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6. ¿Prometido?

Tsuna y Kyōya intercambiaron una mirada, el azabache se había perdido y el castaño le daba la bienvenida.

Reborn frunció el ceño mientras Mukuro seguía su dramática confesión de amor eterno y enfermo.

—Bien, bien. Basta de juegos —colocó la taza de café sobre la mesa en la que estaban sentados los otros tres—. ¿Me podrían explicar qué es eso de que se conocen? Me parece bastante dudoso.

—A ti todo te parece dudoso.

Giotto recibió una mala mirada.

—Giotto, te daré un consejo —habló Alaude—. No intervengas en los culebrones si no participas en ellos.

—¿Por qué?

—Porque puedes acabar como este amigo si no te andas con cuidado —señaló con la cabeza al pelirrojo.

—¡Oye!

—Tienes razón. Mi belleza es demasiado importante como para que el mundo la vea en mi forma fantasmal. Soy demasiado joven.

—Lo vas entendiendo.

—¿Y bien? ¿A qué esperáis para contarlo?

Tsuna también miró curioso a Hibari mientras que el hada volvía a abrazarse a él.

«Tiene complejo de pulpo»

—No me parece que deba importarles.

—Pero lo hace.

—Nada me obliga a decirte.

—Soy el rey, es una orden.

—No sigo órdenes.

—Voy a matarte.

—Quiero verte intentarlo.

—Vas a...

—Hibari-san —interrumpió Sawada—. ¿En serio nos conocemos?

Aquello desconcertó al vampiro e indignó a Mukuro.

—¡¿Arruinas mi relación y no lo recuerdas?! ¡Esto es indignant...!

—¿No lo recuerdas?

—Nop.

—Oh... Es que estamos comprometidos.

Era mentira pero la reacción de Tsuna fue tan divertida.

—¡¿Qué...?!

El rostro del castaño era un tomate.

Giotto expulsó el refresco ante la declaración, y Alaude suspiró haciendo aparecer un pañuelo.

—Anda que...

—¡Fue una fuerte declaración!

—¡Te voy a matar!

Mukuro apuntó con su tridente al castaño.

—¡Espera! ¡No lo recuerdo!

—¡Maldito infeliz! ¿¡Tú sabes la de años que llevo fotografiando a alondra-kun?! ¡Tengo una maldita habitación llena de sus fotos! ¡Es más grande que mi casa!

—No puedes ir en serio —dijo Kyoya—. Herbívoro, eso sobrepasa tu...

—¡Íbamos a tener tres hijos y lo arruinaste!

—¿Eso desde cuándo...?

—¡Nuestra luna de miel iba a ser en Hawaii! —siguió—. ¡Te pondrías un disfraz de enfermera el primer día, el segundo me esperarías en la cama vestido de conejo y...!

—¿Eso haremos cuando nos casemos? —preguntó un inocente Tsuna—. No creo que usted se vea bien con eso, Hibari-san, quizá yo podría...

—¡Dame-Tsuna no se casará contigo! —reaccionó Reborn—. ¡Se quedará conmigo para siempre!

Esta vez el que escupió su bebida fue Alaude, Enma y Giotto lo miraron toser.

—¿Fue demasiado para ti?

—No, es que el té vino muy caliente —se quejó con una mueca—. Me he quemado la lengua.

—¿Qué...?

Y Reborn lo cogió del brazo y lo atrajo para él.

—¡Te lo regalamos! —exclamó Mukuro, cogiendo a Kyoya del brazo.

—Oye, herbívoro, no me...

—¡Reborn, suél...!

—¡No te pienso soltar! —dijeron rey y hada a la vez.

—Se supone que yo era una persona normal —suspiró el castaño.

¿Cuándo su vida se había torcido tanto?

Quizás aquello era un karma, suspiró entre los brazos del monarca, realmente no era tan incómodo estar allí. Se sentía cálido...

Se sonrojó y miró a su supuesto prometido, Hibari parecía estar teniendo un debate interno mientras intentaba quitarse de encima a Mukuro.

Frunció el ceño, no parecía el tipo de persona que se comprometería con cualquiera, sin embargo el hecho de que se conocían debía ser real.

—Hibari-san, hablando en serio —inició llamando su atención—. ¿De qué nos conocemos? No creo que un compromiso sea...

—¡No hay compromiso, Ave-kun es mío!

—No te lo estoy...

—¡No soy tuyo, suéltame!

—¡No lo haré!

—Que dramas.

Tsuna miró hacia Enma con obviedad.

—No me digas, ¿en serio?

—Sois más dramáticos que Disney.

—Por eso es cine gratis —se encogió de hombros Alaude.

—El piña este tiene razón, no hay ningún compromiso —dijo Reborn—. Estáis en mi reino y lo anulo.

—Buen punto —dijo Kyoya.

—¡Así mejor! ¡Ya tenía comprados los disfraces para la luna de miel!

—¿Puedes anular eso también?

—¿Te mantendrás a diez kilómetros de distancia del Dame-Tsuna aquí presente? —ante la duda del vampiro se encogió de hombros—. No hay trato.

—Reborn, yo opino que...

—¡Cállate!

—Cariño, ¿ser un hada es muy difícil? —rodó los ojos—. Venga, sólo quiero saber de qué me conoce el vampiro ese.

—¿Ya nos tenemos confianza?

—Pues si no eres mi prometido, eres mi mejor amigo —se encogió de hombros—. Ya me dirás tú cómo debo tratarte, pero yo no recuerdo haberme comprometido con nadie.

—¡Lo has olvidado! ¿Cómo puedes querer a este engendro, alondra-kun?

—La pregunta es cómo puedo seguir siendo tu amigo sabiendo que eres un perturbado acosador.

—¡Solo tengo unas fotos tuyas!

—Una habitación.

—¡Y unos pósters, y chapas, y muñequitos... pero nada fuera de lo común!

Kyoya le miró incrédulo.

—No puedes ir en serio.

—¿Qué? Soy el presidente de tu club de fans.

—¿Eso existe?

—Pues claro.

Tuvo miedo de preguntar sobre eso y mejor miró hacia Tsunayoshi.

—Tengo la impresión de que él es el único miembro —dijo el castaño—. ¿No te da la sensación de que mataría a los que se unieran?

Asintió, totalmente le daba esa impresión.

—¡Sólo fueron dos! —bufo y miró, por primera vez, a Enma—. ¡No puede ser! ¡¿No dejas de joder ni muerto?!

Tsuna miró incrédulo a su amigo fantasma, Alaude y Kyōya arquearon una ceja.

—¿Qué? Pensé que era el baño.

—¡Mientes!

—Me estoy perdiendo —declaró Tsuna.

—Yo más —dijo Kyoya.

—Mientes~. Me haces daño y luego te arrepientes~.

Alaude miró a Giotto con una ceja arqueada.

—¿Qué te dije de la música latina?

—Ya no tiene caso que lo intentes~. ¡Ya no tengo ganas de sentiiiiir~!

—Basta de estupideces —bufo Tsuna y miró resignado a Reborn—. Y tú suéltame, así no se puede hablar con nadie.

—No necesitas hablar con él —sonrió—. Lo que sea que hubo entre ustedes se acabó.

El rey tenía muy presente que a Sawada le gustaban los morenos, no recordaba que lo hubiera dicho, pero estaba seguro de que así era.

—¡Ese hombre tiene razón! —apoyó Mukuro—. ¡Sea lo que sea Hibari es mío!

—No se ha acabado nada y no soy de nadie —bufó logrando quitárselo de encima—. Escucha, lo del compromiso era una broma.

—Lo supuse.

—Aún así, lo nuestro sí fue serio.

El castaño asintió... Luego le miró sin entender y el abrazo posesivo de Reborn se intensificó.

—¿De qué hablas?

—¿Recuerdas las semanas anteriores a que te echaran de casa?

—Am... bueno, sí, pero tengo memoria Dory...

—¿Memoria Dory? ¿En serio? —arqueó una ceja Reborn.

—Soy fan de Disney. Déjame.

—Cuando el de la peli gratis ve pelis —rió Giotto.

—También las veo gratis —se encogió el castaño de hombros.

—Sabes que es ilegal, ¿no?

—Ya, debería ser ilegal también que tú seas un próximo rey y no lo es.

—¡Oye! ¡El mundo mágico debería estar agradecido de tener una belleza como rey!

—¿Lo ves? Debería ser ilegal, y no lo es.

—Giotto, ¿qué te he dicho de meterte en los culebrones?

—¡Pero...!

—¿Qué te he dicho?

—Vale... —se enfurruñó.

Tsuna sonrió satisfecho y volvió su curiosa atención a Hibari, no sabía en qué momento pasó pero aquel hada piña estaba al ataque.

—¡Suéltame!

—¡No! ¡Si te dejo te irás con ese engendro!

—¡No lo haré, por Dios!

—¡Pruébalo!

—¡¿Probarlo?! ¡¿Cómo demonios quieres que haga eso?!

Sawada codeó a Reborn aún dentro de su abrazo y le miró con picardía.

—¿Quieres que te pruebe que no me iré con nadie para soltarme?

—¿Quieres probármelo? —sonrió pícaro.

—Hmm, a saber lo que estarás pensando, hijo del mal.

—En muchas cosas, a decir verdad.

—¿Alguna dedicada a mi persona?

—La mayoría, si te soy sincero.

—¡Soy yo el que te quiere! —exclamó el hada.

—Dile que yo soy el que te quiere~.

Giotto y Alaude miraron al fantasma.

—¿Qué? Si el rubio puede cantar, yo también.

Le siguieron mirando fijamente, ¿acaso no veía que ambos eran rubios? ¡Que se dirigiera a Giotto como una diva!

—¡¿Y eso a mí qué?! —exclamó harto—. ¡Mukuro, por Dios! ¡Ni siquiera me voy a ir con nadie! ¡Tsunayoshi y yo nos conocimos de casualidad un día cuando su padre lo...!

—¡Ah!

Todos miraron al pálido castaño, Reborn frunció el ceño dejando de lado sus... Bonitos pensamientos.

—¿Qué sucede, Dame-Tsuna?

—¿¡De eso!?

Hibari asintió.

—¿De qué? —preguntó Reborn.

—Eso, ¿de qué? —preguntó Mukuro.

—Am... ¿bonito día, no?

Tsuna miró a otro lado ante el próximo interrogatorio.

La atención se fijó en el vampiro que repentinamente había encontrado súper interesante el cielo.

—Es verdad, que día tan hermoso.

Un trueno después, se quedaron sin coartada y tendrían que huir.

—Kyōya, ¿de qué se conocen?

—¿Te he dicho lo guapo que eres? —situaciones desesperadas, medidas desesperadas—. Me encanta la manera en que miras el mundo. Siempre te he admirado, Mukuro.

—Alondra, te conozco. Llevo siendo tu acosa... amigo, desde que éramos niños.

—Ibas a decir acosador.

—¿Yo? Qué va, delirios tuyos.

—Te robaré esta noche~ —canturrearon diva y fantasma.

—Estáis mal, en serio.

—La piña debió cantarla mucho, ¿no crees? —dijo el pelirrojo.

—Lo creo —asintió Alaude.

—¡Dejen de interrumpir! —se quejó Tsuna hasta que recordó que el iba metido en aquel lío—. Olviden eso, ¡noche de karaoke!

—Casi es hora del almuerzo.

—¡Tarde de karaoke!

Mukuro y Kyōya los ignoraron, metidos en su mundo y Reborn volvió a su labor de intentar sacarle la verdad a Sawada.

—Tsunayoshi, dime.

—¿Me?

—Mal chiste —rodó los ojos—. Dime qué pasó ese día, ¿qué te hizo tu padre?

—Nada a lo que no esté acostumbrado —se encogió de hombros—. ¿Por qué el interés?

—Hablo en serio, me preocupas.

—Oh, qué bonito —sonrió—. Eres uno de los pocos que se preocupan por mí.

—Aquí hay amoor~. Aquí hay amooooooor~.

—¡Callaos! —exclamó Tsuna, sonrojado.

—Aquí hay amor, amor. Aquí hay amor, amor~.

—Oh, por Dios —bufó Alaude, comiendo más palomitas.

—Yo aplaudo ese amor —sonrió Mukuro—. Ahora, si nos disculpan mi esposo y yo...

—¿Cuándo me he casado contigo?

—¿No lo sabes?

—Aparentemente.

—Oh... Entonces igual no importa —lo abrazó—. Definitivamente tendremos una linda luna de...

—Tsunayoshi, yo te salvé —le miró suplicante—. Devuélveme el favor, seré violado.

—¿Cómo sabes que serás el pasivo?

La pregunta de Tsuna hizo sonrojar al vampiro... ¡Hizo sonrojar a un puto vampiro!

El hada alucinó con eso y con el hecho de que Hibari le dejaría ser activo, por él se habría prestado para cualquier cosa, pero ahora... Ahora definitivamente sólo él podría hacerlo suyo... ¡Ave-kun lo había aceptado!

—¡Me has aceptado!

—¿Qué? Ni de coña.

—Oh, querido, te tengo unos trajes súper monos que...

—¡Que no seré tu puto pasivo, joder!

—Tranquilo, sé que eres Tsundere y eso sólo hace que te quiera más.

—¡Quita! —dijo cuando vio que sus labios se aproximaban hacia él.

—Vamos, no te hagas el difícil...

—¡No, suéltame! —exclamó horrorizado—. ¡No frente a Tsunayoshi, por Dios!

Sawada se encogió entre los brazos de Reborn, tan concentrados estaban en el chisme que habían olvidado que aquello era real y no una peli.

Tanto el rey como el hada fruncieron el ceño.

—¿Qué importa que él lo vea?

El aire empezó a faltarle al castaño, el monarca parecía querer asfixiarle y Kyōya se disculpó internamente por eso, le había usado de excusa.

—Recuerda que es mi prometido.
—Ya no —dijo el azabache—. Y aún no me habéis contado de qué os conocéis.

—Eso. ¿De qué os conocéis?

—¿No sabes que hay cosas que son mejor dejarlas solas~? —cantaron Giotto y Enma.

—Por favor, vosotros necesitáis urgentemente el karaoke.

—Ya ves —rieron ambos ante el bufido de Tsuna.

Sawada sólo bufo exasperado y decidió dejar de lado los dramas, que se moría asfixiado y a nadie le importaba... ¡Pues que a Kyōya se lo violaran! ¡No era su problema!

—Fue un día que mi padre discutió con mi madre y la pagó conmigo, ¿bien? —bufó quitándose a Reborn de encima—. Realmente hubo una broma sobre comprometernos, pero nació del momento puesto que yo estaba con un humor de perros y él de las mil maravillas.

—Tuve una buena pelea con ese herbívoro.

—¡Mínimo dime carnívoro! —se quejó—. ¡Acabamos en empate, Hibari Kyōya!

El vampiro rió encogiéndose de hombros, sin darle tanta importancia al hada que le abrazaba de manera posesiva por la espalda.

Quizá se estaba acostumbrando.

—¿Ves que no era nada relevante?

—¿Y de dónde surgió esa idiotez?

—Ah, eso es sencillo. Digamos que Kyoya era mi tipo y él estaba cansado de una fruta. En su tiempo no lo pillé y pensé que era frutofílico. Ahora veo que es más bien piñafílico.

—No soy nada de eso.

—Ya, y por eso está abrazándote como si fueras su oso de peluche.

—No es mi oso —aclaró Mukuro—. Es mi alondra.

—Zoofilia y frutofilia. ¿Qué más queréis?

—Traidor —Kyoya le miró mal.

Tsuna rió encogiéndose de hombros y justo en ese momento empezó a llover.

Giotto gritó como niña.

—¡No! ¡Mi cabello!

Alaude suspiró mientras cubría a su rubia para que después no se andará con dramas, a Enma lo atravesó la lluvia e hizo una mueca por eso.

Hibari miró al cielo con profundo odio mientras Mukuro le soltaba gritando algo sobre que las cámaras no eran a prueba de agua.

Finalmente Sawada y el rey no hicieron nada.

—Oye, rubia —dijo Tsuna—. ¿No que estabas enfadado con tu rubio?

—¡Es verdad! ¡Me engañaste con Cavallone, maldito infiel!

Le empujó, cogiéndole el paraguas.

—¿Tenías que recordárselo? —cierto mago miró mal al castaño.

—¿Con Cavallone? —se interesó Enma.

—¡Sí! ¡Con ese rubio de bote! ¡Teniéndome a mí, osea, que soy natural!

—Cavallone no es teñido —dijo un pensativo Alaude.

—¡Y lo defiendes! ¡Te odio!

El fantasma irradiaba un aura negra que asustaba a cualquiera.

^=^

Ale, pls.

Me aburro bastante, no quiero escribir y... Al mismo tiempo sí :v
Creo que estoy deprimida ÕnÕ

Notas de Alecchi: ¡Salut, lectores! Teeengo sueño~. Levantarme a las 7 y dormir a la 1 no mola.

Esto... ¡Pues espero lo estéis disfrutando! Y creo que eran... ¿7 caps? No c, Bacchi controla eso.

¿Merecemos comentario/voto? ¿Disparo? ¿Tartita?

¡Au revoir ! Nos leeremos pronto~.

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