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XI

Diego, a quién en el escape se le cayó su cubre-bocas tecnológico se para mirando hacia el fuego, donde murieron varios agentes que si él no estuviera herido, hubiera podido salvar. Luego voltea hacia Emma y la ayuda a pararse.

—¿Estás bien? —pregunta Diego preocupado.

—Si, estoy bien, no te preocupes —contesta Emma y ambos se sonríen para luego mirar al fuego.

Nuestro protagonista vuelve a mirar a Emma y ve que esta tiene raspones en las piernas y golpes en los brazos.

—Ay no, lo siento mucho... Debí alejarme de ti hace tanto para que estuvieras a salvo. Yo... —se asusta Diego.

—Hey, hey —calma Emma y la sujeta delicadamente la cabeza a Diego desde las mejillas para que la mire—. Sólo son golpes, estaré bien. Estoy contigo hasta el final, ¿ok?.

—Pero siempre estarás en peligro —dice Diego con algo de pena.

—Lo sé, pero estamos juntos en esto desde hace mucho y no te dejaré así nada más —habla Emma y Diego la abraza, cosa que ella corresponde hasta que se escucha llegar más personal de la D.I.S.H junto a bomberos, carabineros y ambulancias.

Buenos Aires, Argentina, minutos más tarde

Darya ayuda a Valezca y a las demás personas a reorganizar las instalaciones de A.B.C.D hasta que mira la televisión al escuchar el nombre de la capital de Chile.

—Recientemente en una plaza de la capital Chilena, hubo un enfrentamiento entre Faster Man y un velocista de traje completamente cubierto, dicha batalla no tuvo bajas civiles afortunadamente, pero si tuvo bajas del personal de la D.I.S.H que acudió a ayudar al Revolutionarie forzando así a su enemigo a escapar —relata la conductora del noticiero.

—Tengo que irme —dice Darya.

—¿No se cansa de andar de un lado para otro? —duda Valezca.

—Así es mi trabajo. Fue un placer —se despide Darya.

—Igualmente —termina Valezca y ve cómo la agente Kinsey se va.

Darya se va hacia el helipuerto de A.B.C.D, despega su jet y acelera, pero al estar lo suficientemente lejos de donde estaba antes, se dirige hacia el aeropuerto, aterriza en una pista privada para la D.I.S.H y llama a Diego.

—¿Hola? —comienza Diego.

—¿Qué ocurrió? ¿Estás bien? —pregunta Darya.

—Atacó a Emma para asustarme —responde Diego.

—¿Ella está bien? —consulta Darya.

—Sí, pude salvarla —contesta Diego—. Sólo está asustada, está hablando con sus padres por teléfono.

—¿Y él escapó? —pregunta Darya.

—Sí —confirma Diego.

—Escucha, estoy investigando mi sub-caso de este caso y hoy obtuve algunas respuestas, pero necesito más así que posiblemente no estaré ahí hasta mañana —informa Darya.

—Entendido, ten cuidado, algo me dice que no soy el único que está en la mira —dice Diego.

—Cuidado es mi segundo nombre... Darya Cuidado Kinsey —bromea Darya y Diego se ríe—. Nos vemos.

—Chau —se despide Diego y corta para luego mirar hacia el resto Emma, revelando que se encuentran en su habitación en la sede de la D.I.S.H.

—Me devolveré —dice Emma.

—¿Cómo? —duda Diego.

—Me reservaron asiento en el primer vuelo de mañana —responde Emma.

—Creo que es lo mejor —concuerda Diego.

—Yo también, pero pensé que podríamos pasar más tiempo juntos, recuperar el tiempo perdido —expone Emma.

—Lo haremos, pero primero debes salir de la ecuación para que pueda investigar esto —dice Diego.

—Podríamos investigarlo ahora —sugiere Emma—. Ósea, no es lo ideal que me involucre más, pero es mejor estar juntos hasta que me vaya.

—Tienes razón —acepta Diego.

—Sugiero que empecemos por quién tú sabes que conoce tu identidad —empieza Emma abriendo un Word en la computadora de su novio.

—Hay que empezar desde mis orígenes... Tu... Mi familia, Illusionistic, Vicente, la general Toxic, el coronel Rise, gran parte de su personal,  y los Revolutionaries —nombra Diego.

—Los más probables son Illusionistic y Toxic —dice Emma.

—Claro, excepto que el era hombre y no sonaba a mi primo —contradice Diego.

—Pudo haber sido contratado por alguno de los dos para robar el traje y básicamente darte una paliza con el —teoriza Emma.

—Estoy seguro que Toxic me habría mandado a secuestrar... Illusionistic me habría atacado por si mismo —razona Diego.

—¿Entonces a quién sugieres? —pregunta Emma.

—Comencemos por Toxic —pide Diego y su novia busca a la general en el computador de nuestro protagonista.

—Que extraño... Aquí sale cómo muerta en combate —informa Emma-

—¿Qué? —duda Diego y mira la pantalla—. Permiso —se sienta junto a Emma y usa un comando del dispositivo que lo lleva a la información del guardia que la vigilaba—... También muerto, asesinado por ella al escapar... —usa otro comando que lo lleva a la información del jefe del guardia—. Él está vivo y convenientemente en esta ciudad.

—Tendremos que averiguar donde estará pronto —dice Emma.

—Lo haremos —concluye Diego y le sonríe a Emma, quién está alegre de ayudarlo a pesar del peligroso contexto por el que están pasando—. De hecho, sé cómo proceder ahora, aplicaré las enseñanzas tecnológicas de Darya.

—¿Hackearemos algo? —duda Emma.

—Algo así —responde Diego—. No tengo el rango suficiente cómo para acceder a los registros de miembros de la D.I.S.H con rango más alto que yo, pero no tiene importancia.

Diego en la zona de registros de la app de la D.I.S.H en su computador apreta unos botones en un orden determinado y al apretar esos botones se activa un comando que lo guía a la nube de la app.

—¿Cuál era el nombre? —consulta Diego.

—Mayor Sergio Ramos —contesta Emma.

—Es un Sergio... desde ya no me agrada —dice Diego mientras ingresa el rango y nombre del sujeto—. Está de vacaciones hace dos meses, volvió a la ciudad hace una semana y media... Está pasando el día con su familia y en la noche planea ir a un restaurante de bien con unos amigos.

—¿Tienen todo lo que hacen registrado? —se sorprende Emma.

—Supongo que Jennifer quiere evitar a toda costa otra infiltración... Pero eso es extremista —afirma Diego.

—Cómo sea, ¿dónde lo interceptaremos? —pregunta Emma.

—Pues a mi no me gustaría que me interrumpan mientras estoy con mi familia así que lo interrumpiré en el restaurante —contesta Diego.

—¿Interrumpiré? —duda Emma.

—Sí, no hay edificio más seguro que este en toda la ciudad, aquí estarás a salvo —justifica Diego.

—Por favor, ¿qué podrían hacer esos agentes contra un velocista? —cuestiona Emma—. En mi opinión estoy más segura contigo.

—Emma... —intenta decir Diego, pero su novia lo besa para callarlo.

—Iré contigo, fin de la discusión —termina Emma.

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