Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

CAPÍTULO 41

O'Donell.

Él estaba sosteniéndome entre sus brazos. Por unos momentos, por primera vez sentí que ya no le debía nada a nadie. Qué me encontraba plena. Mi boca se encontraba seca.

—¡Yvaine! — Escuchaba voces hablándome fuertemente. Pero era casi como un sueño, distante y confuso —¡YVAINE, NO! ¡VUELVE! No sé vivir si no es contigo —Su pecho se sacudía, pues apenas y podía sentir esos movimientos—Te lo imploro, yo te necesito aquí... no podré seguir sin ti.

Ya no tenía fuerzas para hablar. No podría, aunque quisiera.

Morir era una sensación de tranquilidad.

Sentías que el aire en cualquier momento se te agotaría, pero aun así no importaba demasiado. Cada parte de tu piel perdía calor, y el tacto con otras cosas u objetos, se sentía como si se te durmiera cada miembro del cuerpo. Estabas tocando y a su vez no. Sentías que todo se nublaba. Sentir como algo más grande y poderoso que tú te succionaba el alma, como si te estuvieras desprendiendo de algo.

Lo último que me llevaba en mi memoria eran los ojos azules de O'Donell. Ahora mismo, entendía aquellos testimonios de las personas que ven pasar su vida frente a sus ojos. Era como la cinta de una película. Me veía en brazos de mis padres, mi niñez, mi adolescencia... mis amigos, mi familia y a O'Donell. Lo veía audaz en su motocicleta con su chaqueta de piel. Veía a ese típico chico malo por el que todas se morían. Ahora mismo, la sensación de que no lo volvería a ver me ahogaba. Quizás eso era de las cosas más dolorosas por las que me costaba irme. Aferrarme a la vida para únicamente ver a O'Donell. Nunca pude casarme con él, no estaríamos juntos por la eternidad después de todo.

El calor abandonó mi cuerpo. Di mi último respiro y dejé salir el aire. Después de eso nada más entró a mis pulmones. Había un extraño silencio a mi alrededor.


●▬▬▬▬▬▬୧♛୨▬▬▬▬▬▬●


Oscuridad. Tinieblas.

Muevo lentamente los dedos de mis manos, y siento agua.

Noté que seguía existiendo. Parpadeo un par de veces y me doy cuenta de que estoy completamente sola. Varada en la inmensidad del abismo. Acostada en un charco de agua. Los ecos se escuchaban lejanos. Levanto la mitad de mi cuerpo y mi mano viaja directamente a dónde DEMONIUX se me había incrustado. Ya no había dolor en mi diafragma, la sangre ya no emanaba de mí. Ya no estaba el armo prendido a mí. Quería ver más allá que una densa oscuridad, pero no veía nada más que eso. ¿Había cruzado al más allá? ¿Era una especie de limbo? Me pongo de pie.

Me encuentro empapada con vestiduras negras, pantalón y una camisa de manga larga. Cuando estoy por dar un paso una llama de fuego se enciende en el suelo, un arma aparece.

DEMONIUX.

¿Cómo había llegado DEMONIUX a mí poder? ¿En dónde me encontraba? Me acerco a mi espada y ésta viaja a mi mano, como si tuviese vida propia. El suelo que estaba cubierto de agua comienza a evaporarse hasta pronto extinguirse.

De pronto, escucho una suave ventisca y susurros en el viento.

Hay un gran pasillo con antorchas en los costados sujetados de las paredes rocosas, sigo caminando. El suelo va encendiéndose en pequeñas llamaradas a los lados con cada paso que daba. No entendía que era lo que estaba pasando. ¿Acaso no había muerto? ¿Qué hacía de pie? ¿En dónde estaba?

Creía que la vida se trataba de que al momento en el que morías, ibas al otro mundo. Sí habías sido una buena persona, estarías en el cielo. Gozando de una paz que jamás existirá antes. Sí habías sido una mala persona, el infierno y sus llamas te estarían esperando por toda la eternidad. En dado caso, ¿qué destino le esperaba a un demonio que no era malvado? Me pregunté en silencio, ¿Qué pasaría conmigo si llegaba a morir? Era como un disparate, un demonio que podía morir. Un demonio que anhelaba la vida humana.

Al final de mi camino una gran puerta de metal se alza, en ella hay algo inscrito en la parte de arriba.

"Lunam et tenebrae" Leo despacio y las puertas se abren lentamente mientras rechinan. Una voz suave me susurró al oído: Luna y Oscuridad.DEMONIUX comienza a vibrar bajo mi mano y siento como comienza a desprenderse energía demoníaca. Cenizas salen del lugar de forma sutil y cubro mi rostro con mis manos. Olía a humo y rosas. Doy un vistazo hacía atrás y me doy cuenta, que la oscuridad ya había consumido la poca luz que existía. Después de todo, no me quedaba opción y debía adentrarme. Mis manos se encienden con fuego oscuro. Seguía siendo la esclava de un ideal. Conservaba el poder de la profecía. ¿No hallaría descanso alguno? Trago en seco y me introduzco al interior de las puertas, los nervios están a flor de piel. Respiro profundo y coloco a DEMONIUX enfrente mío. Esperando algún ataque o algo por el estilo. Recordando que probablemente esté enfrentándome al mismo infierno. Aquella tortura eterna a la que esté destinada, luchando por toda una eternidad, de la cuál no hallaría paz jamás. Al momento en qué cruzo, las puertas se cierran abruptamente. Instintivamente volteo hacia atrás, dándome cuenta que estaba acorralada, y dirijo mi atención al frente. Doy suaves y firmes pasos. Paseo mi vista por cada rincón, buscando algún indicio. —El Fuego Oscuro... Escucho una voz gruesa. Frunzo mi ceño y siento que me vuelvo un demonio. Las uñas me han crecido y mis cabellos están oscurecidos. Hay un gran ventanal frente mío, detrás de éste, se observan todas las fases de la luna y cenizas caer de un cielo oscuro. El piso parece ser mármol negro y grandes cortinas color vino están por cada rincón de la sala. Debajo de mí hay un gran pentagrama cubierto por rosas con espinas. Paseo mi mirada por todo el lugar esperando a que algo ocurriera. Pronto, los candelabros que adornaban los cielos se encienden con fuego fatuo. Veo un trono oscuro y encima de él, una corona de ónix que desprende pequeñas llamaradas negras, cuando me acerco me doy cuenta que hay personas mirándome desde el momento en que entre. Solo que por la oscuridad no lograba distinguirlas. Son chicos. Aprieto el agarre de DEMONIUX y éste parece intensificar su energía.

—Bienvenida hermana, te estábamos esperando desde hace mucho—Dice uno de ellos.

Frunzo el ceño y cuanto más se me acerca, más me doy cuenta que sus ojos son rojos como la sangre, sus cabellos castaños oscuros como el mío. Altos y de piel pálida. A pesar de lo tétrico que pueda verse, no sentía miedo. Lo cual me estaba consternando, ¿por qué no temía de la situación? Veía en él, cierta familiaridad. Cuando menos me doy cuenta, ya estoy observándolos a todos si estar a la defensiva, y no puedo evitar sentir una especie de extraño sentimiento. No sabría decir cuántos son, pues algunos se escondían detrás de enormes pilares.

El chico más alto de todos, que fue él que me habló, se queda quieto en su lugar y sonríe. Tenía la misma sonrisa que mamá.

—¿Quién eres? —Me atrevo a preguntar.

Sus ropas son negras, su cabello lacio y voluminoso se mueve con los pequeños movimientos que hace con su cabeza. Me extiende su mano y ésta se envuelve en Fuego Oscuro. Abro mis ojos con sorpresa y DEMONIUX brilla más de la cuenta. Paso saliva por mi garganta.

—Me llamo Avalion, el primer fuego oscuro.

El aliento se va de mi cuerpo y no puedo evitar llevar mis manos a mí boca. Aflojo mi agarre en la espada.

—¿Tú eres mi hermano? —Éste asiente y me abraza con mucha euforia. Como si se hubiera estado conteniendo de hacerlo. No puedo evitar regresar su abrazo y éste luego con su brazo derecho, me toma de ambos hombros y hace que nos dirijamos más cercas del trono, pronto dirijo mi mirada a los otros chicos quiénes se mantenían alejados y callados— ¿Ellos también son fuegos oscuros, son mis hermanos?

Por primera vez en mucho tiempo, lloré de felicidad. Pues algo bueno, dentro de lo que cabe me estaba ocurriendo. No era cómo yo lo tenía planeado. Ni siquiera sabía si algún día los llegaría a conocer.

—Ellos son Verxis, Carion, Taylon, Urie, Vulker y Berial... —Los nombró a cada uno y estos fueron acercándose.

No pude evitar ahogar un grito de dolor al tan solo pensar en que cada uno de ellos murió a causa de una guerra que no les correspondía. Inocentes bebés con un destino cruel y oscuro. Todos ellos habían perdido la vida, no les dieron la oportunidad de tener una vida como yo. La tristeza se apoderó de mí y no pude evitar sentir una gran pena por cada uno de ellos. Ninguno pasaba de los treinta años humanos.

Se fueron acercando y pude ver como todos se llenaban del fuego oscuro. Sus ojos rojos resplandecían por sobre las llamas. Todos tenían una mirada de descanso, sus cabellos eran similares al mío, cambiaban sus facciones, pero todos tenían algo familiar. Mis hermanos mayores.

—¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Es el lugar en dónde los Fuego Oscuro venimos a parar? —Todos ellos me rodean y me sonríen sin ninguna malicia.

Avalion posa su mano sobre mi hombro y me da unas suaves palmaditas. Y acaricia mi rostro, me ve con mucha ternura y posa sus labios en mi frente, depositando un beso que por segundos me desestabiliza.

—Ya no más. Nos haz liberado, Yvaine. —Todos asienten y yo los miro incrédula. Todos comienzan a hacer una reverencia—Sí no hubieses muerto en esa guerra, seguiríamos siendo prisioneros de cadenas invisibles.

—No entiendo...

—Eres nuestra salvadora, hermana. Nuestro propósito era pelear por los demonios y derrotar al Fuego Celeste. Hemos visto por cientos de años como todos se esforzaron en acabar con nuestras vidas. Y hasta que cualquiera de los dos no muriera no podríamos ser liberados— hizo una pequeña pausa, viendo a cada uno de nuestros hermanos —Cuando yo morí a manos de los ángeles, llegué a éste lugar, Avalion nos acogió a todos en distinto tiempo. Fui creciendo, alimentándome de las llamas, de las tinieblas. Con el tiempo, cada uno de nuestros hermanos fueron llegando, víctimas de una guerra que no nos tocaba luchar. Lamento que hayas muerto, al igual que todos nosotros...—Dice Berial, lo que parece ser el más joven de todos ellos.

Mi cabeza había girado en dirección de él. Escuchando atenta lo que me decían.

—Nosotros éramos la voz en tu cabeza —Dice Taylon, quién se ve el más serio de todos —Nosotros éramos los que te guiábamos. Te estuvimos advirtiendo de aquellos peligros que no alcanzabas a ver. Éramos los guardianes que cuidaban al nuevo Fuego Oscuro. El más fuerte.

—No hice nada importante, chicos. Soy una vergüenza para todos ustedes —Dije apenada.

—Eso es lo que tú crees. Desestabilizaste el reinado de Tymaurel. Ya no habrá más Fuego Oscuro. Nuestra madre ya no lo permitirá. Tu muerte ha hecho la diferencia. Se ha levantado una rebelión de los demonios contra la tiranía de Tymaurel —Dijo Avalion.

—¿Cómo sabes eso?

—Nosotros observamos todo, lo sabemos todo. Duncan lidera la rebelión en consecuencia de tu muerte —Verxis toma la palabra.

Asentí sintiéndome desconcertada.

O'Donell se estaba revelando contra Tymaurel. ¿Cuánto tiempo he estado muerta?

Taylon tomó mi mano y me quita a DEMONIUX de mí. No me pongo a la defensiva, si no que los observo a cada uno de ellos. Éste le entrega la espada a Avalion y la hunde en el suelo. Un temblor pequeño hizo acto de presencia y se sacudieron los pilares y el techo, dejando caer polvo y unas cuantas rocas. Detrás del gran ventanal, las fases de la luna iban desvaneciéndose, y las cenizas convirtiéndose en copos de nieve.

Comienzo a ver que todo se estaba desestabilizando.

—¿Y ahora qué pasará con ustedes? ¿Qué pasará conmigo? —Me encontraba temerosa por mi eternidad.

Sí esto por fin se había terminado, ¿qué destino les esperaba a los fuegos oscuros? Ya no éramos una amenaza para nadie. Y en lo que a mí respecta, mis hermanos eran inocentes de cualquier condena. En todo caso, yo merecía ser castigada por todas las cosas que quizás causé.

Ellos voltean a verse entre sí y asienten entre ellos. Como estando de acuerdo con algo que solo ellos sabían. El pentagrama que estaba debajo de nosotros comienza a elevarse. Pétalos de rosas caen al suelo, las cenizas juegan con ellas.

—Nos convertiremos en lo mismo, ahora nuestras almas son una sola, son un mismo Fuego Oscuro que volverán a unirse en un mismo cuerpo, siendo el verdadero Fuego Oscuro. —Avalion me toma de la mano y me encamina al trono.

Hablaban mucho, pero no comprendía mucho lo que trataban de decirme.

—No comprendo —Les digo incrédula.

Urie trae con él la corona en sus manos y se coloca enfrente de mí. La extiende sobre su cabeza y observo como cada uno de mis hermanos se arrodilla a excepción de Avalion. Fuego aparece en el suelo y comienza a correr por cada parte de la habitación. Consumiendo todo a su paso.

—Tú serás nuestro cuerpo Yvaine, tú más que nadie aquí presente merece vivir... —Dice Urie mientras me coloca la corona en la cabeza y ésta empieza a brillar.

—Pero estoy muerta... —Mi voz de desquebrajó.

Todos se ponen de pie y de la nada, aparecen espadas oscuras con fuego fatuo.

—Vivirás. Haz pasado por mucho, y que tengas un final como éste no es justo —Dice Verxis mientras me abraza.

—Durante dieciocho años decidimos que sí tuviéramos la oportunidad de ser liberados, quisiéramos que fueras tú la que siguiera adelante. Tienes cosas que hacer aún, Yvaine —Carion toca el hombro de Verxis.

—Sé feliz con Duncan —Dice Vulker — Tu historia no acaba aquí.

Una gran luz salió de cada uno de ellos, muchos truenos se escucharon alrededor. Quería replicar algo, pero en cuánto Vulker habló escuché las risas de niños pequeños. Mi corazón se detuvo unos instantes. Busco con la mirada de dónde provenían esas risas.

Te estamos esperando mami.

Abrí mi boca para decir algo, pero en eso otro temblor apareció, pero con mayor intensidad. Todo comenzaba a desmoronarse. Mis hermanos se desvanecían y yo simplemente seguía de pie.

—Estaremos siempre contigo, nuestra poderosa Fuego Oscuro...

Todas las voces de mis hermanos se escucharon al unísono, una llamarada negra apareció enfrente de mí y se introdujo en mí. Caí al suelo inconsciente.

El tiempo se detuvo, eso fue lo último que escuché.


●▬▬▬▬▬▬୧♛୨▬▬▬▬▬▬●

Jueves 03 de Marzo, 2016

Una imagen aparece en mi cabeza.

Es una imagen borrosa, veo apenas una sonrisa. Es de un chico. Un destello de luz me ciega. Y siento que estoy cayendo de un lugar muy alto. De pronto, unos ojos azules profundos me observan en mi deceso. Luego, hay mucho fuego, fuego por todas partes. Escucho el rugir de una motocicleta, me veo a mí misma con un chico, pero no puedo distinguirlo muy bien. Un gran relámpago aparece y de pronto...

Bip. Bip. Bip.

Escucho un sonido molesto. Es recurrente y desesperante.

Bip. Bip. Bip.

Un fuerte dolor de cabeza aparece.

Me remuevo lentamente en mi lugar y sintiendo algo encima de mí muy áspero. Parece una colcha. Respirar se sentía extraño, es cómo si hace mucho tiempo no lo hiciera. Abrí mis ojos lentamente. La luz en la habitación hacía que volviera a cerrar mis ojos por su intensidad. Había mucha claridad, demasiada. Comencé a entre abrirlos de nueva cuenta, esforzándome por hacerlo. Parpadeo un par de veces y veo una sala blanca y muy silenciosa. No conocía el lugar en el que me encontraba. Era ajeno a mí. Me encontraba algo desorientada. Mi respiración era lenta y sentía la boca seca. Dirijo mi vista hacia mi cuerpo. Me encuentro cubierta por gruesas sábanas blancas. Frunzo el ceño y veo que estoy en una camilla de hospital. Levanto mi mano izquierda y veo que una manguerita transparente que está conectada de mi mano a un suero colgante sobre una base metálica. ¿Por qué estaba en un hospital? ¿Qué había pasado? ¿Cuánto tiempo tenía aquí?

Volteo a ver todo a mi alrededor, como esperando las respuestas a las preguntas que me estaban bombardeando la cabeza. En eso, fijo mi atención en mis piernas pues siento algo pesado, y veo que hay alguien recargado en mí. Me parece familiar el cuerpo del chico. Veo una cabellera castaña y rizada.

Era Arnold quien estaba profundamente dormido, fuerzo más la vista y en un sofá junto a la ventana veo a Papá mirando fijamente hacia afuera con los brazos cruzados. Por lo que puedo alcanzar a ver, es de noche y está lloviendo. No se ha percatado de que estoy despierta. Una desesperación comienza apoderarse de mí, y el Bip. Bip. Bip. Que había estado escuchando antes, era el monitor de mis signos vitales. Mi presión cardíaca comenzó a acelerarse un poco. En una pequeña mesita, hay varios ramos de flores, todas tienen distintas tarjetas.

Veo de nuevo la cabeza de mi hermano, mi mano acaricia su cabellera de manera suave y éste comienza a removerse al sentir mi tacto. Cuando se despierta completamente, voltea a verme y abre sus ojos con sorpresa. Parece que le ha vuelto el color a él, pues sus mejillas se ponen rosadas.

—¡Yvaine! ¡Despertaste, gracias al cielo! —Grita Arnold mientras se me echa encima, me abraza y comienza a llorar.

Jamás había visto a Arnold de esta manera. Lo que me hacía pensar que realmente algo malo me había sucedido. Me encuentro estática no sabiendo muy bien que hacer y mi papá inmediatamente corre hacía mí. Sus lágrimas comienzan a salir de forma veloz. Y yo no sé que hacer. No sabía que decir. Tenía muchas preguntas al respecto.

—¡Hija mía, gracias a Dios estás bien! Estábamos muy preocupados, mi pequeña. ¡Doctor! ¡Doctor Trent, ya despertó! —Mi papá estaba eufórico.

Sus rostros se veían aliviados y se les notaban las ojeras en sus ojos y lo hinchados que estaban, probablemente habrán llorado mucho.Arnold y él no dejaban de agradecer a Dios, abrazarme y llorar. Me acaricié la cabeza y dejé mi mano ahí un buen rato. Con la mirada puesta en ellos.

—Papá, Arnold... ¿Qué hago aquí? ¿Qué me pasó? —Intentó sentarme y una pequeña molestia aparece en la parte superior de mi estómago. Aunque es algo leve, es un poco molesto.

—Todo va a estar bien, hermana. El Doctor te explicará todo.

Rápidamente dos enfermeras y un doctor de avanzada edad entran a la habitación. Arnold y Papá se separan de mí y se abrazan entre ellos muy enjundiosos. Yo no dejo de observarlos.

El hombre de bata blanca y estetoscopio sobre su cuello se me acerca con una sonrisa y me toma de la mano. Las enfermeras comienzan a checar mis signos vitales y tomar un par de apuntes. Yo no dejo de repasar en mi mente que fue lo que pasó.

—Buenas noches, Yvaine. Soy el Doctor Brayan Trent. Me alegra mucho que hayas despertado al fin. Nos tenías algo preocupados.

—Doctor, ¿Qué me ocurrió? ¿Cuánto tiempo llevo aquí? —Dejé fuera toda formalidad.

—Señorita Madlow. Llevaba tres meses en coma —Dijo el Doctor y no pude evitar sentir que el aire se me iba. ¿Dijo tres meses en coma? ¿Qué rayos me pasó? Llevo mi mano de nueva cuenta a mi cabeza inconscientemente y siento que me mareo un poco por la noticia, las repentinas ganas de vomitar aparecen, pero inmediatamente las reprimo —sufrió un accidente automovilístico contra un camión que transportaba material pesado, en dónde por desgracia usted sufrió de una herida realmente profunda de varias varillas de metal en parte de su diafragma y estómago, es un verdadero milagro que no haya muerto al instante, aun no nos explicamos la razón, perdió mucha sangre, creímos que no lo lograría y, sin embargo, aquí está, lo importante aquí es que ya despertó, está recuperada y pronto podrá irse a casa.

Asentí no muy convencida. ¿¡Tres meses en coma!? ¿Varillas en mi estómago? ¿Estuve en un accidente automovilístico? ¿Por qué no podía recordarlo? Mi lógica me decía que debía entender que probablemente haya sido demasiado traumático cómo para bloquearlo de mis recuerdos.

—¿Sufrí de un accidente automovilístico? —Pregunto incrédula.

A pesar de que ya me lo dijeron, volver a repetírmelo era una manera para confirmarlo de nueva cuenta. No podía creer lo que me estaban diciendo. Es decir, no soy una mal conductora, ¿cómo es que estuve involucrada en un accidente de esa naturaleza? ¿Cómo rayos me he perdido tres meses de mi vida tumbada en una cama de hospital?

Por más que intentaba imaginar el escenario, simplemente para mí era algo imposible de ver.

—Así es, ¿no recuerda nada de lo sucedido? —Me pregunta muy interesado.

Me quedé unos momentos pensativa, forzando a mi cabeza a que vinieran a mí recuerdos, pero era en vano. Sentía como si hubiera estado de borrachera y tuviera lagunas mentales, recordaba únicamente hasta octubre.

—No...—Mi pulso se aceleró y siento que estoy comenzando a hiperventilar, una fina línea de estabilidad estaba por desquebrajarse, todo era confuso —No puedo recordarlo ahora. ¿Iba en el auto sola?

—No. —Dijo el Doctor Trent. —Usted no era la conductora, era otra persona.

Arnold y Papá se miran fijamente y fue cuando empecé a ponerme un poco histérica. En mi cabeza lo único que ahora me repetía era si alguien había salido herido. Mordí mi labio inferior.

—Doctor, me encuentro muy confundida y consternada. No puedo recordar absolutamente nada de lo que me habla, ¿Voy a recuperar la memoria? ¿Quién era la otra persona? —Pregunté un poco desesperada.

Arnold se acerca a mí, y el Doctor tan solo se queda observándome. Mi hermano se aclara la garganta y me toma de la mano. Siento que no va a hacer una respuesta que me agrade escuchar.

—Yvaine, tu amiga Isla estaba contigo esa noche.

—¿Y ella está bien?

Tenía otra pista al respecto. Todo esto había acontecido de noche. ¿Pero qué hacía tan tarde? Lo más importante de todo ¿qué hacía Isla conmigo? Rara vez salíamos solas, por no decir que casi nunca.

No entendía que era lo que estaba pasando. Un silencio llenó de golpe la habitación. La tensión y la podía partir con un cuchillo en el aire. Vi la inquietud en sus rostros, papá se acarició la barbilla lentamente. Ese movimiento solo me alertó de lo que podría pasar. Malas noticias. Papá siempre hacía eso cuando tenía que decir algo malo.

Un dolor profundo se instala en mi pecho y me recargó con brusquedad en la almohada. Nadie se atrevía hablar, comencé a temer lo peor.

—Ella no lo logró, las heridas fueron demasiado letales —Dice Papá — Yvaine, no fue tu culpa. La culpa fue del conductor, la autopista estaba muy mojada por la tormenta y él iba conduciendo a una alta velocidad.

Siento mi rostro contraerse. Comienzo a llorar.

Isla, mi amiga Isla estaba muerta. ¿Y los chicos? Rayos, Carl, Sarah y Ana no le perdonarían jamás. Me van a odiar.

El Doctor Trent se acerca a mí y me toma de la mano, yo aún no dejaba de llorar.

—Sé que no es el mejor momento para decirlo, pero necesita estar enterada de su condición —Parpadee un par de veces ¿condición? Me logro preguntar. ¿Había algo peor que haber perdido la memoria, que una de mis mejores amigas muriera y que haya estado en coma? ¿Enserio había algo que le pudiera ganar a eso? — a pesar de su grave accidente y de las profundas heridas, quiero decirle que sus bebés están bien. Por no decir que intactos.

Sentí que me habían arrojado un balde de agua helada.

Abrí mis ojos espantada y sentí que el ritmo cardíaco me aceleró. Escuchaba ese Bip. Bip. Demasiado rápido en la máquina. Había olvidado como respirar. Papá y Arnold estaban muy serios mirándome con suma atención. Por lo que intuía que a ellos ya se les había informado, no veía rostros de sorpresa en ellos. ¿Había escuchado mal acaso? ¿Embrazada? ¿Yo? ¿De qué rayos me estaba hablando el Doctor? Yo no podía estar embarazada. Es decir, soy virgen. Es totalmente imposible. No he tenido una pareja ni salido con chicos desde que Kike se fue.

—¿Bebés? ¿¡De qué rayos está hablando!? Yo soy virgen, no puedo estar embarazada. —Erguí mi espalda y Arnold se acercó a mí tratando de controlarme, tomó mi mano y yo la apreté. Negué con mi cabeza en repetidas ocasiones, sintiendo que el corazón se me quería salir por la garganta, respiraba ruidosamente. Era como escuchar a un toro. —No puedo estar embarazada Doctor, debe ser un error.

El Doctor Trent mira a mi padre y puedo ver la incomodidad en su rostro. El Doctor se aclaró la garganta y decidió sentarse en la orilla de la cama y verme fijamente, retiró sus gafas del puente de su nariz.

—Señorita Madlow, me temo que no es ningún error. Usted tiene 12 semanas de embarazo. Es probable que haya olvidado lo último que aconteció, pero le aseguro que tendrá gemelos. Probablemente como acaba de despertar no tenga muy en claro lo que ha acontecido en los últimos meses de su vida, así que mañana por la mañana vendré a revisarla. —El Doctor Trent se acercó a mí papá y estuvieron hablando entre ellos.

Mientras que Arnold me repetía una y otra vez que todo estaría bien. Que no me preocupara, que podría acondicionar el cuarto de huéspedes para los bebés. Pero todo lo que escuchaba era lejano. Estaba ida. Mi mente surcaba los mares de mi memoria. De un instante a otro sentí que no estaba viviendo mi vida. Era como una pesadilla tormentosa. Era como si todo hasta éste momento estuviera siendo una mentira. Arnold me abrazó y no supe en que momento sucedió que me quedé completamente dormida mientras lloraba.


●▬▬▬▬▬▬୧♛୨▬▬▬▬▬▬●

Viernes 11 de Marzo, 2016

Volví a casa después de una semana de estar en observaciones en el hospital. La verdad es que me encuentro muy perturbada. No solo por el hecho de que no recordaba nada desde octubre, sino que, iba a ser madre. ¡MAMÁ A LOS DIECIOCHO AÑOS! Esto no podía estarme pasando a mí. ¿Qué había hecho en otra vida que lo estaba pagando ahora?

Lo que me estaba carcomiendo es la pregunta número uno de todas. ¿Quién rayos era el padre? No me cabía en la cabeza que yo le hubiera entregado mi virginidad de buenas a primeras a un chico en tan poco tiempo. Yo creo en el amor, yo creo que es una decisión muy importante el entregarle la virginidad a alguien. En dado caso que hubiera salido con alguien, ¿por qué nunca fue a verme? O quizás él ni siquiera se haya enterado. Quizás fue una aventura de una noche ¡Dios mío me quiero morir! Quería saber con desesperación que era lo que estaba pasando. ¿En qué rayos mi yo del pasado estaba pensando? ¡No! No estaba pensando, maldita sea. Desde que desperté del coma tengo pesadillas inusuales. Y todo se relacionaba con algo quemándose. Mucho fuego. Una guerra entre lo que yo creía que eran ángeles y demonios. A veces variaba, porque soñaba que era herida con un arma justo en dónde las varillas me habían atravesado. Para serles honesta, creo que todo el accidente del automóvil me hizo tener esta clase de sueños. Aunque había algo que siempre estaba presente en mis aterradores sueños, un chico de ojos azules. No podía verlo con claridad, solo sé que siempre me llamaba y justo cuando estábamos por estar juntos algo nos dividía.

No he dormido muy bien desde que desperté a causa de eso. No sé qué hacer con mi vida.

En la escuela, me dieron la oportunidad de reponer las clases de éste semestre en verano para así graduarme junto con mi generación. Sería más pesado que el semestre ordinario, pero si quería terminar la preparatoria éste sería mi momento. Fueron muy amables los directores en darme la oportunidad, después de todo ahora estaba vinculada con un aparatoso accidente. Me encontraba en mi habitación acostada en mi cama mordiéndome las uñas. Observando cada rincón de él. Forzando mi cabeza para que lograra recordar algo. Tal y como lo pensé, el Doctor Trent dijo que quizás poco a poco iría recordando cosas. Por el momento, todo este estado de shock me lo impedían. Había buscado algún indicio, fotos, mensajes, llamadas y contactos en mi móvil, pero todo me sonaba familiar. Era como si no tuviera nada fuera de lo común.

Llevaba una libreta en mis manos. Apuntando cosas, situaciones de lo que recordaba. En realidad, todo estaba intacto, excepto de Octubre hasta ahora Febrero. Con la mirada perdida en las hojas y tinta. Sentía que algo no estaba bien, algo raro pasó y no hablo precisamente del accidente. En mi interior sentía que algo más había ocurrido. Lo último que puedo recordar es a mí con las chicas caminar un viernes por la noche hacia el Infernal Cave's, pero solo hasta ahí.

La información con la que contaba era la siguiente:

· Isla estaba muerta.

· Mi mamá desapareció, no la localizan por ningún lado.

· Al parecer tengo una especie de traumatismo.

· Estaba ligeramente embarazada.

Cierro la libreta y escucho que llaman a la puerta.

Les digo que pueden pasar. Mi corazón da un vuelvo cuando veo que Carl aparece con un ramo de flores, detrás de él Ana y Sarah traen regalos y globos. No puedo evitar sentir emoción y nostalgia a la vez. Se acercan a mí y me abrazan, llenándome de besos por todo el rostro. Me siento en estos momentos una niña mimada.

—Yvaine, lamentamos haber venido hasta apenas ahora. No sabíamos que ya habías despertado, tu papá nos llamó hace unas horas. —Ana me dice mientras se sienta en la orilla de la cama.

Sarah se sienta del otro lado de la cama con un gran oso de peluche entre sus manos. Siempre vistiendo de tonos rosas y llevaba el cabello ondulado. Noté que lo había cortado hasta los hombros.

Sonreí con sinceridad.

Me alegraba verlos, y agradecía que mi papá los hubiera llamado. No podía verlos a la cara, no cuando sentía culpa al ya no ver a Isla. Sabía que no era mi culpa, pero no podía evitar no hacerme responsable de ello. Los chicos se veían aliviados, y me alegraba que no se me hayan olvidado, así como todo este tiempo.

—Es muy bueno verlos muchachos —comencé a desparramar lágrimas —Yo, lo siento mucho. No puedo creer que Isla ya no esté, siento que es mi culpa.

Carl se acerca y me abraza mientras me acaricia el cabello. Pasa sus manos lentamente y lo siento suspirar.

—Tranquila, Yvi. —Su voz suena ronca —era inevitable, no es tu culpa, a veces las cosas suceden por algo, pero estamos contentos de que estés bien. ¿Qué te dijeron?

—Bueno, varias varillas me atravesaron parte del diafragma y perdí mucha sangre. Fuera de eso, me recompongo como un caballo. —Intenté reír.

Me abrazo a mí misma con las cobijas encima de mí. Debo verme fatal, es apenas mi primer día en casa de nuevo. Y, aun así, siento que hay algo diferente aquí.

—Cuando te recuperes, tenemos que ir a beber Yvaine. No tienes idea de lo que han abierto, hay unas discotecas que para que te cuento —Dice Sarah.

Por primera vez en la vida la veo siendo más amable de lo normal. Sé que quizás muchas veces critiqué a Sarah y a Isla, pero realmente siempre las he considerado mis amigas. No ver a Isla con nosotros era extraño, faltaba su esencia. Sarah tiene que ser la más afectada, ellas eran inseparables. Asiento con mi cabeza. Los tres me abrazan mientras comienzo a llorar.

—¿Por qué lloras? ¿Te duele algo? —Pregunta Ana.

Ella llevaba un vestido blanco que contrastaba con su piel morena. Su cabello chino estaba recogido en una coleta y su mano acariciaba la mía. Venía ahora algo que me daba mucha pena, porque para empezar no recuerdo cómo sucedió, ni con quién. Me estaba matando, no podía creerlo.

—Es que... tengo algo que decirles y no sé cómo hacerlo—Siento mi rostro caliente.

—¿Qué sucede? —Pregunta Carl —Sabes que puedes decirnos cualquier cosa, Yvaine.

—No recuerdo mucho, no recuerdo absolutamente nada desde octubre.

Curiosamente, los rostros de Ana y Carl se suavizan y me sonríen con ternura. Ninguno me ve con ojos de crítica o algo por el estilo. Carl acaricia su barbilla.

—Algo nos dijo tu papá de eso. No te preocupes, mira no pasó nada importante. Sé que puede ser un poco frustrante, pero ya sabes. Un poco de lo común. —Carl me sonríe.

¿Un poco de lo común? ¿Me está jodiendo? Él no está en mi situación. Ninguno de los aquí presentes puede entender lo desesperante que se siente. Haberte borrado meses de tu vida no era agradable. Y de pronto, no sé porque me siento realmente molesta. No puedo evitar pasar la mirada de Carl a Ana, de Ana a Sarah. Se dan cuenta de que mi rostro ha cambiado, por lo que Ana frunce su ceño y está a punto de decir algo, pero la corto enseguida.

—¿No? —Reí secamente y estos comenzaron a tensarse —¿Enserio un poco de lo común? —Acaricio el puente de mi nariz y tomo una bocanada de aire —Pues estoy embarazada, ¿algo importante no pasó?

Sarah se llevó ambas manos a la boca. Ana y Carl se quedaron sin habla. Pero me di cuenta que ellos no lo sabían. Realmente yo nunca les conté algo al respecto. Por lo que comienzo a asustarme. Un ambiente tenso se propagó punto y momento en el que mencioné que estaba embarazada.

—¿Qué? ¿De qué hablas? Eso no puede ser... —Ana simplemente no lo podía creer.

—Joder...—Es lo único que dice Carl con la mirada perdida.

—¿¡Estás bromeando!? ¿Tú embarazada? —Sarah se levantó de su asiento sorprendida—¡Puta madre! ¿En qué momento perdiste la virginidad y por qué no nos lo dijiste?

Me quedé quieta observándolos. ¿Yo jamás les dije que había perdido la virginidad? ¿No les conté algo tan importante cómo eso?

—¡Pues lo estoy! Y no de un bebé, de dos —Con mi mano les muestro el dedo índice y el medio. —Díganme algo, ¿salí con alguien en los meses pasados?

Se quedaron pensativos viéndose entre ellos.

—No —Dijeron tranquilos Ana y Carl.

Pero Sarah se quedó callada. Fue la única que no respondió, por lo que me supuse que ella podría saber algo. Lo cual se me hace súper raro, porqué los que pudieran saber serían Ana y Carl, ya que ellos eran más cercanos a mí. El rostro de Sarah se le iluminó y empezó a mover sus manos muy rápido.

—¡Oh por Dios! ¿¡Te acostaste con ese bombón!? —Sarah abrió sus ojos sorprendida y empezó a dar brinquitos en su lugar.

¿Ese bombón? ¿Y quién rayos se supone que es ese chico?

—¿Quién? —Pregunté desesperada en dirección de Sarah.

—Ya sabes, tu amigo el sexy de la playa. Oh demonios, ¿cómo se llamaba?

Sentí como si me hubieran dado un golpe en el estómago. ¿Salí realmente con ese chico que dice Sarah?

Ana y Carl particularmente estaban demasiado serios, atentos a lo que Sarah decía. Pero no insistiría, probablemente no les haya contado nada. Sé cómo soy, reservada y todo eso. Pero vamos, ¿le di la virginidad a un chico que no llevaba mucho tiempo conociendo? ¿Qué rayos? No me parece que yo hiciese algo cómo eso.

—¿Gary? No, ¿Gabriel? Era parecido...—Sarah se tocaba la barbilla y simplemente no podía ubicarlo con alguien a quién yo conociera. Sentía que encajaba las uñas en el colchón y en los edredones. Sarah realmente se estaba esforzando en recordarlo —¡Gab!

Ana frunció su ceño y Carl miraba con mucha intensidad a Sarah.

—¿Gab? ¿Y ese quién es? ¿Es de la escuela o algo por el estilo?

Sarah volvió a dejar su cuerpo en mi cama, ahora pegada al respaldo de ésta.

—¿Estás de coña no? Yvaine, era un bombón. Alto, pelo rubio, ojos ámbar, divino el hombre. Simpático, un sol... de verdad, creo que es el chico más guapo que existe en todo Long Beach. Un poco mayor para tu gusto, pero estaba de puta madre ese hombre. Admito que sentí envidia de la buena cuando nos lo presentaste.

Lo describía y no podía creerlo. Les presenté a un chico, ¿yo? No me lo creo. ¿Salí con alguien mayor? ¿Qué era mayor para alguien cómo Sarah? ¿Treinta años? ¡No puede ser!

—¿Y tú crees que ese haya sido el culpable de que esté embarazada?

Sarah se encoge de hombros.

—Debe ser él ¿quién más? Debiste verte bailar con él en la playa ¡eran la bomba!

Puse mis ojos en blanco. ¿Qué yo hice qué cosa en la playa?


●▬▬▬▬▬▬୧♛୨▬▬▬▬▬▬●


Luego de la visita de mis amigos, Sarah prometió conseguir información sobre él para poder encontrarlo y mencionarle sobre esta situación. Luego de estar horas bajo la ducha me dispuse a dormir un rato. Dándole vueltas al asunto.

En mi cabeza el nombre de Gab resonaba.

El posible padre de mis bebés. ¿Y si me dejaba sola? ¿Y sí no quería saber de mí? ¿En dónde estuvo todo este tiempo? Sí estuvimos saliendo ¿Nos dejamos? ¿Qué pasó?

Yo sola me atormentaba con las preguntas que aun no tenían respuestas. Acaricio mi vientre un rato, me acomodo en mi cama y cierro los ojos.

Escucho muchos gritos. Siento el viento caliente golpear mi rostro.

Otra vez estaba en medio de una calle desierta. Caminaba entre los escombros, mientras que flechas con luz atravesaban los cielos. Bolas de fuego surcaban el cielo nocturno. Veía mis manos, llevaba una espada en mis manos. Seres alados bajaban del cielo. Yo huía de ahí, corría en dirección del malecón. Como si éste fuera a desaparecerme. Podía sentir todo con claridad, el viento, la humedad, la adrenalina.

Llegué a una barandilla y me quedé quieta ahí, ignorando todo lo que estaba pasando a mí alrededor. Escucho unos pasos acercándose.

—Nena...—Escuchaba una voz gruesa y atrayente. Volteo el rostro, pero algo me ciega. Cada vez que quería ver su rostro, una luz me impedía la visión, veía borroso todo. Caigo en el suelo cubriéndome con mi antebrazo los ojos y siento que esa persona se acerca y acaricia mis manos. Está demasiado cercas de mí —No me olvides, Madlow. Voy a ir por ti y nuestros bebés, solo espérame un poco más. ¿Podrías resistir?

Era la primera vez que le escuchaba hablar tan claro. Sentía que conocía esa voz, pero no podía relacionarla con nadie.

—¿Quién eres? ¿Cómo sabes que estoy embarazada?

Escucho una risa ronca salir de él.

—¿Ya no me recuerdas, dulzura? ¡Auch! Directo al corazón—Su voz me parecía como si la hubiese escuchado hace mucho, mucho tiempo. Mis ojos seguían cerrados. Acarició mi rostro con cuidado y calidez. Curiosamente, su tacto me parecía tan familiar, su aroma también. Levanté la mirada, vi unos ojos azules deslumbrantes—Soy D...

Un fuerte golpe resuena en mi cabeza. Despierto agitada. Todo mi cuello está empapado de sudor y tiemblo innecesariamente. No logro escuchar absolutamente nada de lo que perturbó mi sueño. Cuando logro despabilarme, no logro recordar que era lo que estaba soñando. Pero algo raro sucede, siento que alguien me está observando, pero no hay nadie. Me acostumbro rápidamente a la sensación, toda la vida he sentido estas cosas, no veo porque deba ser distinto.

Observo el reloj 3:33 a.m

"La hora del demonio" me burlo en mi pensamiento.

Me acurruco más en mi cama, acaricio mi vientre inconscientemente. Papá me estaba apoyando, Arnold también.

Entonces, ¿por qué me sentía así? Algo me faltaba, y no era necesariamente mi memoria. Necesitaba algo o alguien. Otra en mi lugar estaría pensando en abortar, dar en adopción a los bebés o algo por el estilo, pero no era mi caso. Extrañamente quería tenerlos, no los planeé, pero ahora que estaban conmigo, los defendería con garras y dientes. Escucho mi móvil vibrar. Lo tomo del buró y es Sarah.

"Ámame y hazlo mucho, encontré a tu chico Yvaine, te marco en la mañana para darte todos los datos. xoxo.

Sarah."

Respiro profundamente y me dispongo a dormir de nuevo.


●▬▬▬▬▬▬୧♛୨▬▬▬▬▬▬●

Sábado 12 de Marzo, 2016

A la mañana siguiente decido salir a primera hora. Era sábado y me dirijo hacia lo que parecía ser un fraccionamiento de clase media alta. Trago en seco cuando me doy cuenta que el lugar al que llego parece ser un lugar costoso. Cuando encuentro la dirección observo un Jeep Wrangler azul afuera de la cochera. Es la dirección que me ha dado Sarah, se encargó de investigar dónde podía encontrar a ese tal Gab. Cierro los ojos y me da la impresión de que ya lo he visto antes.

Abro la puerta de mi auto y cierro un poco más fuerte de lo que quería. Escucho el cielo tronar y levanto mi vista hacia éste, lo que parecía ser una mañana con radiante sol, está siendo invadida por nubes. Siento que cada paso que doy se hace más lejano. El sudor frío aparece y comienzo a abrir y cerrar mis puños inconscientemente. De un momento a otro estoy afuera y llamo a la puerta. Las manos me sudan y siento que mi corazón parece una locomotora.

Escucho unos pasos venir del otro lado de la puerta. No conozco a Gab, o al menos, no lo recuerdo. Estaba nerviosa. Llevo puesto un gran abrigo, aunque aún no se nota mucho mi embarazo, no quería asustarlo tan de pronto. Sí es que él es el padre de mis hijos.

Cuando abren a la puerta, un chico alto de cabellos rizados y rubios me observa. Él está en silencio, petrificado en su lugar. Es como si hubiese visto a un fantasma. Me atrevería a decir que no parpadea.

—Hola, ¿eres Gab? —Mi voz suena un poco frágil.

Pero es que no sabía muy bien cómo iba a reaccionar tanto él como yo. Estaba nublado ahora, la lluvia amenazaba con caer. Yo tenía mis manos escondidas bajo el abrigo, mis botas negras militares y un jean oscuro. Mi cabello estaba más largo de lo usual, me llegaba hasta la cintura. Éste no me aparta la mirada, pero tampoco habla y luce algo confundido. Parece reaccionar y sale de su casa. Ahora entendía lo que Sarah decía. Era un chico realmente apuesto. Tan apuesto que te intimidaba, era como ver a un ángel o algo así. Y como ella dijo, algo mayor para mí.

—¿Yvaine? ¿Q-Que estás haciendo aquí? ¿C-Cómo es que estás aquí? —Me abraza fuertemente y yo no sé cómo corresponder a su abrazo. Su voz estaba temblorosa, pero me abraza efusivamente. Escondió su rostro en el hueco de mi hombro.

Logro volver en sí.

—Y-Yo este... emm ¿Sí me recuerdas? —Pregunto nerviosa.

Sintiéndome realmente idiota, la que tenía pérdida de memoria era yo, no él. Sin embargo, él dijo mi nombre. Lo que efectivamente me indicaba que él me conocía.

Gab deja de abrazarme y me inspecciona de pies a cabeza.

—¿Bromeas? ¿Cómo podría olvidar al amor de mi vida? —Algo pesado pasa por mi garganta. Él acababa de decir "amor de mi vida", creo que me desmayaría. Sí yo era el amor de su vida ¿en dónde se metió todo este tiempo? — Con todo lo que ha pasado, no lo creí posible, es decir, yo no esperaba verte de pie frente a mí casa. Creí que tú...Bueno, no importa. No tienes idea de lo feliz que me encuentro de volver a verte. Y que estés bien.

Un brillo apareció en sus ojos. Estaba consternada, ¿qué era todo eso que había pasado? ¿terminamos o algo por el estilo?

—Escucha Gab, sonará muy loco esto. Todo parece indicar que no nos hemos visto pues en mucho tiempo. Yo tuve un accidente automovilístico que me dejó en coma tres meses. Apenas me estoy recuperando y hasta hace poco volví a casa. El asunto aquí es que —hice una pausa —no te recuerdo, perdí la memoria — Gab se queda estático y acaricia la parte trasera de su cabeza tratando de entenderme —No recuerdo más allá de octubre.

Gab asiente.

—Vamos a sentarnos, pasa —Me invita al interior de su casa.

El interior era algo rustico para mi gusto. Una gran sala y cero fotos familiares colgadas en las paredes o en alguno de los muebles. Había un gran piano en uno de los rincones.

—¿Quieres un café o algo de tomar? —me preguntó mientras yo me sentaba en un sofá.

Le negué con la cabeza con una sonrisa tímida. Entrelacé mis manos. Gab se sentó enfrente de mí. Me observaba demasiado, muy intenso. Es como si él no creyese lo que estaba viendo.

—Creo que es obvio porque estoy aquí, Gab. Vine hasta acá porqué necesito respuestas.

Gab colocó sus codos en sus piernas. Sus manos estaban ocultando sus labios. Maldita sea, ¿cómo es que lo conocí?

—¿Qué clase de respuestas?

—Bueno, de nosotros por supuesto. —Reí tímidamente y acaricié mi sien —¿Cómo nos conocimos?

—En un puente, estabas llorando. Bromeamos sobre sí eras suicida—Dijo sin pensarlo. Asentí no creyendo lo que me estaba contando —Luego de eso, nos vimos en una fiesta en la playa, te pedí el número y... las cosas se dieron.

—¿Entonces tú y yo estuvimos saliendo? —Necesitaba que me lo confirmara.

Gab parece pensárselo un segundo y luego suspira y se acaricia la parte trasera de su cabeza.

—Algo así. Fue algo...complicado desde el principio.

—¿Tú y yo terminamos?

Gab se levantó de su asiento y se sentó enseguida de mí. Manteniendo una distancia prudente. Sus ojos brillaban y sentía que me querían decir más.

—Se podría decir que sí, eso pasó en diciembre.

Asentí no muy convencida. Quería entrar en detalles sobre él y yo, pero la preocupación por el asunto de los bebés era más importante. Quizás sabiendo la verdad, pudiera hacerle más preguntas al respecto luego. Pero quería saber si él era.

—Gab, se ve que eres un chico agradable, no sé qué habrá pasado, me gustaría que habláramos de esto, pero no ahora —Él frunció su ceño realmente confundido — y por eso mismo no quiero asustarte ni postergar más la verdadera intención por lo que he venido —Gab mueve su cabeza en señal de afirmación, pero estando muy atento a lo que fuera a decir. Mordí mi labio inferior—¿tú y yo tuvimos sexo?

Decirlo en voz alta me había costado demasiado trabajo y sentí que mis mejillas se calentaron. Gab se sonroja y aclara su garganta.

—¿Porqué?

Y esta era la parte difícil de todo esto. ¿Cómo le explicaba a un extraño que era probable que estuviéramos embarazados? Me paso una mano por mis labios y luego se queda en mi rodilla derecha.

—Gab, al parecer eres el único chico con el que salí todo este tiempo—siento un nudo en mi garganta y pronto, suelto unas palabras, sintiendo que no estoy presente— Y ahora tengo tres meses de embarazo. Perdón por ser tan brusca al contártelo, pero todos me han dicho que tú y yo estuvimos saliendo. Por lo que me suena lógico que seas tú. Necesito que me digas, ¿Eres tú el papá de mis bebés?

Al rubio parece que se le salió el alma al mencionarle todo aquello.

—¿Bebés? —Dice consternado o al menos eso es de lo que yo puedo percatarme.

Comienzo a desabrochar mi abrigo negro. Y a pesar de que aún no se notaba mi vientre abultado mis manos lo acariciaron.

—Tendré gemelos—le digo algo avergonzada.

Gab se levantó y miró a la ventana unos momentos. La lluvia ya había comenzado. Él tenía la mirada pérdida, lo veía en el reflejo del cristal. Había muchas emociones encontradas en él, no me había dicho nada. Sus manos estaban en su rostro y cubrían sus labios. Cerré mis ojos y me sentí realmente una idiota. Respiré rápidamente al ver que él no contestaba.

Me levanté del sofá y me disponía a salir por la puerta.

—Lamento haberte incomodado, realmente no sé qué esperaba. Entiendo si no quieres hacerte responsable, tan solo quería saber que eras tú. Y que estuvieras enterado, no te molestaré más Gab.

Las lágrimas comenzaron a salir. Tomé las llaves de mi auto. Me acerqué a la puerta y puse mi mano en la perilla.

—Yo soy el padre —respondió decisivo y me quedé con la mano en la perilla. Sentí que mi corazón latió con rapidez. Escuché sus pasos detrás de mí—Yvaine, no te dejaré sola en esto. Aun y cuando no recuerdes nada de lo que pasó, haré que te sientas cómo en casa.

Siento que me abraza por detrás y yo me giro. Sintiendo una paz y una tranquilidad que hace mucho no sentía.


© J. ZARAGOZA

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro