
͟͟͞͞➳ 07
Hay un dios para todo.
Cuando piensas en algo antes de dormir, algo que anhelas y/o amas con toda tu vida, y lo ves en tus sueños. O aquellas metas y proyectos a largo plazo que más deseas. No es más que obra de HaknYeon, el dios de los sueños. Este es uno de los dioses más astutos de todos, él suele trabajar con muchos de ellos para cumplir los sueños de su gente (tanto malos como buenos, todo depende de su voluntad). Sabe manejar las mentes humanas con mucha facilidad, no engaña, todo lo contrario, usa la sinceridad a su favor.
Pero como todos, tiene un defecto... es un bebé. Su comportamiento es como la de un niño.
En una ocasión tuvo que recibir cuidados del dios de la Ley, SangYeon. Se negaba a realizar su trabajo si no tenía a alguien que lo cuidara. Aquel día no hubo más remedio para SangYeon.
Le gusta comer mucho, cada hora traía consigo un alimento distinto. Su favorito eran las frutas, en especial las manzanas verdes. De hecho en estos momentos había terminado un tazón de manzanas verdes.
Se encontraba en posición de meditación en su cama. Según él se preparaba para hacer su trabajo: dormir.
Mantenía los ojos cerrados y una respiración suave. Buscaba conectarse con las personas de la ciudad a través de los sueños, así él los controlaría y haría una locura en cada uno de ellos.
En el otro extremo de la ciudad una pequeña niña dormía. Ella tenía una pesadilla, en la cual su familia estaba siendo masacrada por una silueta negra del tamaño del árbol más frondoso del continente. Usaba un cetro que radiaba una peculiar magia manifestada en color verde.
Tenía que hacer algo enseguida.
Sus ojos ya cerrados ahora estaban apretados, buscando concentrarse en su labor. En su piel ya se podía apreciar una paca de sudor, se notaba el esfuerzo que estaba haciendo para controlar aquel sueño que tanto mortificaba a la pequeña niña. Logró que apareciera otra silueta pero estaba vez era blanca y protegía a la familia de la niña.
Ahora las siluetas peleaban. Pero por mucho que el dios de los sueños quiso controlarlo este no pudo. De la nada se desconectó de su mente y abrió los ojos, estos estaban vacíos, las pupilas lo habían abandonado, solo emanaban un brillo extraño hasta para él. Tomó una bandeja de plata que reposaba en una mesita junto a su cama, observó su reflejo con miedo.
No podía respirar, su pulso cardiaco iba tan rápido que podía competir con la velocidad de la luz.
Aventó la bandeja contra una de las paredes de la habitación y salió corriendo lo más rápido que pudo. Los corredores estaban en total oscuridad, eso entorpecía su evasión. Al cruzar el pasillo chocó con una persona.
-¡Aahh! ¡Aléjate de mí, JuYeon!- Exclamó HaknYeon con lágrimas en sus ojos.
La silueta oscura era él, de JuYeon.
Tenía un mal presentimiento sobre el futuro de su gente.
- Cálmate, no soy JuYeon. Soy yo, SangYeon - informa el mayor tomando las muñecas de su compañero tratando se calmarlo.
HaknYeon se tranquiliza un poco y se limita a llorar cabizbajo.
- Tengo miedo, SangYeon. Creo que he perdido mis poderes - afirma el Dios de los sueños.
Ese era su mayor temor. Y es que disfrutaba hacer su trabajo, no descansaba en ningún momento, y aunque su labor sea durmiendo, siempre hacía un esfuerzo.
El Dios de la Ley le dio un cálido abrazo muy reconfortante.
- Tranquilo pequeño, todo estará bien.
SangYeon había ido a entregarle el mensaje de parte de Kevin sobre el hurto de los cristales del equilibrio, pero al parecer no era el momento de decirle aquello. Estaban pasando muchas cosas. Y él desconocía el motivo por el cual HaknYeon actuaba de aquella manera. Lo que si sabía era que JuYeon estaba detrás de todo este asunto.
Cuando un Dios es despojado de sus habilidades, o simplemente hay un obstáculo que impida su voluntad, este pierde el brillo y color de sus ojos.
Si hay algo que JuYeon odiaba eran los errores. Y nadie quiere presencial el momento en el que el Dios de los demonios desate su furia.
Alma no quería estar allí. Más que nunca extrañaba su lugar en el inmenso inframundo, el cementerio helado. El único lugar en donde ella podía hacer lo que quisiese sin necesidad de ser vigilada por Juyeon, o más bien de ser interrumpida por los caprichos perversos del mayor.
La joven hechicera se mostraba cabizbaja ¿qué había hecho mal? Siguió todos los pasos de acuerdo al plan, tenía muy claro los pros y los contra ¿Cuál era el error?
JuYeon tomó el cristal de hielo y lo lanzó contra un muro justo al lado de la hechicera, haciendo que la chica cerrara sus ojos debido a que el objeto se quebró en miles de pedazos.
- Falso, ¡Era falso! ¡¿Acaso me querías engañar?! - exclama el mayor con la mandíbula tensa.
-No, mi señor, yo...
-Cállate. Sal y averigua el paradero del verdadero cristal, no quiero que vuelvas sin él- ordena para luego beber de su copa de vino.
La diosa de la oscuridad soltó una pequeña carcajada, para ella los errores de la hechicera era todo lo que tenía a su favor para alejarla de su señor. La hechicera le dedicó una mirada filosa a su enemiga, y al momento de salir del lugar lo hice chocando su hombro.
- Y tú - añade refiriéndose a Alma - ¿No puedes hacer nada bien? Sé que tu corazón es despiadado y también sé que eres muy inteligente, trata de combinar esos dos elementos nuevamente. Yo te convertí en una diosa y también puedo quitarte ese privilegio, sabes perfectamente el resultado si eso llega a pasar- dice JuYeon con el ceño ligeramente fruncido tratando de contener su ira.
Ya se había enterado de aquel incidente. No lo había tomado para nada bien, claro.
Alma no siempre fue una Diosa.
Cuando tenía la edad de 17 era la más hermosa humana. Todos la admiraban por su tan radiante sonrisa y grandes ojos cafés. Solía vestir de dorado y rojo, joyas de todo tipo, y en sus caderas colgar cadenas que adornaban sus fantásticos bailes. Su vida estaba en completo orden hasta que llegó él, él fue su perdición. Un joven hechicero dispuesto a hacer cualquier cosa por conseguir más poder, tomó el corazón de la joven y la usó como carnada llamando la atención de hombres bañados en oro y riquezas para así distraerlos y él aprovechar para hurtar lo que pudiese. Así mismo, aquel joven hechicero de magia limitada le juró amor y protección, juntos lograron el caos en todo el pueblo de Nova Aquae.
Un día el Dios de la ley, SangYeon, respondió a las plegarias de muchos de los habitantes de aquel pequeño poblado. Iba por aquella pareja peligrosa. Y así fue, no tardó mucho para encontrar su aislado escondite, un pasadizo "secreto" entre la cascada azul que caía de las colinas fronterizas. Oro, diamantes y un sinfín de objetos valiosos ocultos. ¿Cuánto era eso en monedas? Sin duda alguna una gran cantidad de monedas.
Él sabía cuál era el siguiente movimiento: la ley. Por ende, decide asesinar a la chica, lanzándola por un muro de tres metros, logrando que su cabeza chocara con una roca. La mitad de su cuerpo quedó entre el agua, y la otra en la oscura arena.
Su "perfecto amor" terminó siendo un trago muy amargo.
Poco tiempo después tomó venganza. Un corazón envenenado haría eso, y ella era capaz de mucho más. Fue así como se convirtió en la Diosa de la oscuridad y de los muertos por tener la mitad de su cuerpo como uno.
Desde ese entonces se prometió no volver a usar su corazón, o lo que quedaba de este.
- Nuevamente, mi señor, me disculpo por eso. Le tengo un regalo para compensar mi error - una sonrisa placentera se hizo presente en el rostro de la pelinegra, contagiando así al Dios del inframundo, quien tenía mucha curiosidad.
- ¿Sí? Quiero saber - articuló JuYeon pasando su lengua por el labio inferior muy gustoso.
En la entrada de la calurosa habitación se escucharon unos pasos, tanto JuYeon como Alma fijaron su vista en una figura masculina.
JuYeon amplió su sonrisa, vaya que le agradaba su regalo.
- Ha pasado tanto tiempo ¿eh? JuYeon.
-Lo mismo pienso, Chang Min.
(...)
¿Quién será la siguiente? Piensa la diosa de la oscuridad.
Era la hora de capturar una víctima más grande. Alguien con el corazón puro y limpio. Eran las favoritas de JuYeon. En su gran mayoría niños y madres solteras.
Un cráneo de cristal era la herramienta que Alma usaba para observar el mundo humano, en ella el reflejo de una joven muy hermosa se hizo presente; su cabello era dorado y brillante, con ojos ligeramente caídos y suaves, una sonrisa transparente y bella adornaba su rostro.
Esa era su próxima víctima.
Pero no se la llevaría enseguida, no. La ayudaría a ser una mejor persona en el poco tiempo que le queda de vida. Así sería más especial para su señor.
Muy pronto, Alma subió al mundo humano. La luna alumbraba las calles de la ciudad. Había pasado tiempo desde su última vez en aquel lugar, todo había cambiado, no podía reconocer muchas cosas, como la gran fuente de agua que adornaba la calle principal, o el gran castillo del antiguo rey, en aquel entonces no se hablaba de un dios del sol, eran pocos los que existían, pero eso había pasado mucho tiempo atrás. Quien iba a pensar que se convertiría en una diosa malvada.
Entró por la ventana de la habitación de su objetivo. En la cama, la chica que había visto en su preciado cráneo de cristal, se encontraba durmiendo muy placenteramente. Alma se acerca con una sonrisa en su rostro para luego besar la frente de la pelirrubia, el labial rojo se filtró por la piel de la menor.
Ahora estaba maldita con una enfermedad mortal.
La chica de cabellos de oro abrió sus ojos observando a la diosa de la oscuridad quien se alejaba del campo de visión de la chica. Y aunque esta quiso gritar el temor se lo impedía.
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Hola ¿Qué tal?
Disfruto mucho escribiendo las parte de Juyeon. Me encanta ese personaje.
Espero que ustedes también disfruten de la historia en general :3
Estoy planeando algo para sufrir jajajaja. De hecho ya tengo parte de los siguientes capítulos, actualizaré en cuanto tenga tiempo.
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