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4. Desayuno.

El castaño le miró largo rato, allí sentado, rodeado de envolturas de dulces, latas de refrescos, cajas de pizza, restos de hamburguesa, botes de helado y con la ropa llena de migajas lucía de todo menos temible.

—¿Qué tan mal están en el mundo de la magia? —cuestionó mirando escéptico al que parecía ser el más normal—. Ósea, Reborn es rey, Alaude policía... ¿Qué eres tú?

Enma se encogió de hombros sin saber qué decirle, hasta donde había entendido ese chico debía de ser alguien importante...

Quizá no ahora, pero lo sería. La mirada fulminante del monarca sobre él se lo dejaba claro.

—Soy un fantasma, simplemente.

—Pues para serlo no das tanto miedo.

—Supongo que debo tomarlo como un halago.

—Supones bien.

Enma bufó, ese chico era tonto o algo.

—No estoy para nada interesado en tu rey, para tu información.

—¡No es mi rey!

—Técnicamente, estás en mi reino.

—¡Te callas, Rebornio! —le señaló con una mueca de molestia—. ¡Estamos hablando los normales!

—¿Te consideras normal?

—Comparado con el vago de Alaude-san y contigo, sí.

—¿Me consideras a mí normal? —cuestionó, ahora, Enma—. Soy un fantasma y eso...

—Insisto, eres más normal que...

—A todo esto, Tsunayoshi —interrumpió el futuro mago obeso—. ¿Nos dirás qué clase de hombres te gustan o nos vamos a dormir para buscar a Giotto mañana?

—¿¡A qué viene eso ahora!?

—Cierto, Dame-Tsuna, dilo.

—La verdad es que no tengo un estereotipo así...

—Venga, dilo. Seguro que tienes algo.

—Bueno... Los morenos no están tan mal...

—Hmm, indirecta para ti, Rebornio —rió Alaude.

—¡No es eso!

—Venga, Tsunayoshi —suspiró el rubio—. Sin vergüenza, ¿no estamos en confianza? Yo te cuide mientras regresabas de tu forma animal.

—¡Animal tú!

—¿Qué?

—¿Qué?

Alaude arqueó una ceja sin entender nada y Tsuna sonrió, Enma sólo miró a Reborn fruncir el ceño.

—¿Qué de qué? —dijo el rubio.

—No sé, dímelo tú.

—No, dímelo tú. No te entiendo.

—Ni yo a ti.

—Eres más extraño que Giotto, es decirte mucho.

—Deberías estar buscándolo en vez de estar comiendo aquí.

—Para una vez que voy al cine, déjame ser.

—Alaude-san, usted...

—Bueno, basta —suspiró Reborn—. Vamos a regresar a casa para descansar y mañana empezaremos a buscar a Giotto.

—¡Pero...!

—Nada, he dicho.

El rubio y el castaño le miraron con reproche y el pelirrojo se encogió de hombros.

—¿Puedo unirme?

—No.

—Sí.

Tsuna y Reborn se miraron con molestia y el fantasma decidió seguir las palabras del rey.

—¿Por qué lo has invitado? —gruñó Tsuna.

—Eh, tranquilo, cachorro. Recuerda lo que te pasa cuando te pones nervioso.

—Oh, sí, me lleno de pelo y zarpas. Gracias  por recordarme eso, Reborn, querido.

—De nada.

—Es la noche del amor~ —canturreó el pelirrojo—. Y el cielo trae paz~.

—¿El Rey León? ¿En serio? —arqueó una ceja Alaude.

—¿La conoces? —dijo Enma, sorprendido.

—Giotto no deja de poner la película. La ama.

—Creo que amo a Giotto-san.

—En ese caso, puede venir —sonrió Tsuna y a Alaude dejó de hacerle gracia la situación—. Un gusto, fantasma, soy Sawada Tsunayoshi.

Enma tomó la mano del chico con extrañeza, sonrió tímidamente.

—Kozato Enma.

El castaño sonrió más ampliamente, podía ver una gran amistad nacer... A Reborn ya no le parecía eso de llevar a ese fantasma con ellos.

Mientras la alegre amistad león-fantasma nacía, en otro lugar no muy lejano...

—Os morderé hasta la muerte.

Un azabache de hermosos ojos azul metalizado golpeaba a diestra y siniestra a los delincuentes que le rodeaban.

En un edificio cercano, en una ventana, una cámara le tomaba fotografías sin que el objetivo de estas se percatase. Un par de alas se podían apreciar desde el exterior.

—Kufufufu~, tan perfecto como siempre.

El espía sonrió tomando más fotos del feroz vampiro, detrás de él dos hadas le miraban aburridas.

—¿Aún no podemos irno, Mukuro-sama? —preguntó una hastiada pelirroja—. La estúpida y yo queremos descansar.

—Relájense, chicas —suspiró guardando su cámara—. Ya podemos irnos, quejonas.

—Mukuro-sama, usted es demasiado...

—Nunca es suficiente.

—Claro... Lo que digas...

—Sigo sin pillar lo que le ve a ese chupasangre —declaró la pelirroja.

—María Magdalena, no te metas con él —dijo enfadado el de cabello apiñado—. Tengo toda su maldita colección.

—Ya, y supongo que hasta pósters.

—¿¡Has entrado en mi casa!?

—No jodas. ¡Eres un acosador!

—¡Nada! ¡Tengo derechos de imagen!

—¿Te los ha dado él?

—No, pero...

—Nada.

El mayor de los tres torció el gesto con disgusto y Chrome reprimió sus risas en una esquina, ahora sabía porque era M.M únicamente.

—Bueno, ¿nos vamos?

—¿No se te queda alguna cámara, acosador?

—Dueles.

—Alguien tiene que decírtelo.

Luego de eso Mukuro frunció el ceño y los tres se retiraron del lugar.

Volviendo con Tsuna...

El castaño estaba teniendo un debate entre tirarse por la ventana o irse al bosque y morir feliz.

—¿Por qué debo compartir habitación contigo?

—Hay tres habitaciones. Enma se queda en una, Alaude en otra y por tanto te toca.

—¿Y por qué En...? Nada. Olvídalo.

—Huh, me parece que vosotros mucho no vais a dormir —dijo Alaude—. A Giotto le encantaría ver esto.

—Argh, hablas tanto de él que se nota demasiado tu enamoramiento —dijo Tsuna.

—Hmm, ya te voy a ver a ti hablando de...

—¡Qué bonita noche!

—Sí, ¿verdad? —rodó los ojos—. Ya me parece a mí que verás estrellas.

Tsuna le fulminó con la mirada mientras se sonrojaba, Reborn bufó y Enma se preguntó qué demonios hacer.

—Te odio, rubio.

—¿Ahora no soy Alaude-san?

—No.

—Hmm, has tardado bastante más en ponerme apodos que con Reborn, y prácticamente nos conociste a la vez.

—¡Qué te calles! —se ruborizó.

—¡Hey! ¡Tu cara tiene mi color de pelo!

Tsuna parpadeó ante eso y luego sonrió al pelirrojo.

—¡Hermano!

—¡Hermano!

Y se abrazaron.

El contacto no duró tanto cuando Reborn tomó a Tsuna del cuello y miró mal al fantasma y al mago.

—Las habitaciones ya fueron asignadas, así que largo.

—¡Pero...!

—Vale, muy bien —Alaude se levantó de la cama del rey y tomó a Enma del brazo—. Ten en cuenta que me enteraré si violas a nuestro león, sé cómo camina.

Y después de eso, sin importarle el sonrojo de Sawada se fue.

—... ¿Violarme?

—Es idiota, como su novio.

—Pero dijo que... para ti todos son idiotas... menos tú.

—Y es verdad.

—Entonces... si no me puedo enamorar de ningún idiota...

El castaño escondió el rostro más profundamente en el cuello de su camisa y Reborn bufó.

—No te preocupes por eso, algún día habrá alguno que no sea idiota además de mí.

—Am... sí, claro.

Un incómodo silencio se instaló entre ambos.

—Puedes dormir en la cama, tengo por aquí un colchón que...

—¿No vas a dormir conmigo?

Reborn arqueó una ceja ante la interrogante.

—¡No malinterpretes! Quiero decir que soy el invitado y no puedo robarte tu cama así que... Además, no me gusta dormir solo...

Y la mirada interrogante se volvió en sospecha y molestia.

—¿Con quién dormías antes de que te encontrase? —cuestionó mirándole ligeramente mal, Tsuna desvió la mirada—. Dame-Tsuna, ¿con quién has dormido?

—No, con nadie —rió nervioso recostándose en la cama y ocultándose bajo la cobija—. Buenas noches.

—Dame-Tsuna...

—Con nadie, en serio.

—Has dicho que no puedes dormir solo.

—Sí... bueno...

—Dímelo, Dame-Tsuna.

—Es una larga historia...

—Tengo tiempo, cuenta.

—Verás, hace dos semanas me echaron de casa... —suspiró—. Y tuve que buscarme las castañas. Entonces, a los tres días de dormir en la calle, un hombre me encontró.

Reborn le instó a continuar con la mirada.

—Me dio agua y comida. Un techo también. Tenía que pagarle de alguna manera... y no tenía dinero...

Sí, definitivamente no le estaba gustando nada de eso.

—Te acostaste con él.

—Al menos intenta que suene como pregunta —suspiró aún bajo las mantas—. Sí... ¿Podríamos sólo dormir? No quiero recordarlo.

Y el monarca tampoco quería saberlo.

Con un suspiró resignado y un sentimiento de molestia, el azabache se recostó junto a Tsuna y el chico inmediatamente salió de su escondite para mirarle sonrojado.

—Por hoy te dejaré en paz, estoy cansado.

—¿Qué crees que haces?

—¿Dormir?

—No, ¿por qué te subes a la cama?

—Porque es mía y tengo en ella a un inútil que no puede dormir solo.

—Pensé que no querrías.

—¿Por qué no iba a querer?

—Por, ya sabes...

—Me importa poco lo que hayas hecho. Además, no fue por gusto.

El castaño esbozó una leve sonrisa y le abrazó.

—Gracias...

—No me las des.

Y así, durmieron abrazados...

Todo habría sido calma y amor de no ser porque siempre hay un indiscreto, al día siguiente Alaude entró en la habitación seguido por un fantasma.

Ambos iban en busca del desayuno –porque el monarca es su esclavo cuando no están en casa–, y para iniciar la búsqueda de Giotto, lo que vieron sin embargo los hizo sonreír con malicia.

Era unos hijos de puta, por eso Enma había muerto tan joven... ¡Ni siquiera le habían dado tiempo de suicidarse dignamente!

—¿Lo haces tú o lo hago yo, Alaude-san?

—Tú mientras yo los... pongo más cerca.

Y mientras Enma sacaba la cámara, Alaude movió a Tsuna con su magia de tal manera que el castaño quedara encima del azabache con sus rostros muy pegados.

Enma sacó una foto.

Luego Alaude hechizó sus camisas para que fueran transparentes y Enma tomó otra foto.

—Esto nos hará de oro.

—¿Tú sabes lo mucho que me voy a descojonar de este, fantasma?

—Me lo imagino.

Y siguió dándole a la camarita mientras Alaude se encargaba de hacer más escenas comprometedoras.

Sin embargo, no contó con que en algún momento, mientras le seguía movimiento haciendo desaparecer la manta, a Tsuna le entrase el frío y se removiera somnoliento notando que algo iba mal.

Abrió los ojos.

El pacífico, y demasiado cerca, rostro de Reborn le dio los buenos días y se sonrojó separándose.

El rubio miró al fantasma, haciéndole señas para que escondiera la cámara al tiempo en que Sawada notaba la situación y su, aparente, falta de ropa.

Le entró la histeria.

—¡¿Qué demonios es...?! —notó que no estaban solos y casi se desmaya—. ¡Puedo explicar...!

—Cállate, Dame-Tsuna.

El medio dormido monarca se abrazó a la cintura del chico y suspiró con intenciones de seguir descansando... Hasta que sintió miradas sobre él y notó al mago en la habitación, así como la situación.

Suspiró.

—Eres un pillo, Reborn.

—Ya, ¿qué hacéis vosotros aquí?

—Queremos desayunar.

—¡Queremos comer! ¡Queremos comer! —apoyó Enma.

—Ya sabéis dónde está la cocina.

Cerró los ojos y volvió a abrazar al sonrojado castaño.

—Uh, parece que tú ya estás comiendo pero bien.

—¿Insonorizaste ayer las paredes? —dijo un pillo pelirrojo.

—Callaos o os mato.

—Vale, estoy en busca de mi espiritualidad —Enma se encogió de hombros—. Si me matas, podría contar como suicidio.

Ante eso Tsuna reaccionó nervioso y Alaude se apiadó haciendo nuevamente visible su ropa.

—¿No eres un fantasma? —preguntó un poco más calmado mientras acariciaba el cabello del monarca—. Se supone que estás muerto, ¿no? ¿O acaso naciste así?

—Dame-Tsuna, Enma nació hace mil años, era humano —suspiró sobre el pecho del castaño, estremeciéndole totalmente—. Fue asesinado, sin embargo en nuestro mundo los fantasma también mueren.

—¿En serio?

—Sí, ahora a dormir.

—Reborn, ya es de día —bufó el rubio—. Tu desayuno podrá estar todo lo deseable que quieras, pero tienes que alimentarnos a nosotros e ir por Giotto.

—Eres un puto mago. ¿No puedes hacerte un desayuno?

—En vista de la situación, ahorraré mi magia para las palomitas.

—Yo lo apoyo —dijo Enma.

—Reborn... yo también tengo hambre...

El castaño le miró con pena y el azabache suspiró.

—Está bien, pesados.

Y con un suspiro se separó del castaño y se dispuso a levantarse para ir a complacer los caprichos mañaneros de aquel trio.

Tsuna le miró irse completamente atento a sus movimientos y se sonrojó al recordar cómo había despertado esa mañana, escuchó una risita y miró a Enma.

—Tu cola es graciosa —señaló divertido—. Pareces un gato esperando las caricias de su amo.

—¿No es eso lo que es?

Sawada ignoró las burlas de los mayores y se centró en el movimiento de su cola, ¿por qué demonios había salido? ¿Cuándo? ¿Por qué?

—Creo que se está comiendo la cabeza, Alaude-san.

—Es común, espera ya reaccionará.

Ambos miraron como el castaño abría los ojos sorprendido y tomaba entre sus manos aquella parte de él.

—¡Hiiieee!

—¿Qué te pasa, Dame-Tsuna? —preguntó Reborn hechizando la sartén para que fría los huevos.

—¡Tengo cola!

—Eres un chico, ¿qué te esperabas?

—¡Esa no, joder! —se ruborizó—. ¡Tengo cola de león!

—Eres un león, ¿qué esperabas?

—¡No soy...! —luego recordó lo de ayer—. ¡Oh Dios! ¡Soy el león!

El mago codeó al fantasma (¿cómo lo hizo? Magia, hijos, magia) con una sonrisa.

—Te dije que sus reacciones eran lo mejor.

—Tenía razón, Alaude-san.

—Siempre la tengo.

El azabache rodó los ojos volviendo a la cocina y Tsuna se revolvió en su sitio mirando atónito su cola de león.

—Alguien que me explique por qué tengo esto.

—Es normal —dijo Alaude—. A Giotto le salió unas cuantas veces.

—¿Es un león?

—No. Es un tigre.

—Vaya...

—Sois muy parecidos, sí.

—Ya, entonces vamos a buscarlo para que me explique cómo tratar con esto.

Tsuna miró molesto al rubio y al pelirrojo, ambos se encogieron de hombros y escucharon el llamado de Reborn avisando que el desayuno ya estaba.

«Por eso cocina él, siempre se desespera y hace brujería»

Los tres se dirigieron al comedor, desayunaron, se cambiaron y salieron para iniciar la búsqueda.

°=°

Alaude es mi pastor.

Palabras de Ale, dj 7u7.

¡Salut lectores! Qué decir. Bueno, siento no haber escrito nada pero Bacchi subía y yo no decía mis palabras y poz eso.

¡Espero que os vaya gustando! Tenemos todo el fic acabado así que las actualizaciones serán seguidas ;)

¿Merecemos comentario/voto? ¿Disparo? ¿Tartita?

¡Au revoir! Nos leeremos pronto~

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