Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

1. Trato.

Un joven de castaños cabellos caminaba por las calles con las manos en los bolsillos, su mirada bajo una gorra impedía ver el color de sus orbes.

Normal. Todo muy común.

—¿Has oído? Un león está suelto por la ciudad...

—¿Qué? ¡Qué miedo!

—Sí, aparece y desaparece. Dicen que ha matado a muchas personas.

Las dos mujeres que conversaban acerca de ese tema se fueron alejando.

El león.

Hace poco más de dos semanas que había aparecido, y nadie sabía cómo un animal de semejante tamaño podía esconderse en una ciudad tan pequeña.

Pero él lo sentía.

Sentía que ese león estaba en las sombras, esperando por él. Y tenía el presentimiento de que la paz de la que gozaba pronto acabaría.

Sus presentimientos jamás fallaban.

—Quizá sólo es mi imaginación —murmuró con la vista fija en sus pasos—. Sólo estoy un poco sensible desde que lo vi.

El joven suspiró y sacó una de sus manos para mirarla, su piel clara no tenía marca alguna que demostrase el daño que aquel felino le había hecho.

Recordaba aún aquel día, el momento en que esos ojos dorados le miraron y el dolor que sintió en su palma cuando lo atacó.

Quizá realmente estaba perdiendo la cabeza, no tenía daño alguno y era muy probable que eso hubiera sucedido debido al hambre.

Se sacó la gorra para agitarse debido al calor que hacía.

—¡Cuidado!

El grito llegó tarde a sus oídos, y de pronto se vio todo manchado de amarillo.

Miró hacia arriba. Había un trabajador pidiéndole disculpas mientras sostenía un cubo boca abajo.

Suspiró. Lo que le faltaba.

Se miró en unos escaparates. Estaba hecho un pincel, sus cabellos castaños habían pasado a ser rubios. Su ropa y su piel igual.

—Bueno, tendré que lavarme...

Menuda suerte la suya, echado de su casa, destinado a vagar y ahora, toda una obra de arte.

Se dio la vuelta dispuesto a irse, tirando la gorra que ya no le servía para nada cuando notó que, al otro lado de la calle, un hombre le miraba.

Le miró con sospecha, ¿acaso se le había perdido algo? No parecía un seguidor suyo (aunque no es como si tuviera, de todos modos), mucho menos un ladrón.

Con un traje de alta costura, un gracioso sombrero, patillas interesantes y un porte elegante...

Abrió la boca para preguntarle qué quería cuando ese hombre sonrió, sus ojos negros parecieron brillar.

—Te encontré.

Y después de eso, todo se volvió oscuridad.

Cuando despertó, no sabía dónde estaba.

Se veía en una habitación color naranja, sentía una cama mullida bajo su espalda, y era agradable. Hacía mucho que no sentía un colchón.

Parpadeó y empezó a analizar el lugar. Trató de moverse, pero unas cadenas en las manos se lo impedían.

—¿Qué...?

Tiró de las cadenas, pero no cedían. Empezó a asustarse, ¿podría ser que le habían secuestrado?

Vale, vale. Había que pensar con la mente tranquila, suspiró.

¿Qué sacarían secuestrándolo? Era un chico abandonado, poco importante para la sociedad y no tenía familiares interesados en él.

Además, si estuviera secuestrado no le habrían puesto en una cama tan cómoda, se veía más en un sótano donde no le diera la luz.

Miró nuevamente sus ataduras y notó que sus manos seguían siendo amarillas, rodó los ojos.

—Secuestrado o no —murmuró forcejeando—. Al menos les he manchado la cama, idiotas.

Un sonido le llamó la atención, y miró hacia la puerta que se abría y dejaba ver a aquel hombre que visualizó por última vez antes de perder el conocimiento.

—¿Quién eres?

Aquel hombre arqueó una ceja.

—No me vengas con esas.

Y Tsuna arqueó las dos cejas.

—No te conozco.

—Venga, por ponerte un color diferente de ojos no engañas a nadie.

—Mis ojos son así.

—Claro, y yo nací ayer.

—Pues no es mi problema cuándo naciste —frunció el ceño—. No tengo idea de quién eres y ahora poco me importa, quítame esto.

—Giotto, deja de bromear. No puedo dejarte lib...

—¿Y ahora qué? ¿Quién es Giotto?

Aquel hombre pareció dudar entonces, el castaño volvió a forcejear con las cadenas para soltarse.

¿Qué demonios había aprendido de los ilusionistas del circo? ¡Siempre había una manera de soltarse haciendo que pareciera magia!

Sí, ahora recordaba porque había huido.

—A ver, ¿cómo te llamas?

—Tsunayoshi. Tsuna para los amigos —contestó, intentando desasirse de las cadenas.

—¿Seguro?

—Sé mi nombre, eh.

Repentinamente, un cubo de agua apareció de la nada y le cayó encima su contenido, disolviendo la pintura.

—¡Eres castaño!

—Pues claro, ¿qué creías? ¿Que era rubio?

Por la cara de aquel hombre supuso que sí y no tardó en estallar en carcajadas, es que había que ser tonto para confundir pintura con el color del cabello.

—Te pareces bastante —se encogió de hombros y Tsuna flipó cuando las cadenas desaparecieron—. No es mi culpa el haberte confundido con Giotto.

—Va... Vale, lo que digas —bufo sentándose—. ¿Me puedo ir?

—Hmm, con una condición.

—¿Cuál?

—Tienes que encontrar a Giotto.

—¿Qué? ¡Pero si no sé quién es!

—Es este.

Ante sus ojos apareció la imagen de, básicamente, su reflejo. Todo era igual, excepto sus ojos dorados y su cabello rubio.

—¿Y cómo se supone que voy hacer eso?

—Usando tu ingenio.

—Pero...

—¿Te quieres liberar?

—Sí.

—Pues eso.

Tsuna frunció el ceño y se cruzó de brazos inconforme con aquel trató, sin embargo sus quejas se vieron interrumpidas por el sonido de la puerta abrirse nuevamente.

Un hombre de cabello platinado entró en la habitación, sus fríos ojos azules fueron de su secuestrador a él y Tsunayoshi retrocedió inconscientemente.

—¿Y ese quién es, Reborn?

—Mi nuevo ayudante.

—¡No soy tu...!

—Se parece a Giotto.

—Ya, ya lo sé —se frustró Tsuna—. Por eso estoy aquí.

El de orbes azules miró interrogativo a Reborn.

—Pensé que había ido al mundo humano. Pero me equivoqué con este niño.

—¡No soy un niño!

—Que sí. Al punto, tenemos que encontrarlo.

—¿Y tú quién eres? —preguntó Tsuna al rubio platino.

—Me llamo Alaude.

—Vale, tenías cara de Dante —rodó los ojos—. A todo esto, ¿dónde...? ¿Has dicho mundo humano?

Reborn le miró entre aburrido y dudoso, finalmente se sentó junto a él y le miró a los ojos.

—Escucha, estás en Marte —confesó seriamente—. Vinimos a la tierra para dominarlos.

—Ya, tendré cara de tonto, pero no lo soy.

—¿En serio?

—Lo juro.

—En ese caso, estás en el mundo de la magia.

—Ya, y yo nací mago.

—No, el mago soy yo —replicó Alaude—. Tú eres un humano.

—Vale. Ya sé lo que pasa. Esto es una de esas cámaras ocultas para los idiotas. Pues dejadme deciros que no me lo...

Y repentinamente levitó por los aires.

—¡Vale! ¡Me lo creo! ¡Bájame!

—No me convences —refunfuñó el rubio—. ¿En serio lo crees?

—¡Sí, sí, te creo todo! ¡Bájame!

Reborn miró entretenido el intercambio entre aquel par y frunció el ceño al notar la sonrisa del mago.

—Vamos a creerle, de igual modo se quedará con nosotros un tiempo.

—¿Realmente crees que nos ayude con la búsqueda?

—Si no ayuda podemos usarlo de juguete.

Eso no hizo feliz a Tsuna, pero ni un poquito.

—No soy un juguete.

—Ya. Bueno, entonces, ¿prefieres estar encerrado o ayudarnos?

—No tengo opción.

—Bienvenido al equipo —sonrió Reborn.

—Ya. Claro. Qué ilusión.

—Debemos encontrarlo lo antes posible —dijo Alaude.

—¿Qué es? ¿Tu hermano, tu primo...?

—No te incumbe.

—Y en todo caso sería familia tuya, Dame-Tsuna —señaló con obviedad bautizándolo con un nuevo nombre—. ¿Acaso no ves lo mucho que se parecen?

—¿Sigues con lo de la autocompasión? —bufo—. Me confundiste con rubio y soy castaño, no nos parecemos tanto.

—En eso lo apoyaré, Giotto no es tan aniñado.

—¿Acabas de...?

—Bueno, no discutan.

—¡Pero ese idiota me dijo aniñado! —exclamó indignado—. ¡En toda la cara, Reborn!

—¿Ya nos tenemos confianza?

—Me has llamado Dame-Tsuna, demonio, puedo decirte como quiera.

—Supongo que sí. Bien, visto lo visto, Giotto debe estar en este mundo. Si hubiera estado en el humano, no hubiera confundido a este niño con él.

—¡Qué tengo mis buenos quince años!

—Yo tengo más de dos siglos, ¿o eran cuatro? —sonrió Reborn—. ¿Y bien? ¿Eres o no un niño?

—Bueno... poniéndolo así... Un momento, ¡tú no pasas de treinta!

—En aspecto, niño.

Alaude esbozó una leve sonrisa. Tenía cierto parecido al carácter de su rubio, solo que Giotto era más... bueno, menos humilde, para decirlo de algún modo.

A todo esto, ¿para qué le buscaba? Estaba cansado de esa diva, ¿no?

