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CAPÍTULO 11

Viernes 09 de octubre, 2015


Isla vestía hoy de manera poco usual al igual que Carl. Los miré y una sonrisa burlona crecía en mis labios conforme ellos se venían acercando hacía mí y Sarah aún seguía en clase. Ana era la única que estaba conmigo en una de las mesas de piedra. Hoy había poco sol y lo extrañé. No hay nada como el tiempo de calor, pero tendré que esperar hasta el próximo año.

— ¿Qué les pasó? ¿Decidieron que era el justo momento para sacar al caza vampiros que llevan dentro? —Dije.

Carl se dio media vuelta y comenzó hacer pose de modelo.

Ana y yo chiflamos y aplaudíamos con aprobación. Su cabellera castaña estaba un poco cortada. Adiós a esos cabellos largos que sobresalían de la frente de Carl, hola a un nuevo look. Él llevaba jeans negros, botas negras militares, una chaqueta de piel y una camisa negra. Isla llevaba un pantalón de piel negro, botas café militar, algo desgastadas y una blusa de tirantes verde militar. Llevaba su cabello en una coleta y los ojos algo cargados de color negro. Sin duda, no era su estilo.

— ¡Último grito de la moda! Ahora pase de ser una chica a dulce a una chica mala... Los hombres estarán detrás de estos huesitos —Dijo mientras soñaba despierta.

Carl rodó los ojos y me abrazó. Su perfume llegó a mis fosas nasales. Demonios, si Carl no fuera mi mejor amigo creo que podría enamorarme de él y de su perfume. Escuchamos el grito de Sarah desde el otro lado, gritaba algo cómo "¿Qué rayos está pasando contigo?" En pocas palabras, comenzó a reprender a Isla por la manera en que vestía. Era algo lógico puesto que las dos eran tan femeninas. Miré a mi mejor amigo y éste me guiñó un ojo.

—Enserio ¿Por qué el cambio?

—Nos vemos más irresistibles, Yv. —No pude evitar reír ante su comentario.

Estar con ellos me hacía bien en estos momentos. Estos días que han pasado fueron tranquilos. Tal y cómo lo recordaba. Sólo que había un detalle. Se acercaba un aniversario que ponía mi estado de humor un poco voluble. El campus estaba algo animado el día de hoy. Nos encontrábamos en uno de los jardines de la escuela debido a que uno de los laboratorios de Química tuvo una ligera explosión.

Ana no para de decir cuan asombrosos se veían y yo no podía hacer más que asentir a todo lo que ella decía. Mi morena amiga llevaba puesto un vestido blanco y una pequeña coleta. Sus ojos negros estaban maquillados con sombras grises y un brillo labial.

— Cielos, harás que estos dos se sientan dioses del olimpo —Dije mientras escuchaba su bufido.

Carl comenzó acariciar su cabellera y fingir que estaba en un anuncio de televisión.

—Sí nosotros no decimos cuan hermosos son ¿quién lo hará? —Dijo Ana

—Ustedes son nuestras admiradoras personales, Ana —Dijo Carl mientras reía—Bien. Isla y yo nos tenemos que ir —Dijo mientras agarraba el brazo de Isla sin verla. Ambos dos tenían una sonrisa en el rostro —Nos vemos luego. Hablamos después chicas, adiós.

—Después hablamos niñas —Isla sonreía como una completa boba.

Isla y Carl se alejaron rápidamente dejándonos a Sarah, Ana y a mí confundidas. ¿Qué estaba pasando ahí?

—¿Y a esos dos que mosco les picó? —Ana no dejaba de verlos.

—Estoy tan confundida cómo tú — Sarah tampoco dejaba de verlos.

Nos miramos y nos encogimos de hombros yendo directamente hacía la cafetería. Por mi mente pasaba la posibilidad de que Isla y Carl quizás estuviesen saliendo. Me encantaría que así fuera.


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Ha pasado toda una semana sin saber de O'Donell, el último contacto que tuve con él por así decirlo, fue con los idiotas de Symak y Prax el martes en la madrugada, que por cierto se fueron sin decirme nada de lo que yo quería escuchar. ¡Par de Idiotas!

Les juro que hago el intento por ya no pensar en ello. Pero era inevitable. Había ocasiones en que quería matarlo, no saber más de él, olvidarme de todo lo que me rodea. ¿Por qué no lo hago? ¿Por qué me tomo todo este misterio tan a la ligera y no reacciono como la mayoría de la gente reaccionaría, con miedo, con inseguridad? Quizás era por el hecho de porque nunca he sido una chica normal. O'Donell no me da pendiente, en absoluto. Él es poderoso, eso se nota. Y, aun así, yo era una irreverente y puedo llegar a decir que hasta imprudente con él. Sí él me quisiera muerta ya lo habría hecho, pero no me ha matado. Otro en su lugar probablemente lo haría. Solo que soy demasiado curiosa y quiero averiguar cuál es el propósito por el cual siga en mi radar.

—Yvaine ¿Estás escuchándome? —Ana se encontraba enfrente de mí con un lápiz en su mano derecha y sus lentes para leer encima de su cabeza.

Aun lado de nosotras filas y filas de libros se encontraban haciéndonos compañía, otros abiertos por toda la mesa y otros simplemente cerrados. Nos encontrábamos en la biblioteca de la escuela y casi eran las seis de la tarde. ¡Lo bueno es que hoy es viernes! Al fin tendré tiempo para terminar de leer Hush Hush. La verdad es que estudiar era algo tan matador que sé que si me voy a casa a estudiar no haré nada de los deberes como a mí me gustaría, por eso nos encontramos en la biblioteca para sentir un poco de presión.

—Sí. Pero ¿Qué te parece si esto lo terminamos mañana? — Le rogaba con mi mirada que paráramos un momento. —Vamos, ya es algo tarde y estoy cansada.

Ella suspiró y dejó el lápiz en la mesa. Frunció su ceño un poco y me miró fijamente. Se cruzó de brazos y soltó un suspiro. Demonios, conociéndola sé que me va a preguntar algo que le cosquillea.

—De acuerdo Yv, ¿Qué te pasa? —Fue tan directa que dejé mi lápiz sobre mi libro. —Haz estado muy distraída toda la semana. Sueñas despierta, hablas sola y comienzas a soltar maldiciones a nadie en especial ¿Puedo saber qué es lo que ocurre contigo?

Sus ojos negros me tenían acorralada. No puedo mentirle a la mejor de mis mejores amigas. Mordí mi labio inferior y me acerqué a la mesa un poco más. Ana hizo lo mismo y me miraba con curiosidad.

—Ana es que... Ni yo sé — Es que era la verdad, no sé qué demonios me pasa.

Había una voz que quería gritar de una pena que mi alma estaba aguantando tanto tiempo. No podía hablarle de O'Donell, porque se emocionaría y no quería que después se diera cuenta que no era lo que ella pensaba. Sería algo así como mi oscuro secreto.

—Yvaine, soy tu mejor amiga. Estás muy extraña desde hace días. No es normal en ti y todos lo hemos notado, nadie se atreve a preguntar nada porque sabemos que muchas cosas no las dices o a menos no a Isla ni a Sarah, pero sabes que en Carl y en mí puedes confiar. ¿Qué te molesta?

¿Extraña? Lo admito que sí. No soy una persona tan sentimental, pero eran días extraños, más de lo común. Y el que O'Donell hubiera entrado de cierta manera a mí vida, me complicaba la existencia. Porque no solamente era él, sino todo lo que le rodeaba, Symak y Prax y sus extrañas conversaciones con los dos hombres de blanco, y más sorprendente aún, Kike había vuelto a mi cabeza por razones que desconozco. Creí que ya lo tenía superado, pero en ocasiones, recordaba lo sencillo que era todo a su lado. Él lo sabía todo de mí. Creo que es eso, a mí lado siempre tuve a Kike que me apoyaba, me consolaba y alegraba cuando estaba triste. Hubo momentos en los que creí que ya había superado toda esta mierda. Pero no. Al diablo los demás problemas, al diablo el puto O'Donell, cuando más necesito de Kike él no está aquí, no ha estado aquí en mucho, mucho tiempo.

No te hagas este daño, sabemos que no fue fácil superar todos esos momentos que vivimos juntos, pero es hora de que te des la oportunidad de salir adelante.

Esas palabras eran las que me tenía que repetir.

—Ana yo... — La miré con dolor en mis ojos. Y ella lo notó — Creo que todo esta es porque me está afectando él. — Tenía que enfocarme en uno solo de mis problemas, y Kike parecía ser la más lógica de todas — Son los días en los que Kike se fue. Creo que me está afectando.

Ella me miró por unos segundos y sentí un brillo en sus ojos que creí que ya no volvería a ver. Kike era su mejor amigo, casi hermanos y él era mi novio. De hecho, Ana nos había presentado y desde ahí hubo amor a primera vista. Éramos novios cuando yo tenía quince años y él diecisiete. Fueron los mejores años de mi vida.

Se levantó de su asiento y se acuclilló a mi lado tomándome de las manos. Me giré para verla y sentí las lágrimas resbalarme por mi mejilla. Ana las supo reprimir y me habló sin que le temblara la voz, pero fue inútil. También ella estaba quebrada.

— Yvaine, también lo extraño, muchísimo como no tienes una idea. Dos años sin saber nada de él es lógico que no se olvide — Su voz sonaba quebrada — Pero tú sabes que él te amaba. Las razones de su partida las desconocemos, pero no hay que perder la esperanza de que algún día lo volveremos a ver.

Parecía como si hablásemos de un muerto. Pero es que así me sentía, como si hubiese muerto. Cuando supe que Kike se había marchado fui hasta su casa, pero ni él ni su madre se encontraban ahí. La casa estaba aún con sus muebles, así que subí por la ventana de su habitación como usualmente lo hacía, al introducirme había una nota que decía "Yvaine" al abrirla solo decía un "Lo siento". No entendía que fue lo que había pasado, pero algo era seguro, él ya no estaba y ya no volvería por un buen tiempo.

—Ana. Si tanto me amaba ¿Por qué no despedirse de mí como suelen hacerlo? Él solo me dejó una nota que sigo guardando debajo de mi cama — Mi corazón dio un vuelco.

Ana me abrazo y comenzamos a llorar como Magdalenas. Escuchamos el taconeo de alguien y rápidamente nos separamos. La Bibliotecaria se paró enfrente de nosotras con sus brazos cruzados. Sus anteojos eran alargados, ella tendría algunos sesenta años, cabello mal pintado de un color rojizo, las arrugas muy pronunciadas en su rostro. Vestido de los años cincuenta, todo un caso esa mujer.

— Guarden Silencio — Nos miró de mala gana — Y traigan un trapeador que tienen mojado el piso.

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Ana venía a mi lado, cantando la Canción "Lo dejaría todo" de Chayanne. Un cantante latino. Era un momento para llorar así que ¿Por qué no hacerlo bien? Pocas veces tengo la iniciativa de querer ir a beber y pues no es cómo que Ana fuera a desaprovecharlo. Vigilábamos de cuando en cuando que ninguna patrulla de la policía observara lo que Ana y yo hacíamos. En nuestras mochilas, estaban escondidas unas botellas de licor. Y sé que esto es muy irresponsable de mí parte al estar bebiendo mientras conduzco, pero no sé qué me estaba pasando últimamente, era como si no fuera yo. ¿Se han sentido alguna vez así?

Ella le subió al volumen y comenzamos a llorar nuevamente mientras cantábamos al unísono.

Lo dejaría todo porque te quedaras, mi credo, mi pasado y mi religión. Después de todo estás rompiendo nuestros lazos y dejas en pedazos a este corazón. Mi piel también la dejaría, mi nombre, mi fuerza y hasta mi propia vida. ¿Y qué más da perder? Sí te llevaste todo mi ser —Ella cantaba desafinadamente.

Pero, aun así, me estaba levantando el ánimo y la verdad no sé si podría hacerlo después de todo, tenía tiempo sin llorarle. Y he estado muy sensible. Guardamos las botellas de licor, qué, por cierto, no tenían demasiado alcohol y llegué a la casa de Ana, nos despedimos con un beso en la mejilla mientras llorábamos aún, se bajó de mi auto y entró a su casa, sus lágrimas aun no paraban de caer y yo me sentí culpable por haber sido una mala influencia. Desapareció detrás de la puerta y yo seguí adelante. Después de todo seríamos una botella y yo muy pronto divirtiéndonos en mi habitación con música que desgarra el alma. Sí señor, porque aquí somos masoquistas.

¿Por qué siempre les tenemos que llorar a los hombres? ¿Por qué ellos no nos lloran como les lloramos a ellos? Tenía como un año que no le lloraba de esa manera. Había pasado más tiempo desde que él se había ido así que, en realidad esto ya no debería afectarme tanto como lo hace.

No lo pensé ni un segundo más y me dirigí a una tienda en donde venden alcohol a menores de edad.


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Había un lugar cercas en dónde los menores podían tener acceso a él y estacioné mi auto afuera de la tienda. Se llama "Big Musk". Debo de aclarar que a los lugares a dónde he ido y nos han dejado entrar, es porque no te piden la identificación y éste era uno de ellos. Al momento de entrar el aire acondicionado revoloteó mi cabello, fui por uno de los pasillos pegados a las ventanas, y observé a mi izquierda la motocicleta de O'Donell.

¡Oh mierda! ¡Esto no puede estar pasando a mí!

Respiré profundamente y al momento de adentrarme más, observé a O'Donell pagando en la caja registradora al parecer una pequeña caja de cartón color blanca con letras rojas. Él no me había visto aun, o bien eso creo, así que me fui al extremo de la tienda caminando a paso veloz ya que si corría él podría notar algo extraño, y me metí en uno de los pasillos dándoles a los demás clientes de la fila la espalda. De todos los lugares en los que pude haber escogido se me ocurrió venir al Big Musk.

Me sentía nerviosa y algo dentro de mí comenzaba a sentir sofocación. Miré de reojo y vi que terminaba de pagar unos cigarrillos y salió de la tienda. Lo seguí con mi mirada y pude ver como se quedaba observando mi auto, genial lo único que me faltaba. Unos segundos largos, ignoró el auto y se montó en su motocicleta y se fue. Llevé mi mano al pecho y respiré con alivio. Que se vaya al infierno. Me quedé un momento pensando en O'Donell. Seguía enfadada con él, y yo que creí que ya no lo vería más. Salí de unos pasillos y tomé el tequila de José Cuervo Especial en mis manos.

Una vez que pagué fui a mi auto y me adentré en él. El sentimiento de vacío me llenó nuevamente, ahora no sólo era Kike quién rondaba mi mente era O'Donell, maldición, se supone que no me debe afectar nada referente a él. Pero no lo podía evitar, me sentía humillada esa noche iba a salir a tomar aire fresco, no a escuchar a O'Donell tener sexo salvaje durante quien sabe que tanto tiempo. Me quedé quieta. Todo ahora volvía a mi cabeza, el recuerdo me estaba matando. Comencé a llorar en silencio nuevamente. Saqué el tequila de la bolsa, lo destapé y comencé a beberlo demasiado rápido ahí mismo en el auto. ¡Quema! ¡Quema mucho!

Hice una mueca de repulsión al sentirlo en mi garganta. Escuché el rugir de una motocicleta que se estacionaba enseguida de mí, no quise ver quién era, no era de mi incumbencia ver a los borrachos entrar al local y comprar su licor. ¿Qué mal me escuchaba? ¿verdad? Cuando acabo de hacer exactamente lo mismo. Tocaron mi vidrio y me espanté, el tequila se derramó un poco en mi vaquero. Lo primero que pensé fue en la policía, demonios, estaba segura que eran ellos. Removí las lágrimas de mis mejillas. Bajé el vidrio y me encontré con un rostro familiar ¡O'DONELL! ¡Santos de las Iglesias!

— ¿Qué debo hacer para que me dejes en paz, pedazo de imbécil? — Contesté de manera fría.

Él sonrió.

Recargó su antebrazo izquierdo en la parte superior del auto y se inclinó hacia mí. Su colonia masculina entró en mis fosas nasales, era deliciosa. Sus ojos azules me vieron atentamente, en especial dónde había rastro de lágrimas. Debo verme como una enferma, siento mis ojos hinchados y mis mejillas deben de estar rosadas.

— ¿Por qué lloras? — Su ceño estaba fruncido. Pero yo estaba encolerizada.

No quería que supiera que parte de mi llanto era por su culpa, ¡vaya que no! Eso solo lo haría exaltarse más de lo que ya se ha de estar sintiendo. Si por unos segundos, si tan solo por unos instantes se le pasó por la cabeza que yo estaría cayendo a sus pies, estaba completamente fuera de sí.

—No estaba llorando, y sí así fuera, no tendrías porqué saberlo —Juro qué, si las miradas mataran, él ya estaría diez metros bajo el suelo.

Él soltó una risa sin gracia.

—Cómo siempre, siendo tan tú Madlow. —no le contesté —¿Qué haces aquí, dulzura? No son lugares a los que acostumbras venir. —Su voz me daba a entender que estaba algo sorprendido.

Él llevaba puesto su chamarra de piel negra con una playera azul marino y unos vaqueros más ajustados de color negro. Su cabello estaba igual de despeinado que siempre, cubriendo sus pobladas cejas negras.

Levanté mi ceja incrédula.

— ¿Y tú cómo sabrías eso? ¿Me estás vigilando?

Se encogió de hombros.

—Sé qué tipo de chica eres, y créeme tú no eres de las que se emborrachan cada fin de semana.

Asentí, él tenía un punto.

—Tienes razón. Pero cómo ves, a veces se requiere —Respondí cortante mientras dirigía mi vista hacía enfrente del establecimiento. ¿Qué hacía que no me iba de aquí?

— Aún no has respondido del por qué estás aquí.

Rodeé los ojos y lo vi de reojo mientras levantaba una botella de Tequila. Esto era obvio. O'Donell negó con su cabeza y me la arrebató a una velocidad impresionantemente rápida. Lo miré indignada ¿Qué carajos acaba de hacer? O'Donell se separó del auto.

— ¡Oye! ¿¡Qué demonios haces, O'Donell!? — Bajé del auto y me sentí algo mareada.

Me miró con una ceja levantada y la esquina de sus labios apenas y se elevaban.

—No quiero que tomes ésta porquería, no es para ti— Se encogió de hombros mientras arrojaba la botella hacía el techo del establecimiento, lo único que hacía era soltar maldiciones, hasta que escuché cómo ésta impactaba con el suelo y que quebraba. Tomé mi cabeza con mis manos.

— Vete a la mierda, O'Donell. —Cerré mis ojos y maldije por lo bajo.

Sentí su cercanía y me alejé lo más que pude él. Clientes salieron del establecimiento y se alejaron en cuanto vieron la mirada furtiva de O'Donell. Una energía maligna comenzó a emanar de él.

—Nena, soy yo o.... mi sexto sentido me dice que estás enojada conmigo — Comentó con burla.

Y en ese momento vino a mi mente el martes en la madrugada. Aún podía escuchar sus palabras perfectamente en mi mente e incluso las imágenes aparecían en mi cabeza. Sentía que iba a explotar en cualquier momento, es un cínico descarado. Él seguía de pie observándome con el cigarrillo en sus dedos, llevándolo a sus labios y exhalando aquella marranada.

— Felicidades, eres un hombre muy perceptivo —me crucé de brazos.

Sonrió provocativamente. Mi cuerpo topó con el auto y O'Donell puso sus dos brazos a los costados de mi cabeza. Aún tenía el cigarrillo en sus labios, éste lo hizo para un lado con sus labios mientras ambos nos dirigíamos unas miradas en silencio. Esto era una batalla de miradas y yo no cedería.

—Te llevo a casa. —Dijo él determinante.

—Eso solo pasara en tus sueños, cariño — Comenté lo último con sarcasmo.

Se acercó más mí, arrojó su cigarrillo a la calle. Su nariz se acercó a mí oído y la paseo por parte de mí cuello. Yo me quedé inerte ante lo que estaba haciendo. Cuando se separó de mí expulsó el humo en mi rostro. Tosí y golpeé su pecho con todas mis fuerzas a lo que él simplemente soltó una carcajada limpia. Maldito descarado. Sin vergüenza y patán.

Subí al auto hecha una fiera, lo encendí y salí del local a toda velocidad. Él soltó otra carcajada y me gritó algo que no pude entender muy bien. Observé por mi espejo retrovisor del cómo me "Escoltaba".


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En el camino lo único en que podía pensar eran las mil y un maneras de deshacerme de éste jodido cabrón. ¡Me estaba desesperando! ¿Por qué tengo que sufrir siempre éstas cosas? ¿A quién le había hecho tanto mal, para que tuviera que pasar por estas cosas? Sin embargo, no podía evitar pensar en su cercanía.

De pronto un auto se atravesó enfrente de mí y frené de golpe. Del auto bajaron Callyum y el tal Finahuel con una sonrisa arrogante. ¿Y ahora qué carajos estaba pasando? Se acercaron a mi auto y abrieron la puerta a la fuerza. Me tomaron del brazo, alejándome de mí auto.

—Hola de nuevo. —Un escalofrío me corrió por todo el cuerpo.

Comentó Callyum mientras me jalaba del brazo. Presiento que algo no me va a gustar de todo esto. Me estaban arrastrando y yo comenzaba a gritar, no podía moverme algo me estaba pasando. No sé cómo, pero O'Donell se acercó a nosotros y empujó a Callyum con mucha fuerza. Fue entonces que Callyum aflojó su agarre y pude zafarme de él. Instintivamente corrí al lado de O'Donell y éste me puso detrás de él, no sin antes pasar por su mirada. Me estaba inspeccionando. Luego de eso, fijó su mirada encolerizada a Callyum.

— ¿¡Qué mierdas crees que haces!? —Espetó O'Donell molesto.

No esperó por su respuesta y me miró. No estaba asustado, o bien, no era miedo lo que veía en el oji-azul si no que estaba cabreado, bastante cabreado. Callyum y Finahuel se acercaron y O'Donell realizó una extraña patada que los hizo caer en el suelo alejándolos de nosotros. Fue demasiado rápido, ni siquiera podría describir cómo lo hizo.

Me quedé paralizada. ¿¡Cómo demonios hizo eso!?

—Voy a protegerte como te había dicho —Levantó mi barbilla con su dedo índice. Su toque era caliente en el buen sentido de la palabra. La energía oscura me estaba oprimiendo, me dejaba sin respiración. El aroma al azufre apareció y me alarmé. Había escuchado acerca de cómo se sentía estar cercas de un demonio, y lo que describían, era demasiado similar a lo que estaba sintiendo ahora con ésta aura que emanaba O'Donell — Tienes que irte ahora, ¡Corre, Madlow!


© J. ZARAGOZA

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