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Tempestad - Parte 2

Tempestad - Parte 2 (por Aican)

Cale, una isla ubicada al sur del archipiélago. Me tomó unos días llegar aquí desde Faro, lugar que abandoné luego que el viejo Celino se negara a rebajar el precio de su embarcación. No lo culpo, después de todo según me ha comentado mi abuelo, aquel barco es una reliquia del pasado. Una vez reparado y puesto en condiciones no tendría igual.

No obstante esas palabras estaban basadas en meros rumores, la clase de rumores que uno puede encontrar en una charla de bar entre gente mayor y que ya ha abandonado el mar para dedicarse a esparcir habladurías conspirativas durante su tiempo libre, es decir todo el día.

De hecho no me extrañaría que hubiese alguna que otra historia sobre mí, al fin y al cabo intentaba llevar a cabo la misma travesía que mi padre emprendió hace diecinueve años. En aquel entonces su aventura se volvió con rapidez muy popular y quienes se enteraban de lo que estaba por hacer se dividieron en dos grupos. Aquellos que lo alentaban y colaboraban en la medida de lo posible, y quienes simplemente lo miraban con recelo llamándolo "loco" o "insensato".

El catastrófico destino de aquella empresa no sorprendió a nadie. Creo que ninguno de los que permanecieron en el archipiélago, creyeron en la posibilidad de que saliera airoso. Los que habían estado de su lado no lo hicieron por interés ni mucho menos, sino que lo que admiraban de mi padre era su espíritu por lanzarse a una aventura única, no su racionalidad.

Seguramente desde que yo era aún un niño y surcaba en mi primera nunos en las heladas aguas de Ermidas, la gente ha estado creando rumores de que algún día yo seguiría los pasos de mi padre hacia el fin del mundo. "¿Vieron? Nosotros les dijimos que pasaría esto, desde hace mucho tiempo les decíamos."- de seguro se jactarían los ancianos de los puertos al ver que yo había definido mi rumbo.

Al contrario de lo que sucedió con mi padre, mi empresa no ha seducido a la gente, tan sólo ven a un niño queriendo demostrar que su antecesor estaba en lo correcto. Según ellos mi travesía no está fundada sobre cimientos que inspiren a las masas, sino que se trata simplemente de un capricho.

Rumores, son tan poco confiables como un marinero borracho. Y aún así he llegado a Cale siguiendo su pista, inducido por mi abuelo, buscando al quinto miembro de mi tripulación. Nunca lo he conocido en persona. Mi padre confío en él, y así le fue. "Deberías al menos ir y hablar con él. Su palabra, vale la pena ser escuchada."- es lo que me dijo mi abuelo tratando de convencerme para que viniera en busca del hombre que no puede morir.

Lo veo llegar en su nunos con calma. Según he oído es un hombre de mar experimentado, pero nadie jamás lo ha visto nunca comandar una embarcación de gran tamaño. Me saludó con la mano al ver que estoy esperándolo en el pequeño muelle de su hogar, sin embargo no dio señales de acelerar el ritmo para llegar antes a destino.

-"Aican, finalmente has venido."- me dijo mientras desembarcaba, tomándome por sorpresa.

-"¿Sabía que vendría?"-

-"Aican de Ermidas, Aican el perdido."- hacia mucho que no escuchaba aquel apodo. -"Con diez años llegaste a uno de los faros del fin del mundo en nada más que una nunos. Aican el bruto te hubiese llamado yo."- comentó sonriendo, no de manera burlona, sino que algo más transmitía su tono.

-"¿Sabe a que he venido?"-

-"Una de las cosas que me gusta de Agograr es que a pesar de todo, aquí eres Aican."- comentó ignorando por completo mi pregunta.

-"¿Quién más podría ser si no fuese Aican?"- consulté con curiosidad.

-"Aican, hijo de Ai."- me invitó a que lo siguiera y así lo hice. Nos sentamos en unos sillones de madera que él tenía fuera de su casa, y tras ofrecerme un poco de agua retomó la conversación. -"Hace diecinueve años sé que un día vendrías, y como ha pasado tanto tiempo supongo que no has venido a reclamar por la muerte de tu padre."-

-"Sé que acudió a ti en busca de información, y se la proporcionaste."- abandoné la formalidad hacía él de manera inconsciente. -"Confió en ti, y su barco se hundió llevándose consigo a toda la tripulación."-

-"A todos menos uno."-

-"Que fue quien te acusó."- repliqué sin vacilar.

-"Cosas que pasan."- respondió restándole importancia. -"Ai vino en busca de una manera de ingresar en la zona de tormentas. Creía que no se debía penetrar por cualquier lado, sino que debía existir algún tipo de entrada. Le conté que estaba en lo cierto, así que le expliqué cómo encontrarla."- a grandes rasgos era la misma historia que yo conocía gracias a mi abuelo. -"No es mi culpa que Ai no haya demostrado interés en saber cómo atravesar las tormentas... Definitivamente no es mi culpa."-

-"¡¿Sabías cómo cruzar y no le dijiste?!"- pregunté indignado.

-"Creía que no habías venido por la muerte de tu padre."- contestó él sin perder la calma.

-"Una parte de mí cree que eres culpable..."-

-"¿Y la parte que aún piensa qué dice?"-

-"Que necesito tu ayuda, y sería prudente escuchar tus palabras."-

-"Que extraño."- murmuró pensativo. -"Esas parecen ser palabras de Dorneles y no de Aican el bruto."-

-"Eso es lo que me dijo mi abuelo mientras me convencía para que viniera."-

-"Entonces, ¿cuáles son las palabras que tienes para mí, Aican?"- algo cambió en su mirada. Se trataba de una especie de desafío, pero no me intimidé y respondí.

-"Quiero que vengas con nosotros, que te unas a mi tripulación."-

-"Absolutamente no."- contestó a la vez que lanzaba una carcajada. -"Sin embargo, si los rumores son ciertos no te rendirás con facilidad."-

-"¿Cuáles rumores?"- pregunté con curiosidad.

-"Los que dicen que desde hace años estas negociando con un hombre llamado Celino de la isla Faro para comprarle su navío. ¡Años regateando!"- dijo entre risas. Aquello me dio cierta vergüenza no sé por qué, y aparté la mirada, a lo que él comentó de manera seria. -"Entonces son ciertos. ¡Muy bien! Entonces tendrás una sola oportunidad conmigo."-

-"¿Cómo?"- interrogué sin perder un instante.

-"Te marcharás ahora. Reunirás a tu gente, regresarás con ellos, y cuando lo hagas quiero oír todo lo que tienes para decir. Aican hijo de Ai, Aican el bruto, Aican. ¡Tiéntame!"-

Simplemente asentí y me marché de inmediato. Hubo algo en su voz, en sus palabras, en sus intenciones. Una sensación que hacía años no tenía, quizás desde la vez en que con mi nunos llegué al faro del fin del mundo. En ese momento que pretendía abandonar la isla Cale no lo comprendí, sino que lo hice recién la próxima vez que nos reunimos.

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