mukuro de él y los otros dos... Pues tonteando.
—No creo que me dejes sin descendencia —sonrió divertido—. No te veo capaz.
—¿Me estás retando?
—No, sólo digo que deseas con tu alma ser besado por mí.
Tsuna frunció el ceño, completamente sonrojado.
—Jamás querría algo así, Rebornio.
—¿Seguro, Dame-Tsuna? Podría apiadarme de ti.
—No, gracias.
—No hay necesidad de negarse.
—¿Tanto deseas besarme? —arqueó una ceja—. Ay, Reborn, sabía que caerías ante mis...
Un estornudo interrumpió su presuntuoso discurso y el monarca se alejó, asqueado y preocupado.
Definitivamente era momento de volver a casa.
Cuando regresaron, todos estaban con gripe.
Tsuna se acostó en la cama de Reborn de inmediato, y el azabache le abrazó. Segundos después, los dos se durmieron.
En la sala se acomodó Hibari, y en cuanto se durmió, Mukuro le echó unas cuantas fotos y se acomodó a su lado.
Por parte de Giotto y Alaude... Bueno, ellos querían seguir despiertos toda la tarde para hacer sus... cosas de pareja recién reconciliada pero la gripe se lo impidió.
Enma, forever alone, soñó que mataba a Alaude y a Dino.
Sí, fue una pacífica tarde de vagancia...
Lástima que cierto castaño fuera un enfermo quisquilloso y despertará cuando sol cayera.
—Reborn, tengo hambre.
—No es mi problema.
—Por tu culpa estoy enfermo —siguió picando sus costillas—. Ve a cocinarme algo, me lo debes.
—Yo también estoy enfermo, ¿sabes
—¿Y a mí que más me da? ¡Quiero comer, joder!
—A ver, ¿Que quieres...?
—Atún.
—¿Atún?
—¿Qué? ¿Estás loco? ¡No soy un caníbal!
—¿Te digo yo lo que quiero comer?
—No me interesa.
—Pues fíjate que sí te va a interesar.
Y empezó a morder su cuello.
El castaño se sonrojó y un gemido lastimero escapó de sus labios al tiempo en que Reborn dejaba de morderle y empezó a besar el área afectada.
—¿Q... Qué crees que...?
Un escalofrío lo recorrió cuando notó una mano colarse en su camisa y acariciar su abdomen.
—¿No es obvio lo que hago? —bufo mirándole a los ojos—. Estoy probando un exquisito manjar.
Tsuna alucinó con eso, ¿iba en serio?
—¿Quieres que te... acuse de pedofilia?
—Soy el rey, ¿crees que me importa?
—De-déjame... —jadeó.
—¿Estás seguro que quieres que te deje?
Se posicionó encima de él y empezó a besarle la clavícula, sacándole pequeños gemidos.
—Ha-hablo en... serio...
Su boca decía algo y su cuerpo otra cosa, sus manos se aferraron a los hombros del azabache y se estremeció al sentir las caricias ascender por su estómago.
—No lo parece.
—Re... Reborn, yo...
Un fuerte gemido escapó de sus labios y su espalda se arqueó al sentir como el monarca apretaba uno de sus pezones, Reborn sonrió.
«Es demasiado sensible»
—¿Qué intentas decir, Dame-Tsuna?
—Yo...
—No te escucho.
—No...
—Habla más alto... —mordisqueó su pezón, haciendo que gimiera más.
—Eres...
—¿Atractivo? Ya lo sabía.
—Qui... —no le dejaba acabar ni una sola frase, tocándole en aquellas zonas que parecían más sensibles.
—Solo déjate llevar...
¿Debería? La cabeza no le daba para pensar tanto en qué hacer y qué no.
Sus gemidos se mezclaron con algunos ronroneos y notó que su cola nuevamente había hecho acto de presencia, ¿aquello eran en serio?
—Reborn~...
El azabache dejó de lado su pecho y notó la necesidad en sus ojos, sólo lo besó.
«¿No debería haber hecho esto primero? Bueno, el orden de los factores no altera el producto»
Tsuna decidió que eso era lo menos relevante, y le correspondió el beso con pasión.
Debía admitir que había mentido muy descaradamente al azabache sobre sus gustos, estaba más que claro que aquel hombre le había atraído.
Jesucristo, era un puto dios griego. Debía estar ciego para no fijarse en él.
—Reborn... —gimió cuando sus labios se separaron y su traviesa mano encontraba el cierre de su pantalón.
—Shh, ¿qué te acabo de decir?
—Sabes... lo mal que ha sonado... sabiendo que soy menor de edad... ¿verdad?
—No te veo quejarte.
Ante eso rió débilmente y acarició con cariño la mejilla izquierda del azabache.
—Lo... Intenté.
—Y yo lo ignoré.
El azabache besó la mejilla del castaño y decidió volver a centrarse en su cuello y pecho, le dejaría recuperar el aliento por ahora.
O por lo menos eso intentó, sus manos tenían vida propia y magia así que los estorbosos pantalones siguieron el mismo camino que la camisa del castaño.
Desaparecieron.
Tsuna se estremeció al sentir una caricia en su sensible virilidad.
—N-no...
—¿Empezarás a negarte de nuevo?
—Hmm... —gimió al sentir sus dedos acariciando aquella sensible parte suya—. N-no...
—¿Eso quiere decir que te negarás o que no?
—Sa-sabes la... respuesta...
—Puede que no la sepa.
—No seas... así...
—¿Así como?
—De... imbécil...
—Respondón hasta en estas, eh.
—Siempre.
El azabache sonrió ante la débil respuesta del león, definitivamente era divertido dejarle sin habla.
Besó su pecho y decidió ir nuevamente por aquellos labios color cereza que tanto le habían gustado desde el primer día... Ayer.
El tiempo se sentía más largo junto a Tsuna.
Sawada gimió justo en el momento en que los labios del monarca hicieron contacto con los suyos y el aire se escapó totalmente de él, poco importó.
En cuanto se separaron, el castaño le reprochó el casi ahogamiento que había sufrido.
—No exageres —se burló el azabache.
Recibió un golpe por sus palabras, concretamente un pellizco en el brazo.
—Hey, eso ha dolido.
—No... lo parece... —reprochó al seguir sintiendo sus caricias—. O-oye... ¿por qué soy el único... que no lleva ropa...?
—Porque yo tengo magia y tú no.
—Jaja, muy... ¡O-oye! ¡No hagas eso!
No sabía qué demonios había hecho, pero le había recorrido un agradable y terrible escalofrío.
—¿Hmm? ¿Por qué no debería?
Reborn sonrió divertido y Tsuna estuvo por volver a quejarse cuando escucharon un grito de absoluto terror.
—¡¿Qué demonios estás haciendo piña acosadora y pervertida?!
Todas las caricias murieron y ambos compartieron una mirada de molestia momentos antes de que el rey hiciera aparecer nuevamente la ropa del león.
El azabache tenía que revisar que no le hicieran nada a la casa... ¡En principio no era suya!
«Fon me matará si rompen algo»
—¿A dónde vas? —preguntó Tsuna, algo molesto por la interrupción.
¿A quién engañaba? Estaba muy molesto.
—A ver que esos dos no se carguen algo.
—Ya. Ya veo tus prioridades.
Reborn arqueó una ceja e iba a replicar, cuando otro grito sonó.
—¡Te morderé hasta la muerte como no me sueltes, maldito loco!
—No es mi casa, es la de un... amigo. Y me mata cómo se carguen algo.
Tsuna se ruborizó al darse cuenta de lo celoso que había sonado e infló las mejillas.
—Haz lo que quieras.
En el idioma de las mujeres, eso era «estoy de un cabreo contigo que no veas». En el Giottano igual. ¿Sería igual en el idioma atún?
Reborn se encogió de hombros con un suspiro y salió de la habitación.
No pasaron ni dos segundos de haber cerrado la puerta cuando escuchó un golpe en ella, fue fuerte.
Consideró volver y arreglar lo que sea que haya hecho mal, pero el sonido de algo quebrarse le estremeció totalmente.
En el sofá de la sala, Hibari era retenido bajo el cuerpo de Mukuro y ambos parecían forcejear.
Se había roto la tele... Alguien había lanzado una tonfa hacia ella...
«Estoy muerto»
—¿Qué coño creéis que estáis haciendo, joder? ¡Esta no es vuestra puta casa!
Ni la suya, por descontado.
—¡Este maldito acosador cabeza de piña se ha puesto encima mío, joder!
—¡Me dan igual vuestros putos problemas! ¡La jodida tele está rota por vuestra maldita culpa!
Ambos miraron el roto televisor.
—Lo sentimos —se disculpó, si se le podía llamar así, Mukuro, mientras intentaba besar a la alondra.
—¡Lo sentís mis cojones!
—Los tuyos no, pero fijo que estoy sintiendo algo —bufó alejando la cara del hada—. Y no me siento precisamente feliz por esto.
Reborn cerró los ojos y contó hasta mil, miró hacia la tele.
«Podría usar magia y repararla, pero a estas alturas ya debe saberlo»
Los adolescentes siguieron su lucha y el vampiro logró escapar por los pelos, Mukuro no tardó en ir tras él.
«¿Qué debería hacer? Podría echarle la culpa a su doble pero...»
—¿Podrían hacer silencio? —gruñó un fantasma pelirrojo—. Honestamente, todos ustedes son molestos.
—Lo dice el forever alone —rodó los ojos Mukuro, atrapando un brazo de Kyoya.
—Te callas —ordenó el pelirrojo—. Mejor solo que ser un acosador en la friendzone.
—¡No estoy en la friendzone!
—No, estás en la enemyzone —dijo al ver que el azabache le daba una patada.
—Solo es un poco Tsundere.
—¡Tsundere tus cojones!
—¿Se callan?
—¡Si quieres que me calle desaparece a este!
—¿No que era tu amigo?
—Lo has dicho, era.
Reborn suspiró al ver el rostro esperanzado del hada, se giró para dirigirse a la cocina.
«Necesito algo para el dolor de cabeza... No todo se arregla con magia»
—¿Mi amante? Tú deliras. ¡Eres mi puto acosador!
—¿Qué pasa aquí...?
Un Tsuna vestido con una camisa blanca demasiado grande para él apareció bastante cabreado, y todos miraron a Reborn con una ceja arqueada.
—Recuerdo haberte dejado vestido —le dijo el azabache.
Tsuna se acercó enfurruñado a su oído y susurró:
—Lo hiciste, pero se te olvidó que no solo llevo ropa interior.
Reborn sonrió. Con las prisas, no se había fijado.
—Ya veo que vosotros no os la pasáis mal —gruñó Enma—. Yo he tenido que aguantar los putos gemidos de esos dos rubios de bote.
—¿Gemidos? Que raro —el monarca frunció el ceño mientras veía a Sawada ir a la cocina—. Jamás habían sido tan reservados, ¿les habrá pasado algo?
«Debí esperar un poco más para ir por mis pastillas»
Suspiró perdiendo de vista al sexy león, honestamente lamentaba demasiado no estar en su propia casa.
Poco le habría importado que rompieran la televisión, en esos momentos estaría muy entretenido con el sensible cuerpo de ese chico.
Siguiendo con el acosador y el acosado...
—Ave-kun, ¿por qué no aceptas amarme?
—¿Porque no te amo?
—¿Lo preguntas?
—Retóricamente.
—No seas cruel conmigo, alondra-kun. Yo te quiero de verdad de la buena.
—Y a mí me parece perfecto, pero aléjate de mí. Y no empecéis a cantar —miró a castaño y pelirrojo.
—¡Aléjate de mí amooooooor! ¡Yo sé que aún estás a tiempooooo!
—Alondra-kun, solo quiero darte un beso, ¿es...?
—¡Yo solo quiero darte un besoooo! ¡Y regalarte mis mañanaaaaaas! —interrumpieron.
—¿Ves lo que haces, idiota?
Notando que Tsuna había regresado, Reborn no perdió tiempo y le rodeó con sus brazos.
El castaño sólo se puso cómodo, atento a las próximas palabras de ese par que le llevaría a ambientar la situación con su voz de sirena...
Mukuro les miró a todos, frustrado y decidió que ya no quería nada de nadie.
Suspiró acomodándose la ropa y se dio media vuelta.
Tsuna y Enma compartieron una mirada de ¡oh, por mi madre!
—¿Piña?
—Me voy a casa.
Y eso, sin duda, no lo vio venir ni Hibari.
—¡Ve a por él! —instó Tsuna.
—Es un acosador.
—¿Y?
El azabache arqueó una ceja. No podía ir en serio ese tipo, ¿o sí?
—¡Que se va! —exclamó.
Kyoya rodó los ojos y murmuró un «¿Por qué a mí?» mientras seguía el paso al cabeza de piña.
Llegó a él en un par de minutos y le sostuvo por la camisa.
—Espera.
Mukuro se giró haciendo un mohín con los labios.
—Ave-kun, no te entiendo —se quejó infantilmente—. Eres más bipolar que M.M en su periodo.
Y a Hibari poco le gustó la comparación, reconsideró lo que había pensado hacer y sólo le soltó mirándole fríamente.
—¿Quién es M.M y por qué sabes cómo es en sus días?
Reborn suspiró cansado al tiempo en que Tsunayoshi y el pelirrojo de su nuevo y fantasmal mejor amigo se hacían los indignados.
—¡Piña infiel! —exclamó uno.
—¡Desgraciado ingrato!
La "pareja" les ignoró.
Rokudo se puso nervioso y rió incómodo, dio dos pasos hacia atrás intentando escapar.
—Yo... Eh... Bueno...
¿Cómo decirle que era su chica de los recados al igual que Nagi? Conocía lo suficiente a su Ave-kun como para saber que después de una pregunta iría otra y acabaría desvelando su corto amorío con ella.
No quería decirle.
—¿Y bien? —el azabache inclinó levemente la cabeza hacia atrás en un gesto altanero mientras le miraba con fijeza, cruzándose de brazos.
—Am, es una amiga.
—Cómo no —rió Enma.
—¡A ti nadie te dio vela en este entierro, pelirrojo! —le espetó Mukuro.
—Y a ti te van a dejar a dos velas —sonrió pícaro.
El hada de la fruta estaba empezando a odiar a ese fantasma suicida, en serio...
Hibari bufó atrayendo su atención, parecía ser que no se había creído eso de "la amiga".
Tsuna salió de entre los brazos de Reborn y volvió a la cocina, Enma le encargó un refresco ya que estaban.
—Ahora en serio —exigió—. ¿Quién es y por qué no quieres decirme la verdad?
—Bueno... Yo... —titubeó inseguro, aquellos ojos azules parecían querer matarlo y decidió sacrificar... A su hermana—. Es la novia de Nagi.
Esa... No se la creía ni él, pero no distaba mucho de la realidad...
—Ajá. Y yo soy azul —se burló Enma.
—¡Qué te calles, joder! —le espetó la piña.
—Tú no me mandas~.
—Por eso estás más solo que la una.
—Y tú vas a estar igual en poco tiempo —rió.
—Ca... No, espera, Alondra... —retrocedió ante sus tonfas que se alzaban delante suya—. ¡Alondra-kun, piedad!
Una cosa quedó clara, a Hibari no le gustaba ni el acoso ni las mentiras.
Para cuando Tsuna regresó, la sala estaba hecha un desastre y Enma discutía alegremente con Reborn mientras Mukuro y el vampiro hacían de las suyas.
No había rastro de los rubios.
Sawada caminó torpemente hacia el monarca y el fantasma, bufando cuando notó que su supuesto mejor amigo tocaba el pecho de su... Eh... Del azabache molesto aquel.
Frunció el ceño.
—¡Tsuna-kun! Ven, anda, estamos hablando de...
—No me interesa.
Enma parpadeó sorprendido ante el corte rotundo de Tsuna.
Reborn sonrió al distinguir los celos emanando de él y rodeó los hombros del pelirrojo con un brazo, divertido.
Solo por joder...
—Venga, Dame-Tsuna —insistió notando la seria mirada de sus ojos—. No puedes tratar así a tu mejor amigo.
—¿Cuándo dije que ese era mi mejor amigo?
Kozato podía ser torpe incluso de fantasma, pero no tenía que hacer más que mirar de uno a otro, notar la desquiciante sonrisa de Reborn y la mirada de Tsuna como para darse cuenta de qué sucedía.
«¿Ser o no ser? He aquí el dilema... No sé si fomentar el bardo, o rendirme por una vida... Muerte tranquila»
—Lo has dicho.
—Digo demasiadas cosas. No me acuerdo de todas.
—Hmm, yo en cambio hago demasiadas cosas. No me acuerdo de todas, pero sí que antes...
—Te callas.
—¿Y si no quiero?
—Alguien morirá. Y ese ya está muerto, tú verás —se cruzó de brazos.
Fue entonces que un agitado y somnoliento Giotto hizo aparición, meneando una cola de color oro en su camino hasta ellos y lanzándose sobre Tsunayoshi.
—¡No sabía que eras la novia de papá, perdón! —exclamó animado, ganándose la mala mirada del rey—. Pensé que ibas detrás de Alaude, lo siento, Tsu-kun.
—¡N-no soy su novia! ¡No soy nada para ese tipo!
Reborn solo suspiró, y Enma seguía en su dilema existencial.
—No tienes que ser tímido, entre cambiantes nos entendemos —dijo sonriendo y agitando su cola.
—¡Ya te he dicho que no!
—¿Te tendré que llamar mamá? Se me hará raro siendo que eres más pequeño...
Tsuna enrojeció completamente y rezó para que Hibari acabará con Mukuro y fuera en su auxilio (no por nada en particular, pero de entre todos sentía que él era el único que se ponía en su situación).
—Yo...
—Giotto, no molestes a Tsunayoshi —oh, bueno... Alaude era como un Hibari rubio... De vez en cuando ayudaba—. Le intimidas.
—¡Eres malo, Alaude! No quieres que conozca a mi...
—¡Que no soy nada para este!
—Eso no lo decías anoche... O más temprano en realidad —Enma se decidió a joderlo.
Tsuna le dedicó su chispeante furiosa mirada castaña.
—Tú te callas, forever alone.
Y el fantasma se fue a llorar a un rincón, definitivamente la vida después de encontrar a Giotto era todo un caso.
Fin.
Si no lo publicaba hoy ni lo haría jamás, no le pedí nota a Ale porque mi internet está trollo
Los amamos y ha sido divertido escribir esto para ustedes, esperamos que lo hayan disfrutado y para serles sincera le pedí segunda temporada a Ale xd eso es todo, bye xd
Pd. Ale no me confirmó nada, sólo dijo que ustedes deberían pedirlo zd
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