—No divagues o realmente destruiré tu relación —escuchó decir a Reborn—. Sabes que amas a Giotto más de lo que yo amo mi café.

—Venga, seguro que lo ama más que a un conejo o un chocolate —intervino Tsuna—. Pero... Ósea, ¿el café? No creo que vaya a tanto.

—¿Sabes de qué vamos?

—No, pero acabo de descubrir que Giotto seguro es su amante —señaló al rubio y le sonrió al otro—. Y también que eres cafefílico, unicornio.

—¿Caf...? ¿Unicorn...? ¡¿Qué dices?!

—No sé, me ha llegado el deseo de molestarte y eso hago.

—¿Quieres que te calles para siempre, Dame-Tsuna?

—Nada es para siempre.

—Yo sí. Soy inmortal —se encogió de hombros.

—¡Idiota! ¡Me has quitado la fase filosófica!

—No me interesan tus desvaríos.

—¡No son desvaríos!

—Son divagaciones —bufó Alaude.

—¡Eso! ¿Cómo lo sabes?

—Porque tengo un Giotto en mi vida.

—¡Un momento! —exclamó saltando en la cama—. ¡Hay algo imposible en esta vida!

—No estábamos hablando de...

—¡Cállate, Reborn! —le pegó con la almohada—. ¡Jamás podrás decir la letra P con la boca abierta!

—¿Y para qué querría...?

—¡No puedes! —celebró—. ¡Ni con tu magia infernal!

—¿Me estás retando? —arqueó Alaude una ceja al verse aludido.

—¿Tú no eras hechicero, mago o lo que sea? ¡Fijo que no puedes!

—Giotto pensaba lo mismo.

—¿Pensaba?

—Le demostré que podía hacerlo.

—No te creo.

Alaude suspiró y abrió la boca pensando un hechizo de sonido para que saliera la letra P.

—¿Lo ves? Puedo hacerlo.

Tsuna le miró estupefacto.

—¡Eso es brujería! —se horrorizó escondiéndose detrás de Reborn—. ¡Demonio! ¡Eres un hereje!

—¿Sabes lo que eso significa?

—¡No, pero no importa!

—Ya, Dame-Tsuna para siempre.

—¡Já! Para que veas que sí hay algo eterno.

—Abogabas por la no eternidad —le recordó—. Y te acabas de declarar un eterno inutil.

—Oh, ¡calla!

—Tendrás que renacer para mandarme. Y ni así.

—¡Tontidiota!

—¿Qué es eso? ¿Un insulto?

—Sí, tontidiota. ¡Es un insulto!

—Tú eres idiota. Comprobado.

—¡Y tú un tontidiota!

Alaude decidió que esa era su señal para salir y darle a los tórtolos intimidad, suspiró.

—Ojalá ese chico no te dé los problemas que Giotto me da —murmuró desde la puerta—. Aunque creo que estarás bien... Más o menos.

—¡Tontidiota tú también! —la almohada que lanzó Tsuna dio contra la puerta—. Ugh, como los odio a ambos.

—Ya, no decías eso cuando te abrazabas a mí.

—¡No te abrazaba! —exclamó sonrojado—. Te usaba de escudo contra las fuerzas del mal.

—¿Qué demonios fumas?

—Cigarros de chocolate, ¿algún problema?

—Muchos. Te hacen tener alucinaciones.

—Tú eres cafefílico y nadie te dice nada.

—Que no soy...

—Ya. Lo que digas.

Reborn suspiró.

—¿Y lo de unicornio de dónde te salió?

—No sé. Pensé en todo lo contrario a ti, osea, algo bonito que eche luz y arcoiris por todos lados.

—Puaj. Qué asco.

—Pues eso. Unicornio. Rebornio.

—¿Re...? ¿Qué? ¡No vas a decirme así, Dame-Tsuna!

—¡Tú no me digas Dame-Tsuna, Rebornio!

Ambos se miraron mal y se cruzaron de brazos, el menor sintió un ligero mareo y recordó que llevaba un buen tiempo sin probar comida, torció el gesto.

El azabache fue el primero en ceder al notar su rostro pálido y pintado, suspiró.

—Hagamos algo —sugirió levantándose—. Te dejaré decirme Rebornio cuando estemos a solas y tú cerrarás la boca cuando yo te diga Dame-Tsuna, ¿te parece?

—¿Te meterás con mis cigarros de chocolate? —negó—. ¿Puedo reírme de tu cafefilia?

—No.

—No hay trato.

—¿Y si te doy comida?

Los ojos de Tsuna brillaron.

—Mejora la cosa.

—¿Chocolate?

—Casi.

—¿Tarta de chocolate?

—Caliente.

—¿Tarta de chocolate con tres pisos?

—Ardes.

—¿Tarta de chocolate con tres pisos y dos litros de cola?

—Trato.

—Trato.

Y se dieron la mano en señal de sellar el pacto.

=

Sin Hi.

BaAl es independiente! :D

Los amamos ♥

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro