
IX
—¿Hay modo de rastrearlo? —consulta Faster Man.
—De hecho eso estamos intentando —revela la doctora Sofía—. Le pusimos y microchip de rastreo que no estaba en los planos, por lo que quien lo robó, tardará en descubrirlo.
—¿Y por qué no lo han ubicado todavía? —duda Faster Man.
—El traje tenía un microchip de prueba que sólo se activa cuando el traje está en uso —explica la doctora y Faster Man intercambia miradas con Darya.
—Quisiera poder tener su ubicación en cuanto el traje esté activo —solicita Darya.
—Por supuesto —acepta Sofía y envía algo desde su celular al de Darya—. Ahora tiene acceso completo al proyecto, en cuanto el traje esté activo, la aplicación le notificará y le dará la ubicación.
—Gracias —gratifica Darya y se va junto a Faster Man.
Al recorrer unos pasillos de camino a la salida, Faster Man jala de la muñeca a Darya y ambos entran a una sala.
—¿Confías en ella? —pregunta Diego sacándose el cubre-bocas tecnológico que va con su traje.
—Es una buena mujer, no tendría razones para orquestar un robo a uno de los lugares donde trabaja, además, tanto su actitud cómo su lenguaje corporal indicaban que nos decía la verdad —responde Darya mirando fijo a nuestro protagonista, quien mira su celular y nota que su compañera le mandó lo que Sofía le envió a ella.
—¿Desde lo de Venenous Industries no se ha detectado ninguna infiltración masiva, verdad? —consulta Diego mirando a Darya.
—No he notado ninguna y he sido mil veces más cuidadosa desde entonces —contesta Darya.
—Bien, entonces haremos lo que queramos hasta que el traje se active —dice Diego y Darya asiente, por lo que se vuelve a colocar su cubre-bocas y salen de esa sala.
Mientras tanto en Buenos Aires, Valezca conversa por teléfono con el padre de Cris sobre lo acontecido.
—¡No fui yo la que lo dejaba solo la mayoría del tiempo! —grita Valezca entre lágrimas en el cuarto de Cris.
—¿Si no lo dejabas solo entonces por qué no estabas con el al momento de eso! —cuestiona el padre de Cris, quien se escucha igual de devastado—. Voy a pedir la semana y lo discutiremos allá... Espero tengas una buena excusa.
El padre de Cris corta y Valezca se echa a llorar en el suelo.
—¿Ahora qué voy a hacer! —exclama Valezca devastada y recibe una llamada de Marko.
Valezca... Me enteré de lo que pasó y lo siento mucho —comienza Marko.
—No te disculpes, no tienes la culpa... y-yo sí —dice Valezca.
—Em, ¿cuándo le harás el funeral? —consulta Marko.
—Pasado mañana —responde Valezca.
—Ahí estaré y te apoyaré cómo tú lo hiciste conmigo en el pasado, ¿está bien? —propone Marko.
—S-si, gracias... —agradece Valezca con mucha pena.
—Denada, cuídate —pide Marko y corta la llamada.
—Me van a investigar... —susurra Valezca y va a su oficina, en la que ve el montón de evidencia que tiene sobre la investigación que ha estado haciendo—. ¿Por dónde empiezo?...
Mientras tanto con nuestro protagonista, este se encuentra en su habitación de la base de los Revolutionaries/Sede de la D.I.S.H en Santiago, mirando por la ventana hacia la ciudad, contemplando la noche, hasta que recibe un mensaje de Emma que dice "¿No vendrás?", a lo que Diego responde "Hay un asunto del que debo estar atento, iré mañana por la tarde seguramente". Emma tarda en responder, por lo que se para y camina hacia un escritorio donde hay un PC, inicia sesión en una app y va a un menú en específico, el cual le dice que no se ha detectado nada, por lo que mira su celular y ve que Emma contestó "Está bien, te dejo tranquilo entonces, nos vemos mañana. Te amo", Diego termina con un "Yo igual te amo, duerme bien" y apaga su celular para seguir atento a la posible activación del traje.
Al otro día, Diego despierta en su escritorio y se da cuenta que se quedó dormido, por lo que revisa su pc y no encuentra registro de actividad del traje, por lo que mira su celular y ve muchas llamadas perdidas de Darya, así que la llama.
—¿Hola? —comienza Diego.
—Al fin contestas, me estoy dirigiendo nuevamente a Buenos Aires —informa Darya.
—¿Qué ocurrió? —duda Diego.
—Un ataque en A.B.C.D, varios policías mal heridos —responde Darya.
—Voy para allá, dame unos minutos —pide Diego.
—No, te necesito atento al traje —rechaza Darya.
—Creí que estábamos juntos en el caso —reclama Diego.
—Y lo estamos, pero mi instinto detectivesco me dice que esto puede ser una treta personal contra la directora de la organización —contesta Darya.
—Entiendo, avísame si ocurre algo —pide Diego.
—Lo haré —termina Darya y corta la llamada—, aunque otra parte de mi instinto detectivesco me dice que es una trampa...
Diego suspira, se dirige a un mueble del que saca ropa civil y luego va al baño a ducharse. Al terminar, se seca, se viste, toma su celular y el cubre-bocas de su traje por si acaso, para por último irse a una zona comercial de la ciudad.
Nuestro protagonista mira los distintos puestos comerciales que hay buscando algo en específico, pero no tiene idea de qué, lo sabrá cuando vea ese algo.
Luego de un rato de caminata y mirar detenidamente algunos puestos, finalmente encuentra lo que busca, una pulsera hecha con piedras moradas.
—Algunas de esas piedras son amatistas —dice el vendedor.
—Es perfecta, me la llevo —decreta Diego y el vendedor le dice el precio, paga y se dirige al departamento de Emma.
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