Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Henry

Me preparé para dormir después de darme una refrescante ducha. Cepillé mi cabello frente al espejo que daba hacía la cama, donde se encontraba Jonathan, mirándome—¿Qué?

—Nada —sé por que me mira así, tal vez también le guste, o sera porque le debo dinero.

Opté por la segunda opción—Toma tu dinero —se lo aventé a la cama.

—Gracias —lo tomó —creí que nunca me lo pagarías —rodeé los ojos.

Apagué la luz, no veía absolutamente nada, era de noche y el brillo de los faros que estaban afuera, no me era de mucha ayuda. Cegada por la oscuridad, caminé hacía la cama con las manos hacia enfrente palmeando el aire. Una vez que llegué a ésta me acosté. Traté de dormir pero cada vez que cerraba los ojos veía a aquel tipo con el hacha y esa pobre persona.

—Jonathan —susurré. Pensaba que no estaba dormido, ya que solo habían pasado diez minutos desde que apagué la luz—, Jonathan —volví a llamarlo porque no recibía respuesta.

—Mm...—me giré para poder verlo, lo cual era inútil porque no había luz—, ¿qué?

—No puedo dormir, no dejo de pensar en aquél hombre —jugué con la colcha con la que estaba tapada.

—Era solo un maniquí —estaba segura que lo que había visto era real—, no te sofoques, solo duerme —quizá tenga razón, debo dejar de pensar en ello. Así que lo hice, no fue sencillo, pero conseguí dormir.

En la mañana, me desperté más temprano de lo usual. No me levanté porque estaba esperando a que Jonathan abriera los ojos, pero como no lo hizo preferí ponerme de pie, cambiarme e ir al supermercado a comprar algo para desayunar.

Al entrar, me dirigí al apartado de carnes frías. Francamente, no tenía ni la menor idea de cocinar, pero creo que Jonathan si.

Ahora no sé cuánto dinero me queda. Cuando lleguemos a la casa, probablemente tengamos que pensar en buscar un trabajo, porque el dinero no es infinito.

—No te recomiendo comprar eso —alguien habló a un lado de mí, tomado mi atención al instante. Era un chico alto, tenía cabello rubio y la verdad, todo en sí me daba miedo—, la carne de aquí no es buena —no respondí, jamás me había hablado alguien en el supermercado—. Viví en el baño por una semana —reí—. Me llamo Henry.

—Lisa —dejé la charola de carne en donde estaba y le estiré la mano para saludarlo cortesmente.

JONATHAN

Abrí los ojos, miré a mi lado pero Lisa no estaba ahí. Rápidamente me levanté y corrí a revisar las bolsas de mi pantalón, para ver si ella no se había llevado las llaves del auto. Sí se fue de su casa sin avisar, como no imaginar que se fue y me dejó aquí solo. Pero no, probablemente fue a comprar algo para comer.

Me sobre salté al escuchar la puerta abrirse y más porque se escuchaban risas. Un chico entró haciendo que entrara en pánico, pero me tranquilicé al ver la cara de Lisa—¿Quién es él? —ellos me miraron.

—Me llamo Henry —se miraron de nuevo y siguieron hablando.

—Lisa, puedes venir un momento —ella hizo caso y caminó hacia mí.

—¿Qué pasa? —miré al chico que estaba apunto de sentarse en el sillón.

—¿Lo conoces? —susurré. Me miró y sonrió, eso significaba que no— ¡¿Cómo se te ocurre traer a un desconocido a la casa?! —se encogió de hombros.

—Me pareció agradable —la miré incrédulo—. Dijo que también se quería ir de su casa.

—¡Estás loca!, no podemos llevar a un extraño —rodeé los ojos.

—¡Lo sé! —me pegó en la cabeza—, pero llevará dinero. Nos estamos quedando sin eso, tonto.

Tiene un buen argumento, pero me parece una muy mala idea aprovecharnos de alguien. ¡Vaya!, a Lisa le da igual las personas, esa chica es un robot.

LISA

Cuando por fin pagamos la habitación. La recepcionista, nos ayudó a reducir el costo del cuarto, todo gracias a Jonathan. Pero tampoco evitaba ponerme un poco celosa y ver como ella lo miraba, me hacía querer golpearla. Mas no lo hice.

Antes de llegar a la casa de Henry, fuimos a la gasolinera. Ya después, el chico recogió sus cosas y seguimos de nuevo nuestro camino hacia la casa.

—Y... ¿a dónde vamos? —miré la cara de curiosidad de nuestro acompañante desconocido por el espejo retrovisor.

—Mi padre compró una casa y nunca la usamos —le expliqué rápidamente.

—¿Son ricos? —asentí encogiendome de hombros, no pretendía presumir, porque ese no era mi estilo. Entrando en ese tema, nunca le he puesto atención a mi padre y en qué trabaja, no sé por qué tenemos tanto dinero.

—¡Genial! —levantó una ceja— Entonces, ¿por qué te fuiste de tu casa?

—No voy a responder más preguntas —el simple hecho de hablar de mi familia me daba nostalgia, así que prendí la radio, en esta se trasmitía una canción. Jamás había escuchado esa melodía por mi cuenta y la verdad es que no esta tan mal—. Jonathan, ¿tu madre aún tiene ese disco de Queen aquí? —asintió— Puedes ponerlo.

—¡No!, no voy a volver a escuchar una canción más de ellos —negó con la cabeza—. Mi madre me hartó con esas canciones —crucé mis brazos. Me sentía como una niña pequeña, esa a la que no le habían querido comprar ese juguete que tanto quería.

Media hora de camino después, justo donde estábamos pasando, había una chica pidiendo un raite. Yo lo ignoré, pero entonces veo como Jonathan se está orillando. Lo miré rápidamente extrañada—¿Qué estás haciendo?

Se encogió de hombros—Es linda —vi a Henry asentir varias veces por el espejo. ¡Oh no!, me encargaré de que no entre en este auto. Jonathan bajó la ventana.

—Hola —saludó la chica, haciendo que los demás le saludaran también menos yo—. Gracias por detenerse. Son los primeros en hacerlo.

—Ve al punto, chica —le dije groseramente haciendo que todos voltearan.

—Mm... —la tipa apuntó hacia atrás de ella—, lo que pasa es que mi auto se quedó atascado a un lado del arrollo —sonrió—, me podrían ayudar a llegar a mi casa —los dos chicos asintieron y yo negué. Pero entonces, se me ocurrió una idea para sacarla de mi camino.

—¡Claro! —de nuevo todos me miraron—, yo te acompaño por tus cosas.

—¡Oh!, gracias —salí del carro y comencé a caminar junto a ella. Nos adentramos en los árboles, por lo cual los inadaptados del auto no se darán cuenta—. Tengo un par de maletas y... —no termino la frase porque la había empujado al pequeño arrollo que ella había dicho. Me sacudí las manos y caminé de nuevo al carro.

Subí en este y los chicos me miraron—¿Y la chica? —preguntó Henry.

—Me dijo que había recordado que ella iba a correr por estos rumbos y dijo que sus padres vivían al otro lado del arrollo, así que como soy muy buena persona, la ayude a cruzar —sonreí.

—Bien... —Jonathan retomó el camino no tan convencido de mis palabras— Vaya, Lisa, me sorprendes.

—Si, lo sé —no podía quitar la sonrisa de mi rostro—. Solo le dí un empujoncito —miré por la ventana y sonreí burlonamente.



Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro