
CAPÍTULO 30
O'Donell estaba en el suelo.
Tanto Shyra como yo estábamos sorprendidas y yo sólo estaba quieta mirando a O'Donell y a Gab. Shyra se encontraba de rodillas mientras escuchaba que O'Donell se quejaba y se tocaba la nariz. Pude ver en él algo de desconcierto. Y no era para menos, creo que los tres demonios presentes estábamos algo confundidos y sobretodo sorprendidos. No voy a mentir, pero mi corazón se estrujó cuándo Gab golpeó a O'Donell. Después de todo, seguía enamorada de él. Si Shyra no lo quería, ¿Qué estaba haciendo con él?
Aproveché la oportunidad y tomé a Gab del brazo, alejándonos a ambos del foco de atención. Pues no me había percatado que ciertas personas habían estado mirando todo este tiempo. Mis amigos nos miraban algo confundidos desde lejos. Les hice una seña con mis manos de que me iba y ellos asintieron no muy conformes. Comenzaba a padecer estragos de la transformación. Sentía que estaba ardiendo, y sentía un poco temblorosas mis manos. Me dije a mí misma que debía de aguantar esto un poco más de tiempo en lo que llegaba a casa. Las facciones de Gab se suavizaron y, mientras nos alejábamos se llevó su mano a su nuca y comenzó a rascarla.
—Yvaine, lo lamento. No quería golpear a tu ex novio, pero él estaba siendo un idiota.
Estábamos subiendo por unas escaleras que daban directo al malecón. Comenzaba a sentir un poco mejor. Pero no pasé por alto lo que Gab había mencionado. Sí bien, cualquier persona podría decir que se trataba de alguna pelea entre ex, pero no era el caso. Me detuve, sin siquiera dirigirle la mirada.
—Él no es mi ex, sólo es un idiota —Me limité a responder.
Debía regresar a casa pronto o estaría en graves problemas. Sentía mareos y unas ganas terribles de vomitar. Y la sensación de como si estuviera recibiendo un golpe en el estómago. El fénix de mi muñeca comenzó arder, con profundidad, ahogué un grito de dolor. El aire se me estaba yendo de los pulmones, fue entonces que brilló y tuve que taparlo con mi otra mano. Pues ahora, era parte de mí. ¡Esto de estar sellada por hechizos es muy complicado! Creo que tendré que explicarles a los chicos lo que pasó hoy y de porqué tuve que retirarme, estoy seguro que ellos comprenderán. Me senté en una banca de hierro y acaricié mi rostro. ¡Vaya cumpleaños!
Hacía rato que no les prestaba atención a los espíritus de la noche y las sombras, pero había algo particular hoy, pues susurraban, pero no les entendía. Y eso era extraño, por lo general entendía lo que los susurros de la noche decían. A lo lejos, una camioneta negra estaba quieta. No podía ver muy bien, pero sé que por lo menos, dos personas completamente de negro iban en ella. ¿Eran los Cazadores o los Goldless? Aún no sabía. Sí Gab no estuviera conmigo, iría a investigar. Pero no podía arriesgarme tanto, debía ser lista y medir mis movimientos.
—No tolero cómo hay hombres que le hablan de esa forma a las mujeres. —Se sentó a mí lado, pero para nada me incomodó.
Y de nuevo esa extraña sensación, esa incógnita. La pregunta era la misma. ¿Cómo lo había golpeado tan rápido? Un humano cualquiera jamás podría tumbarlo, por más fuerte que éste sea ¿no? O'Donell es un general de guerra demoníaco, y Gab para nada era un demonio, es imposible. Yo lo sabría, me habría dado cuenta de que fuera uno. Sí comenzaba a sospechar de él, no dejaría que él lo notara. Aunque bien, pudo haber sido solo casualidad u obra del destino o del mismo karma lo que le sucedió a O'Donell, una cucharada de su mismo chocolate.
—No te preocupes, se lo merecía. —reí para mis adentros. Después de todo, era cierto. —Pero, hay algo que no entiendo, Gab. ¿Cómo pudiste golpearlo tan rápido? O'Donell... —Intenté buscar las palabras apropiadas — Es un peleador, vive de eso, me atrevo a decir que es un profesional en artes marciales y todas esas cosas.
Fueron las palabras acertadas. No podía decir algo cómo: "Oye Gab, ¿cómo lo golpeaste? Es un demonio, eso técnicamente es imposible..."
Gab sonrió algo tímido y fijó su mirada en el suelo mientras entrelazaba sus dedos. Lo estudié unos breves momentos. Era realmente atractivo, de cejas pobladas y rubias. Pestañas negras, ninguna imperfección, si lo hubiera conocido antes que a O'Donell probablemente estaría perdidamente enamorada de Gab.
—Es curioso que lo menciones, porqué yo en realidad sé mucho sobre defensa y artes marciales. Papá solía entrenarme de pequeño, pues al ser hijo único, intentaba pasar el mayor tiempo conmigo. Intenté aprender lo más que pude con él.
—Debe ser una tremenda casualidad.
Considerando todo lo ocurrido, mi papá siempre infundo en Arnold y en mí la defensa personal. Quería que siempre estuviésemos protegidos. Los Leadarks perfeccionaron mucho sobre mí experiencia en lucha. Debo agradecerlo enormemente.
—Parece que sí —Rio de manera melancólica.
¿De verdad podía confiar en Gab? Digo, no es una mala persona. Es qué, parece tan perfecto. Cómo caído del cielo, y agradecía qué por unos instantes, tanto él como los chicos me hicieran olvidar un poco sobre mi realidad. Y me gustaría enamorarme de alguien como él, las personas como O'Donell, son destructivas, tóxicas y no podría soportar estar enamorada otra vez de alguien como él. Mi móvil comenzó a sonar, lo saqué de uno de los bolsillos de mi vaquero y en la pantalla se podía leer la palabra: "Mamá".
Golpeé mi rostro con mi mano, levanté mi dedo índice indicándole a Gab que esperara un momento, me levanté e intenté alejarme un poco para que no escuchara, y atendí su llamada.
—¿Hola?
—¡Yvaine Alexia Madlow! ¿¡Dónde estás!? ¿¡Haz visto la hora jovencita!? ¡Es muy tarde! Tienes 30 minutos para llegar a casa. Es muy peligroso, ya lo sabes, te lo he dicho hasta el cansancio —Mamá se encontraba algo alterada. No era para menos, entendía todo, pero quería restarle importancia para engañarme a mí misma.
Dirigí mi vista a dónde estaba Gab y lo vi sentado, mientras sacaba su móvil y pude notar que estaba revisando algunos mensajes. Lo que cualquiera haría mientras alguien habla por teléfono. Luego pude ver como se metía a la aplicación de Candy Crush.
—Mamá, por favor tranquilízate. Ya voy para allá, en menos de lo que canta un gallo.
Le colgué y volví a sentarme con Gab.
—Tengo toque de queda, debo volver a casa Gab.
—¿Puedo llevarte a tu casa? Es lo menos que podría hacer por todo lo que sucedió hace un rato. Realmente me siento apenado.
Me lo pensé unos breves minutos. No quería arruinarles la diversión a los chicos o llamarle a Symak y Prax. Mordí mi labio y decidí aceptar su oferta.
●▬▬▬▬▬▬୧♛୨▬▬▬▬▬▬●
El camino fue calmado, él tenía un Jeep Wrangler en color azul. Así que decidimos conversar un poco para conocernos mejor.
—Y dime, ¿Cómo fue que llegaste a la fiesta de la fogata? —Preguntó mientras sonaba en la radio la canción de Making Love Out of Nothing at Al de Air Supply.
Íbamos pasando cerca de la preparatoria a la que asisto, faltaba poco para llegar a casa. El tráfico era sumamente escaso. Las luces de los faroles alumbraban las pequeñas avenidas.
—Mis amigos me llevaron por ser mi cumpleaños —Alcé mis hombros —Y realmente nunca imaginé volver a verte y mucho menos ver a O'Donell ahí.
Gab rio y colocó su brazo izquierdo sobre la ventana, la cual estaba completamente abajo.
—¿Cumpleaños eh? ¿Cuántos cumples? Claro, sí se puede saber. Tampoco quiero ser muy indiscreto.
—Dieciocho. En realidad, a pesar de todo fue agradable verte. Quizás fue de las mejores cosas que me pasaron hoy —Sonreí con sinceridad. —No pareces un chico de mi edad, tal vez un poco mayor.
Éste se sonrojó y sentí que trago sonoramente.
—Me haces sentir un abuelo. ¡No puedo creer que una chica me esté poniendo nervioso! —Dio la vuelta por la calle Liberty, estaba a cinco cuadras de llegar —Tengo veintiséis años. Un poco mayor en realidad.
Sí estuviera bebiendo algo, probablemente la habría escupido. ¡Por todos los cielos! Casi me lleva diez años. Fue mi momento de estar nerviosa. Era un chiste lo que decía, quería sacar un poco de conversación, pero ¡Por favor! Definitivamente me gustan mayores.
—Eres un asalta cunas—Le dije mientras sonreía y tapaba mis ojos.
Gab estaba viendo el google maps, estábamos a una cuadra de llegar.Éste puso una pose seria y una mirada sorprendida.
—Sí saliera contigo, es una posibilidad, pero valdría el riesgo —Pareció pensar algo en su cabeza pues, su auto se detuvo justo en mí casa y me miró después de unos segundos —¿Saldrías conmigo alguna vez?
¿Saldría con él? Quizás era muy pronto para mí pensar en otro chico. Pero merecía ser feliz. La respuesta es sí, claro que sí. Creo que es un chico que vale totalmente la pena. Digo, no puedo olvidarme tan fácilmente de lo ocurrido, pero no estaba siendo realmente una amenaza, quiero creer. A demás, no lo hago en venganza por lo que ocurrió con O'Donell, pero no puedo lamentarme toda la vida un rechazo y varias mentiras de él, merecía conocer más chicos ¿no? Creo que era lo justo.
—Me encantaría —Desabroché mi cinturón de seguridad —Hasta luego Gab. Muchas gracias por todo, ten una linda noche.
Gab sonrió como niño con juguete nuevo.
—No hay de qué, me divertí también. Espera un día de estos mi llamada.
—Pero sí no te he dado mi número.
—¿Quién dice que no lo tengo ya? —Me asusté unos breves segundos. Espero que no sea un acosador. Pareció notar mi cambio de semblante, pues rio un poco nervioso —Me haces quedar como un depredador, una de tus amigas me dio tu número.
Sentí que volvía a respirar. Creo que era de esperarse. Me despedí con un bajo "adiós" y un movimiento de mano.
●▬▬▬▬▬▬୧♛୨▬▬▬▬▬▬●
Al entrar a casa y después de mi pequeña charla con Gab, entré sintiendo flotar en nubes. Observé el reloj de mi móvil, faltaban diez minutos para las 12:00 a.m. Estaba subiendo las escaleras cuándo veo que mi madre sale de la cocina y se pone al pie de las escaleras. Su expresión no era para nada alentadora. Llevaba puesta una bata negra, botines negros, pantalón rojo y blusa negra, con el cabello en una larga coleta.
—¿Quién era el que te trajo?
Rodeé mis ojos. Chasqueé la lengua y me acaricié la sien.
—Un amigo... —Sí, claro pensé. Casi podía reír.
Mamá subió una ceja y pronto sentí un ambiente pesado. Se recargó en la pared y no pude encontrar gracia en ella.
—¿Me puedes explicar por qué tu amigo, pudo ponerle un dedo encima a Duncan?
Abrí mis ojos con sorpresa y bajé rápidamente las escaleras y quedé frente a frente con mi madre. ¿Cómo supo de eso?
—¿De qué hablas? ¿cómo sabes eso?
Escuché un carraspeo.
Sentí que me llevaba el diablo en ese preciso instante. O'Donell estaba sentado en uno de los sofás de la sala mirando fijamente, sin expresión alguna. Mis ojos se encendieron. Avancé unos cuántos pasos hacía él.
—¿¡Tú qué demonios crees que haces aquí!?
O'Donell se levantó del sofá y me encaró.
—Tenemos que hablar de muchas cosas, incluido tú nuevo amiguito. —negué con mi cabeza. Comencé a alterarme.
—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar, O'Donell.
Hice puños mis manos y le di la espalda, me dirigía directamente a mi habitación. Aceleré mis pasos, y pude escuchar cómo mamá y O'Donell hablaban. Cerré la puerta y me tiré a la cama. Fueron eternos los minutos. Y con el paso del tiempo comencé a marearme.
Pronto comencé a sentir un horrible calor correr por todo el cuerpo. Y fue cuándo una luz rojiza resplandeció en mi pecho. El aire me faltó, y sentí como mis huesos se iban moviendo. Caí al suelo retorciéndome de dolor. Algo vibraba dentro de mi cuerpo y sentí que de mis poros humo se desprendía. Mi cabello se elevó y pude ver la llamarada explotar con ferocidad y reflejar en la habitación lo que mi cabello podía iluminar. Mis pies soltaron fuego oscuro con toques azulados. Oí que mi puerta se abrió abruptamente, era O'Donell y mi mamá. No podía procesar nada, pues había mucho dolor en el cuerpo.
—Tenemos que llevarla a otro lugar, o va a destruir todo el vecindario —Escuché a mi mamá decirle a O'Donell.
El pelinegro me tomó en sus brazos, no tenía fuerzas para luchar contra él y mi madre abrió un portal. Nos introdujimos en él y luego aparecimos en una especie de santuario. Había muchos encapuchados hablando en una lengua muy extraña, eran demasiados demonios, podía sentirlo. Me colocó en una cama de piedra y se alejaron de mí. Había monjes encapuchados de color escarlata. No sé qué fue lo que estaban diciendo, pues me estaba concentrando en todo el dolor y el calor que sentía. Entre todos los presentes comenzaron a retenerme en la cama de piedra, pues un campo de energía me rodeaba. Los gritos que producía, parecía que me estaban torturando. Una explosión de Fuego Oscuro llenó el campo de energía o de detención, y la tierra comenzó a temblar. Entre más gritaba, más fuerte se movía el suelo. Apenas y podía abrir mis ojos, pero pude ver cómo mis uñas se volvieron negras y se alargaron. El cabello me creció y se volvió oscuro. Un dolor de cabeza me estaba matando y de pronto, sentí que dos cuernos me crecían. Las lágrimas no paraban de salir. Odié mi existencia, odié a mamá, odié a Tymaurel, odié a O'Donell... odié a todo el mundo. Mi último grito hizo que una explosión de fuego se propagara por todo el lugar.
Y todo cesó.
Había mucho fuego oscuro, hizo tumbar a todo el mundo, incluidos O'Donell y mamá, pues estos dejaron de poner ese campo de energía. Mi poder los había hecho retroceder. El lugar dónde estaba, podía apreciarlo con mayor claridad. Pilares grisáceos, cortinas de rojo carmín, veladoras, incienso... todo estaba preparado. Me levanté con muchas energías, después de todo lo que había pasado por mi cuerpo. Sentía un poder espectacular recorrer mis venas. Vestía una armadura color ónix. Pronto, un demonio se me acercó y se arrodilló ante mí y me extendió una espada. Lo miré algo confundida y luego él habló:
—Princesa Yvaine Alexia Mugunta Madlow, tu destino estará forjado y encaminado por el arma adecuada, se te otorga la espada infernal, la espada DEMONIUX, conquistadora de sombras y tierras lejanas. Asesina de inmortales y mortales.
La espada desprendió una energía maligna y se encendió de rojo carmesí. Era de color ónix, de acabados finos y empuñadora figurando dos largos cuernos y una piedra de rubí en medio. Me acerqué a ella, y cuándo la tomé con mis manos, muchos demonios se desprendieron de la capucha y se arrodillaron ante mí. Tymaurel se acercó con orgullo hacía mí y se posicionó a mí lado.
—¡El Fuego Oscuro, está vivo! —La algarabía brotó cómo una chispa que enciende al combustible. —¡Y ésta noche me complace anunciar, que mi hija, la futura gobernante de Demonét contraerá matrimonio con Duncan O'Donell, el general de guerra! La profecía está a punto de cumplirse, es momento de celebrar, pues en poco tiempo, recuperaremos nuestro hogar.
La muchedumbre gritaba y aplaudían. Las gárgolas volaban por encima de todos. Symak y Prax estaban al frente sonriendo con emoción. Vizo y Allec también se encontraban atrás de ellos mientras me reverenciaban. Abrí mis ojos espantada, fijé mi mirada en Tymaurel. Sostenía en mi mano izquierda la espada que se me fue dada, pensé en matar al rey demonio, pero deseché la idea, todos me atacarían de pronto, y estuve a punto de replicar, pero O'Donell me tomó de la mano derecha. En un momento que no pude darme cuenta, él se encontraba a mí lado saludando a todos. No podía creerlo, Shyra tenía razón después de todo. Me miró y pude observar cuándo susurró: No digas nada, tenemos que hablar.
●▬▬▬▬▬▬୧♛୨▬▬▬▬▬▬●
Luego de todo eso, nos dirigimos al castillo de Tymaurel. Había grandes mesas con vino y música que me asustaba. Muchos demonios de distintas formas y tamaños bailaban y me recordó a las películas dónde salen bailes tipo escoces. Todo esto me agobiaba, mi cuerpo seguía adolorido. Yo tuve que alejarme de todos, no podía procesar nada y salí a uno de los balcones. Sintiéndome utilizada... ¿ellos que pudieran sentir? Eran demonios, esperaban que yo hiciera el trabajo sucio en enfrentar a un enemigo que no conozco. Vi mi reflejo en una fuente, no era agua como tal, sin embargo, era otro material líquido. Y no pude evitar sentirme oprimida y desesperada. Mi apariencia cambió, tenía una cornamenta, mi piel era pálida, ahora mis ojos eran rojos cómo la sangre, mi cabello era negro y me llegaba hasta mi trasero, tenía los labios rojos de manera natural. Observé todo Demonét, no es precisamente lo que yo imaginé que sería el infierno. Imaginaba mucho fuego, almas perdidas y eso, pero era un gran castillo estilo gótico. Con extraña flora, cielo rojizo, arena fría y grandes peñascos. Acaricié mi rostro con mis manos. ¿Cómo es que me quieren casar con O'Donell? ¿Qué hay de Kike? ¿No se suponía que debían combatir entre ellos o algo por el estilo?
—Madlow...
Su voz solo hizo que un golpe atisbara mi corazón. Estaba cansada de pelear. No podía entender de por qué ahora de su cambio de actitud conmigo. El otro día parecía que me quería muerta.
—¿No he sido clara, O'Donell? no quiero verte. Por favor, ahora no —Dije con pesadez.
Se posicionó a mí lado. Ni siquiera me atreví a verlo por el rabillo del ojo. Sentía que había tensión en el aire, en dado caso, creo que solo yo percibía eso.
—Sé que no quieres verme y no te culpo. Pero es necesario que hablemos y aclaremos ciertas cosas.
Bufé, fue el momento en que decidí observarlo. O'Donell estaba en su forma demoníaca, había aumentado de estatura y de complexión física. Dos cornamentas sobresalían de su cabeza, vestía ropas ahora elegantes, sus ojos seguían siendo azul intenso, y pude notar cómo tenía el golpe aun en la nariz. Recordé cómo lo había visto en mis sueños, sus ojos azules resaltando en la fría oscuridad.
—Por una maldita y jodida vez en tu vida no finjas que te importo. ¿Crees que no sé lo de Shyra y tus planes con Tymaurel? No me vengas con qué necesitas aclarar asuntos. Y no puedo esperar otra cosa de ti que no sean mentiras.
O'Donell, quién hasta el momento no me había dirigido su mirada, me vio con desconcierto. Frunció el ceño y cruzó sus brazos sobre su pecho. Por un breve instante vi un brillo en su mirada, de culpabilidad quizás.
—Nena, todo lo que te haya dicho ella, duda de la mitad. Te aseguro que no son las cosas cómo ella las cuenta, déjame explicarte—Reí seca y di unos pasos hacia atrás.
Él no necesita explicarme nada, no quiero más sus absurdas respuestas. ¿En qué estaba pensando cuándo me enamoré de él? ¿Por qué me sigue lastimando con sus mentiras?
—¿¡cómo es posible que tengas el descaro de venir a decirme eso a mí, después de todo lo que me hiciste!? No confío en ti, no quiero ni puedo creer en ti y no es necesario hacerlo. Lucharé por toda esta mierda por qué no tengo otra opción, pero en cuanto termine renunciaré al trono y al absurdo matrimonio contigo. ¿Me explico? Necesito una verdadera vida, no una que me hayan impuesto. No te quiero cercas de mí, quiero salir con alguien y que se enamore de mí por quién soy, no por mi posición,
Se quedó helado con lo último que dije, estuvo a punto de decir algo, pero se quedó callado. Me di la vuelta totalmente herida y enojada, quería alejarme de él, me hacía mal tenerlo cercas, pues, aunque estuviera enojada, mi corazón no podía evitar acelerarse, no podía olvidar todo lo que viví a su lado, por pequeño que fuera, pero tomó mi muñeca. Le volteé a ver peligrosamente y fue cuándo no pude más.
—Grave error, O'Donell.
Una llamarada de Fuego Oscuro salió de mi cuerpo violentamente e hizo retroceder a O'Donell. Éste comenzó a enfurecerse.
—¿¡Estás loca, Madlow!? Deja de comportarte como una loca histérica, tenemos que hablar y es enserio —Admito que parecía que hablaba enserio. Pero arruinó mi cumpleaños, arruinó mi corazón y mi vida.
—Yo también hablo enserio.
Corrí hacía él y le lancé una patada a su estómago, resintió el golpe y sus ojos brillaron. Llamaradas comenzaron a salir de él y los tatuajes de su cuerpo se acrecentaron.
— No quieres jugar este juego, nena. Recuerda que yo tengo la experiencia en combate ¿Qué me podrías hacer tú? Inexperta y recién convertida — Se burló.
¿Tan pronto se olvidó que los Leadarks me prepararon para todo esto? Como se nota que él nunca estuvo en mis entrenamientos.
— Esto —Susurré.
Humo salió de mis pies llenando el suelo de éste. O'Donell se quedó perplejo al ver lo que acababa de hacer. No sabía exactamente cómo, pero sabía exactamente qué hacer. En mi interior sabía todo lo que podía hacer con éste nuevo poder. El humo contenía algún extraño poder que hacía clavar a tu enemigo al suelo, pues O'Donell estaba teniendo dificultad para moverse. Me lancé encima de él y comenzó a cubrir mis ataques con sus brazos llenos de llamas. Expulsé fuego y humo de mi boca por lo que lo hicieron caer y levantarse con la misma rapidez con un puñetazo que esquivé. Sé que esto no es lo máximo que puedo dar, porque sentía que mi cuerpo se llenaba de adrenalina cada vez más. Esto era lo más excitante que alguna vez pude haber sentido en mi vida. Mis movimientos eran fluidos, iban directo a su pecho, le lanzaba patadas, brincaba y me movía por el balcón; Sorprendiéndome de que no quemara nada. O'Donell formaba bolas de fuego en sus manos y los lanzaba directo hacia mí. Me distraje un segundo pues alguien estaba viendo que estábamos luchando. Una bola de fuego se estrelló en mi cara y me quedé ciega unos segundos. El cuerpo de O'Donell me pegó con brutalidad hacia el suelo.
—Eres fuerte te lo reconozco, pero te falta mucho por aprender — Comentó con burla.
—Y Tú fuerte, pero sigues siendo un imbécil. — Dije sin pesadez en mi voz.
No por sus comentarios dejaría doblegarme. Nuestros cuerpos se unían y se separaban en distintas ocasiones. Abrí mis ojos y lo que vi fue algo que no podía describir en O'Donell. Algo no andaba bien con él. Llevé mi rodilla hacia su estómago, pero pareció no afectarle como antes. Él me tomó del cuello y me elevó. No podía respirar, pero en eso un foco dentro de mi cabeza se encendió. Recordé los cursos de defensa personal y lleve ambas manos a las muñecas de O'Donell, con las fuerzas que aún tenía, me agarre de ellas fuertemente y abalancé mi cuerpo hacia delante de O'Donell y lo empujé con mis pies. Éste se fue para atrás y manipulando el humo con mis manos lo tomé del cuello y comencé a zarandearlo de lado a lado mientras su cuerpo chocaba con el barandal del balcón, en eso ambos caímos, nos soltamos de pronto, pero O'Donell me tomó del brazo y me atrajo hacía él. Caíamos de lleno en la fría arena. Me aturdió el golpe y el polvo se levantó alrededor de nosotros. Lo solté un momento y respiré agitadamente alejándome de él, mientras me arrastraba por la arena. No utilicé todas mis fuerzas porqué necesito más entrenamiento, pero O'Donell es difícil de debilitar.
Escuché a Tymaurel decir por arriba del rincón: "Aun no se casan y ya tienen su primera pelea explosiva, hay que dejarlos solos". Escuché unas cuántas risas y todos volvieron adentro.
Era hora de retirarme. En un momento de descuido, en el que pensé que ya todo habría terminado, me tomó de la cintura y me arrastró a su lado. Fue mayor mi sorpresa al saber que O'Donell había fingido que estaba lastimado. Sin duda lo subestime demasiado. Tomé su brazo y lo doble. Pero éste con su pierna, me golpeó en el estómago y me deslicé unos cuántos metros. Choqué con un pilar, pero no me dolió si no que, al momento de sentir el choque rápidamente, me puse de pie y me dejé ir en O'Donell con un puñetazo repleto de llamas negras en su rostro, lo que lo hizo retorcerse y soltar un pequeño gruñido. Se abalanzó de nueva cuenta hacia mí y di un brinco en el aire, y con una patada, lo golpeé en el rostro haciéndolo caer de nueva cuenta al suelo. Las llamas de O'Donell se apagaron de jalón. Abrió los ojos y me miró a la vez que suspiraba. Yo estaba quieta en mi lugar observándolo detenidamente, un poco agitada.
¿Por qué habíamos tenido esta riña? Claro, por el carácter de mierda que tengo.
Me acerqué un paso y escupí un poco de sangre que había en mi boca. Estaba acostado en la arena, respirando con tranquilidad.
— ¿Eso es todo? ¡Vamos levántate! — Me hice para atrás para darle oportunidad de levantarse. —Maldito cobarde, dame pelea y considerare escuchar lo que tengas que decir.
Los puños de O'Donell se encendieron, pero volvieron a apagarse.
— ¡NO! Es suficiente, Madlow— Gritó.
Después de toda la mierda que soltó, de lo cabrón que fue ¿Se rinde? Es increíble que lo esté haciendo. Me había herido el orgullo de cierta manera, estaba ofendida como nunca antes lo había estado.
— ¡Levántate!... —Mi voz sonó algo aguda. Estaba enojada, estaba ofendida, mi orgullo lo aplastó. —Dame una maldita razón para que no me vaya y desaparezca de una maldita vez por todas.
Nos quedamos en silencio y mis llamas bajaron. Dejando ver mi cuerpo un poco menos agresivo que al principio. Esos sentimientos de querer golpearlo solo me hicieron sentir con ganas de llorar, era tan bipolar y poco coherente.
—Bien... —Estuve por darme la vuelta y olvidar todo esto.
—Ya no puedo con esto, Madlow — Dijo.
Apagué mis llamas, y lo miré fijamente e intenté entenderlo. Tenía medio cuerpo doblado. ¿Debería quedarme después de todo? La noche estaba por desaparecer, el tiempo en Demonét transcurría distinto a la tierra, la música de allá arriba cada vez sonaba más fuerte. Estábamos solamente él y yo. Y no pude evitar sentir nostalgia al respecto.
— ¿A qué te refieres? — Dije dudosa.
— Ya no puedo seguir fingiendo que no me importa todo esto — Se giró a un lado para evitar verme.
Vi como destruimos el suelo, el humo que se encontraba en el suelo volvió a mí. Introduciéndose en mis brazos, al principio dolió, pero creo que rápidamente me acostumbre a su dolor. Abrí la boca y con mi mano lo obligué a verme. No sabía que me había acercado a él. Sus ojos eléctricos volvieron a su color zafiro. Aun estando con algo de humo en su rostro, un pequeño hilo de sangre bajar por su cabeza, vi lo cansado que estaba, tenía la barba un poco crecida, y de pronto... moría de ganas por estar con él. Pero tampoco podía olvidarme de la pesadilla que me había hecho pasar todo este tiempo que pasó con su ausencia e indiferencia.
—O'Donell ¿De qué hablas? — Mi corazón latió rápidamente.
— ¿Cómo es que no lo descifras aún? — Se levantó y tomó mi mano. Lo miré confundida.
Lo golpeé para que me soltara, pero mi cuerpo se sentía cansado debido al combate. Recargó su frente en mi hombro y se hundió en mi cuello. ¿Por qué no lo alejaba? Sentí como aspiraba mi aroma y mi piel se volvía de gallina. No negaré que extrañaba que su tacto me causara estos efectos, pero tengo que seguir enojada con él. Me abrazó por debajo de mis brazos. Y yo me quedé en shock. No sabía por qué había hecho eso.
— ¿Qué te pasó? — Había tintes de melancolía en su voz que me hicieron reaccionar. ¿Me extrañó? No, eso sería ridículo si él me rechazó con todas las de la ley.
—O'Donell habla bien por una vez en tu vida. ¡No te entiendo! — Mi cuerpo tembló, pero él no se movía.
Sus brazos me encerraron y aspiró mi aroma.
—Piensa — Maldito. —¿cómo es que aún no te das cuenta?
—No importa ya... Tan solo déjame ir, no te quiero volver a ver.
Era una total mentira. Es imposible negar que no me encanta estar en estos momentos con él así; Aunque hace unos minutos lo quería matar, no lo quería ni ver en pintura y ahora solo quiero que siga aquí, a mi lado y tocándome. Porque soy masoquista al parecer.
—Eso no es cierto, nena —Susurró. —No podrías vivir sin mí.
Rodeé mis ojos e intenté apartarlo de mí.
—Claro que lo es. Eres un desgraciado egocéntrico.
— Eres buena mintiendo, mintiendo a los demás, pero a mí no —Sentí el calor de su boca tocar mi oreja — Enserio ¿No sabes aun de que habló?
— ¿Alguien puede? ¡Eres un maldito manipulador! ¡No te conozco! ¡No te entiendo! —Separé mi cuello de su cabeza.
En cambio, el gruñó de manera posesiva.
— ¡Maldita sea Yvaine! —Esa era la primera vez que me llamaba por mi nombre. Dejé de luchar y giré mi rostro y vi que el suyo se encontraba a milímetros del mío — Era mentira. Todo lo que te dije era mentira.
Me mordí la lengua reprimiendo el dolor. Mis lágrimas salieron, pero no sabía de qué se trataba. Era imposible no sentir que volvía a revivir esa noche.
— ¡Ya sé que era mentira! ¡Tú me dijiste que era mentira todo, tus sentimientos, tu protección genuina! — Le recordé.
— ¡Mentí cuando dije que mentía! —Respondió elevando la voz.
No podía con esto. Ahora definitivamente lo quería alejado de mí.
— ¡Eres jodidamente indescifrable! — Me removí ahora incomoda.
— ¡Yvaine Madlow! ¡Estoy endiabladamente enamorado de ti! ¿¡PORQUÉ TE CUESTA ACEPTARLO!?
Él no acaba de decir eso, él no lo hizo. El corazón casi se me salía, esto era un sueño no hecho realidad. Es decir, lo quería en el pasado, pero con todo lo que había sucedido no podía confiar en él. El tiempo se detuvo, ahora solo éramos él y yo. Una canción sin terminar, un libro complejo de entender, esas palabras saliendo de su boca parecían ser como un código. No pudo haber dicho aquello, él me odia, no me tolera, tan solo quiso aprovecharse de mí en todos los sentidos.
— ¡Mientes! —Le grité. — ¡Deja de lastimarme idiota! No lo tolero, ya me lastimaste demasiado no pienso creerte. Es ilógico después de tus actitudes, es totalmente ilógico. Tú mismo me lo dijiste, ¿cómo podría confiar en alguien cómo tú? ¿cómo podrías fijarte en alguien como yo= De mí no te vas a estar riendo ni aprovechando de mis sentimientos.
Pegó su cuerpo lo más posible al mío. Y sus ojos ardieron con deseo.
—Nena, ¡Maldita sea que no! —su voz sonaba ronca —No puedo evitar sentirme así por ti. Estoy enamorado de ti, dulzura. Me tienes hombre vuelto loco. Te he extrañado horrores, por favor, créeme.
Sus palabras sonaban tan deliciosas. ¿Duncan O'Donell enamorado de una chica cualquiera? Esas podrían ser las palabras que definirían todo.
—¿Confiar en ti? Sería lo último que haría ¡Tú no amas, tú quieres mi posición! — Las lágrimas ya habían salido desde hace rato.
Lloraba y me trataba de controlar lo más que podía. Ya me había visto tan humillada como para que tuviera que soportar la mirada atenta de O'Donell.
—Nena, no, no es así, no es lo que piensas. Por eso necesito que me escuches — Su sonrisa se ensanchó. — Desde la primera vez que te vi, y hablo de la primera vez que mis ojos te vieron, supe que tú serías mi perdición ¿Comprendes lo que digo? Solo haría mía a la mujer que eligió mi corazón. Y te estoy eligiendo a ti.
— No te burles más, O'Donell. Shyra me contó todo, me dijo que es mi hermana, que estuvo comprometida contigo, qué solo me quieres para poder ser rey. —Le reclamé.
O'Donell frunció el ceño. Y me tomó de la barbilla.
—Ella no te dijo la verdad, sí hay cosas ciertas, pero no todo. Y yo te estoy hablando enserio, tengo una buena razón para decirte mis verdaderos sentimientos hacía ti. Te lo contaré todo, absolutamente todo lo que me preguntes yo te lo contestaré.
—¿Y Por qué habría yo de creerte? — Acercó sus labios a los míos y yo los alejé.
— Por qué tú estás tan enamorada de mí, como yo lo estoy de ti. —Sus yemas comenzaron acariciar mi rostro con una delicadeza que me hacía aflorar mis instintos —Y porque te casarás conmigo...
© J. ZARAGOZA
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro