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La temperatura aumentaba cada dos minutos, a tal grado que en su piel ya había una capa de sudor ligeramente visible, y que no tardaría en empezar a gotear, sus respiraciones también se veían afectadas, y lo ahora goteaba era un hilo de sangre que salía de la frente de Juyeon, a pocos pasos se encontraba Sunwoo empuñando una espada de doble filo, su favorita de hecho, se sentía orgulloso de haberlo herido.

- Tú y Chanhee son tan idénticos - afirma Juyeon.

- No te atreves a compararme con él, no puedo ser enemigo de la humanidad, pero puedo manipular, tengo mis ventajas - Objeta el Dios de la guerra.

- No lo digo por eso, lo digo porque ambos tienen un demonio interno, un lado oscuro, personalidad de bipolaridad, piensan que hacen lo correcto pero se contradicen ustedes mismos. Puede que yo no sepa usar los cristales...《¿Cómo? ¿Acaso dijo que no sabe?》 Piensa Sunwoo totalmente sorprendido - pero tengo mis metas claras, unir el infierno con el mundo humano, crear demonios a mi antojo, así desatar la ira del Dios de los dioses, el cruel ser que no fue capaz de bendecirme con un don.

-Soy Sunwoo, Dios de la guerra, portador de armas celestiales y luchador principal del linaje de los Dioses- El dios de la guerra adopta una postura defensiva para luego pasarla a una ofensiva, propinado un fuerte golpe en en el mentón del contrario, y así atancándolo- Odio a los demonios como tú ¿sabes una cosa, eh Juyeon? Te debieron sacrificar mucho antes.
Claro está que Juyeon no sé mantuvo de brazos cruzados; contraataca usando su cetro y haciéndole mucho daño a Sunwoo, quien estaba en el piso, para ese entonces lo único de quedaba de la habitación no eran más que escombros.

- Mataré a Chanhee después de acabar contigo, tanto así que de ti no quedará ni tu nombre - Pronuncia Juyeon entre dientes lo suficientemente alto como para que Sunwoo escuchara.

Sunwoo, quien aún seguía en el suelo, escupe la sangre que salía de su boca y suelta una estruendosa carcajada -¿Pero que dices? Siquiera puedes conmigo, y aún con los cristales del equilibrio ¿cómo piensan en acabar con alguien más? Además, yo seré el que mande a Chanhee a un sueño profundo- Dicho esto, el Dios del inframundo se toma su tiempo para analizarlo, luego levanta su cetro y de este aparece una luz verde muy densa, se podría persivir el rastro de energía maligna a leguas.

《Mierda, no me puedo mover》 Piensa Sunwoo sorprendido y a la vez expectante.
Seguro que aquel poder lo haría trizas en una brir y cerra de ojos, sí, después de todo, y a pesar de que Juyeon mencionara que no sabía controlar del todo el poder de los cristales, sin duda utilizaba un porcentaje bastante grande.

- ¡Basta! - interrumpe aparentemente Alma - Juy...eehh... mi Dios- corrige casi de inmediato. Yeriset por dentro estaba que moría de los nervios, no era como que había pasado mucho tiempo con Alma como para que supiera como debería actuar. Juyeon era un ser dotado de inteligencia, era de suponer que cualquier error que cometiera ella, sería descubierta de inmediato, poniendo en riesgo su plan y su vida de paso- He acabado con Younghoon, uno menos. Pero...¿por qué desperdiciar el tiempo y el poder con ese de allí? - Cuestiona señalando al Dios de la guerra con la mirada.

Juyeon observa a "Alma" por un instante, analizando sus palabras para luego suspirar y relajar la expresión facial, incorporándose en su lugar - No deberías darme órdenes, pero supongo que tienes razón. Sunwoo no es más que un mero traidor, por eso te castigaré- Dicho esto Sunwoo tensa la mandíbula y frunce el ceño ¿Que se supone que debería hacer si no puede ni mover un músculo? Al frente de él tenía al Dios del inframundo, el Dios más temido por los humanos, y a la Diosa de los muertos, la que había acabado con Younghoon. Tenía que admitirlo, no contaba con que Younghoon muriera, su ayuda era muy necesaria, y por supuesto que en sus planes Younghoon no era nada más que un simple peón, aunque lo más seguro era que Sunwoo se apagara al trato.

- Nunca pude confiar en ti y aún así logras decepcionarme - articula Juyeon mirando con desprecio y arrogancia al Dios que yacía en el suelo. Posteriormente atacar a Sunwoo. Juyeon levanta su cetro y luego lo golpea en el suelo, una sombra que sale de esta hace un recorrido corto, hasta llegar dónde el Dios de la guerra, cubriendo sus brazos, los cuales ahora empezaron a sangrar, haciendo que el susodicho se retorciera de dolor. A este punto ya tenía control de su cuerpo, a excepción de sus brazos.

-Espero que aprendas la lección, Sunwoo - Dice para finalmente retirarse del lugar junto a Alma, dejando al a un Sunwoo moribundo en el suelo.

《¿Así es como moriré?... que lamentable》 aquel fue su último pensamiento después de quedar completamente inconciente.

(...)

Por otro lado, Juyeon y "Alma" habían llegado a una fortaleza un poco desolada para el gusto de la femenina, se encontraba lleno de polvo y la luz era muy tenues, no era para nada de su agrado.

- Sigueme - Menciona él.

- ¿Qué es este lugar? - Cuestiona ella observando todo su entorno.

Juyeon al escuchar aquello detiene su caminar de golpe y mira a Alma de reojos -¿Cómo dices?Ya hemos estado aquí antes ¿ya lo olvidaste... Alma?-  Añade haciendo énfasis en el nombre.

La pelinegra asiente con la cabeza tratando de no hacer alguna expresión facial que la deparará, debería mantener el rol.

- Claro, a lo que me refiero es al ¿por qué hemos venido acá? - Juyeon mantiene su mirada en ella analizando cada uno de sus movimientos. No dice nada. En el ambiente de vio envuelto durante unos segundos un silencio incómodo, que fue interrumpido cuando Juyeon gira completamente su cuerpo y se atreve a encarar a la femenina, se encamina hacia esta con toda la paciencia del mundo, incluso para ella que ya tenía a su enamorado, le pareció muy atractivo lo que sus ojos estaban observando; Juyeon, Dios del inframundo, cabello negro y ligeramente desordenado, labios finos con sonrisa relajada y una pizca de picardía, altura perfecta, y porte de verdadera masculinidad, cualquiera chica que se encontrara en sus cabales lo entraría muy atractivo. Sin embargo hizo lo que pudo para alejar esos pensamientos, pues su corazón ya le pertenecía a otro.

Juyeon acorta la distancia de manera muy atrevida, tomando a la chica de la cintura y atrayendola a su cuerpo, y un poco de inclinación le bastó para poder hablarle en su oído con voz ronca y musitada.
- Como me enteré que intentas traicionarme, te arrebataré ese pequeño corazoncito, al final, es mio. Sabes que lo haría.


- ¿Sabes que pienso? - Dice Yunho - Pienso que eres el peor de los dioses, no pudiste salvar a mi hermana, y eso que eres un Dios, pero igual no te guardo rencor. Lo que sí te pido es que no te quedes encerrado en una burbuja y ve y defiende a tu gente, a nuestra gente. El Dios Juyeon debe tener un punto débil, todos tienen un punto débil- Yunho, quien ahora parecía ser más fuerte emocionalmente, se acercó a Chanchee y golpeó su hombre en un acto reconfortante - vamos, hay que apresurarnos -añade son una sonrisa, se levanta estirando su ropa con sus manos, despojando así las arrugas, y siguió caminando.

Por otro lado, Chanchee se mantuvo en silencio, no tuvo ninguna reacción, de hecho, no parecía él; su mirada estaba en sus zapatos, era una mirada bastante ida y agotada, sin mencionar las ojeras que encargaban su párpado inferior, pero...¿cómo podía estar alguien que ha sido decepcionado tantas veces? Fue traicionado por su amigo y compañero, quien acabó con la vida de su chica, vio partir a un compañero, mientras que del otro no sé sabe que pasará, y sumado a esto está el hecho de que ha sido llamado el peor de los dioses. Sería mucho pedir que sus ánimos estén del todo, Chanchee se sentía dolido.

- No, espera - Dice Chanhee - Tu no vas a ir, déjame esto a mi, tú vuelve con Jacob.

-¿Volver? No haré eso, iré a mi pueblo y lo defenderé. No soy débil, soy un cazador, dependía de eso para cuidar a Sol, y eso hice durante mucho tiempo, y ahora que ella no está no tengo miedo de perder nada más ¡Ni tu ni nadie me dirá qué hacer! - A medida que iba hablando su tono de voz iba aumentando, lo que le causaba irritación al Dios de la luz - Ahora, despeja tu mente y retira esa expresión desagradable - añade finalmente para mirarlo de reojos y seguir su camino.

¿Qué un simple humano te diga que hacer? Eso es lamentable, y más aún si tiene toda la razón.

El Dios de la luz tensa su mandíbula y cierra sus manos en forma de puño, con todas sus fuerzas, y a los pocos minutos las lágrimas ya salían de sus ojos y se perdían en la arena marrón del lugar. No faltaba mucho para que anocheciera, el cielo ya se había tornado naranja con sutiles degradados azules, y los animales buscaban se reunían para buscar refugio y pasar la noche. A medida que iban avanzado y adentrándose al campo verde, si es que se podía llamar así aún, ellos se iban dando cuenta de lo triste que estaba la naturaleza, muy pronto el lugar se secaría y con el tiempo pasaría a ser una extensión más del desierto.

Y así la luna hizo presencia y ella la densa neblina nocturna que cubría el terreno, era irónico porque se supone que abría una sequía. Muy pronto, dejaron el bosque adentrándose a las calles de su propio territorio. Todo parecía estar en calma, la noticia del ataque ya les había llegado y se notaban preparados para entonces, la poca luz que emanaba en las calles fueron reemplazadas por una lo sufientemente fuerte para dar visibilidad a cualquiera que se atreviera a pasar.

- Al parecer ya se enteraron, son muy inteligentes. Pero... me pregunto el por qué el Dios Juyeon no ha atacado está zona, presiento que se vendrá algo muy cruel- Afirma Yunho echándole un vistazo a cada calle y callejón.

-¿Buscas algo?

- Hay que estar prevenidos, por si pasa algo, los dos ejércitos no son nuestros únicos enemigos.

Aquellas palabras eran tan ciertas como falsas. Es real que Juyeon no es el único enemigo al cual temer, entre los humanos también existe la maldad, aquellos que se inclinan hacia la magia oscura, o aquellos que no tienen para susitir día a día y eligen dañar a otros, esas personas también son enemigos. Por otro lado, no era lo que buscaba, si todos se habían prevenido para un ataque, quiere decir que habían repartido provisiones, en ellos comida. Yunho no había cazado nada que no fuera un esqueleto, no tenía para alimentarse.

-Eso no importa... los ciudadanos deben estar armados, y su ejército debe estar al tanto, no hay nada que temer. Nos vemos - El joven humano se despide y da un giro dispuesto a marcharse.

- Tú vienes conmigo - Ordena Chanchee manteniendo su mirada al frente - No estarás seguro acá, de hecho nadie lo está, hay que ser realistas.

Poco tiempo después, al entrar a la fortaleza del Dios de la luz, a estos lo recibieron de buena manera, y la atención que le dieron fue una muy adecuada y además rápida. Chanchee ordenó a que le dieran comida, ropa y una habitación a Yunho, aseguró que él sería el encargado de dirigir si ejército. Yunho se había ganado la confianza de él.

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